Revolver, el séptimo disco de The Beatles, fue lanzado el 5 de agosto de 1966 y marcó el momento en que la banda dejó de ser una máquina de hacer un hit tras otro para dar rienda suelta a su imaginación y experimentar con nuevos sonidos. Pero el nombre que lo identifica desde hace casi seis décadas tuvo un origen más accidentado de lo que parece.
El título que los Fab Four querían originalmente era Abracadabra. Cuando descubrieron que otra banda ya lo había usado, el proceso de brainstorming tomó varias direcciones. John Lennon, quien por aquel entonces estaba inmerso en el mundo de las drogas psicodélicas y en los escritos del psicólogo Timothy Leary, propuso Four Sides of the Eternal Triangle y Four Sides of the Circle, nombres que capturaban sus obsesiones filosóficas de ese momento, pero que sonaban demasiado crípticos.
Por su parte, Ringo Starr, pensando de forma más literal, sugirió After Geography —en parodia del reciente Aftermath de los Rolling Stones— y Beatles on Safari. Mientras tanto, Paul McCartney, a su manera, intentó sintetizar ambas visiones y propuso Pendulums, que evocaba tanto el movimiento como la abstracción.

Ninguna de las ideas que se pusieron sobre la mesa terminaba de convencer. Según relató McCartney más tarde, la clave estaba en encontrar algo que capturara la idea de movimiento. “De repente pensamos: ‘¡Oye! ¿Qué hace un disco? Gira (‘revolves’ es el término en inglés). ¡Genial!’. Y así se convirtió en Revolver”, explicó en un minidocumental editado en 2010.
El nombre funcionaba como un doble juego de palabras: por un lado, el revólver, el arma de fuego con tambor giratorio tan presente en la cultura popular de la época gracias a las películas del Oeste; por el otro, el verbo to revolve (“girar”), en alusión al movimiento circular del vinilo sobre el plato del tocadiscos.









