Rocco Posca es uno de los nombres más jóvenes de la escena del rock argentino, pero también uno de los más sonados. En 2017, a sus 17 años, publicó su álbum debut titulado Niños del universo. El año siguiente tuvo el honor y la responsabilidad de abrir el recital de Noel Gallagher en el Luna Park. Meses más tarde, estrenó Fervor, su segundo disco de estudio.

Hoy, con 20 años, Rocco cuenta con una base fiel de seguidores. Su imaginario está marcado por la herencia musical de bandas como Babasónicos y figuras como Charly García. En un época en la que muchos ídolos juveniles se aferran al exceso de autotune y a un estilo extravagante para ganarse un lugar en la agenda mediática, Posca le apuesta al poder de una guitarra y su capacidad para entregar canciones llenas de honestidad descarnada y nostalgia. Tuvimos la oportunidad de conversar con él sobre su proceso de formación creativa, sus preferencias en cuanto a artistas contemporáneos y su modo de afrontar este momento de su carrera.

¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos con la música?
Según me cuentan, en la cuna con la única canción que me dormía era con «Angie» de los Rolling Stones. Después fui siempre muy rítmico en el jardín, me la pasaba tocando en las paredes y agarrando cositas para hacerlas sonar. Y a los seis años me desperté una mañana y le dije a mi madre que necesitaba tocar la guitarra. Justo tenía un vecino que era un pibe de veintipico de años muy buena onda que era músico y me empezó a enseñar y tuvimos mucha afinidad. De hecho fue el único profesor con el que pude aprender guitarra.

¿Más adelante estudiaste algo más de música formalmente?
No, no porque empecé a componer desde muy chico. A los nueve ya hacía mis canciones.

¿Cómo afectó tu desarrollo creativo el hecho de haber crecido en una familia con un fuerte legado artístico?
Bueno, en mi casa no había instrumentos. Mi viejo es actor, mi madre era psicóloga en ese momento, ahora se dedica a otra cosa. Pero sí había muchos libros de arte, vinilos, CDs. Y estaba en un entorno artístico y me picó por ahí sin darme cuenta. Puedo decir que me apoyaron un montón porque nunca se pensó en mi entorno familiar que ser artista no era un trabajo.

Claro, eso de por sí marca una diferencia con la mayoría de las familias que suelen ser más conservadoras.
Sí, seguro. Me acuerdo en el colegio que todos estábamos eligiendo qué estudiar y yo decía «voy a seguir tocando.» Empecé a tocar desde los 14, así que tenía claro que iba a seguir laburando de lo que me gustaba. Y una abuela una vez me dijo «¿qué vas a hacer para ganarte la vida?» pero nunca me importó mucho el comentario, nunca me influyó tanto el entorno.

¿Qué es lo que más te quedó de la experiencia de trabajar junto al productor Gordon Raphael? ¿Cómo surgió esa colaboración?
Creo que nos ayudamos un montón. En principio yo a él lo descubrí por Facebook. No tenía mucha idea de quién era, solo me gustó el nombre y le escribí porque vi que vivía en Berlín y me interesó. Y a partir de ahí empezó una relación de casi tío-sobrino. Nos queremos mucho, y en lo musical él me mostró todo lo que tenía que ver con los sintetizadores, con un modo de grabar completamente descontracturado y desprolijo con el cual yo soy muy afín. Me dio un lugar a experimentar mucho más amplio. Yo por mi parte quizá le potencié ese espíritu tan joven que tiene él, como esa vorágine de ideas que él supo aprovechar.

¿Cuál sentís que fue el mayor reto que supuso la grabación de Fervor?
El primer reto fue que dos días antes de grabar el disco el baterista no pudo. Entonces tuve que buscar otro baterista y le iba pasando los temas a medida que los íbamos grabando. Al final salió todo perfecto porque yo estaba justo en una búsqueda de lo fresco, del momento, de la primera toma. Una cuestión muy vintage en ese sentido que hoy ya lo haría de otra manera porque ya estoy queriendo incluir otras cosas. Pero para Fervor el reto fue fluir en lo que nos iba sucediendo.

¿Es posible encontrar referencias literarias ocultas en tus letras?
No creo. En realidad, leo muy poco, lo necesario. Igual estudio una carrera que me requiere mucho tiempo de lectura.

¿Qué carrera?
Sindromenología, una carrera que se enfoca en el desarrollo del pensamiento analógico. En una época leía mucho poetas malditos del 1899 como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, el Conde de Lautréamont e Isidore Ducasse, pero igualmente escucho mucha música. Más bien mi manera de leer es a través de lo auditivo y lo visual, muchas muestras de arte, documentales, películas. También me nutro de lo que la vida me pueda traer, quizá un abrazo, un beso. Un señor que cruzó la calle y que me afectó de alguna manera me inspira a hacer una canción, o quizá me pase con una anécdota de un amigo.

Entonces no te gusta tanto la técnica postmoderna de poner guiños a obras de otros artistas dentro de tu obra…
No, soy más partidario de sentir, no me atrae tanto lo intelectual, sino que me gusta dejarme afectar por las cosas y hacer algo a partir de eso.

¿Cuáles son tus canciones de amor favoritas?
«Love» de John Lennon. Que me encanta porque está dando vuelta todo el tiempo las frases: «Love is real/Real is love.» Es un temón. También hay un montón de canciones que me parece que hablan del amor pero que tienen que ver con otra cosa. Por ejemplo, «Quedándote o yéndote» de Spinetta, que por ahí no gira directamente en torno a la palabra amor, pero sí tiene como fuerza o como matriz al amor.

¿Con qué artistas te gustaría colaborar?
A nivel visual ya colaboro con alguien con quien quiero seguir trabajando que es Tobías Miura. También me gustaría hacer algo con Sergio Lacroix que es un gran escenógrafo. De acá me encantan Usted Señálemelo y Marilina Bertoldi. Con Marilina me crucé un par de veces ya y me dijo que le gusta mi música y yo le dije lo mismo sobre la suya. Y más a nivel internacional, te diría que me gustaría hacer algo con Ian Brown, es mi ídolo total de la modernidad. También este chabón Zhu que hace un minimal techno medio dark que está buenísimo.

Viviste durante un tiempo en Alemania. ¿Qué creés que es lo que crees que motiva en la actualidad a tantos artistas a viajar a Berlín?
Lo que tiene Berlín es que le dieron una vuelta de tuerca a lo que tiene que ver con la libertad en términos culturales. Al menos en mi opinión. Me gustaría que así sea el futuro.

Todo eso gracias a un marco fuerte de políticas públicas, ¿no?
Sí, seguro. No hay represión. Y es un lugar muy individualista en el buen sentido de la palabra. Podés hacer lo que se te cante y está todo bien. Es como un «vos hacé tu vida, si necesitás ayuda pedime, pero no te voy a estar mirando a ver qué haces o qué no.» De repente te metés en una plaza y hay un montón de yoguis en pelota haciendo sus poses de yoga. Y están mezclados los empresarios con los yonkis, con los negros, los blancos… Se sacaron de encima un montón de pesos culturales estúpidos que no sirven para nada. Entonces hay un nivel de unificación humana muy hermoso, y eso hace que broten nuevos estilos, nuevos sonidos, nuevo arte visual. Se nota desde el diseño de afiches y flyers hasta en la música. Por ejemplo, en cómo mezclan el techno con el punk. Otro detalle importante es que en Berlín no te venden nada. Vos vas por la calle y no te venden nada. Prácticamente no hay publicidad.

¿Por prohibición de la ley?
No lo sé, puede ser. Pero en todo caso, se publicita mucho más el arte o el cómo mejorar el mundo en el que vivimos. Otras prioridades. Ves a los niños tranquilos, caminando por las calles. Me hice mil amigos yonkis que duermen por ahí, pero los chabones por ahí son súper cultos.

¿Qué podes adelantarnos sobre tus planes para fin de año y para 2020?
Ahora estamos presentando unas sesiones acústicas que se llama Toque Real Live Sessions. Están muy buenas, fueron dirigidas por Belén Asad y mezcladas por Martín Bossa. Ya salieron un par, en total son siete. También estoy pre-produciendo mi tercer disco. Creo que va a ser una bomba porque estoy mezclando desde flamenco hasta techno, en el medio rock, mucho estilos.

¿Algo de trap también?
No lo creo. El trap en sí es un género que no me atrae. Me encanta el hip hop, me gusta el pop y montón de corrientes más, pero el trap no me vibra. Igual entiendo por qué tal vez entra tanto hoy en día.

Es interesante que un centennial diga esto, porque pareciera que es el género musical que más está en auge entre los menores de 25 años.
Bueno, yo tengo una teoría que se me ocurrió ayer. Pienso que más allá de lo letrístico y de lo que tiene que ver con otras partes de la canción, hay algo en las frecuencias armónicas que se usan, en lo monótono, en el autotune, los pocos matices entre las notas, en el sub low y en el bombo que tiene que ver con la misma frecuencia de los huesos del ser humano. Es una frecuencia densa, grave, que entra. En cambio, si vos escuchás rock, es muy agudo. Por más que sea un tema que esté cantado en un tono grave, la frecuencia del rock es aguda. Tenés que prestarle atención, prestarle tu cuerpo. Pero con el trap es diferente, entra más fácil porque va a los huesos. Es un fenómeno que me resulta interesante.

¿Tenés en mente alguna sorpresa para tu presentación junto Zero Kill este 25 de octubre?
Probablemente hagamos algo en común con Benito, pero que no va a tener que solo con invitarnos mutuamente al show del otro. Va a ser algo más interactivo.

Rocco Posca se presentará el viernes 25 de octubre en La Tangente (Honduras 5317, CABA) junto a Zero Kill, entradas disponibles a través de Ticket Hoy.

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Foto principal: Gentileza de prensa.