Las Tussi construyeron su identidad entre la distorsión, la ironía y una energía cruda que encontró en el vivo su mejor forma de existir. Después de tres EPs que las instalaron dentro de la camada pospandemia, el trío marplatense dio un paso más en octubre pasado con El álbum rosa: un disco que conserva el filo, pero también abre espacio para nuevas historias, tensiones y afectos dentro del motor de la banda.
El camino hacia El álbum rosa estuvo lejos de ser simple. Mecha recuerda que el proceso se vio atravesado por varios imprevistos, entre ellos un robo que interrumpió la grabación justo en su etapa inicial. “Estábamos en el minuto cero de todo el proceso y pasó eso”, cuenta Ana en conversación con Indie Hoy. El golpe fue duro: durante semanas, la banda no logró retomar el ritmo de trabajo. “Tuvimos como dos meses con la cabeza ahí. Nos re costó volver a concentrarnos”.
Cuando finalmente el disco empezó a tomar forma, apareció también el juego detrás del título. El álbum rosa funciona tanto como broma interna como comentario sobre el propio universo de la banda. Aunque el sonido siga siendo reconocible, las canciones se movían en un terreno un poco más afectivo. “Nos parecía todo medio rosa, más de amor —dice Mecha, antes de aclarar—: El nuevo disco está en contacto con otras emociones que, de repente, no solo son bronca, odio y protesta”.
Ana suma otra capa al guiño: la referencia a una tradición histórica dentro del rock. “Está el álbum negro, el álbum blanco… entonces dijimos: el álbum rosa de Las Tussi”. El color, además, conecta inevitablemente con el nombre de la banda, que muchas veces genera asociaciones inmediatas con la llamada “tusi” o cocaína rosa. Para ellas, esa confusión siempre formó parte del chiste. “Nuestro nombre siempre se asocia al rosa y a la droga”, dice Mecha. “Eso ya es un gran chiste”.
El salto al formato de larga duración apareció cuando surgió una oportunidad concreta. El productor Estanislao López les propuso editar el disco a través de su flamante sello Hora Cero. “Eso nos facilitó un montón el proceso”, cuenta Mecha. El proyecto del álbum ya venía rondando en la cabeza de la banda, pero hasta ese momento no tenían las condiciones para encararlo.
Ana lo explica con claridad: “Siempre los EPs los grabábamos con poco tiempo, con pocas horas de estudio. Todo es carísimo cuando lo pagás de forma independiente”. El apoyo del sello permitió ampliar el margen de trabajo. “De repente teníamos más días en el estudio, más tiempo para grabar”.
El vínculo con Estanislao ya venía de antes. El productor había trabajado con ellas en Sangría, el último EP previo al disco. “Lo conocimos ahí y nos sentimos súper cómodas”, recuerda Mecha. Ese clima de confianza fue clave para trasladar al estudio un sonido que, según ellas mismas reconocen, tiene algo difícil de capturar. Las Tussi trabajan con guitarras distorsionadas y una energía bastante cruda que suele aparecer con mayor intensidad en la sala de ensayo o en vivo. “Tenemos un sonido muy particular, muy sucio”, dice Mecha. “A veces es difícil llevar eso de la sala al disco”.
La grabación del disco comenzó después de varios meses de preparación. Durante el verano anterior, la banda se dedicó a trabajar el material antes de viajar a Buenos Aires para registrar las canciones. “Estuvimos preparando todo el verano”, recuerda Ana. La sesión principal de grabación duró aproximadamente una semana.
Algunas canciones tienen una historia más larga que otras. Temas como “Trampa”, “Humberta T” o “Corpiño” conviven con la banda desde hace tiempo. “Son de los primeros que tocamos en vivo”, cuenta Mecha. “Salieron rápido y empezaron a sonar en los shows enseguida”.
Otros temas, en cambio, llegaron más tarde al proceso. Canciones como “Pum Pum” o “El último día de verano” tuvieron un desarrollo más lento y todavía están encontrando su lugar en el vivo. “‘Pum Pum’ todavía no lo tocamos”, dice Ana. “Es un tema que nos encanta, pero salió más lento y todavía lo estamos asimilando como banda”.
Luego llegó la etapa más larga: la postproducción. Entre mezcla, ajustes y decisiones finales, el proceso se extendió más de lo previsto, en parte por el impacto emocional del robo que habían sufrido durante la grabación. “Cuando volvimos a escuchar el disco ya había pasado bastante tiempo”, cuenta Ana. Ese distanciamiento reactivó debates internos sobre cómo debía sonar el material.
Las discusiones fueron inevitables. “A mí me gusta así, a mí me gusta asá”, recuerda entre risas. Con el tiempo lograron encontrar un equilibrio. La clave, dicen, aparece siempre que el trío consigue alinearse. “Cuando estamos bien entre nosotras, todo fluye”, explica Ana. Cuando eso ocurre, las decisiones avanzan rápido.

Pensar hoy en sus EPs funciona casi como una bitácora de la evolución de la banda. Cada uno captura un momento distinto del trío. El primero, Jajaquefuerte (2021), surgió en un contexto completamente improvisado. Para Mecha, ese lanzamiento conserva algo muy espontáneo. “Era todo diversión. Nos juntábamos para hacer lo que se nos ocurría, sin ninguna presión y sin tener que demostrarle nada a nadie. Siempre fue todo súper autogestivo”.
La grabación ocurrió en plena pandemia, cuando la banda recién empezaba a tocar en vivo y el mundo atravesaba una situación completamente incierta. Ana recuerda ese período como una mezcla de rareza y entusiasmo. “Estábamos empezando la pandemia cuando lo grabamos. Era un momento rarísimo, pero nosotras la estábamos pasando increíble”.
En Mar del Plata, el Club TRI —uno de los espacios culturales más activos de la ciudad— terminó convirtiéndose en su refugio. Allí montaron su sala de ensayo sobre el propio escenario del lugar. “Cada vez que podíamos venir a tocar acá, veníamos”, recuerda Mecha. “Era nuestro refugio”.
Un año después llegó el segundo EP, Jajaquejaja (2022), y con él apareció la primera experiencia complicada en estudio. La banda decidió grabar fuera de su entorno habitual, en busca de un resultado más profesional. La experiencia no resultó como esperaban: “Lo grabamos en un búnker y lo padecimos bastante”, cuenta Ana. “No estábamos nada cómodas”. El presupuesto ajustado y la falta de tiempo tampoco ayudaron. “Era como: bueno, hay que hacerlo igual”.
A pesar de las dificultades, el EP dejó canciones que todavía forman parte de sus shows. “Los temas los seguimos tocando”, dice Ana. “Pero el sonido quedó raro. De todos los EPs es el que más extraño suena”. Mecha coincide con esa sensación, aunque con cierta aceptación retrospectiva. “Representa un poco lo que somos también”.
La etapa siguiente llegó con Sangría (2023), un trabajo en el que el grupo ya empezaba a sentirse más seguro dentro de su identidad. “Ahí ya sabíamos quiénes eran Las Tussi”, dice Mecha. “Había otra seguridad”.
Para entonces, la banda ya venía tocando intensamente, especialmente en el circuito porteño. Durante un tiempo viajaban todos los fines de semana desde Mar del Plata hacia Buenos Aires, una dinámica que terminó ampliando su público. “Hay gente que piensa que somos de Capital”, cuenta Mecha entre risas.
Ese crecimiento también cambió la forma de trabajar las canciones. “En Sangría los temas eran un poco más complejos, más armados”, explica Ana. Sin embargo, el proceso siguió siendo bastante caótico: ensayos irregulares, agendas cruzadas y sesiones de composición improvisadas.
“Era una banda rara”, dice Mecha. “Por un lado sabíamos lo que queríamos hacer y por otro casi no ensayábamos”. Aun así, el EP terminó consolidando algunos temas clave de su repertorio. Canciones como “Cuchillito” o “Desamarra” empezaron a marcar un pequeño giro dentro del sonido del grupo. Ese movimiento también implicó abrir el proceso creativo. “Ahí empezamos a probar otras cosas”, recuerda Mecha.

La construcción del vivo es algo que la banda piensa mucho. Ana explica que la idea general es que el show funcione como una descarga intensa, pero con algunos momentos de respiración. “Nos gusta que el vivo sea como una patada a la nuca”, dice entre risas. “Pero en algún momento alguien tiene que respirar”. En los festivales, donde el tiempo es más corto, esa lógica se vuelve aún más extrema. “Ahí no hay respiro”, dice Ana. “Pegamos todos los temas uno arriba del otro y queda todo súper intenso”.
La energía del público también forma parte central de esa experiencia. En los primeros años, Las Tussi se hicieron conocidas por shows caóticos, cercanos al pogo y al descontrol típico del punk. Sin embargo, la banda siente que el clima actual en los recitales es distinto. “Yo creo que la gente está más triste”, dice Mecha. La situación económica y social, según cuenta, también impacta en la escena musical independiente. “Ir a ver una banda ahora es un súper esfuerzo”.
Ana coincide con ese diagnóstico y lo vincula con un clima social más amplio. “Prima más la desesperanza que la protesta”, dice. Para ella, el momento actual está marcado por una sensación general de división y tensión. “Ahora todo es política”.
A pesar de ese contexto, la banda intenta sostener un espacio de encuentro dentro de los shows. “La idea es que la gente vaya y la pase bien”, explica Ana. “Que se disfrute el vivo”. La dificultad, dicen, también se siente del lado de la producción. Organizar conciertos independientes implica un equilibrio constante entre sostener el proyecto y no trasladar todos los costos al público. “Estás pensando si la gente va a poder pagar la entrada”, dice Mecha. “O si al menos no tenemos que poner plata de nuestro bolsillo”.

Aun así, para la banda hay algo que sigue siendo fundamental: sostener el deseo de hacer música incluso en contextos adversos. Mecha recuerda que durante el proceso de composición del disco atravesaba un momento personal difícil. “Hubo que aferrarse a lo bueno”, dice. “A mis amigas, a mis amores, a la música”.
En ese contexto, la banda también observa con cierta distancia algunas consignas que circulan dentro del mundo cultural. Cuando aparece en conversación ese cuestionable eslogan moderno de “la ternura es el nuevo punk”, las integrantes reaccionan con ironía: “Es lo más instagrameable que hay”, dice Mecha.
“Lo más tibio que se puede ser”, dice Ana. Para ella, el momento actual requiere más reacción que suavidad. “La gente tiene que despertarse, enojarse, reaccionar. Hay que salir a la calle. Es todo lo contrario. Porque, si no, no va a pasar nada”, dice. “Cuidarnos entre nosotras es re importante”, agrega la nueva baterista, María Ridolfi, “pero también hay que manifestarse, porque esto es una mierda”.
En medio de un presente áspero para la música independiente, Las Tussi siguen haciendo lo que mejor saben hacer: tocar fuerte, discutirlo todo y seguir adelante juntas. El álbum rosa captura ese momento de la banda, pero también algo del tiempo que les toca vivir: un disco hecho entre amigas, ruido y obstinación.
Las Tussi se presentarán el miércoles 18 de marzo en el showcase de Hora Cero Records en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 5510, CABA) junto a El Nota y El Club Audiovisual. Entradas disponibles a través de Venti, 30% de descuento con Comunidad Indie Hoy. Escuchá El álbum rosa en plataformas (Bandcamp, Spotify).











