Matías Di Pasquale creció en una casa donde la música jugaba un papel central: su padre, Frank, y su madre, India, se conocieron haciendo un programa de radio y llegaron a tener una banda juntos durante los 90, llamada Marqués de Sade. Para 2015, con 20 años, Matías ya daba su primer paso como solista lanzando un EP intitulado Porn*, Vol. 1. Sin embargo, este lanzamiento debut estaba lejos de ser su primera experiencia en la música si se tiene en cuenta que para entonces ya había integrado un trío junto a dos ex Sumo y había sido invitado a tocar con Mataplantas en vivo.
La historia, según explica Matías, empieza con su papá. Cuando trabajaba en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, se topó sorpresivamente con el reconocido periodista y escritor Tom Lupo, quien le propuso hacer un programa de radio. A partir de ese momento, Frank comenzó a adentrarse en la escena musical, trabajando como mánager de Francisco Bochatón, Mataplantas, Suéter, el Sexteto Irreal, entre otros. Así, Matías empezó a habitar ese mundo desde muy chico, con situaciones insólitas como terminar al lado de Charly García en camarines previo a una presentación de Fernando Samalea, con tan solo 8 años.
Su debut en un escenario fue en el 2008, en el mismísimo Niceto Club junto a Mataplantas. Previo a la presentación de su disco Escape del planeta viviente en el mítico local de Palermo, tocaron en Plaza Armenia y fue ahí donde la banda lo invitó a tocar el teclado en el tema “Don don don”. “Sin ensayo ni vergüenza me subí con 12 años, mi remera de Pomelo y un chupín del cual no pienso admitir el color, a tocar arriba de un charco de cerveza. Fue un momento inolvidable, primera vez en un escenario, con ellos, en Niceto”, dice Matías. Al pasar los años, los papeles se dieron vuelta: el año pasado Matías se encontró con Pablo Malaurie (miembro de Mataplantas) y esta vez fue él quien lo invitó a ver a su banda, Rey Bichito, en Niceto Club.
A sus 16 años y de forma similar conoció a Roberto Pettinato. La situación no venía por el lado de la música, sino por una gira que el saxofonista estaba haciendo alrededor de un show de stand up. Matías estaba acompañando a su papá y, en Rosario, luego de una función, improvisó algo junto al piano mientras el ex Sumo improvisaba con su saxo. Tres años después, en 2014, Pettinato quiso armar un nuevo proyecto llamado Sana Behrooz y lo convocó. Las primeras dos veces fueron juntos al estudio y la tercera se les unió Alberto “Superman” Troglio, el ex baterista de Sumo y Las Pelotas.
Fue una experiencia sumamente importante para Matías: “Estoy seguro que no me llamó por algún tipo de destreza en el instrumento sino por una búsqueda creativa. Él quería que toque como John Cale, me decía: 'Machacá, tocá machacando el piano', cosa que sigo intentando”. En el estudio, congeniaban bien; iban sin ninguna idea y siempre salían con una pieza: “Un día volviendo del estudio le pregunté ‘Ahora sale todo bien, ¿Que vamos a hacer el día que no salga nada?’. Roberto pensó un toque y me dijo: ‘Por eso nunca hay que dejar de hacerlo.’ Esa idea de encarar las cosas, sobre todo en el arte, no me la voy a olvidar jamás”.
Ya para el año siguiente, con 20 años, comenzaría un camino que fue, sin saberlo, la semilla de lo que sería su carrera hasta el día de hoy. En 2015 lanzó Porn*, Vol. 1, un EP de cuatro temas que fue el único que sobrevivió hasta la salida de su primer disco, una década más tarde. Porn* Vol. 1 sintetiza claramente el gen del rock nacional entre pianos, baterías y guitarras distorsionadas, donde el formato canción se combina con una importante dosis de insolencia juvenil que resulta en un sonido rebelde y al borde de la desprolijidad.
Lo que siguió fue un período de enorme creatividad, pero con pocos rastros de ella. Entre 2016 y 2019 lanzó tres discos que posteriormente eliminó de las plataformas por distintos motivos. Lejos de hablar de ello preocupadamente, cuenta que se fanatizó con la idea de tener tan al alcance de la mano la capacidad de subir y dar de baja lanzamientos, siendo que habilita la posibilidad de que cualquier trabajo sea el primero o incluso ideas más extravagantes. “¿Qué pasa si hago 80 discos, me mato y los dejo programados para que salgan uno por año?” se preguntaba Matías, entre la humorada y un monumental hecho artístico. “Me parecía un acto brillante. Por suerte crecí”.

En ese crecimiento aparece otro hito que resulta de gran importancia en su trayectoria, como es su participación estable en el noneto llamado Rey Bichito. En el 2021, el conjunto ya contaba con dos álbumes publicados y ningún show en vivo. Luego de encontrarse con algunos de sus miembros y empezar a compartir noches de bar, Matías se sumó como guitarrista ese mismo año y para 2024 participó del tercer disco de la banda, La casa. A la vez, en la cabeza de Matías comenzaba a aparecer lo que sería su “primer” álbum de larga duración, al menos el primero disponible en plataformas: Trasnoche. “El disco surgió de manera impulsiva", dice. "Sospechosamente logré hacerlo en el lapso de dos meses y medio. Quizás esto es lo menos importante. El evento real donde surgió debe haber sido en la adolescencia: con mis amigos nos encantaba jugar al fútbol. Un día fuimos a la plaza de siempre y una señora había puesto un cartel ‘Prohibido jugar a la pelota’. Entonces, nos empezamos a drogar. Ahí surge el disco, donde obligadamente termina algo y empieza necesariamente otra cosa”.
El ejemplo, que puede parecer descabellado, ilustra perfectamente el origen y la temática de Trasnoche: una oda (a veces decadente) a los episodios —mayormente etílicos— que suceden cuando el sol se esconde. “El disco fue realizado completamente en mi monoambiente. Hice la producción, la mezcla y el mastering. No me gusta que haya sido de esa manera, me hubiese encantado trabajarlo con gente en buenos estudios, pero no tenía plata y decidí no paralizarme. Mi sueño es sonar como Prince y el disco suena a mierda, pero es la mierda más Prince a la que pude apuntar con cero pesos”.
A pesar de su visión bastante negativa, también reconoce que sí hubo amigos a su alrededor. Dos integrantes de Rey Bichito colaboraron en el disco: Tomi del Olmo tocó el bajó y Vini es la voz grave que martilla en “Bocados de noche”. Además, Julián Álvarez de Júpiter Vox, Luciana Mel y Scott Shindell también participaron con las voces a lo largo del disco. Felipe Malatesta y Florencia Dozo hicieron la tapa que transmite ese sentimiento de confusión nocturna que se encuentra en las canciones, mientras Lucho Klinoff armó el boocklet digital con las letras del disco. “Solo sería imposible y aburrido, contar con amigos que, además están muy a la altura de lo que hacen, es imprescindible”.
Con nueve canciones que totalizan casi 25 minutos, el disco de Matías se autolimita en pos de un minimalismo donde solo encajan las piezas necesarias. Así, da un nuevo paso donde los ritmos electrónicos conviven sin problemas con riffs pegadizos de guitarra eléctrica y sintetizadores ácidos, mientras su voz, en un arrojo de lucidez, se sincera: las altas horas de la noche están podridas de nuestra rebeldía.
Escuchá Trasnoche de Matías Di Pasquale en las paltaformas de streaming (Apple Music, Spotify, Tidal).

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