En una carrera que abarcó varias décadas y que redefinió el rock progresivo y la música psicodélica, Roger Waters no solo destacó como bajista y compositor, sino también como alguien que sabía claramente cómo debían sonar sus creaciones. Durante sus años con Pink Floyd y en su etapa en solitario, Waters trabajó con numerosos pesos pesados del cuarto arte, entre ellos Jeff Beck, sobre quien habló para contar su experiencia.
Entre 1987 y 1992, el ex Pink Floyd se encerró en diversas oportunidades para trabajar en Amused to Death, su tercer disco en solitario, que se publicó el 7 de septiembre de 1992 a través del sello Columbia Records. Durante la grabación del álbum, Waters pudo compartir tiempo con Beck, quien participó en varias de las pistas y maravilló a Roger. En una entrevista con el programa radial Rockline, el inglés dijo que ese tiempo con él fue "absolutamente maravilloso".

"Siempre me encantó su forma de tocar la guitarra y supongo que trabajamos con él unos tres o cuatro días para hacer lo que hace en el álbum. Y fue fantástico”. Acto seguido, contó que Beck “llegó al estudio con una guitarra nueva, la sacó de la caja, parecía que no la afinaba, se sentaba y se apoyaba en el multipista del estudio, y le pasabas la música para que él empezara a hacer cosas mágicas”.
“Te miraba y decía: ‘¿Es eso lo que quieres?’, y yo respondía: ‘Bueno, no lo es’, así que después le decías lo que querías y él también lo hacía mágicamente. Lo que me parece extraordinario es que, a menos que pudieras observar sus dedos con mucha atención, seguías sin entender cómo lo hacía. Increíble”, sentenció Waters.









