«No me importa, que se joda ese hater», sentencia a puro autotune Dante Spinetta en las primeras líneas de «No sigas», el single que sacó a fines de junio en colaboración con Neo Pistéa. Y no lo dice para hacerse el guapo. O bueno, sí, pero la frase amerita otra lectura: a principios de los 90, mientras sus compañeros de colegio le rendían culto al rock, Dante y su camarada Emmanuel Horvilleur absorbían el groove de Michael Jackson y la crudeza de grupos neoyorquinos como Beastie Boys, Run-DMC y Public Enemy. En realidad, su debut musical ya lo habían hecho un par de años antes con Pechugo (versión irónica de los Menudo), una suerte de colectivo familiar creado junto a sus hermanos que quedó inmortalizado cuando compusieron «El mono tremendo», canción incluida en el emblemático álbum del Flaco de 1988, Téster de violencia. Se subieron al escenario del Teatro Broadway para cantarla en la presentación del disco, y la experiencia fue tan intensa que quisieron formar su propia banda. Dante tenía 14 años y Emmanuel 16 cuando editaron Fabrico Cuero, debut de Illya Kuryaki and The Valderramas que vio la luz en 1991, hoy considerado el primer álbum de rap argentino. Ese mismo año, la dupla fue votada como artista revelación en el suplemento Sí! de Clarín. Lo bien que hicieron en no escuchar a sus detractores.

«‘¿El rap? ¿Qué es rap? Le doy un año’, nos decían en ese momento. Todo el mundo pensaba que era una modita, que no iba a durar…» recuerda hoy Dante en medio de una jornada productiva en las oficinas de Sony, a 28 años de aquel álbum seminal, y a días de otro show en Niceto como solista. «Lo mismo dicen del trap, y dijeron del reggaetón. Y el reggaetón acaba de sacar a un gobernador del poder», remata. «Lamentablemente, escribir la historia también conlleva la guerra. En este caso la batalla es cultural, para posicionarse, y para que la gente acepte lo que hacés. Romper con lo establecido significa eso», afirma, y es su propio camino artístico el que se encarga de confirmarlo.

Acabás de sacar «No sigas» junto a Neo Pistéa, y antes colaboraste con Duki en «Verano hater». ¿Cómo surge este cruce entre generaciones?
Básicamente, nace de tener ganas de volver a sacar música urbana. Y de mi conexión con esta nueva escena, que realmente me gusta mucho. Son artistas que admiro, me parecen unos capos, y pegaba en esta nueva etapa. Es reconectar puntos, también. Y la verdad que con esta generación de artistas urbanos me siento muy cómodo porque tienen la cabeza más abierta… son pibes que están abiertos a la música en general. Nos entendimos energéticamente al toque.

Sos un referente para esta generación. ¿Aprendés también de ellos?
Siempre me considero un estudiante, un alumno del sonido. Creo que se puede aprender de los reales. Me mezclo con gente real, que siente lo que hace, que pone el alma y el corazón ahí. Con Neo y Duki pasa eso, no importa tanto la edad. Es una cuestión de sincronicidad. De respect. Son pibes que tienen el flow atado, son nueva sangre y traen una fuerza tremenda. Hay mucha movida urbana durísima hoy en día: Wos, Ca7riel y Paco Amoroso, Flu Os… gente que está trayendo nuevos sabores a la mesa. Argentina está muy pesada en la música urbana hoy, en el mundo, y eso es groso. Me encanta ser parte.

En 2017, mientras lo urbano estallaba, apostaste por un álbum introspectivo que nació tras una ruptura amorosa. ¿Cómo ves Puñal dentro de tu discografía?
Cuando saqué Puñal me decían «che, vos estás loco… estuviste sacando hip-hop toda tu vida, te costó un huevo, con El apagón no te daban ni bola, y ahora te mandás un disco casi de rock… ¿qué te pasa?» Y bueno, algunas veces las cosas son así porque tienen que ser así, no es que elijo ir en contra de la corriente. Era una cuestión de sensibilidad con ese momento. Puñal en mi discografía es quizá el disco diferente, es más intenso y emocional, y eso lo voy a seguir trabajando. Ahora voy a sacar un track que es una mezcla entre esos dos mundos, un tema que se llama «Perdidos en el paraíso». Es urbano, pero con una carga emocional bastante fuerte.

Fotos: Matías Casal

En el disco también hay canciones que grabaste con la Filarmónica de Praga. ¿Cómo trasladás eso al vivo?
De momento no pongo las cuerdas, tampoco grabadas. Por lo menos no en este show. Pero estoy juntando tantas cosas con cuerdas, temas míos de Kuryaki como «Hermoza from heaven», «Húmeda», «Prométeme paraíso», «Ruégame» o «El árbol bajo el agua», que en algún momento me gustaría hacer algo. Un show con una filarmónica, por ejemplo. Eso lo voy a seguir haciendo de alguna manera, porque es otro lado que me gusta experimentar, estar en contacto con esa sensibilidad.

Pasaron siete años entre este último trabajo y su antecesor, Pyrámide de 2010. ¿Sentís que pegaría diferente ese disco si hubiese salido hoy?
Y sí, sería un disco más fuerte. Bueno, igual «Mostro» pegó mucho en ese momento.

Ahí ya usabas autotune…
Sí, en Pyrámide hay cinco temas cantados con autotune. Y hoy leo críticas en YouTube o en mi Instagram donde me ponen «eh, loco, ¿qué hacés usando autotune, si vos podés cantar?» ¿Qué tiene que ver? Uno no puede estar complaciendo ni a la gente ni a la industria, porque es mi viaje, no el de otra persona. Quiero mantenerme contento con mis decisiones, y los que se puedan subir a mi flasheo, genial. Porque podría haberme quedado con Kuryaki laburando, esa era una segura y los dos sabemos que la banda funciona a nivel internacional. Kuryaki me encanta, pero estaba en otra y Emma también. Hubo momentos en los que me tuve que hacer de abajo fuerte, pero no aflojé en mi camino. No hay que desesperarse. La vida pasa, y hay que hacer lo que te calienta. Yo quiero sentirme enamorado todos los días de lo que hago.

Por el momento no hay planes de retomar Kuryaki, entonces…
No sabemos si va a volver, realmente… creo que estamos muy cada uno en la suya. Puede pasar, como no. Puede pasar que vuelva para un tour, por ejemplo, pero ahora está lejos eso. Es la verdad. Porque estamos cada uno muy metido con su movida. Pero a eso me refiero con ser real: loco, jugátela por lo que sentís. Y al que no le guste…

Dante Spinetta en Niceto Club – Foto: Daiana Quinteros

Del trap también se decía que era una moda pasajera y terminó convirtiéndose un fenómeno. ¿Por qué pensás que tiene tantos haters?
Los movimientos que explotan generan un montón de detractores. Pasó con el rock, cuando a mi viejo le decían «cortate el pelito, hippie» o cuando a mí me decían «eh, rapero de mierda, hacé rocanrol.» La gente se siente amenazada cuando aparece algo fresco y diferente. No entiende cómo se mueve ese animal, y ante la duda dispara. Se siente en peligro. Hay que entender que eso es parte de tirar puertas abajo, y siento que es necesario que pase. En realidad sucedió siempre, pero hoy con las redes sociales se nota más. Pero no podés estar pensando en eso, realmente, porque si no, no hacés nada. Hay que dejar de complacer. Si estás en un grupo, lo importante es mantenerse unidos y jugársela por un concepto. Esa es la manera de que la cosa funcione energéticamente: estar seguro de lo que estás haciendo. Por eso, yo sigo el fuego. Ahí me siento cómodo, y voy donde yo sé que está.

Desde tu rol en Sony como A&R, hacés otro aporte importante a la escena urbana actual. ¿Cómo seleccionás los artistas?
Se va dando. Obviamente tiene que haber una atracción mutua, y unas ganas de trabajar de ambas partes. El primer artista que firmó fue Neo Pistéa, y desde que se firmó creció un montón. Hay un equipo de gente que respeta la identidad de cada artista y que sabe trabajar. Un sello que quiera cambiar un artista ya no existe, no podés cambiar la magia de alguien porque ya arrancás mal. Se respeta la identidad de cada uno, pero se acompaña en ese crecimiento. Hay mucho talento y se merecen jugar en primera, todos.

Por suerte está sucediendo.
Sí. Mismo gente que está fuera de la industria, también la están partiendo. Creo que es un gran momento argentino en ese sentido. Hay muy buenas bandas, no solamente en lo urbano. En el rock hoy tenemos Usted Señálemelo, por ejemplo. Emma sacó un disco tremendo también… estamos todos afilados. Argentina está picante de nuevo, y eso está bueno.

¿Qué nos podés adelantar de tu show en Niceto el próximo 8 de agosto? 
Que esta banda que tengo es un asesinato, es fuerte. Dream team funkero. Son todos re pesados, y estamos re conectados. El otro día contaba que estábamos tocando en Mar Del Plata, y en un momento estaba caminando tanto la situación, estábamos tan prendidos fuego que me di vuelta y los miré. Nos empezamos a sonreír entre nosotros, y nos dimos cuenta: somos un motor. La gente lo sintió, y esperemos llegar a ese clímax también acá en capital, conectar así con el público y que haya esa magia. Yo creo que sí. Siempre elijo Niceto porque para mí tiene una magia especial ese lugar, y va a explotar.

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Dante Spinetta se presentará el jueves 8 de agosto en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Ticketek.

Foto principal: Matías Casal.