Foto: Daniela Pérez Mitolo

Si bien las bandas de shows explosivos y performáticos suelen tropezar al intentar plasmar su energía en discos, este no parece ser el caso de Gente Conversando. En su reciente producción titulada Los nuevos héroes de la juventud, los citados músicos argentinos evidencian la profundidad de sus letras vertiéndolas en pasajes calmos, revalorizando así su alto componente literario y de politización paródica.

La tapa de la placa parece ser la entrada de FADU en Ciudad Universitaria: un guiño a la contraposición entre lo intelectual y lo estético que se advierte durante su reciente obra en el zigzagueo del tono del cantante con el ritmo de la instrumentación.

Este álbum abre con una voz en off que anuncia: “Aun en el silencio mas intenso, el fantasma de la conversación”. Después la banda despega al apogeo del baile a lo Pulp bajo el lema “Fuimos a una fiesta y ¿qué hago con mi cuerpo ahora?”, generando un desconcierto que ya no se disipará jamás durante el resto del disco.

La solidez conceptual de la instrumentación remite a la frontera musical entre los ’80 y ’90, en un post-punk que se torna bolichero y ofrece estribillos apáticos como: “Ay qué placer, me siento un subversivo”, mezclados con historias que rompen el hilo conceptual, promulgando una dinámica de lo impensado en frases que son como una puñaladas al sentido común racional.

El tono satírico del tema “Los bloopers de la guerra” marca el tono distópico de algarabía humorística que parece ser su marca distintiva. Aquí se relata una historia cotidiana que deviene en tragedia: “Un soldado vuelve a casa, ve a su hijo y le dispara”. Bien podría ser un tema de Maria Elena Walsh tocado por Sumo; pero estamos en 2018 y el relator nos provoca a seguirlo fuera del campo temporal: “Me puse una oficina en los montes tucumanos”. Con ello se hace una clara mención al foquismo del siglo pasado, pero cantado hoy desde el desencanto y la sorna a quienes bajan los brazos por miedo a cambiar el mundo.

Una exclamación, una frase suelta; insignificantes de por sí pero cargadas de densidad humana, ¡qué ricos y densos de sugestiones son los puntos de referencia que nos traza esta banda al situar a sus personajes! En todo caso, la pieza que da cierre a esta producción devela el costado desopilante de esta agrupación, llamando a gritos al ascensor en un clima de quietud que se quiebra con un solo de guitarra épico e inesperado.

“Si se salvan las ballenas o si pierde la derecha despiértenme”, canta Guillermo Masse abriendo un desenlace de decepción e incredulidad que deja aflición y ganas de mas música por parte de una de las bandas con mayor potencial en la escena porteña. Un fugaz atisbo de que no todo está perdido.