George Harrison siempre fue el Beatle con el oído más inquieto. Mientras la banda conquistaba el mundo con su pop desbordante de energía, él miraba con atención la escena musical norteamericana en busca de los sonidos que lo conmovían de verdad. Y en los años 60, pocas discográficas lograron un impacto similar al de Motown.
El sello fundado por Berry Gordy en Detroit tenía, según Harrison, algo que iba más allá de la calidad musical: una filosofía. "Motown era música para toda la gente: blancos y negros, azules y verdes, policías y ladrones. Era reacia a que nuestra música alejara a alguien", explicó alguna vez el propio Gordy. Esa vocación de unir a los oyentes sin resignar identidad era exactamente lo que el guitarrista de los Fab Four admiraba.

Las canciones favoritas de George
Su devoción por el catálogo del sello estadounidense encontró forma en un objeto físico: un jukebox modelo KB Discomat instalado en su casa —idéntico al que poseía John Lennon—, el cual estaba repleto de los sencillos que más quería tener a mano. "Es mucho más fácil tener todos mis discos favoritos en el jukebox a la vez", le declaró Harrison a Record Mirror en 1965. "Me ahorra tener que buscar entre pilas de vinilos para encontrar los que quiero. Y cuando me canso de ellos, simplemente los saco y pongo otros nuevos".
Entre los tracks elegidos por el legendario guitarrista británico aparecían una y otra vez obras de Marvin Gaye, un artista al que admiraba profundamente y a quien volvía de forma constante. Dos de sus canciones favoritas eran "Ain't That Peculiar" y "Pretty Little Baby", ambas lanzadas en 1965. También figuraban temas de The Miracles como "My Girl Has Gone" y "The Tracks of My Tears", junto a piezas de Otis Redding, Jackie Wilson y The Four Tops, entre otros.









