A lo largo de su carrera, Joni Mitchell fue consciente de su influencia en las generaciones que vinieron después de ella, y en general eso no la llenó de orgullo. En diversas oportunidades, la leyenda de la música pudo escuchar sus propios recursos en otras cantautoras, y la pregunta que se hacía no era tanto “¿me están copiando?” sino “¿hacia dónde están llevando eso?”.
La respuesta que encontraba, en el caso de Natalie Merchant, no era satisfactoria. La cantante oriunda de Jamestown, Nueva York, que había liderado el grupo 10,000 Maniacs y en 1995 lanzaría su exitoso debut solista Tigerlily, era un ejemplo de lo que Mitchell entendía como una influencia mal aprovechada.
En una entrevista con la revista Mirabella de abril de 1995, fue directa al señalar:
“La chica de 10,000 Maniacs corta el final de las frases de la misma manera que yo. No sé cómo decir esto sin sonar snob, pero si estás construyendo tu música sobre una base de canciones de 10,000 Maniacs —si eso es el tipo de música que absorbiste y el tipo de arte que quieres hacer— entonces no va a ser algo grandioso”.
El problema no era con Merchant como persona, sino con la práctica de basarse demasiado en influencias y no buscar desarrollar una complejidad armónica y poética propia.










