Cuando uno cierra los ojos no ve exactamente todo negro. Aparecen tonos de grises y marrones, manchas de luces y sombras, colores fríos y otros terrosos. Es un paisaje que vemos todos los días y todas las noches, pero aun así cuesta describir. En esa mezcla de extrañeza y familiaridad está su misterio. De esa pantanosa oscuridad parece venir la música de Grouper, el proyecto con el que la estadounidense Liz Harris lleva más de veinte años grabando canciones cuya forma parece desdibujarse cuanto más nos acercamos a escucharlas.

Su voz se mezcla con guitarras, pianos y otras voces, siempre grabadas por ella misma en estricta soledad. A veces una melodía se distingue apenas entre el ruido de la cinta y la reverberación. Sus canciones habitan eso que muchos deciden llamar ambient y otros dream pop. Podemos reconocer una tristeza, un deseo o una sensación de alivio sin saber del todo qué los provoca. Por cercanas que se sientan, siempre hay algo en ellas que se nos escapa.

Heavy Water/I'd Rather Be Sleeping

Pienso en la música como algo que viene de afuera de mí”, dice Harris en conversación con Indie Hoy. En otras entrevistas, ella misma ha descrito la música de Grouper como una forma de darle una existencia a emociones que de otra manera le costaba procesar. Hay canciones que pueden sentirse familiares desde la primera escucha, aunque sea difícil asociarlas con un recuerdo preciso. Con el tiempo, pueden quedar ligadas a una época específica de nuestra vida, a alguien especial, hasta encontrar un lugar propio en nuestra memoria emocional.

Su relación con lo espiritual viene de una infancia poco convencional: hasta los once años formó parte de una comunidad del norte de California que seguía las enseñanzas del místico George Gurdjieff. Años después, al volver a Oakland tras una breve estadía en Los Ángeles, se encontró con una escena de noise. Compartía casa con integrantes de Yellow Swans y Eats Tapes: gente que producía y editaba su propio ruido. Allí aprendió a usar una grabadora de cuatro pistas que tenía desde hacía años y empezó a registrar sus canciones.

“Creo que lo que cambió en esa época fue que todas las personas con las que vivía estaban haciendo cosas y las hacían por su cuenta —recuerda Harris—. Toda esa escena era muy DIY. Antes de Oakland había vivido un tiempo en Los Ángeles y me sentía muy desilusionada por todas las fiestas. Sentía muy fuerte que necesitaba volver a hacer arte. Estaba muy dedicada a concentrarme solamente en el arte y la música”.

¿Había algo de grabar con cinta que te interesaba explorar?
En cierto sentido fue algo orgánico: era lo que había aprendido y lo que tenía. Pero también me atraía más la cinta que la computadora porque, cuando grabo en cinta, no puedo ver lo que estoy haciendo. Solo puedo escuchar. Y creo que eso te lleva a hacer música de otra manera. De hecho, hace poco saqué un par de grabadoras viejas de casete de cuatro pistas para ver si todavía funcionan. Estoy pensando en volver a usarlas para algunas canciones. Creo que la cinta también se presta a errores y a sorpresas en el sonido. Me gusta cuando pasa algo orgánico y no es tan perfectamente limpio como lo digital, pasan cosas extrañas. Una de mis grabadoras estaba medio rota y dos de las pistas se filtraban una en la otra, y eso producía efectos muy buenos.

Grouper. Foto: Gentileza de prensa.

¿La música ambient fue una referencia importante para vos como oyente o es más bien una conexión que otras personas hicieron con tu obra?
El ambient ha sido una parte importante de mi vida como oyente y lo sigue siendo. Me gusta mucha música sin palabras. Agregaría que estar cerca del noise, en particular, que considero parte del mundo del ambient, fue una gran influencia.

¿Recordás cómo fue tu primer encuentro con el ambient y el noise? ¿Hubo algún disco o artista que te haya marcado?
Creo que un antecedente fue escuchar de chica la música clásica que ponía mi papá, y música clásica más de vanguardia, como Arvo Pärt. En cierto modo eso también es ambient. Escuchar esa música me enseñó a tener paciencia y a disfrutar de escuchar una pieza larga, de concentrarme en la escucha. Después, ya de adulta, conocí mucha música experimental en una radio universitaria de la zona de la bahía de San Francisco donde trabajaba, KALX, que todavía existe. Escuché muchísimas grabaciones ahí. Y no recuerdo cuál fue la primera música ambient que escuché, pero cuando descubrí The Disintegration Loops me marcó mucho, recuerdo escuchar ese disco una y otra vez.

Algunos de tus discos reúnen grabaciones hechas con años de diferencia, así que imagino que armarlos implica volver a cosas que hace tiempo no escuchabas. ¿Cómo es esa experiencia?
Estuve pensando mucho en eso últimamente, porque ya llevo veinte años haciendo música y hay una que siempre toco en vivo, en todos los shows, que es como un ritual para mí. Probablemente lleve quince años tocándola, pero necesito hacerlo en cada show. En cambio, con otras canciones tengo tanta distancia que necesito escucharlas para recordar cómo sonaban. A veces me escucho y no me reconozco y me gusta esa sensación, una extraña disforia de no reconocerme en mi propia música. A veces tengo la sensación extraña de estar escuchando algo que hizo otra persona, que quizás sea simplemente un poco de síndrome de la impostora. Pero también lo disfruto, me gusta esa imposibilidad: hice esto, pero a la vez no lo hice en absoluto. Y creo que lo que me gusta de volver a esa música y mezclarla con música nueva es que el tiempo parece estirarse. No sé si eso se escucha en los discos que se graban en cinco días. Cuando hacés algo y lo dejás reposar, quizás hasta diez años, y después volvés y le agregás cosas, le agregás quien sos ahora. Es una especie de brujería o como viajar en el tiempo. Estás jugando con esas distintas versiones de vos misma. Aunque lo hago de manera intuitiva. Suelo trabajar muy lento y muy rápido a la vez. Me entusiasmo y trabajo en seis cosas a la vez, pero después dejo reposar algo durante seis años antes de retomarlo. Ahora estoy volviendo a entusiasmarme con la música de Grouper. Sentí que necesitaba dejarla por un tiempo. Durante una época me interesaba más la música de Nivhek y Helen. También tuve que ocuparme de algunos temas de salud durante un par de años, nada preocupante. Dejar Grouper de lado por un tiempo y no salir de gira con el proyecto hizo que volviera a entusiasmarme.

¿Hay algún disco tuyo que hoy te genere algo muy distinto de lo que sentías cuando lo hiciste o lo publicaste?
El primero significa mucho para mí porque realmente me sorprendió. Sentí que había salido de la nada. Fue una sorpresa enorme ver hasta dónde llegó y que a la gente le gustara. Y cuando grabé Dragging a Dead Deer Up a Hill, tenía la sensación muy fuerte de que iba a generar un rechazo enorme y que la prensa se iba a burlar de mí. Pensaba: ay, la gente va a decir que es tan naíf, tan pop… porque antes había estado haciendo cosas más experimentales. Para mí, era un disco de pop puro, y ahora cuando lo escucho pienso que sigue siendo muy extraño. Pero sí, en su momento medio que lo odiaba, me daba terror que saliera. Ahora veo que ese disco me ayudó mucho a explorar otras cosas en la música, así que me alegra no haberlo dejado guardado sin publicarlo nunca.

Alien Observer

Cuando hablaste de tu proyecto A I A, describiste Dream Loss como estar atrapada en el agua, y hablaste de Alien Observer en términos de evaporación y nubes. ¿Qué tiene el agua que te lleva a volver a ella, tanto en tu vida como en tu obra?
El agua me gobierna. Me identifico con el agua, mi propia energía es acuática. A veces siento que si eligiéramos nuestro avatar en el mundo natural, yo sería una tormenta. Siempre viví muy cerca del océano, así que eso debe influir en cierto punto. Y soñé con él, desde chica tengo sueños con olas gigantes. El agua es una fuerza que me calma y que siempre estuvo cerca. Aunque también es una fuerza poderosa que siempre respeté y sigo respetando. Sobre todo porque soy marinera, voy en barcos, y creo que parte de ser una buena marinera es respetar el poder del océano y tenerle un poco de miedo. Y cuando siento emociones difíciles, siento que el océano se las lleva. Me ayuda muchísimo recurrir a metáforas de la naturaleza en momentos de angustia emocional. Y, para ser franca, tuve mucha angustia emocional en mi vida. Poder recurrir a esas metáforas y mirar lo que hace el océano fue algo que, de alguna manera, me salvó. La ola rompe y descarga sus sentimientos, descarga su energía, es mucho más grande que cualquiera de nosotros y eso me calma. Es curioso que lo menciones. Hace poco estaba pensando en el disco de Helen y en sus letras, y varias hablan de desaparecer por completo en el océano. Creo que, si contara cuántas de mis canciones hablan de desaparecer en el océano, a esta altura probablemente serían más de veinte. Quizás estoy escribiendo la misma canción una y otra vez. 

Creciste en el norte de California. ¿Guardás algún recuerdo especial de ese lugar? ¿Hay algo que extrañes?
Sí, absolutamente. Era uno de esos lugares muy cerca del océano. Podía caminar hasta la playa después de la escuela o desde mi casa. Y era una playa realmente mágica, Agate Beach, tengo una canción que lleva su nombre. Hay acantilados altos y el agua tiene muy poca profundidad. Cuando baja la marea, entre las rocas se forman piletas llenas de toda clase de criaturas marinas. Y los acantilados se están erosionando constantemente. Si te quedás ahí, escuchás un tintineo suave, como de pequeñas piedras de vidrio. Era un lugar muy, muy mágico. De chica podía ir sola, y eso era especial, y perderme en mis pensamientos. El pueblo también es muy especial. Bolinas. Era un pueblo hippie en los sesenta. Muchos artistas y pensadores creativos increíbles se fueron de San Francisco cuando todo se volvió una locura en 1969 y se mudaron a Bolinas. Así que crecí rodeada de esas personas y de sus hijos, en una comunidad muy especial, con todas esas influencias.

¿Te describirías como una persona nostálgica? ¿La nostalgia tiene algún papel en lo que hacés?
No de manera consciente. Me considero alguien que está muy en el presente, que mira hacia adelante y hacia afuera. Quiero expandirme, evolucionar, aprender. Pero si miro lo que hago y me veo desde afuera, creo que sí, paso mucho tiempo en un mundo de sueños y pensando en recuerdos. Aunque no diría que estoy atrapada en el pasado, ni que añoro el pasado o me arrepiento de él. Tengo los pies bien puestos en la realidad. Pero supongo que debe haber algo en mí, aunque no siempre me dé cuenta, que disfruta de quedarse en los recuerdos o en ese mundo de sueños.

Dead shark II

El presente para Liz Harris está ocupado por su primera gira por Latinoamérica. El futuro más próximo trae un nuevo disco con su banda Helen que saldrá el 2 de octubre. Titulado Linda’s Head, se trata del segundo álbum después de diez años de silencio con el proyecto que comparte con el bajista Scott Simmons y el baterista Jed Bindeman. 

“Helen me da mucho equilibrio —cuenta Liz—. Es un proyecto en el que no tengo toda la presión de decidir o de hacer música yo sola. Y también significa ver a mis amigos, porque Jed, Scott y yo somos amigos desde hace casi veinte años. Creo que este último disco me sacó de un lugar más oscuro, porque el hecho de que ellos nos animaran a seguir tocando y escribiendo evitó que me recluyera más y estuviera deprimida durante estos últimos años. Fue cuando estaba atravesando unos temas de salud. Me hizo muy bien que me sacaran de casa”. 

“También creo que en Helen puedo mostrar otro lado de mí —continúa—. Grouper es una versión muy extrema de una parte de mi personalidad. Es una parte importante de mi experiencia, valoro poder compartirla y que otras personas que están pasando por un momento difícil puedan verse reflejadas ahí. Pero tengo otros lados también, y sobre todo a esta altura, veinte años después, hay una a la que le gusta divertirse. Creo que Helen sigue siendo un proyecto serio y un poco oscuro, si lo mirás y prestás atención a las letras, pero la energía es más luminosa”.

Además de hacer música, también participaste en el arte, la impresión y la edición de tus propios discos. ¿Cuándo descubriste que esa era la manera en que querías trabajar y publicar tu música?
Es un poco extraño porque las dos cosas sucedieron exactamente al mismo tiempo. Cuando estudié arte antes de hacer música, era una artista de instalaciones y performance. Y me cansé un poco de eso porque requería un espacio o un acontecimiento. Cuando empecé a hacer música, decidí que quería volver al dibujo y al arte en dos dimensiones. Mientras grababa Way Their Crept, estaba haciendo el primer dibujo de ese tipo y esa fue la tapa original del disco: un montón de ramas entrelazadas. Se convirtió en un estilo de dibujo que seguí haciendo durante mucho tiempo.

Estuve viendo videos de tus shows en los que se te ve muy concentrada y el público parece estar igual de atento y silencioso. ¿Cómo es para vos entrar en ese estado durante una presentación?
Bueno, eso cambió últimamente porque empecé a meditar antes de los shows. Cuando medito, trato de conectarme de antemano con el espacio, con el público y con la música que voy a tocar. Eso me ayuda a estar más presente cuando toco en vivo. Creo que no tengo una mentalidad de artista de escenario. No vivo esperando el momento de estar ahí arriba recibiendo atención. De hecho, durante muchos años me resultó muy incómodo. Desde que empecé a meditar, estoy más en paz con eso. Lo que me ayuda a poner los pies en la tierra es pensar en todos nosotros juntos en esa sala. En cómo queremos que sea esa experiencia, en que sea un lugar seguro donde podamos hacer algo un poco mágico, todos juntos. También pienso mucho en el orden de mis shows: que haya algo que funcione como un encendido simbólico y un hilo que recorra todo el show. En vez de presentar una canción detrás de otra, quiero que sea una sola cosa, algo más grande, que empieza y termina. Y eso me ayuda a entrar de lleno en ese proceso.

Hablaste de meditación. ¿Tenés algún tipo de práctica o disciplina durante tus giras?
Sí, tengo. Algo nuevo para mí es que ahora hago ejercicios para calentar la voz, esta gira fue la primera vez que lo hice. Empecé porque sentía mucho dolor después de ensayar, entonces empecé a investigar y encontré algunos ejercicios que ayudan mucho. Creo que también te ayudan a relajarte, y la rutina te prepara para un show. Así que va cambiando con los años. Antes era un poco maniática. Me obligaba a salir a correr… solo comía determinadas cosas… Pero trato de prestar atención a esas cosas porque tengo TOC, tengo que tener cuidado de no ponerme demasiado intensa con mis rituales.

Hace unos años hablaste sobre querer soltar la expectativa de tener que seguir viajando por el mundo dando shows. ¿Qué te hizo querer venir a Latinoamérica en este momento?
Quería venir a Latinoamérica desde hace mucho, pero nunca terminaba de concretarse. Así que estoy muy entusiasmada con poder venir ahora, aunque se hace demasiado breve. Venir desde tan lejos y quedarse solo unos días da un poco de tristeza.

¿Y cómo te sentís ahora con la idea de salir de gira?
Siempre fui muy autocrítica, de pensar mucho en cómo estoy y cuestionarme lo de salir de gira. Y lo sigo haciendo. Me lo sigo cuestionando, sobre todo cuando estoy de gira y me siento mal, y no puedo terminar de recuperarme porque sigo viajando y no consigo la comida que necesito o lo que sea. Pero sí puedo decir que lo estoy disfrutando mucho más. Creo que en parte tiene que ver con el paso del tiempo y con estar agradecida de que me inviten a tocar. Tengo 46 años y me tomé un par de años de descanso. Así que agradezco que siga habiendo gente que quiera compartir ese encuentro en vivo. Me siento un poco más plantada. Aun con los altibajos que todos tenemos en las giras, creo que me estoy divirtiendo un poco más que antes. Y quizás sea simplemente el momento de la vida en el que estoy.

Grouper se presentará el sábado 26 de septiembre a las 20 h en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875, CABA). Entradas disponibles a través de Venti, 25% de descuento con Comunidad Indie Hoy.

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