Foto: Julieta Bugacoff

Maricel Santín cuenta con un currículum amplio, hace pocos meses salió su novela En tres tiempos, participó de tres antologías de cuentos, editó Historia clínica (un libro de poesía escrito a partir de la experiencia de trabajar en un hospital psiquiátrico), da talleres de literatura para adolescentes y adultos y es egresada de la Escuela Metropolitana de Teatro. También actuó en varias películas y escribió guiones para obras de teatro.

Hace dos años comentaste durante una entrevista con Página 12 que el sistema escolar no está preparado para abarcar y afrontar los nuevos desafíos planteados con respecto a la diversidad sexual. ¿Actualmente mantenés esta postura?
Mi hija va a una escuela pública, y en el acto por la guerra de Malvinas me emocioné al escuchar a una maestra que, a pedido de sus alumnos, se refirió a ellos como “les chiques”. El hecho de que una maestra acceda a utilizar el lenguaje inclusivo es una señal de que todo está cambiando. Yo no utilizo la “e” para escribir, pero a la hora de comunicar intento no utilizar ningún genérico en masculino; es difícil, porque está completamente arraigado a la cultura. Desde el punto de vista gramatical, la escritura implica una bajada de línea muy rígida y en algunos casos se deja de lado lo creativo. Adoptar la forma lúdica en el momento de dar clases a jóvenes es brindarle un mejor cauce al peso teórico de la escritura.

Recientemente editaste una novela infantil y participaste en tres antologías de cuentos para chicos. En el cuento “La tía Angélica” narrás de forma humorística acerca de un personaje que, ante determinadas situaciones, fingía estar muerto. ¿Hay algún límite en cuanto a las temáticas que puede abarcar este género?
Dentro del campo, la bajada de línea no está bien vista, esto no quiere decir que no aparezca la ideología del autor de fondo. Elijo tratar algunas temáticas desde este género porque aparece un narrador y una rítmica que puede ser leída por chicos; sin embargo, esto no quiere decir que tenga que haber una moraleja o mensaje de fondo. La escritora María Teresa Andruetto tiene un libro hermoso llamado Hacia una literatura sin adjetivos, ella propone quitarle la palabra “infantil” a determinada literatura. Es un género como cualquier otro, y hay grandes autores completamente abocados a él.

En Historia clínica hay un poema que cuenta humorísticamente la manera en que un grupo de mujeres se reían de un intento de suicidio, la mayor parte del libro gira en torno a vivencias personales. ¿Cuál es la relación entre la literalidad y la estética?
En Historia clínica opté por trabajar a partir los dichos. Muchos de los textos salieron de la boca de sus autores. Quise apelar a lo literal tomando como punto de partida el lenguaje coloquial, lo estético vino después. El libro está regido por un criterio de hebra, en el que el hilo principal es la relación entre la salud y la enfermedad. La última parte inicia con una cita de mi tía: “¿Vas a trabajar en un loquero? Fijate, nena, que no se te pegue”. Ella se refirió con mucha liviandad a la posibilidad de mi propia locura. Yo trabajaba con personas que pasaban por internaciones breves, la gente que ingresaba no era muy distinta a mí. Mientras estaba ahí, la idea de que yo podía ser una más era algo constante.

En una ocasión, la poeta Irene Gruss se refirió a la poesía como “La música, pero con la boca cerrada”. Además de escritora, también actuaste en varias obras de teatro, teniendo en cuenta esto, ¿Estás de acuerdo con la afirmación citada?
Mi única relación con la música es la poesía, me remite a la intimidad que se genera dentro del género. Pienso en el sonido interno y en el trabajo que implica escribir un poema. No toco ningún instrumento, pero mantengo una relación con la musicalidad que sólo se genera de forma interna. Mi lenguaje para expresar aquel sonido es la poesía.