Aunque David Bowie fue un artista que se caracterizó por su constante transformación y por su incapacidad para repetirse, lo cierto es que nunca se alejó de sus inspiraciones, sino que volvió una y otra vez a las mismas fuentes. Entre ellas, una de las más profundas y menos obvias era una canción infantil de 1952 que el músico había escuchado de niño y que nunca lo abandonó del todo.
La canción era "Inchworm", compuesta por Frank Loesser para la película Hans Christian Andersen (1952), el musical de Charles Vidor protagonizado por Danny Kaye. La historia del famoso cuentista danés llegó a la gran pantalla con una banda sonora repleta de números musicales, pero fue ese tema en particular el que dejó una marca indeleble en el joven Bowie.
"La amé de niño y se quedó conmigo para siempre. Sigo volviendo a ella. No vas a creer la cantidad de canciones mías que surgieron, de alguna manera, de ese tema. No de una forma que vayas a reconocer fácilmente", confesó el nacido el 8 de enero de 1947 en Brixton, Londres.
Sin "Inchworm" no habría "Ashes to Ashes"
En lo que respecta al impacto de la pista en su vida y arte, Bowie comentó que "algo como 'Ashes to Ashes' no hubiera existido sin 'Inchworm'. Hay en ella un elemento de canción de cuna infantil, y hay algo tan triste, tan melancólico y tan conmovedor en ella".
"Ashes to Ashes", publicada en 1980 en el álbum Scary Monsters (and Super Creeps), es uno de los tracks más complejos de la carrera del Duque Blanco, dado que en él revisita a su personaje Major Tom, mientras mezcla imágenes perturbadoras y una producción futurista que marcó el rumbo de la música de los 80.


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