Diego Vainer piensa la música como arquitectura. Se suele hablar de la música electrónica y el ambient en términos espaciales, pero el músico y productor argentino construye su sonido como si fuese la edificación que sostiene ese espacio: sus canciones funcionan como cimientos, algunas proyectadas para el baile y otras para la contemplación, pero todas ensambladas con la misma precisión y atención al detalle. 

Ese método lo acompaña desde hace más de treinta años, desde sus comienzos en el under electrónico de Buenos Aires donde comenzó a publicar música bajo el alias Fantasías Animadas, hasta su trabajo más reciente componiendo para artes escénicas. Recientemente, publicó su primer disco como Fantasías Animadas después de casi 20 años, retomando su proyecto para volver a rearmar y desarmar las bases de su sonido.

El interés por la mecánica oculta del sonido comenzó en la niñez. Cuando tenía 6 años abrió y desarmó el piano vertical de su casa, descubriendo un sistema preciso y desproporcionado para un niño: teclas que accionan palancas que mueven martillos que golpean cuerdas que vibran y suenan. Una máquina compleja diseñada únicamente para producir sonido.

L Fant

Era un juguete sofisticado —recuerda Diego en conversación con Indie Hoy—. Tocaba las cuerdas, movía los martillos. Un instrumento es un mundo tremendo para un chico. Me parecía como estar en Blade Runner”. Estudiar piano con un profesor clásico fue inevitable, pero la música electrónica no tardó en llegar, primero a través del electro pop de los 80 y poco después con Kraftwerk, una revelación que describe como “la piedra filosofal, el hallazgo de la música electrónica en estado de máxima pureza”.

Lo que siguió fue un proceso de desaprendizaje. “La música electrónica nunca estuvo tan del lado de la formación musical —cuenta Diego—. En un momento, el que estudia la técnica del instrumento tiene que hacer un duelo narcisista para decir: esto se lo dejo a que lo haga una máquina”. En 1988 compró su primer sampler, después un sintetizador y una caja de ritmos. Cuando dejó de tocar en bandas y empezó a componer solo con máquinas, nació Fantasías Animadas.

El nombre no era casual. Diego tenía una fascinación particular por las animaciones de la Warner y sentía que había una relación sinestésica entre los dibujos animados y los sonidos digitales que no buscaban imitar algo real. “Para mí, Fantasías Animadas era un espacio para imaginar sonidos que no existían, en el plano de las fantasías sonoras. Ponerle un nombre sirvió para delimitar un territorio para mi búsqueda específica dentro de la electrónica”, cuenta. 

Fantasias Animadas (Diego Vainer) - Mike's Road (93+94+95 -1996) - Dir. Diego Kaplan

A comienzos de los 90, el under electrónico de Buenos Aires estaba todavía en obra: algunos ciclos en centros culturales, pocos sellos independientes editando sus primeros CDs y un público modesto pero atento. La primera presentación de Fantasías Animadas fue en 1993 en el Centro de Arte y Comunicación CAYC, en el ciclo Lapso Táctico, junto al artista sonoro Jorge Haro. Desde entonces, los shows en vivo convivirían con un trabajo continuo de composición que con los años decantaría en la grabación de su primer disco.

93+94+95, publicado de manera independiente en 1996, funciona como un documento de época: reúne tracks surgidos de improvisaciones en vivo de los tres años anteriores, registradas en cinta digital en un proceso en el que composición, mezcla y grabación ocurrían en simultáneo. La limitación de no contar con grabación multipista definió parte del método y el sonido del disco: beats ensamblados en capas, construidos a partir de microsonidos y tonos sintéticos, como si vinieran de una orquesta de módems, beepers y celulares analógicos. En retrospectiva, 93+94+95 es la primera marqueta de un sonido que Vainer seguiría ajustando, desmontando y reconfigurando a lo largo del tiempo.

La recepción fue rápida dentro de la escala del under electrónico local, incluso un videoclip del track "Mike's Road" circuló durante años en la franja trasnoche de MTV. Un año antes, Bistró Málaga de Estupendo ya había marcado un antecedente de la posibilidad de una electrónica argentina que empezaba a pensarse por fuera del mainstream, y casi en simultáneo el productor Leandro Fresco también publicaba su primer disco, Cápsula. En ese pequeño circuito, los propios artistas se compartían copias, recorrían disquerías y sostenían una circulación que empezaba a delinear una escena todavía incipiente. 

Creo que lo que más añoro de esa época es que todos nos escuchábamos —cuenta Diego—. Y eso, para mí, configura una escena: saber y querer escuchar lo que hizo tu compañero. Íbamos todos a todas las fechas, había mucho intercambio. Me acuerdo del FIV [el Festival Internacional de Video y Artes Electrónicas de 1996], donde también tocó Klauss; me acuerdo de escuchar a Leandro, de los sets de Carola [Bony], creo que Estupendo también había pasado por ahí. Estaba Polidor, el proyecto de electrónica de Leo García con Ezequiel Araujo y Manu Schaller. Estaba buenísimo lo que todos hacían”.

Fantasías Animadas en las jams electrónicas de Oval, junto a Ernesto Romeo y Jorge Haro
Fantasías Animadas en las jams electrónicas de Oval en los 90, junto a Ernesto Romeo y Jorge Haro.

Parte de esa escena comenzaría a nuclearse en Oval, un espacio clave para la noche porteña reconocido por organizar extensas jams de electrónica cada mes y reunir a una camada de productores y músicos experimentales en un clima de intercambio. Fantasías Animadas se volvería un nombre recurrente en la programación de Oval y esto le daría a Diego un escenario donde ir desarrollando las composiciones que luego reunió en su segundo disco, Pendiente (1999)

Es un álbum que también refleja ese momento de apertura sonora. Tracks como “Siesta” y “Pendiente” reflejan el grado de sintonía que algunos productores locales mantenían con la electrónica británica contemporánea: las texturas psicodélicas del techno, el frenesí del drum and bass y el jungle, y la elegancia más pausada del downtempo, música que dialogaba con las primeras raves en Buenos Aires. En el centro del disco, sin embargo, “Estéreo” y “Biorritmo” apuntaban a otras zonas: por primera vez, Fantasías Animadas se desplazaba hacia un registro más suspendido y atmosférico, anticipando el interés por el ambient que aparecería con mayor decisión en trabajos posteriores

Es curioso que en medio de ese contexto electrónico, Diego también estuviera volviendo al piano. La razón fue Piano (1998), el disco en el que el pionero de la electrónica argentina desde los años 80, Daniel Melero, revisitaba parte de su repertorio acompañado únicamente por el instrumento. Para Diego, el proyecto tenía algo de retorno: el piano era su instrumento de formación, el que había iniciado su interés en la música. Para Melero, en cambio, revisitar sus grandes éxitos con piano y voz significaba un gesto casi opuesto al clima electrónico de la época. 

Daniel Melero No dejes que llueva En vivo en el Festival Argentina Vivo 2

“También había algo de fragilidad en el formato, en la performance, que para un músico electrónico es interesante —dice Diego–. Nos atraía la idea de gente que piensa electrónicamente pero hace el gesto inverso, algo totalmente artesanal. Cuando me siento a tocar el piano no me puedo desprender de una investigación con el sonido: el pedal, los ruidos… Para mí el piano es un objeto, una máquina. Ya no puedo volver al piano como el piano del siglo XIX. El disco tiene mucha artesanía, pero nuestras cabezas seguían pensando electrónicamente”. 

Piano fue grabado en dos días en el campo, en tomas rápidas y casi sin edición. “Mi aproximación en el piano tenía que ser muy económica —recuerda Diego—. Es un disco con muchísimo silencio: los arreglos son apenas notas que delimitan ese silencio. Trabajé mucho para llegar a algo muy sintético. Para mí, si hay algo muy destacable en Daniel es que es un gran escuchador. Es alguien que me gusta mucho cómo compone y cómo escucha”. 

Otra gran influencia en su forma de escuchar sería el contacto con Frágil Discos, el sello discográfico pionero en el ambient electrónico durante el cambio de siglo, dirigido por el crítico Pablo Schanton, el diseñador Alejandro Ros y la gestora cultural Diana Ruibal. En 2001 publicaron Arquitectura, el tercer disco de Fantasías Animadas y uno de los discos más silenciosos y atmosféricos del catálogo del sello.

Nueva Harmonia

“Siempre edité de forma particular mis álbumes y el único sello con el que quise trabajar en su momento fue Frágil —cuenta Diego—. Me acuerdo que de repente era como una logia a la que me asomaba y había mucha gente que me gustaba lo que hacía. Yo tenía una primera versión de los temas de Arquitectura, se la mostré a Pablo y para mí al disco todavía le faltaba trabajo, pero él me dijo: no, está buenísimo. Después le pedí a Daniel que hiciera el último tema del disco, lo mezcló y terminó de producirlo”.

Arquitectura marcaría un punto de inflexión en el sonido de Fantasías Animadas, profundizando en su interés en el diseño sonoro, la abstracción y la repetición. El título no era casual: para Diego, la música comparte con la arquitectura una lógica de construcción, de proporciones y estructuras. “Me encanta la arquitectura; para mí resume muchísimo de lo que es la música. Me habría gustado ser arquitecto si no hubiese sido músico. Tengo mucha sensibilidad ante una obra arquitectónica que me gusta. Y me atraía esa idea de la construcción de una música”. 

El trabajo con Alejandro Ros reforzó esa dirección: la portada de Arquitectura es un detalle del símbolo que los arquitectos utilizan para representar árboles en un plano. “Era una forma de acercarse a algo muy artesanal que tenían los arquitectos —cuenta Diego—. Y ahí empecé a trabajar más cerca de Ale, hasta hoy ese intercambio me resulta muy rico. Son trabajos breves en el tiempo, pero muy intensos conceptualmente, que siempre le aportan al disco”. 

La experiencia de Frágil dejaría una fuerte marca en quienes participaron en él, marcada por la curaduría precisa de Schanton, la icónica identidad gráfica de Ros y las noches en la discoteca Morocco producidas por Ruibal. “Pablo significó mucho para todos —dice Diego—. Debió haber sido la experiencia de curaduría más intensa que recuerdo, incluso fuera de la electrónica. Había algo muy grupal, de cohesión, de intercambio. Si uno pone todos los discos de Frágil juntos se percibe una idea de sello muy clara: un catálogo reducido, pero que generaba mucha atención. Cuando fui a tocar en el Sónar en 2002, la gente pasaba por el stand del sello y se llevaba los discos vorazmente”. 

Fantasías Animadas en Cemento.
Fantasías Animadas en Cemento a comienzos de los 2000.

Con los años, Frágil terminaría disolviéndose, aunque quedaría una marca común entre los artistas que participaron de ese momento. “Uno se sentía orgulloso de compartir ese catálogo —admite Diego—. Veías todos los discos y pensabas qué lindo que el tuyo esté ahí. Hoy hay una especie de diáspora de los que participábamos, pero cuando nos cruzamos es como reconocer algo invisible que nos une, como haber convivido en una búsqueda”.

Diego retomaría esa búsqueda en solitario con el disco Aliento (2005), con una de las portadas más icónicas de Ros: pegamento en spray rociado sobre el plástico de la caja de CD, como si alguien acabara de exhalar sobre la superficie. En paralelo, siguió creando música para teatro y performance, composiciones que reuniría en el disco Escena (2009), publicado con su nombre real. El trabajo en artes escénicas también cambió su forma de pensar el formato discográfico y la performance, razón por la que no volvería a publicar un nuevo disco como Fantasías Animadas en 20 años.

“Pasé varios años desde Aliento convencido de que la mejor forma de presentar mis composiciones era en un formato efímero, en un momento de performance —cuenta Diego—. Tampoco me convencía cómo se maneja la distribución de la música en redes y la disolución de un formato físico al que yo le daba muchísimo trabajo y cariño… Cada tapa de Aliento era un aliento único, no hay dos discos iguales. Había algo muy especial que se generaba con eso, una escucha más cuidada”.

Fantasías Animadas (Diego Vainer) + Mariela Bond, "Faro" - Ciclo Luminiscencias

Faro, el quinto disco de Fantasías Animadas publicado en diciembre, nació como intento de recuperar algo de ese cuidado. Para Diego, los discos fijan un momento de una composición que sigue cambiando. Las piezas de Faro venían siendo interpretadas en vivo desde hacía tiempo, como el track que da nombre al disco, que describe como “una electrónica casi orquestal” atravesada por capas de distorsión que crecen como una marea ruidosa, como una orquesta de sintetizadores tocando mientras se hunde su barco.

Tenía ganas de hacer algo a contrapelo de cierta elegancia minimalista que se volvió una especie de norma en la electrónica —cuenta Diego—. Algo más ominoso, donde lo tranquilizador tenga siempre una amenaza muy presente. La imagen es: esto se va a romper, el sistema de sonido no va a soportar. Me interesaba trabajar la distorsión en esos términos: ver en qué momento deja de ser rugosidad y empieza a cantar, como cuando un acople se convierte en tono”. El título remite a una obsesión recurrente en el proyecto: la luz, presente desde aquella vez que presentó Aliento en el Salón Dorado de la Alianza Francesa iluminado solo con velas.

El resto de los tracks de Faro retoman la paleta sonora de Fantasías Animadas, pero extendiéndola sobre piezas más largas y expansivas. El ambicioso final, “Central”, es una pieza de trece minutos que condensa buena parte de la búsqueda sonora de Vainer: inquieta, siempre cambiante, difícil de encasillar; una estructura capaz de desarmarse y volverse a ensamblar para inventar una nueva configuración.

Tengo material de Fantasías Animadas para sacar tal vez tres álbumes más —adelanta Diego—, está ahí hasta que encuentre algo que arme una colección y me den ganas de editarlo. Es un proyecto que tiene que tomar forma en el momento en que realmente siento que puedo aportar algo. No siento que tenga que sostener una carrera constante. Fantasías Animadas es mi lugar más íntimo”.

Escuchá Faro de Fantasías Animadas en plataformas (Bandcamp, Tidal, Apple Music).

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