Es difícil encasillar a los Viagra Boys porque cualquier etiqueta les queda chica. Si musicalmente son un cóctel irresistible de post-punk y dance-punk sucio y descarado, en sus shows en vivo potencian esa propuesta a través de una liturgia caótica que avasalla con su energía y contundencia. Son un bicho extraño, adorable y a veces peligroso, encarnado a la perfección en la piel de su líder y vocalista, Sebastian Murphy: un personaje tan hipnótico como errático, igual que sus canciones.
Desde su irrupción a nivel internacional hace casi una década, ese magnetismo los llevó a recorrer gran parte del mundo, con la espina de nunca haber podido visitar al público argentino. Ahora, el Lollapalooza Argentina 2026 viene a saldar, por fin, esa deuda.
Tor Sjödén, baterista del grupo, lo sabe y no lo da por sentado: “Escuché que tenemos muchísimos fanáticos en Argentina”, dice el músico en conversación con Indie Hoy, previo a la llegada del grupo al país para presentarse en el tercer y último día del festival. “Hay mucha gente que nos escribe por Instagram y por todos lados diciéndonos que tenemos que ir, que nos va a encantar. Eso se siente increíble. Hace años que la gente trata de conseguir que vayamos”.
No es la primera vez que el nombre de la banda aparece en la agenda local. En 2022, Viagra Boys estaba confirmada para la primera edición del Primavera Sound Buenos Aires; sin embargo, el show nunca se concretó debido a una serie de problemas logísticos y “circunstancias imprevistas” por parte de la producción. Lo que pudo haber sido el debut del grupo en la Argentina terminó siendo una promesa diferida, y la espera se extendió cuatro años más. Ahora, con el festival de Perry Farrell como escenario, finalmente ocurrirá el encuentro entre el sexteto y su gente.
Para entender el furor local por la banda de Sjödén y compañía, conviene hacer un recorrido. Viagra Boys nació en Estocolmo alrededor de 2015, con Sebastian Murphy como figura central y una propuesta electrizante que mezclaba noise rock, krautrock y cierta herencia del hardcore estadounidense de los ochenta. Su disco debut, Street Worms (2018), los instaló de golpe en el mapa internacional: un disco áspero, pastoso, lleno de humor e ironía y físicamente urgente. Desde entonces, la crítica los abrazó, y el público también.
Welfare Jazz (2021), su segundo álbum de estudio, profundizó esa dirección aún más. Fue el álbum más experimental hasta entonces: más espacioso, parcialmente desordenado, y con momentos de fragilidad que contrastaban con el estruendo de sus composiciones más intensas. Cave World (2022) llegó en un contexto de efervescencia a nivel mundial y lo capitalizó en una obra que apuntaba contra los conspiranoicos, los incels y la estructura del odio digital y mediático que opera desde el poder, con un sarcasmo tan preciso que, paradójicamente, varios terminaron malinterpretando. Finalmente llegó Viagr Aboys (2025), su cuarto disco y primero bajo su propio sello, y con él la confirmación de que la banda ya no necesitaba intermediarios y, por fin, podía emanciparse.
Shrimptech Enterprises, hasta hace poco una empresa ficticia dentro de su universo creativo y ahora una realidad operativa, es el sello bajo el que salió el nuevo disco. Para la producción del material, la banda decidió dar un paso más en su independencia y no solo construyó su propio estudio, sino que además produjo gran parte del material por sus propios medios y contó nuevamente con la colaboración de Pelle Gunnerfeldt, quien había trabajado en discos anteriores. El resultado es un registro de una banda que logró consolidar su sonido bajo una identidad distintiva y particular.
"Fue muy divertido, porque sentimos que podíamos hacer mucho nosotros solos, y eso fue muy inspirador", cuenta Tor Sjödén sobre el proceso de producción detrás del nuevo álbum. "Además, la gente pareció entender Shrimptech Enterprises de alguna manera. O sea, es simplemente una empresa inventada, pero la gente parece entenderla y disfrutarla, así que se sintió como algo natural", explica.

Viagra Boys construyó su carrera sobre una paradoja: presentaciones que parecen a punto de derrumbarse, pero nunca lo hacen del todo, y letras que pendulan entre la broma y la realidad más cruda. Sjödén describe ese equilibrio sin demasiado misterio: “Somos muy serios con nuestra música, pero una gran parte de ser persona es también poder reírse de todo. Siempre que te plantes serio sobre el escenario podés usar mucho del humor, porque si no sos serio, se convierte en un chiste”, sostiene.
El sarcasmo, sin embargo, tiene sus costos. En Cave World, la banda apuntó contra los terraplanistas, los conspiranoicos de internet y la cultura del odio con una ironía tan afilada que incluso algunas personas no entendieron la dirección del mensaje. “La gente pensó que estábamos en contra de las vacunas y esas cosas, porque no captaron el sarcasmo”, recuerda Sjödén, con una calma que roza la indiferencia. “Pero si no lo entienden, son idiotas, así que pueden escuchar a otra banda. Filtramos a los fans de mierda”.
En vivo, la banda es un organismo por sí mismo. Los shows tienen la textura del caos, pero, de alguna manera, en ese pandemonio el grupo encuentra su pulso. Hay algo en la manera en que se sostienen mutuamente que convierte cada presentación en un ejercicio de confianza: una tensión que, lejos de presionarlos, los potencia y los convierte en una fuerza imparable.
Sjödén lo explica desde adentro. “En ese momento no pensamos en nada. Simplemente tocamos”, dice. “Los shows son algo que nos tomamos muy en serio. Me encanta estar en el escenario con mis compañeros, porque nunca sabemos lo que va a pasar. Hemos tocado tanto y nos conocemos tan bien que podemos confiar los unos en los otros”, dice y agrega: “Sebastian Murphy está al frente y yo en la batería: realmente se trata de seguirlo a él. Todo se convierte en un caos controlado. A veces se desmadra, pero nunca del todo”. Quien haya visto alguna vez un video de sus shows entiende exactamente de qué habla Sjödén.
Al igual que muchas bandas contemporáneas, Viagra Boys habla —a través de un lenguaje burlón y de personajes varios— del contexto socio-político que los atraviesa y que contemplan desde su propia perspectiva. Canciones como "Man Made of Meat" o "Troglodyte" son un claro ejemplo de ello. “Los movimientos de ultraderecha están flotando por todo el mundo y en Suecia es lo mismo. Tenemos un partido nacionalista que se hace cada vez más grande, cerrando un montón de fondos para la cultura y siendo unos verdaderos hijos de puta. Donald Trump está allá haciendo el idiota. ¿Es lo mismo en Argentina?” La pregunta es retórica, y él lo sabe. “Creo que, de a poco, la gente está comenzando a despertar y a cansarse de eso. Tenemos que enfrentar a esas fuerzas de mierda”, sentencia.
Sobre si eso convierte a Viagra Boys en una “banda política”, Sjödén es preciso: no es una decisión, sino una consecuencia. “No creo que sintamos que tenemos que hacerlo [hablar del contexto socio-político], pero nos sale naturalmente”, dice. “Nos gusta usar nuestras canciones, nuestra plataforma, para difundir ideas que creemos que son sensatas. No es algo en lo que pensemos demasiado. Sale de manera muy natural. Se trata de ser 100% nosotros mismos”.
Para quienes todavía no los conocen —y en Argentina, en un festival tan abarcativo y con una audiencia tan diversa como Lollapalooza Argentina, las posibilidades son mayores—, Sjödén los presenta a él y a sus compañeros de la siguiente manera: “Cuando hablo de nosotros, simplemente digo que tocamos rock and roll. No hay mucho más que decir, en realidad. Vengan a escucharnos, la van a pasar bien”.
Viagra Boys se presentará el domingo 15 de marzo en el tercer día de Lollapalooza Argentina 2026. Escuchá Viagr Aboys en plataformas (Spotify, Tidal).











