Mientras buena parte del hip hop contemporáneo parece obsesionada con conquistar algoritmos, Kneecap sigue empeñado en conquistar otra cosa: el derecho a contar su propia historia. Desde Belfast, el trío irlandés convirtió el rap en una trinchera donde la lengua, la memoria y la identidad dejan de ser consignas para transformarse en una experiencia profundamente contemporánea.
Desde su irrupción, Kneecap hizo del idioma irlandés mucho más que una elección estética. Rapear en gaélico, recuperar referencias históricas y confrontar el presente político de Irlanda forman parte de una misma búsqueda que atraviesa toda su discografía. En Fenian, el disco que publicaron a inicios de mayo y presentarán en Buenos Aires en octubre, esa conversación encuentra un nuevo capítulo desde el propio título del álbum, una decisión que refleja el deseo del grupo de reapropiarse de los símbolos de su cultura y decidir, por sí mismos, cómo quieren narrarlos.
“'Fenian' es una palabra que proviene del irlandés 'Na Fianna', un grupo de guerreros de la mitología irlandesa. Con el tiempo también se convirtió en un término despectivo, una forma de retratar a los irlandeses como personas atrasadas, estúpidas o primitivas. Como los Fianna vivían en los bosques, la palabra terminó utilizándose para menospreciar a los irlandeses”, cuenta Mo Chara en conversación con Indie Hoy. “Por eso, para nosotros el disco tiene que ver con recuperar esa palabra. Se trata de recuperar nuestra identidad, de sentir orgullo por ser 'Fenian' y por representar nuestra propia cultura. También de dejar atrás la idea de que el arte irlandés debe estar hecho para los estadounidenses o para la gente de Londres. Ahora estamos haciendo arte para nosotros mismos. Eso es Fenian: recuperar la confianza en quiénes somos”.
Ese mismo impulso por construir una obra que representara fielmente la identidad de la banda también marcó el proceso de grabación. Para dar forma al sucesor de Fine Art (2024), Kneecap volvió a intentarlo con el productor británico Dan Carey, reconocido por sus trabajos junto a Fontaines D.C., Wet Leg, Black Midi y Squid. “Éramos fans suyos desde hacía mucho tiempo e intentamos colaborar durante años. Antes de Fenian habíamos terminado otro álbum con un productor diferente, pero simplemente no funcionó. Había demasiada presión y varias cosas hacían que no termináramos de enamorarnos de ese disco”, explica el cantante de 28 años.
“Para un segundo álbum tenés que sentirte completamente orgulloso de lo que estás haciendo. Con Fenian todo fue mucho más orgánico. Mientras Dan producía las bases, nosotros escribíamos las letras. La música y las canciones fueron creciendo al mismo tiempo, avanzando a la misma velocidad. Eso hizo que todo el proceso se sintiera mucho más natural”.
En la música de Kneecap, las referencias al conflicto irlandés conviven con relatos sobre fiestas, drogas, amistades y la vida cotidiana de una generación que creció después del Acuerdo de Viernes Santo. Esa convivencia responde a una realidad donde las discusiones sobre identidad, territorio y memoria siguen formando parte de la experiencia diaria. Para el trío de Belfast, la política no aparece como un tema aislado dentro de sus canciones, sino como una consecuencia natural del lugar desde el que escriben.
“Creo que, simplemente, por el lugar de donde venimos, la política forma parte de la vida cotidiana. Va de la mano con Belfast. No podés hablar de Belfast ni vivir en Belfast sin involucrarte, de alguna manera, con la política. Nosotros somos del norte de Irlanda, y ya desde ahí aparecen las diferencias. Hay quienes lo llaman Irlanda del Norte y hay quienes lo llaman de otra manera, dependiendo de su posición política. Incluso el nombre del lugar de donde venimos es político. Crecimos escuchando mucha música rebelde irlandesa, canciones vinculadas a la revolución, la libertad y la historia de Irlanda. Creo que es imposible separar ambas cosas. La música y la política tienen algo fundamental en común: ambas hablan de las personas. No creo que pueda existir música sin política, del mismo modo que no pueden existir las personas sin política”.

La creciente exposición internacional del grupo también amplificó ese posicionamiento. En los últimos años, Kneecap pasó de consolidarse como uno de los nombres más comentados del rap europeo a ocupar titulares por sus declaraciones sobre Palestina, sus críticas al gobierno británico y las controversias que rodearon sus presentaciones en festivales como Coachella y Glastonbury. Lejos de moderar su discurso, la banda entiende esa visibilidad como una oportunidad para ampliar conversaciones que considera inseparables de su trabajo artístico.
“Creo que el arte en general, y especialmente la música y el hip hop, siempre han servido para desafiar el statu quo y cuestionar a la autoridad. Por supuesto, también hay lugar para formas de arte que no necesariamente buscan ser políticas o confrontativas. Pero siento que estamos viviendo un momento muy particular. El arte y la música atraviesan una etapa crítica. En tiempos tan complejos y con un mundo que cambia tan rápido, es importante que el arte esté al servicio de la gente: para cuestionar a quienes tienen el poder, exigir responsabilidades y utilizar las plataformas que tenemos en función de aquello que creemos que puede generar un cambio positivo”, afirma Mo Chara.
La solidaridad con Palestina ocupa un lugar central en el universo de Kneecap mucho antes de que el grupo se convirtiera en un nombre habitual de los titulares internacionales. En Fenian, ese compromiso encuentra una de sus expresiones más directas en “Palestine”, una canción que incorpora al rapero palestino Fawzi y establece un diálogo entre dos pueblos atravesados por décadas de conflicto. Más que una colaboración simbólica, el tema busca tender un puente entre experiencias que la banda considera profundamente conectadas.
En palabras de Mo Chara: “Para nosotros, siendo de Belfast y de Irlanda en general, la cuestión palestina siempre estuvo presente. Creo que en Irlanda existe una larga tradición de solidaridad con las luchas de otros pueblos, en parte porque nuestra propia historia reciente está marcada por el conflicto. El alto el fuego llegó recién a finales de los años noventa, así que entendemos muy bien la importancia de la solidaridad internacional. Crecimos viendo banderas palestinas. Siempre encontramos muchas similitudes entre lo que sucede en Palestina y lo que ocurrió en Irlanda. Por eso, cuando empezamos a tener una plataforma pública, sentimos que era importante seguir utilizando esa visibilidad para hablar de estos temas. Llevamos más de diez años hablando sobre Palestina".
Y completa: "Cuando llegó el momento de hacer este álbum, pensamos que, si íbamos a incluir esa temática, tenía sentido que también hubiera una voz palestina participando directamente. El hermano de Móglaí tiene una prometida de Ramallah, en Cisjordania, y gracias a ella terminamos conectando con Fawzi. Terminó participando en la canción y fue increíble. Y quiero aclarar algo: no invitamos a Fawzi únicamente porque fuera palestino. Era importante que hubiera una representación palestina en el tema, sí, pero trabajamos con él porque somos admiradores de su música”.
Si “Palestine” proyecta esa mirada hacia el exterior, “Carnival” vuelve sobre una experiencia mucho más cercana. “Nació a raíz de un proceso judicial que tuve que afrontar en Londres por cargos relacionados con terrorismo. No voy a entrar en detalles sobre eso, pero la idea central de la canción era lo que nosotros llamamos un ‘carnaval de distracción’”, explica. Fiel al espíritu de Kneecap, ese episodio personal se convierte en el punto de partida para una reflexión sobre la manera en que se construye la atención pública y cómo determinados acontecimientos son utilizados para desviar el foco de cuestiones más profundas.
“Sentíamos que cuanto más hablaban los medios sobre mí, sobre las prohibiciones o sobre toda esa polémica, menos hablaban de los verdaderos problemas. En lugar de utilizar los medios para visibilizar cuestiones importantes o denunciar injusticias, la atención estaba puesta en nosotros. Cuanto más hablaban de mí, menos hablaban de Palestina. Por eso la canción gira alrededor de esa idea: el carnaval de la distracción. Y, como solemos hacer en Kneecap, tomamos temas muy serios y los abordamos con humor, ironía y un tono más ligero. Creemos que, a veces, esa es una forma más efectiva de que la gente conecte con cuestiones complejas. En el fondo, 'Carnival' trata sobre todo ese proceso judicial en Londres y sobre lo absurda que nos parecía la situación”.

Detrás del discurso político y de la exposición mediática, Kneecap sigue funcionando como un grupo de amigos que encontró en la música una forma de compartir el tiempo juntos. Esa química, construida mucho antes de los festivales internacionales y la repercusión global, también ayuda a explicar por qué el trío conserva una energía que parece inmune al desgaste que suele acompañar el crecimiento de una banda.
“La verdad es que nunca siento que me falte motivación. Simplemente es lo que amamos hacer. No se siente como una obligación ni como una tarea pesada. Obviamente, la música viene acompañada de estrés y de situaciones difíciles, pero hacer canciones sigue siendo un placer. Además, somos mejores amigos. Y cuando hacés algo que te gusta junto a tus mejores amigos, no creo que necesites una motivación extra para seguir adelante. Me considero muy afortunado. Así que sí, nunca siento una falta de motivación cuando se trata de hacer música”.
Ese vínculo de confianza también atraviesa la manera en que Kneecap construye sus colaboraciones. A diferencia de una industria donde los artistas invitados suelen responder a estrategias de mercado o a la búsqueda de mayor alcance, el grupo entiende cada participación como una extensión de su propio círculo creativo. En Fenian, las voces invitadas nacen de relaciones personales, afinidades artísticas y admiraciones mutuas que terminan encontrando su lugar dentro de las canciones.
“Por ejemplo, está Ríoghnach Connolly, que a esta altura prácticamente forma parte de la banda. Aparece en todos nuestros discos. La adoramos, es una amiga muy cercana y tiene una de las voces más increíbles que escuché en mi vida. Siempre es un placer trabajar con ella. También está Kae Tempest, que participa en ‘Irish Goodbye’. Kae ya había trabajado bastante con Dan Carey así que cuando mencionó la posibilidad de sumarla al tema, enseguida sentimos que era la persona indicada. Después de imaginarla en la canción, ya no podíamos pensar en nadie más para ocupar ese lugar. Somos muy fans de su trabajo y fue un lujo colaborar con ella. Después está Róis, cuya voz sampleamos en el disco. Es amiga de Móglaí y tiene un talento impresionante. Creemos que va a convertirse en una artista enorme. Estamos muy agradecidos de haber podido trabajar con ella e incluir su música en el álbum. Al final, todas las colaboraciones tienen algo en común: son artistas que respetamos profundamente y de los que somos fans. Nunca elegimos a alguien pensando en si va a generar más reproducciones, más ventas o más exposición. Ese tipo de cálculos no forman parte de nuestro proceso. Siempre trabajamos con personas cuya obra admiramos y que realmente nos inspiran”.
El universo de Kneecap terminó expandiéndose mucho más allá de la música. En 2024, el trío protagonizó Kneecap, la película dirigida por Rich Peppiatt que reconstruye, con humor y un fuerte componente autobiográfico, los orígenes de la banda al mejor estilo Trainspotting. Lejos de elegir actores para interpretarlos, Mo Chara, Móglaí Bap y DJ Próvaí asumieron el desafío de convertirse en los protagonistas de su propia historia, un ejercicio tan extraño como estimulante para un grupo acostumbrado a desdibujar los límites entre la realidad y la ficción.
“Fue una experiencia muy interesante y, sobre todo, muy emocionante. Durante siete semanas tuvimos la oportunidad de levantarnos cada día para hacer algo completamente distinto de lo habitual. Sobre el escenario ya somos versiones exageradas de nosotros mismos, y en la película terminamos interpretando versiones exageradas de esos personajes. Era como una especie de Inception. Pero la verdad es que nos encantó. Lo disfrutamos muchísimo y es algo que nos gustaría volver a hacer en el futuro”.
El estreno de la película coincidió con la publicación de Fine Art, un momento decisivo en la historia del grupo. La combinación entre el álbum y el film terminó de impulsar a Kneecap hacia una audiencia global. Para Mo Chara, sin embargo, Fine Art y Fenian retratan momentos muy distintos, tanto para la banda como para el mundo que la rodea. “Estamos enormemente agradecidos con Toddla T, que produjo el disco y además es un gran amigo. Hizo un trabajo increíble en Fine Art. Ese álbum marcó un momento muy importante para nosotros. Fue una etapa muy intensa, con muchísimo movimiento, pero también muy divertida y gratificante. Creo que Fine Art reflejaba quiénes éramos en ese momento. Éramos un poco más jóvenes y el disco tenía una energía más festiva.”
“Seguía habiendo política en las canciones, pero estaba presentada de una manera más ligera, más orientada a la celebración y al disfrute. Con Fenian, en cambio, siento que tanto nosotros como el mundo cambiamos un poco. Terminamos inclinándonos hacia un tono más serio y hacia sonidos más oscuros”, afirma el rapero sobre un álbum que incluye canciones tan incendiarias como “Liars Tale”, “Smugglers & Scholars” y “Big Bad Mo”, entre otras.
La conexión entre Kneecap y Argentina tampoco es nueva. Esta vez, sin embargo, se dieron el gusto de hacerla explícita. Después de la victoria de la Selección frente a Inglaterra en el último Mundial, el grupo celebró el resultado en sus redes sociales compartiendo un video de Diego Maradona bailando al ritmo de “Get Your Brits Out”, una publicación que sintetiza con bastante precisión el humor provocador con el que suele abordar su relación con el Reino Unido. La admiración por el astro argentino, de hecho, tiene raíces mucho más profundas.
“Siendo irlandeses, creo que ya podés imaginarte que amamos a Diego Maradona por razones bastante obvias. Y sí, creemos en la Mano de Dios. Absolutamente. Yo no había nacido cuando ocurrió ese partido, pero me imagino que en Irlanda hubo una fiesta enorme cuando hizo ese gol. Y estoy seguro de que las celebraciones en Argentina fueron tan grandes como las de Irlanda. Creo que Argentina e Irlanda comparten algo muy especial: a ambos nos gusta ver perder a los equipos ingleses".
En apenas unos años, Kneecap pasó de tocar en pequeños clubes de Belfast a encabezar algunos de los festivales más importantes del mundo. Ese crecimiento acelerado multiplicó la audiencia de la banda, pero también dejó imágenes difíciles de olvidar. Entre todas ellas, Mo Chara recuerda una en particular: la primera vez que comprendió la verdadera dimensión que había alcanzado el grupo.

“Nos han pasado muchas cosas increíbles, pero la primera que se me viene a la cabeza fue Glastonbury. Tenía la aplicación del festival en el teléfono y, aproximadamente una hora antes de subir al escenario, me llegó una notificación avisando que habían cerrado toda la zona porque ya no entraba más gente. Recibí ese mensaje antes de ver al público. Después salí al escenario y me encontré con una multitud que parecía no terminar nunca. Era como un ejército de personas extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. Creo que ese fue, sin dudas, el momento más increíble que viví arriba de un escenario".
Sin embargo, esa proyección internacional convive con una rutina que cambió bastante menos de lo que podría imaginarse. Los tres integrantes siguen viviendo en Belfast y mantienen el mismo círculo de amistades que compartían antes de formar la banda. Para Mo Chara, esa cercanía con su ciudad funciona como un recordatorio permanente de sus propios orígenes.
“Creo que ayuda mucho venir de Belfast, porque Belfast te mantiene con los pies en la tierra. La gente de allá no te deja creértela demasiado. No importa lo que pase, siempre va a recordarte quién sos. Además, nosotros éramos amigos mucho antes de formar la banda y seguimos viviendo en Belfast. Continuamos rodeados de las mismas comunidades en las que crecimos. Sinceramente, no creo que hayamos cambiado demasiado. Tal vez simplemente estemos más ocupados que antes".
Esa pertenencia también atraviesa el corazón de su música. Desde sus primeros lanzamientos, Kneecap eligió rapear en irlandés como una forma de mantener viva una lengua históricamente relegada, pero también de explorar las posibilidades sonoras de un idioma que dialoga de manera particular con el hip hop. “Cuando rapeamos en irlandés sentimos una satisfacción y una plenitud diferentes. Además, al ser una lengua tan antigua, tiene sonidos mucho más ásperos y contundentes, algo que encaja muy bien con el hip hop. Al mismo tiempo, vivimos en Belfast, donde el idioma dominante es el inglés. Por eso el inglés entra y sale de nuestras canciones de manera natural, porque también forma parte de la manera en que hablamos irlandés hoy. Es una consecuencia de vivir en una sociedad donde el inglés sigue siendo la lengua predominante”, asegura Mo Chara con entusiasmo.
“Creo que sucede algo especial cuando utilizás tu lengua materna, una lengua que tiene miles de años de historia detrás. Es como si se abriera una puerta distinta en tu cabeza, algo que quizás no ocurre cuando utilizás la lengua del colonizador".
Kneecap se presentará el lunes 19 de octubre a las 19 h en C Art Media (Av. Corrientes 6271, CABA). Entradas disponibles a través de Passline, 25% de descuento con Comunidad Indie Hoy.














