Foto: Nora Lezano

La danza de los principiantes fue el disco que consagró a Mi Amigo Invencible como banda central en el indie nacional. Sus himnos de melancolía tangible los convirtieron en la banda a escuchar en 2015, y sus enérgicas presentaciones en vivo, en la banda a seguir. Sin embargo, fue también el éxito generado por La danza lo que convirtió a las giras, los ensayos y la amistad del grupo en un trabajo de tiempo completo. La obligación de repetir el mismo setlist todas las noches e interpretarlo de memoria fueron rutinas que detuvieron el impulso creativo e hicieron necesario un quiebre en la banda mendocina. Es por eso que en 2017 decidieron darle un cierre formal a la trilogía de Relatos de un incendio (2011), La Nostalgia Soundsystem (2013) y La danza (2015), con la publicación del EP Nuestra noche (2017). En los tres temas que conforman este cierre, la banda dejó de lado la experimentación y buscó un sonido natural, orientados por su interés en la nostalgia y melancolía, pero con texturas oníricas a base de sintetizadores soñadores. El siguiente EP, Ciencias naturales (2018), constó de tres hits que sirvieron para calmar la ansiedad propia y la del cada vez más amplio grupo de seguidores.

Pero todavía faltaba algo. En marzo de este año, la agrupación mendocina decidió tener una aventura cuyana en Estados Unidos, en la que construyeron una geografía sonora propia, un Edén introspectivo para los interrogantes habituales de su discografía: ese lugar fue Dutsiland. Grabado en Estudio El Attic por Patricio Claypole, mezclado en Tiny Telephone en manos y oídos de John Mcentire, masterizado en Ovie Mastering y producido por Luke Temple, el nuevo LP de Mi Amigo Invencible es una obra de pinceladas poéticas y visuales que acompaña nuestra propia reflexión.

«Solo quiero saber si estás acá o estás ahí/En el teléfono o en mí» se pregunta la banda en «Desayuno continental», una apertura mid tempo al disco en donde los teclados de Pablo Di Nardo ambientan un marco ideal para la primera de las tantas inquietudes líricas que plantean los mendocinos a lo largo de Dutsiland. Las ya tradicionales guitarras punzantes e incisivas de la dupla Mariano Di Cesare–Nicolás Voloschin acompañan ese desasosiego, ubicándonos en un espacio sonoro donde encontraremos (o no) las respuestas a esos interrogantes. En «Fósil» la instrumentación termina de instalar el clima que propone Dutsiland, un eclecticismo eléctrico de detalles acústicos que terminan de redondear esa fórmula que siempre funcionó para los mendocinos: aforismos para lxs introvertidxs.

La clásica fascinación de la banda por las noches y los incendios se hace presente en «Loco trópico». En un tema que bien podría ser otro clásico de La danza, los Marianos (Di Cesare y Catro) construyen una atmósfera nocturna a través de espacios sonoros planteados por Arturo Martin (batería), Leonardo Gudiño (percusión) y Juan Pablo Quatrini (bajo), la mejor sección rítmica del indie nacional. «Basta ya de idealizar/Lo que tengo es tan normal y especial», cantan en el tema que da nombre al disco, una de esas composiciones pequeñas, bellas y asequibles que los mendocinos tan bien dominan desde «El incendio» y «Mateo». Dutsiland vuelve a sumergirse en ese podio de coros taciturnos y melodías amenas.

En una entrevista realizada por Oscar Jalil en el ciclo Miernes de Futuröck, la dupla cantante de Mi Amigo Invencible confesó sus inquietudes luego del estallido de La danza de los principiantes. La rutina agotadora de los ensayos, sus otros trabajos, el no ser dueño de nada que implica ser mendocino y vivir en Buenos Aires, todo eso indicaba una posible crisis. ¿La solución? La construcción de una identidad sonora propia que comenzó con alquilar un piso en Congreso y montar una sala de ensayo en la que comenzaron los primeros bocetos de lo que luego sería Dutsiland. «Me miro en el espejo/No sé bien lo que veo/Creo ser yo», confiesan en «Todo pasará», una declaración que resume de forma precisa esa desmotivación en la que se encontraba la banda. Despojarse de toda referencia, salir de las zonas de confort, no caer más en Juan José Saer o Roberto Bolaño, volcar en forma sonora la experiencia de grabar el disco son los tópicos con los que dialoga Dutsiland, una tierra ficcional y una deformación absurda del lenguaje para darle un lugar físico a esa abstracción que los mendocinos necesitaban.

«Todo va a pasar, todo pasa» es la conclusión a la que llega el disco con «Todo pasará», un adagio al que todxs añoramos llegar luego de superar un momento de desolación y desmotivación. En su cuarto álbum, Mi Amigo Invencible supo encontrar la armonía necesaria entre los tiempos vertiginosos que corren, la crisis que atravesaron y su pasión por hacer música. Con hits tímidos y climas ambientales, Dutsiland requiere una atención serena y detenida, como señaló Di Cesare, «dedicar media hora a lo que sea es fortalecer treinta minutos de tu vida.» Esperamos que Mi Amigo Invencible continúe fortaleciendo nuestras vidas, y las suyas.

Mi Amigo Invencible – Dutsiland

2019 – Crack

01. Desayuno continental
02. Fósil
03. (bip-bip) No me hables
04. Nadie en la casa
05. Batalla gigante
06. Dutsiland
07. Beverly G.
08. Loco trópico
09. Todo pasará