Entrevistas
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26/08/2022

Tayhana: “Un buen DJ cuenta una historia”

Hablamos con la productora argentina radicada en México sobre su estelar colaboración con Rosalía y su visión sobre la escena electrónica actual.

Tayhana es una DJ y productora musical originaria de la ciudad patagónica de Caleta Olivia en Santa Cruz, que hace años se radicó en México para seguir creciendo a nivel profesional y enfrentar nuevos desafíos en su carrera artística. Su participación en la fundación de HiedraH -el colectivo artístico pionero en fiestas electrónicas disidentes- y sus electrizantes presentaciones en vivo -recientemente formó parte del Festival Marvin Gateway– son evidencias de una obra poderosa y arraigada a las raíces e ideales de una artista singular.

En el transcurso de sus sets en vivo, Tayhana atraviesa diferentes atmósferas y relieves. Teje un eje pendular entre zonas polarizadas que, track a track, difuminan sus distancias. La oscuridad aparece en su estilo disonante que conduce al público por los laberintos del techno y contagia el temperamento expulsado en cada latencia. Sin embargo, la artista treintañera también sabe abrir un portal a escenarios más luminosos como la música latina y disco, más otras ramificaciones que nutren su marca autoral.

A principios de este año, el nombre de Tayhana resonó en los medios tras su participación en el icónico Motomami (2022) de Rosalía. Alucinada con sus trabajos en NAAFI, el colectivo artístico con base en México, la mismísima estrella española la contactó para crear el beat de “CUUUUuuuuuute”, el track más experimental del disco. Con un carácter firme y riguroso, esta producción ofrece un desarrollo vertiginoso que nos lleva del infierno al cielo en cuestión de parpadeos.

En conversación con Indie Hoy, Tayhana habló sobre los inicios de su carrera, sus experiencias en la cabina, su visión cinematográfica, sus reflexiones acerca de la escena electrónica y su relación con la estrella española.

Pasaron tres años de la publicación de tu álbum debut, Tierra del Fuego. ¿Qué te trae escucharlo hoy en día luego de haber transitado la pandemia?
Tiene un par de años, pero todavía me gusta bastante. Tiene cosas que me gustan mucho, sobre todo la parte percusiva. Creo que cuando lo hice no lo arranqué con ninguna idea, solamente empecé a hacer track tras track y de repente empecé a tener algo. Medio por insistencia, me empezaron a apurar a tener algo para mostrar. Yo empecé como DJ en 2016, y toqué por muchos lugares, pero no tenía material mío. En 2019 creí que era el momento indicado y creo que funcionó para mostrar qué es lo que a mí más me representaba y me interesaba en esa época, como todas esas inquietudes sonoras y de ritmo. Le fue bastante bien al disco, no me lo esperaba. Con lo de Rosalía después me di cuenta que muchas cosas que le mandé a ella fueron beats y detalles que fui exportando de ese disco. De hecho, en la preselección que ella hizo había bastantes cosas de Tierra del Fuego. No estaba tan mal entonces. Le gustaron muchísimo todas las bases de mi disco. Ahora estoy haciendo algo nuevo, pero es la continuación de ese disco, más evolucionado y dedicado al club.

¿Cómo se originó la conexión con Rosalía?
Se dio por NAAFI, hubo un diálogo por Instagram. El año pasado estaba muy interesada en encontrar algo nuevo con impronta latina y le pidió a los chicos de NAAFI que enviáramos material. Beats, percusiones o todo lo que pueda llegar a interesarle. Creo que la mayoría de los que integramos NAAFI, que somos unos diez aproximadamente, mandamos material. Y a las semanas me comunicaron que le habían gustado bastante mis cosas. Fue todo muy rápido, de una semana a la otra. Estuve a punto de viajar a Los Ángeles, pero como todavía estábamos en pandemia se complicó. Al final me quedé y seguimos en contacto a distancia. Me rentó un estudio que es donde estuve trabajando el beat que eligió, ahí en La siesta del fauno. Es un estudio que tiene bastantes sintes, está buenísimo y trabajé algunas cosas ahí. Después de unos meses de idas y vueltas, me contactaron los de la discográfica para decirme que finalmente había quedado en el disco. Estoy muy contenta porque a mucha gente le gustó. Me pasó algo raro, porque en ese tiempo estuve yendo de México a Argentina y tuve algunos contrapuntos hasta que me acomodé. Me había olvidado y fue muy loco poder volver a sentir esa alegría. Después de la pandemia, tener oportunidades es más difícil de lo que me hubiera imaginado. Me vino perfecto para ese momento que venía todo medio muerto. Yo estuve trabajando mucho a nivel producción, pero no como DJ, entonces pensé que era perfecto que llegara en ese momento, porque era retomar de otra manera. Era justo lo que yo quería.

¿Cómo escuchás a “CUUUUuuuuuute” en el marco de Motomami?
Lo que más quiero ahora es poder escucharla en vivo en su show. Antes no estaba muy al tanto de lo que hacía Rosalía, pero cuando la conocí, vi sus videos, entrevistas, empecé a entender de qué iba y cómo trabajaba. Me gustó muchísimo cómo encara la música, el por qué, las referencias que tiene. Siento que es bastante clara con lo que quiere y le da mucho crédito justo a eso, a de dónde saca las ideas. Fue muy honesta conmigo, me dio crédito en mi trabajo. También hablamos mucho de que no hay muchas productoras mujeres. Ella es la productora general del álbum y después son todos tipos. Eso fue algo que abrió mucho a preguntarnos la verdad sobre cuántas mujeres hay dentro de la industria haciendo y produciendo música. Es un terreno que aún falta cuestionar. Es un disco muy importante para plantear a ver cómo es la equidad y la no equidad de igualdad de género en la producción de un disco.

Desde que arrancaste con Hiedrah hasta el día de hoy, ¿cuánto creés que cambió y cuánto falta aún por cambiar en la escena electrónica?
Se avanzó en algunas cosas, como en la cantidad de mujeres o gente de la comunidad forma parte de esos line ups, y cuánto lugar tiene. Pero todavía falta un montón, creo que hay bastante desigualdad, hay mucho que aún hace saltar la cuestión. Por ejemplo, cuánto se le paga a un DJ latinoamericano y a uno norteamericano. Obviamente son los que más provecho sacan porque tienen mejor pasaporte, el tema del lenguaje también. Al ser latina y vivir en Estados Unidos sacás mucho más provecho que alguien que está de este lado, y eso se ve mucho en cuánto te pagan. Yo me pongo muy pesada con mis agentes a que averigüen cuánto le pagan a este y a este. Yo no voy a ganar menos si estamos haciendo exactamente lo mismo. Falta muchísimo porque siempre pasan esas cosas, diferencias y desigualdades entre gringos y latinos. Y entre mujeres y hombres ni hablar, hay demasiado machismo todavía que derribar. Al menos se empezó a hablar, es un gran avance. Creo que previo a Hiedrah no escuché tanto sobre quiénes trabajan en todas tus fiestas, quiénes asisten. Hablarlo y poner una queja ya hace que sea distinto. Tener un espacio para hacerlo es muy necesario.

¿Qué estuviste haciendo durante el período de aislamiento que imposibilitó la actividad social de la escena musical? ¿Cuáles fueron los beneficios de esta pausa para vos?
Yo hago mucho remixes y ahora tengo muchas más propuestas. Eso fue lo que a mí me mantuvo bastante cerca del club, a pesar de que no estaba. A mí la pandemia me vino bien para frenar. Desde que me fui de Argentina en 2016 hasta el 2020, estuve cuatro años que me dediqué solo a tocar. Lo hice casi todos los fines de semana, por todo el mundo, Estados Unidos, Europa, China, India, casi sin parar. A la vez, tenía la exigencia por parte de NAAFI de tener que mostrar cosas, que se mezclaba con una presión mía también. No me podía sentar a elaborar lo que quería musicalmente. Cuando empezó me di el tiempo de aprender bastantes cosas, desde tutoriales musicales a experimentar sonidos de una manera más consciente y distinta a la que tuve con Tierra del Fuego. Me sirvió para empezar a trabajar desde otra perspectiva.

Tenés un trabajo muy fino en los remixes, ¿cuál es tu premisa al momento de trabajar sobre una pieza original?
Desde los remixes aprendo un montón, es lo que más me gusta hacer. De ahí entendí la esencia de hacer tracks, me di cuenta que hacía beats. En muchos de los remixes que publiqué hay sonidos míos, no utilizaba tanto de la pieza original. Me gusta mucho poner solo la vocal y los sintetizadores, y lo de abajo lo construyo con sonidos, percusiones y algún bajo que tengo. De hecho, el beat de “CUUUUuuuuuute” salió de un remix que era para otra cantante que no quedó pero me vino genial. Eso me hizo aprender bastante sobre cómo trabajar cuestiones de métrica y tempo. Siempre me gusta ponerlo más tipo 130 o 140, así los puedo tocar en las fiestas, que sean bastante para arriba. O si es algo en 100 más para escuchar en casa o arrancar algún set. Esos son los dos parámetros por donde más me muevo. Mi premisa es empezar por el BPM y después improviso según lo que se va construyendo con las vocales.

Foto: Trinidad Valcarce

Considerando que tuviste la oportunidad de tocar en distintos países, ¿cuál fue el lugar que más te llamó la atención? ¿Podés compartirnos alguna experiencia que te haya descolocado?
Hubo uno en China que estaba bookeada para tocar dos horas y al final terminé tocando cinco. Estás solo una vez en China, es difícil dejar de tocar. Fue perfecto, el sonido bien ajustado, fue el mejor soundsystem, era imposible salir de la cabina. A lo último quedaban pocas personas, pero no podía dejar de hacerlo. Me pasaron cosas extrañas. Hace poco sucedió algo que nunca me había pasado: tuve que cortar mi set porque se cagaron a trompadas, patotas de dealers en la playa contra las drags. Acá, sobre todo en el sector playa, es bastante peligroso por temas de narcos. Estás pasando música y quizás la gente está en cualquiera y de la nada cae una banda de dealers. Puede pasar de todo. Quizás en Ciudad de México es distinto, pero en el interior pasan estas cosas. La última vez me di cuenta que hay que tener cuidado. De la nada estaba tocando y vi mucha gente en el piso. No entendía nada.

Tu último EP se titula Cenizas quedaban. ¿Cómo surgió este trabajo?
Fue un rework que hice de Tierra del Fuego, por eso el juego de palabras del título. No tenía ganas de sacar un remix, lo hice de lleno yo sola. Fue un experimento para mí ver cómo podía hacerlo, ya teniendo más conocimiento. Todo lo que aprendí en pandemia me sirvió para ver qué hacer con ese material viejo y de ahí salieron esos dos tracks. El primero que es como una cumbia, es bastante potente, lo puedo tocar. Me sirvió para poner un cierre a lo anterior y dar inicio a lo siguiente. De hecho, me hizo pensar en el próximo disco, tiene un sonido bastante intermedio entre lo viejo y lo nuevo.

¿Cuáles son tus influencias fuera de lo musical?
Me inspiro mucho en el cine. Estudié en la ENERC y ahí fue donde más medio encontré para aprender cómo hacer una fiesta. Yo quería ser DJ y me sirvió mucho estudiar ahí para darme cuenta que no tenía que hacer eso sino algo distinto. Me gusta mucho el cine de Wong Kar-Wai, Lucrecia Martel y [Michael] Haneke. Me encantaría hacer música para cualquiera, tienen ese nivel de tensión que me encanta. Me gustaría mucho llegar al cine a través de la música. Justo cuando estaba terminando el álbum veía muchas películas y una de las canciones tiene un título larguísimo que es un diálogo de 2046, la película de Wong Kar-Wai. Siempre recurro a eso.

La creación de un set puede tener algo muy cinematográfico, en el sentido que vas tejiendo un relato y cambiando los estados de las personas. ¿Cuánto hay de este pensamiento en tu proyecto?
Sobre todo en cuestión narrativa y de temas, siempre lo he pensando de esa manera, más cinematográfico. Hay algo narrativo, tiene que pasar y contar algo, no se trata de poner un track tras otro. Un buen DJ hace eso, contar una historia en un par de horas. Hay dos tipos de DJs, al que no le importa el hilo narrativo, y está quien tiene una intención, que te lleva por un clima, de repente explotás y después tenés un final. Como si fuese una película.

Escuchá Cenizas quedaban de Tayhana en plataformas de streaming (Bandcamp, Spotify, Tidal, Apple Music).