Para Geordie Greep, las reglas que distinguen al bossa del rock progresivo, del jazz y de la salsa no aplican. The New Sound (2024) es un disco que obedece a cada impulso y lo sigue hasta sus últimas consecuencias. Narrando desde la sátira, Greep compone un bombardeo veloz, sin temor a fallar siempre y cuando sea en sus propios términos. “Quiero hacer música más ambiciosa”, dice en conversación con Indie Hoy. “Si me gusta escuchar una determinada melodía latina, un determinado tema de jazz fusión o cierta música étnica, quiero tratar de extraer ideas de eso y convertirlo en algo propio”.
Su rasgo jazzero exige al oyente hacer las paces con lo que está sucediendo segundo a segundo, con maniobras que nunca adelantan cuál será la próxima dirección. Con ideales en sintonía con su técnica compositiva, Greep asevera que lo mejor de la música es su posibilidad de rebasar todos los límites y trascender todas las fronteras, incluso las del lenguaje.
“Si sos compositor, siempre tenés que intentar escribir canciones que no podés escribir. Cuando trabajás en un ámbito cómodo, donde todo lo que hacés es fácil y siempre es lo mismo, es cuando te convertís en Taylor Swift o Ed Sheeran”, advierte. “Es ahí cuando todas las canciones suenan igual, porque no hay riesgo. Simplemente hacen lo mismo una y otra y otra y otra vez. ¿Qué sentido tiene? Claro, puede que tengan una estética diferente. Puede que usen una drum machine en lugar de una batería real, o un sintetizador en lugar de una guitarra, o un didyeridú en lugar de una trompeta o algo así. Pero, en esencia, es exactamente el mismo proceso de composición y, en el fondo, es exactamente la misma canción. Yo no quiero caer en esa trampa”.
La improvisación aprendida tocando góspel en iglesias; la epifanía de aprender “Take Me Out” de Franz Ferdinand en el videojuego Guitar Hero; un fanatismo infantil por Frank Zappa y la arquitectura del rock progresivo de Genesis, Pink Floyd y King Crimson; la sensibilidad del jazz de Miles Davis; la textura de una guitarra barítono por su cercanía al spaghetti western; y la rigurosidad de la música clásica, de Bach a Stravinsky. Todas estas piezas componen el rompecabezas maníaco de The New Sound. Como dice su título, es un sonido nuevo porque en realidad no es ninguno.
“Los nombres de los álbumes son una tontería, la verdad”, explica Greep. “Creo que muchas veces la gente hace un álbum y le pone un nombre al azar. Así que pensé: 'Hagámoslo sencillo'. Mientras hacíamos el disco, pensábamos: '¿Qué es esta música? ¿Es rock? Sí, supongo, pero en realidad, no. ¿Es jazz? Definitivamente no, pero tiene elementos. ¿Es música latina lo que estamos intentando hacer? Tampoco realmente. Pero hay una influencia'. Así que dijimos: 'Llamémosla The New Sound'. Es más un chiste que otra cosa”.
Colocando melodía por sobre masculinidad rockera y anarquía improvisada por sobre convenciones, este es un disco sobre la desesperación. “Lo que busco al crear mi música es la urgencia. Mucha de la música que no me gusta suena como: 'Solo estoy tocando esta canción por inercia'. Las cosas que realmente me gustan son como la historia de La consagración de la primavera de Stravinsky. En ese ballet, ella tiene que seguir bailando para seguir viva. Con las mejores canciones pasa lo mismo, como si las estuvieran tocando y dijeran: 'Si no saco esto, voy a morir'. Me encanta la música que suena como si necesitara existir”.
El imperativo principal en este nuevo camino era no seguir haciendo lo mismo de siempre – el mismo rock, un molde que ya sentía gastado y viejo. “Creo que es bastante interesante y útil usar diferentes fuentes y tratar de usar muchos estilos distintos como fuente de inspiración. Me parece poco estimulante que muchas bandas, sobre todo en el género indie, solo escuchen música indie y solo se dejen influir por otra música indie, o lo mismo en el jazz. Hay muchos músicos de jazz que solo escuchan jazz... El resultado es que todo termina sonando igual, especialmente en el indie rock”.
Antes de lanzarse como solista, Greep ya había desarrollado un imaginario propio dentro de Black Midi, banda surgida de la escena del bar Windmill en Brixton, epicentro involuntario de una nueva camada de grupos experimentales londinenses (Black Country, New Road, The Last Dinner Party, Squid, entre otros). Allí comenzó a moldear su gusto por los discos conceptuales y las ficciones centradas en personajes. En The New Sound, esos protagonistas se enfrentan a una sucesión de fracasos sin pensar nunca menos de sí mismos, en una mezcla ambivalente de virilidad e impotencia.
El nombre de su banda anterior no era casualidad y sus rastros siguen presentes en el trabajo actual del compositor: el "Black Midi" es un género musical experimental que consiste en superponer miles, millones o billones de notas en un archivo MIDI para que suenen a la vez. “En todos los álbumes que hice —los tres con Black Midi y también The New Sound— el problema siempre es que terminás poniendo demasiadas cosas en el disco”, dice Greep. “Terminás haciendo demasiadas sobregrabaciones y usando demasiados elementos. Intentamos controlarlo en The New Sound, pero sigo sintiendo que hay momentos en los que podés pensar: '¿De verdad necesitás diez guitarras? ¿De verdad necesitás maracas, kazoo, sintetizador y todo esto?'. A veces funciona, pero otras veces es una tontería”.

A pesar de la cantidad de estilos que abarca, Greep considera haber abandonado la lógica del cambio por el cambio en sí mismo que caracterizaba a Black Midi: “Creo que en algunas de las canciones que hicimos en Black Midi, intentábamos ese cambio constante, pero eso hacía que no podamos establecer un groove”, comenta. Distanciándose de eso, en este disco apuntó a que todas las canciones “tuvieran un poco más de solidez y un poco más de uniformidad. Jodiendo menos, sin que sea tan errático, pero manteniendo el espíritu de espontaneidad y el espíritu de intentar que las cosas sigan moviéndose”.
El concepto de insistir obsesivamente sobre una misma idea parte del fanatismo del músico por el escritor español Javier Marías. “Me gusta el compromiso que tiene con las temáticas y su forma de insistir sobre un mismo elemento”, dice. “Eso intenté hacer en varias canciones, por ejemplo, en la estrofa final de “Holy Holy”. Aunque ya se haya entendido la idea, la canción se obstina con eso, lo reitera sin parar. Mientras lo hacía me di cuenta de que cuanto más te adentrás en algo, más divertido se vuelve”. Este mismo leitmotiv está presente en “As If Waltz”. “Puede resultar un poco pesado, pero cuando realmente funciona, te permite entrar en trance”, concluye.
A pesar de tener la frente en alto y una actitud irreverente ante todo, Greep es capaz de admitir que esta nueva etapa de su carrera no estuvo exenta de temores. “Me costó mucho reunir el valor para hacerlo, poder decir: 'Todo funciona bien en la banda, pero ahora es el momento de hacer tu propia música'. Tuve que convencerme a mí mismo, dudar y preguntar a mucha gente de mi entorno. La gente me decía que era una mala idea, que no iba a funcionar. Que no iba a tener ni de lejos el mismo éxito comercial. Que iba a tocar para públicos reducidos, que no iba a vender discos”. Un año después del lanzamiento de su disco solista debut, ya puede decir que “todos se equivocaron. Y no es que piense que eran todos unos estúpidos y me regocije en su error. Solo ahora tengo presente que, si sentís que querés hacer algo, es tu propia decisión. No podés depender de lo que te digan los demás”.
“La inmensa presión también significa que, al mismo tiempo, no hay presión. Si es una porquería, si es una completa pérdida de tiempo y una auténtica mierda, es todo culpa mía. Y eso se siente bastante bien”, reconoce Greep. La frase funciona como epílogo natural de su etapa de emancipación: después de tantas dudas, la responsabilidad absoluta se volvió sinónimo de libertad. “Lo mismo pasa si tengo éxito. Es una inquietud que me gusta”.
El disco, grabado entre Londres y Sao Paulo, cobra una nueva vida en el escenario: “Desde que salió el disco, toqué unos 100 conciertos y sigue gustándome más que cualquier otro álbum que haya hecho antes. Las canciones todavía son divertidas de tocar, siguen siendo apasionantes y siguen teniendo mucho que ofrecer”. Parte de eso tiene que ver con que estuvo tocando con bandas diferentes en cada territorio de su tour. En Argentina, va a estar acompañado de una banda brasileña, incluyendo algunos de los músicos que tocaron en el álbum.
La aventura del vivo no carece de riesgos: “Hay algunas canciones que se basan mucho más en la improvisación. Hay una que se llama 'Bongo Season' que en el álbum solo dura un par de minutos. Es una canción un poco corta, pero en directo puede durar 20 o 30 minutos porque, básicamente, es una jam session. Me encanta tocar esta canción y dejarla respirar, dejar que crezca de forma natural hasta alcanzar un gran clímax. A veces sale bien, otras veces no funciona tan bien. Pero cuando sale realmente bien, es genial y muy satisfactorio”.
Geordie Greep se presentará el martes 11 de noviembre a las 20 h en Niceto Club (Av. Cnel Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Passline, 25% de descuento con Comunidad Indie Hoy.












