, Los 50 Mejores Discos de los ’70

40. The Who – Who’s Next

1971 – Track / Decca

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Luego del genial Tommy, Pete Townshend planea otra opera rock aún más ambiciosa llamada Lifehouse, pero ese proyecto no llega a realizarse y Townshend termina con una crisis nerviosa. De las cenizas de ese intento, quedan elementos que pasan a formar parte de este nuevo disco, pero ahora sin un hilo conductor definido. Saliéndose de la lógica del album conceptual, la banda le da a cada canción un peso propio y el resultado es brillante. Un disco claro, conciso y directo. Hay hard rock, psicodelia, furia, emoción y electricidad. La introducción definitiva de sintetizadores también le da nuevos matices a la banda, que suena como nunca, completamente cohesionada y llena de energía. Algunos de los mejores resultados pueden escucharse en clásicos como “Baba O’Riley”, “Behind Blue Eyes” y “Won’t Get Fooled Again”.
M.R.

39. David Bowie – Aladdin Sane

1973 – RCA

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Pocos artistas han tenido períodos de creación tan intensos, fructíferos e inmediatos como Bowie tuvo a principios de los ‘70, manteniéndose a un nivel realmente alto por casi una década. The Man Who Sold The World, Hunky Dory, Ziggy Stardust y Aladdin Sane, uno por año desde 1970. Claro que el quiebre es Ziggy Stardust pero cuando salió Aladdin Sane, la crítica del momento se dividió. Éste es otro álbum-personaje de la fauna bowieística, concebido en el tour norteamericano de Ziggy Stardust, y esa confusión de bueno pero a la vez destructivo está plasmado en el arte de tapa. Pero si algo nunca se le criticó al Duque fue su infinito sentido de innovación y vanguardia: no iba a hacer un disco similar al anterior, y en Aladdin Sane lo escuchamos más rocker, incursionando además en el jazz y en la música de cabaret, sin nunca dejar de hacer arreglos increíbles.
R.P.

38. Neil Young – After the Gold Rush

1970 – Reprise

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Concebido en el contexto de la bohemia hippie de Topanga Canyon, Neil Young escribió y grabó gran parte del sucesor de Everybody Knows This Is Nowhere en el sótano de su casa. Alejándose del rock y la guitarra eléctrica de aquel trabajo, After the Gold Rush resultó ser un espacio de prominencia para la instrumentación acústica del canadiense, donde los solos de minutos fueron mayormente reemplazados por arpegios y melodías de piano de Nils Lofgren. Este álbum surgió como soundtrack para una película que nunca se materializó, pero sí nos da un pantallazo al alma de Young, que nunca estuvo tan expuesta ni emocional como acá, en temas como “Birds” o “Don’t Let It Bring You Down“. Fue la guerra de Vietnam la que sirvió como fuente de preocupación para los problemas sociopolíticos presentes, desde el racismo en “Southern Man” hasta el calentamiento global en “After the Gold Rush“, merecidamente una de las canciones más emblemáticas de Young y de toda la década de los ’70.
B.A.

37. Bruce Springsteen – Born to Run

1975 – Columbia

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Amor y escapatoria en los suburbios. Corazones profugos. Nevada en Nueva York. Born To Run es EL álbum del Jefe, es la canción y el momento en que se volvió icono y referencia de toda la honestidad, carisma y entrega del pueblo norteamericano ante inclemencias o temporadas no tan prometedoras. Es el único disco en que algún otro miembro de The E-Street Band aparece en la portada (Clarence ‘Big Man’ Clemons). Historias atemporales, sentimientos e ideales multi-generacionales. Born To Run es un estado de ánimo y un camino hacia la luz, es posiblemente el mejor álbum de Bruce Springsteen sin miedo a decir que es lo mejor que pudo haber dado Norteamérica en toda la década de los setentas.
D.A.R.

36. Kraftwerk – Autobahn

1974 – Philips / Vertigo

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Autobahn se ha convertido en un disco de culto. Constituyó el inicio de la música electrónica, comprendida dentro de su fusión con el pop (pero aún perteneciente al krautrock), abriendo un camino de creatividad inconmensurable para las generaciones de músicos venideras. El grupo formado por Ralf Hütter y Florian Schneider, producía con este trabajo un quiebre importante en la cultura pop, ya que el éxito del disco convirtió a Kraftwerk en un puente que conectó las experimentaciones del mundo musical académico con la cultura urbana y el underground.
A.R.

35. The Clash – The Clash

1977 – CBS

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Crudo, directo, horriblemente mezclado y un testimonio de lo que era vivir en un edificio abandonado en el Londres de 1977. “White Riot”, “Jeanie Jones” y “London’s Burning” de tan solo ser mencionadas evocan desde microscópicos clubes hasta sudorosas arenas. El primer paso de una de las bandas más grandes y completas no solo del punk, sino de la música británica. El cartón blanco, negro, verde y naranja encierra furia y agresividad, pero a la vez esperanza y la voz de un cambio, bajo un cambiante y progresivo ritmo de caos.
D.A.R.

34. Led Zeppelin – Houses of the Holy

1973 – Atlantic

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El quinto album de Zeppelin es aquel que marca una ruptura con los números y los nombres impronunciables. Es uno de los pilares más prominentes de su carrera musical, porque muestra una banda asentada y osada en explorar nuevos matices de su sonido. Que comprenda canciones tan diferentes pero igualmente impactantes como “Dyer Maker”, “No Quarter” o la canción de lluvia más hermosa de todas, hace que se disipen las dudas acerca de su relevancia en esta lista.
A.C.

33. The Modern Lovers – The Modern Lovers

1976 – Beserkley / Rhino

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Lo de los Modern Lovers es una historia de dramas con sellos discográficos, como a más de una banda le pasó, y le sigue pasando. Jonathan Richman fundó la banda en el Boston de 1970 y a los pocos meses entraron al estudio. Por no poder decidirse con qué sello grabar, si la Warner Bros. (en la que contarían con la producción de John Cale) o en A&R (con producción de Alan Mason y Robert Appere), grabaron un poco con cada uno, y el álbum tardó cinco años en salir. En este debut es notable la producción de Cale, dándole todo un tono Velvet Underground a la poesía de Richman, que era en cierto punto similar a la de Lou Reed, pero en vez de retratar lo más oscuro de Nueva York, Richman escribía sobre cosas más naive e inocentes. Débilmente etiquetado como proto-rock, dejenmé decirles que acá hay mucho más. Reseña completa.
R.P.

32. Blondie – Parallel Lines

1978 – Chrysalis

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Parallel Lines es el tercer y definitivo álbum de Blondie. El debut homónimo está bien, Plastic Letters también, pero con Parallel Lines Debbie Harry y los suyos finalmente alcanzan el suceso comercial y las razones son más que obvias: con “One Way or Another”, “Picture This”, “Sunday Girl” y por supuesto “Heart of Glass” dejan de lado el sonido new-wave para ser una banda netamente pop, y del más exquisito, llegando a editar seis sencillos (de un total de doce canciones). De actuar en el CBGB y ser parte de la escena punk a ser bailada y coreada en discotecas: en Parallel Lines está la confirmación de que si algo fue under en un momento, no hay por qué ser celoso cuando se convierten en mainstream si el producto sigue siendo de alta calidad.
R.P.

31. The Doors – L.A. Woman

1971 – Elektra

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L.A. Woman es el sexto y el último disco que Morrison grabó con los Doors por lo que lo convierte en su despedida musical y de Los Angeles, ya que poco tiempo después de las grabaciones, Jim dejaría esa ciudad para irse a París y morir allí tres meses más tarde. Podría decirse que L.A. Woman es una oda al blues, a esos sonidos que tanto influyeron sobre Morrison a lo largo de su niñez y adolescencia pero que nunca había abordado hasta la salida del anterior disco del grupo, Morrison Hotel. Canciones como “The Changeling”, “Cars Hiss by my Window” o la misma “L.A. Woman” son una clara prueba de la devoción que la banda tenía por el blues, de todos modos se atreven a jugar un poco con el pop en “Love Her Madly” y experimentan en “The Wasp (Texas Radio & The Big Beat)” y en la mítica “Riders on the Storm”, sin dejar nunca de lado la poesía surrealista de Morrison.
D.A.

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