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| Publicado
10/12/2019

Quién es Marcos Agüero, el impulsor del nuevo black metal en Argentina

Foto: Ludmila Noé

En la escena local de metal están emergiendo propuestas que, lejos de abroquelarse en las formas tradicionales, empiezan a incorporar nuevos elementos en su composición. Si hay un género disruptivo en ese sentido y que ha presentado variantes bien interesantes, ese es sin duda el black metal.

En Sol negro, depresión y melancolía, la ensayista y filósofa búlgara Julia Kristeva expone una idea bastante revulsiva contra la celebración de lo alegre y la invitación del capitalismo tardío a disfrutar una vida anodina de felicidad, a saber: pensar las pasiones tristes y melancólicas como entropías potenciadoras de la experiencia. Se trata, en suma, de que no siempre las pasiones alegres, al decir de Baruch Spinoza, son equipamientos que incrementan las potencias del cuerpo. Dice Kristeva: "Hay una tendencia del ser humano a la fragmentación y a la desintegración como expresión de la pulsión de muerte. La tendencia a la desintegración, a caer en pedazos, a la angustia de ser destruido desde adentro se mantiene."

¿Pueden el universo de las elegías oscuras y las cadencias melancólicas e impías del black metal vehiculizar instancias de goce y disfrute, nuevas formas de experimentar sensaciones potentes? Con estas preguntas en mente, charlamos con Marcos Agüero (25), multi instrumentista e impulsor de varios proyectos como solista, que se encuentra trabajando en el lanzamiento de la reedición remasterizada en tape del disco de Huszár, Providencia, de la mano de su sello Gemela Siniestra Registros.

Además de Huszár, Marcos ha grabado con diferentes proyectos, todos con la impronta melancólica y lúgubre del black metal atmosférico y crepuscular, aunque con elementos bien interesantes que acompañan sus composiciones, como el shoegaze, el postrock, el darkwave y otros intertextos musicales y estéticos. Este rasgo distintivo lo convierte hoy en una de las variantes de black metal más heterogéneas y complejas y, sin dudas, en uno de los jóvenes más talentosos de la escena local y regional.

¿Cómo viviste la experiencia de tocar en Estados Unidos?
Fue una experiencia particular. Creo que cada quien, cuando empieza en esto de hacer música, fantasea con la idea de viajar lejos para dar shows, recorrer el mundo mostrando el arte que uno genera. Ya había tocado anteriormente fuera del país, pero cuando Matthew de Not Kvlt Records me ofreció organizar un show con Mvgre, mi proyecto darkwave, mientras vacacionaba en Los Ángeles, me invadió un nerviosismo extraño, tuve que pensarlo varios días. Finalmente, accedí y fue una experiencia divertida y gratificante.

¿Cómo nacen estos proyectos de black metal y cómo es tu disposición al momento de producir? ¿Te servís también de otros artefactos como la literatura y el cine para componer?
Todos mis proyectos tienen algo en común y es que nacen de improvisaciones constantes conmigo mismo. Quizás tengo una idea que me agrada, la grabo y la guardo, la reproduzco en loop mientras toco otra capa de sonidos por encima y así hasta dar con la sección final. Eso me da puntapié para ver hacia dónde puedo seguir en la siguiente sección. No soy un gran cinéfilo, pero sí disfruto mucho de Andréi Tarkovski. Stalker y The Mirror tienen una atmósfera de marchitamiento y angustia existencial muy similar a la que busco retratar de manera musical. Lo que sí me inspira y mucho son los videojuegos. Previamente a la grabación de Providencia, había terminado juegos como Dead Space, Soma, Mass Effect. Todos comparten la estética de ciencia ficción que terminó infectando Providencia, con resultados bastante atmosféricos y cósmicos.

Tenés una formación heterogénea que no se agota específicamente en el black metal. ¿Cómo fue tu pasaje del hardcore al black metal? ¿Lo ves como una escisión tajante o encontrás zonas de contacto?
Mi lema siempre va a ser el mismo: "sonido black metal, corazón punk." El hardcore punk juega una parte muy importante en cómo se terminaron desarrollando mis labores de black metal. De hecho, mi primer proyecto, Huszár, nace de una serie de improvisaciones post rock que hacíamos mientras ensayaba con mi banda hardcore Consecuencias. Hay muchos puentes de contacto entre el hardcore punk y el black metal. Aunque a veces se sostengan como antagónicos, hay dinámicas de trabajo que se repiten de manera casi calcada. De hecho, hay nuevos proyectos interesantes que suenan entre medio de ambos estilos que son dignos de darles atención.

¿Te definirías como un músico que buscar romper con la endogamia identitaria y estética que ha caracterizado no solo al trve black, sino al metal en general?
Definitivamente. El black metal es un paraíso sónico para mí. En él encontré un lenguaje, una expresión distinta, un refugio. Conforme pasan los años, me sorprendo más y más de cómo uno se puede desviar completamente de los primeros sonidos primitivos y bestiales de los 80 o 90, alcanzando proyectos con atmósferas hermosas, etéreas, triunfantes y dulces. Y, así y todo, uno indudablemente puede reconocerlo como black metal. Ese dinamismo no lo pude encontrar en ningún otro estilo. Al igual que las sociedades en general, creo están en un proceso de deconstrucción en el que se están desechando cánones estéticos y filosóficos dentro del metal. Las masculinidades nocivas van cayendo, mientras se están asentando nuevas bases.

¿Creés que esa versatilidad que tenés también les da una impronta personal a tus trabajos, como el hecho de incorporar sonidos más vinculados al shoegaze, por ejemplo? Si bien todos participan y se inscriben en el género del black, presentan sonidos muy diferentes: algunos más bien prolijos, crepusculares y melancólicos y otros, en cambio, más estridentes, sucios y lo-fi, como el viejo black metal.
Afortunadamente, sí. No estaría satisfecho haciendo mímica de lo que ya se hizo hasta el hartazgo dentro del estilo. Soy una persona que ama la música, y eso engloba absolutamente todos los estilos que pueda llegar a disfrutar. Puedo pasar un día escuchando trap, como Denzel Curry o slowthai, o techno industrial y EBM, synthpop, goth rock. Todo eso termina decantando en los discos que grabo. Me siento en una deuda espiritual con el black metal y no voy a descansar hasta sentir que he retribuido todo lo que el estilo me ha dado.

Tal vez un estigma que quedó de la emergencia del black metal en Noruega, o lo que se encargaron solo de visibilizar los medios, es su asociación a esas tradiciones paganas que algunos integrantes de bandas asociaban al nazismo. ¿Cómo concebís esa dimensión y esa relación entre ética, política y black metal? ¿Y cómo resignificás vos esa relación en tus composiciones y tus producciones artísticas?
El NSBM es un fenómeno triste y en cierta forma absurdo. Tenés todos estos círculos celebrando la violencia y el odio "equitativo" hacia todas las razas y demás relatos absurdos, para luego ubicarse debajo de una ideología de "fraternidad y hermandad por el futuro de Evropa" y cosas similares. Le atribuyen al estilo una raíz reaccionaria inexistente, negando que en los 80 las bandas precursoras del estilo en su mayoría tenían ideologías de izquierda o directamente se trataban de anarquistas, como en el caso de Mystifier y Sarcófago de Brasil, e incluso la segunda ola, con Summoning (explícitos antifascistas), Profecium si miramos a Argentina, y así un gran número de artistas con ideas libertarias y antirracistas a lo largo del globo.

Haciendo un balance general de tu carrera, ¿cómo te ves parado hoy mismo y cómo te ves en un futuro más o menos cercano? ¿Qué cosas te gustaría hacer o que te pasen en relación con tu trabajo?
Este año fue de constantes sorpresas, desde un proyecto secreto y anónimo que agotó todo su material en minutos, empezar a trabajar con Nachtzeit de Lustre, hasta despertar un día y ser inlcuido en una playlist por nada más y nada menos que el Roadburn Festival, al lado de artistas de la talla de Lingua Ignota. Un sueño sería quizás ser invitado a dar un show en ese festival, pero falta un largo trecho para que eso suceda. Pero siempre seguir escribiendo y, sobre todo, seguir soñando, porque, al día de hoy, me siento en un sendero onírico construido por mis canciones y espero no despertar en mucho tiempo.

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