Marineros siempre escribió canciones para habitar un tiempo suspendido. Entre guitarras que se mueven como mareas lentas y una voz que parece decirlo todo sin levantar el tono, el dúo chileno construyó un universo donde la emoción se vuelve paisaje. A lo largo de los años, ese clima fue transformándose sin perder su centro: una forma de entender el pop como un espacio sensible, íntimo y profundamente humano, capaz de acompañar procesos personales y colectivos con la misma delicadeza.
Después de once años, el regreso de Marineros a Buenos Aires tiene algo de reencuentro y algo de reinicio. “La última vez que fuimos, la recepción fue súper buena. Estuvimos en Niceto Club, en el ciclo Martes Indiegentes, compartiendo escenario con Ibiza Pareo”, recuerda Constanza Espina. Aquella experiencia dejó una marca: “La idea ahora es reconectar con el público porteño, con el público argentino en general, y empezar un caminito más cercano, sin dejar pasar tanto tiempo”.
Ese acercamiento se fue gestando de a poco. “El año pasado tocamos con Fin del Mundo en Valparaíso y lo pasamos súper bien”, cuenta Constanza. “A partir de eso, y ahora también con Delfina Campos, sentimos que se puede construir una relación más continua con Argentina. Estamos al lado, y eso invita a volver”.
El show también funciona como presentación de Al calor de un sol que acaba de morir (2023), su segundo disco. “Mostrar estas canciones en vivo es muy emocionante”, dice Soledad Puentes. Es un álbum que llegó después de ocho años y en un contexto particular: “Fue un período de transición. Veníamos saliendo de la pandemia, con una sensación rara, y ese disco tiene mucho de esa melancolía”. Con el tiempo, esa etapa tomó otro sentido: “Son canciones que acompañaron ese momento, tanto para nosotras como para quienes las escucharon”.
La distancia entre un disco y otro se tradujo también en cambios musicales. “Pasaron ocho años, muchas cosas cambiaron”, resume Constanza. Soledad lo explica desde el proceso creativo: “Aprendimos a componer con otros elementos y a explorar un estilo distinto. El primer disco estaba más pensado como un dúo, más digital. Este segundo es más una banda: hay baterías, pianos, una expansión del formato”.
El aniversario de O Marineros (2015) volvió a poner el foco en los orígenes. “Se cumplieron diez años del disco y lo estamos celebrando con una edición especial en vinilo”, cuenta Soledad. La revisión de archivos, fotos y recuerdos de aquellas primeras giras aportó una nueva perspectiva sobre ese comienzo. “Siempre fue valioso, pero ahora lo entendemos distinto”, dice Constanza. “Éramos más jóvenes, era nuestro primer disco”.
Y si algo permanece intacto es el vínculo con quienes lo escucharon desde el inicio. “La gente ama O Marineros. Es un disco muy nostálgico, muy querido”, afirma Constanza. “Es un disco al que le debemos todo”.

La recepción de Al calor de un sol que acaba de morir confirmó algo que Marineros reconoce desde hace tiempo sobre su vínculo con el público. “No somos una banda masiva”, señala Soledad. “Nuestro público son personas a las que les gusta profundizar en sus emociones, dejarse llevar por una música que los haga sentir, que los lleve hacia su interior”. Esa conexión, lejos de diluirse con el segundo disco, se fortaleció: “Tiene muchas canciones que son un viaje de introspección total. Y siempre se agradece esa recepción, sobre todo porque es un público muy fiel”.
Ese clima introspectivo también marcó el proceso personal de composición. “Yo tenía el corazón súper roto”, recuerda Constanza. Con el tiempo, esa experiencia adquirió otra forma: “Una se da cuenta de que el corazón se lo rompe una misma, por las expectativas y las emociones”. De ahí nace una de las ideas centrales del disco: “Es un viaje para reencontrarse con una misma después de haber sentido que perdiste algo. Pero el amor que uno entrega nunca se pierde, se transforma. En este caso, se volvió un disco, una canción”. Un trabajo atravesado por la pandemia y por lo social, pero también por un movimiento íntimo que acompañó ese contexto.
En medio de ese recorrido apareció “Lo que siento”, publicada en 2025, como un gesto de impulso hacia adelante. “Es como nosotras diciéndonos: ‘dale, vamos, hagámoslo’”, explica Constanza. Aunque la canción llevaba años guardada, recién entonces encontró su lugar: “El año pasado cobró sentido dentro de nuestra obra. Fue como decir: este es el momento”.
Musicalmente, "Lo que siento" también marcó un giro. “Tiene un ímpetu más rockero”, señala Soledad. “Decidimos usar guitarras más distorsionadas, más enérgicas. Esa energía es la que queremos intencionar en las nuevas canciones”. Una dirección que empieza a delinear el próximo disco, todavía en proceso: “Estamos componiendo, viajando mucho, tocando. La energía de los conciertos es más hacia afuera, entonces el disco todavía está tomando forma, pero ya estamos trazando cosas. Hay una canción nueva que se viene”.
En ese movimiento, la experimentación ocupa un lugar central. Para Constanza, tiene que ver con evitar la repetición: “No hacer lo mismo solo porque resultó. Decir siempre lo mismo también aburre”. Lo explica con una imagen: “Es como un espiral. Una va diciendo cosas parecidas, pero avanza, no se queda en el mismo lugar”.
Al momento de elegir canciones que condensan ese recorrido emocional, Soledad no duda: “‘El lado oscuro de tu corazón’ es mi favorita. Cada vez que la escucho siento las emociones a flor de piel”. Destaca la combinación de armonías, voces y letra, y también la manera en que el público la resignificó: “Mucha gente la considera un himno del desamor, de la vulnerabilidad frente a otro. Para mí sintetiza muy bien lo que es Marineros”.
Constanza elige otra: “Voy a decir ‘Torbellino’”. En especial desde que la tocan con banda: “He aprendido a apreciarla mucho en vivo. A la gente le gusta, tocarla es muy divertido, llegás al tope de las emociones”. También la conecta con el origen: “La escribimos muy rápido, fue muy fluida. Representa para mí esa forma de hacer música que nace de un sentimiento fuerte, como estar dentro de un torbellino. Y también toda una etapa de nuestra carrera”.
Marineros sigue avanzando con la misma sensibilidad con la que empezó, pero con otra perspectiva sobre el tiempo, los afectos y la forma de hacer canciones. Entre discos que se resignifican, nuevas energías que empiezan a tomar forma y un vínculo cada vez más profundo con su público, el dúo confirma que su música no responde a urgencias ni fórmulas: crece, se mueve y se transforma al ritmo de lo que sienten. Como si cada canción fuera una manera de volver a encontrarse, con ellas mismas y con quienes las escuchan.
Marineros se presentará junto a Delfina Campos el jueves 5 de febrero a las 20 h en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Venti, 50% de descuento con Comunidad Indie Hoy.









