En los primeros días de la formación de The Doors, el grupo buscaba un sonido propio, distinto a lo que solían ofrecer otras bandas de rock de su época. Más allá del barítono de Jim Morrison, de los teclados de Ray Manzarek y de la batería de John Densmore, había otra decisión sonora que ayudó a definir la identidad del conjunto desde el inicio: una técnica particular de guitarra que el vocalista consideraba esencial.
Cuando buscaban a quien se hiciera responsable de las seis cuerdas, The Doors analizó a varios candidatos. Sin embargo, se terminaron decantando por Robby Krieger, quien terminó conquistando a sus futuros compañeros gracias al uso del bottleneck, también conocido como slide guitar, una técnica de guitarra en la cual se toca una nota y luego se desliza el dedo a otro traste, arriba o abajo del diapasón.
"Ray estaba un poco inseguro con Robby, porque no era el guitarrista principal extravagante, todo ostentación, que exprimiera cada nota", recordó Densmore. Cuando Krieger se presentó, en lugar de un solo “virtuoso y vistoso”, ofreció un estilo más crudo y sacó a relucir su habilidad para el bottleneck sobre las cuerdas, lo que le daba un sonido oscuro a su interpretación y no tardó en fascinar a Morrison.
"Le pedí a Robby que tocara bottleneck, porque lo habían tocado principalmente veteranos del blues y no mucho en un contexto eléctrico", continuó Densmore. "Así que eso fue lo que hizo la primera vez que tocó con nosotros. Ray y Jim dijeron: ‘¡Dios mío! Pon eso en cada canción’, lo cual era ridículo. Pero él estaba dentro [del grupo]”.









