Muchas veces, la música más luminosa nace de los lugares más oscuros. En el caso de Marcos Fava, el bloqueo creativo que lo tuvo paralizado por más de un año fue el punto de partida de No, su nuevo disco de estudio: un trabajo pop de nueve canciones donde explora las tensiones entre el deseo, la identidad, el amor y el fin de los ciclos.
“Es como una liberación”, cuenta Marcos en conversación con Indie Hoy sobre el hecho de haber publicado este material. “El lanzamiento de este disco se fue aplazando varias veces, tuvo muchos palos en la rueda. Primero trabas personales, después externas. En un momento me encontré con un bloqueo creativo enorme: estuve un año sin poder escribir música. Para salir de ese limbo tuve que reinventar mi relación con la música, redescubrirla. Volver a disfrutarla”.
Esa pausa forzada terminó transformándose en un aprendizaje para Marcos. Fue un momento de claridad para entender, no solo su vínculo con el arte, sino también la relación consigo mismo. “Creo que ese bloqueo vino por la presión que me metí después de sacar mi primer disco [Sensación, publicado en 2022]. Quería hacer canciones y no me salían. Hasta que pude relajarme y disfrutar del proceso. Me reencontré con lo que me gusta de la música, que es aprender. Fue un trabajo de dos años”, agrega sobre el proceso y cómo logró sortearlo.
El título del disco -No- suena como una declaración de principios. Surgió de un obstáculo personal: no saber decir que no, algo que afectó tanto su vida profesional sino también íntima. Eso cambió durante el proceso de composición del disco. “Todos mis vínculos estaban forjados desde el no decir y el acoplarme, y eso derivó en mil problemas“ dice Marcos. “En un momento me pregunté quién era, porque siempre me amoldaba a lo que el entorno me imponía. Este disco fue parte de ese proceso de autoconocimiento”.

Estos sentimientos se manifiestan en canciones como "Final", una balada etérea y confesional, o el track que le da título al álbum, en donde canta "No me importa dónde fuiste o si con alguien estuviste. No tengo mucho tiempo ni me preocupa tanto, tengo mejores cosas por hacer", reafirmando esta nueva actitud. “Intento hablar simbólicamente de ciertas cosas a través del amor y el desamor”, dice. "En los finales encuentro algo muy potente: para mí, la vida y la muerte son lo mismo, y trato de expresarlo desde ahí. Me inspiran los cierres, los ciclos, lo que se termina”.
No es una obra repleta de texturas y sonidos, ancladas en el pop electrónico, pero con otras cadencias e inclinaciones hacia el neo soul, el jazz, la música disco y el R&B. Fava abraza la mezcla de estilos sin perder identidad. "Lo importante —y es algo que repetimos mucho con mi equipo— es ser lo más espontáneos y genuinos posible. Si partís desde ahí, todo se acomoda solo. Obviamente hay un concepto, pero la unión la da el no perder el rumbo: esto soy yo, esto somos nosotros. No estamos forzando nada, ni buscando algo que no sea hacer algo puro y honesto", dice sobre la búsqueda de un sonido en en particular para sus canciones.
El resultado es un disco íntimo, bailable y reflexivo, tres dimensiones que el artista logró equilibrar con coherencia y sutileza. “Me gusta hablar de cosas serias o íntimas, pero hacerlo desde un lugar rítmico, que te invite a moverte”, explica. “Soy muy fan de Jamiroquai, entonces lo disco y lo pop me atraviesan. Quiero hablar de algo triste, pero musicalmente me sale así, y no lo juzgo. Dejo que fluya”.
Sobre el escenario, esa lógica sigue presente. No interpreta un personaje, sino una versión amplificada de sí mismo. “No tendría sentido decir que estoy actuando, porque soy yo. Pero soy yo mejorado. Como decía Adrián Dárgelos: 'la gente no va a ver a una persona normal arriba del escenario'. Uno tiene que ser lo mejor de sí. Y eso sale solo, es una cuestión de energía y reciprocidad con el público”, explica.

Oriundo de La Plata, Marcos empezó su recorrido musical cuando apenas tenía siete años, gracias a que aprendió a tocar el saxo de la mano de su papá. “Él tocaba por hobby y era fanático de Spinetta. Gracias a él me metí en ese universo”, recuerda. Desde entonces, la curiosidad fue su motor: aprendió bajo, piano, guitarra y flauta traversa, y a los diez años formó su primera banda.
“Tuve como diez o quince proyectos distintos durante la adolescencia”, dice entre risas. “Al principio era más instrumentista, después empecé a cantar a los 18 o 19 años, ya con la idea de armar mi proyecto solista”. Formado en el Bachillerato de Bellas Artes de La Plata, Fava combinó parte de lo académico con su espíritu autodidacta. Incluso hoy, sigue estudiando y probando nuevos instrumentos, si bien el saxo y el canto son las cosas que más disfruta.
En la producción de No trabajó junto a Iñaki Erran y Fabrizio Massuccelli, su tecladista y percusionista. Se trató de un trabajo en conjunto democrático que, en cierta forma, se relaciona con el título del disco y el aceptar que te digan que no: “Puede pasar que algo que propongo no funcione, y está bien. Hubo veces en las que me pasé una tarde entera arreglando un tema, lo terminé, lo mandé, y me dijeron: 'Eso no va'. Y bueno, si somos dos contra uno, no va”.
Su primer disco, Sensación, fue un proceso distinto: "Quise hacerlo con varias personas, pero al final terminé haciéndolo solo. Tuve que aprender a producir y mezclar para poder sacarlo. En ese momento no lo veía, pero hoy me doy cuenta de que fue un laburazo. Era muy chico y aprendí un montón en el camino”. A distancia, Marcos mira aquel debut con cierto cariño y madurez: “Hoy lo veo como lo que es: el primer disco de un pibe de 20 años. Me da ternura. Me trajo experiencias hermosas y, sobre todo, me enseñó que puedo hacerlo por mí mismo. En ese momento no tenía casi conocimientos técnicos, fui aprendiendo sobre la marcha, y quedó lo que quedó. Y eso también está bien”, dice.
Ahora, con No, Marcos Fava logró dejar atrás los bloqueos, tomar la experiencia como herramienta fundamental y a plantarse con claridad frente las adversidades propias del proceso creativo. Su nuevo disco no es un cierre, sino una reafirmación y un sí a la búsqueda y al movimiento constante. “Este disco es eso: un proceso de autoconocimiento. Un aprendizaje que me devolvió las ganas de hacer música, de disfrutarla de nuevo. Y, sobre todo, de decir que no cuando es necesario”.
Marcos Fava se presentará el próximo viernes 28 de noviembre a las 20 h en The Roxy Live (Crnl. Niceto Vega 5542). Entradas disponibles a través de AllAccess, 40% de descuento con Comunidad Indie Hoy.
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