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17/08/2022

Cómo David Bowie, Marc Bolan y el glam rock cambiaron la cultura popular para siempre

A través de su imagen andrógina y magnética, los dos artistas ingleses crearon un nuevo género musical para una juventud hambrienta por una movimiento estético que superara el sueño hippie de los sesentas.

La noche del 3 de julio de 1973 en el Hammersmith Odeon de Londres, David Bowie sepultó para siempre su alter ego Ziggy Stardust. “Voy a recordar esto durante mucho tiempo -dijo, ante la atónita mirada de sus fans y su banda The Spiders From Mars-. No solo es el último show de la gira, sino también el último que voy a dar”. El movimiento del glam rock que lideró junto a Marc Bolan de T. Rex se había apoderado velozmente del mercado de la música a partir de una eferverscente ingeniería ideológica y estética que mezclaba la excitación con la controversia. Pero, ¿cómo logró este género musical cambiar para siempre los cánones estéticos y artísticos de la cultura rock en apenas un año y medio?

Para comenzar a responder esta interrogante hay que indagar sobre los orígenes del movimiento remontándonos casi diez años atrás, más precisamente a los inicios de la década del sesenta, donde diferentes movimientos musicales, estéticos y culturales fueron definiendo y nutriendo las personalidades de Bolan y Bowie. Hacia 1963, a la par de los comienzos de la Beatlemanía, aparecen en Gran Bretaña los mods. Se trataba de una subcultura alternativa compuesta por jóvenes de clase media y trabajadora con una ideología autoindulgente a la que le importaba más su apariencia que la justicia social. Su símbolo icónico eran las motocicletas tipo Scooter, principalmente los modelos de Vespa y Lambretta. Este sentimiento de pertenencia o de gloria tribal afectó tempranamente a Bolan y a Bowie, quienes por ese entonces iniciaban sus carreras tocando en sus primeras bandas, John’s Children y The Manish Boys.

Otra importante influencia estética que tomaron Marc y David para caracterizar su imagen andrógina fueron The Rolling Stones, precursores en los hábitos de utilizar recursos artísticos glamorosos. A través de la vestimenta y el peinado de Brian Jones y los movimientos escénicos de Mick Jagger, los Stones crearon una hipersexualidad que sería clave en la identidad estética para los futuros cantantes del glam rock. También la conducta “camp”, una suerte de sensibilidad exagerada y humorística sobre el arte, de artistas como Ray Davies de The Kinks y que uno puede notar en algunas de sus canciones como “See My Friends” o “Fancy”.

La figura andrógina de Mick Jagger sería una influencia importante en el surgimiento del glam rock

Durante el período de tiempo que va entre 1964 y 1966, previo al auge de los hippies y la psicodelia, la juventud inglesa estuvo muy enfocada a desarrollar el glamour en su vestimenta, como denotó claramente la cultura mod y los artistas de este movimiento como The Who, The Kinks y The Small Faces. Esa suerte de hechizo visual capaz de engañar o cautivar al ojo constituyó el principio filosófico y artístico de Bolan y de Bowie. También la idea del dandy, con su extravagante forma de hablar y vestirse, cuyo padre fue el escritor Oscar Wilde, prendió en la cultura mod y fue clave en la explosión futura del glam. Influenciado por esta tonada, Bolan fue modificando su acento original cockney de clase obrera por uno más teatral, diferente del acento inglés de burgués o de clase alta, y que prendió también en gran parte de la aristocracia mod de esa época.

Musicalmente, la gran influencia del glam sería el rock and roll de los años cincuenta, dejando de lado la pesadez del groove y las canciones de larga duración del rock progresivo de fines de los sesenta y comienzos de los años setenta. Tomando como referencia a Elvis Presley, Little Richard, Buddy Holly y Chuck Berry, el glam traería de vuelta las canciones de corta duración con un estribillo fuerte. Tanto Bolan en T-Rex como el guitarrista y compositor Mick Ronson de The Spiders From Mars usarían numerosos recursos técnicos y riffs de guitarristas de los años cincuenta, pero agregando el capital de la innovación tecnológica que trajeron los efectos y pedales de distorsión de la época. Este concepto retro y moderno sobre la música fue clave en la futura explosión del género que se dio a comienzos de los años setenta, ya que rompió los férreos límites entre el pop y el rock de los sesenta, y demostró que también en el pop podía haber contenido y contracultura.

Marc Bolan y su magnetismo irresistible

A partir de 1968 comienza el proceso de aceleración hacia la futura consagración del glam rock. Mientras Bowie perfeccionaba su histrionismo actoral y escénico en la compañía de teatro y danza de Lindsey Kemp, Bolan comenzaba a desarrollar su lado folk de la mano de Tyrannosaurus Rex junto a Steve “Peregrin” Took en percusión. Aceptando todos los slogans progresistas de la época, decidió tocar en festivales gratuitos para nutrir su estética y narrativa musical de la fantasía y los mundos mágicos de J.R.R. Tolkien y Lewis Carroll. A diferencia de Bowie, quien se crió con las lecturas de Friedrich Nieztche y William Burroughs, la adolescencia de Bolan estuvo atravesada por los mundos mágicos medievales como manera de escapar a la seriedad y compromisos que sugieren la adultez.

Lo mágico y fantástico ocupó un lugar central en el desarrollo artístico de Marc Bolan que terminó explorando en profundidad cuando le sumó su afición al “bling”, su gusto por el lujo y las cosas brillantes. Bolan, al igual que Bowie, perteneció a la primera generación de jóvenes británicos que no estaban obligados a hacer la conscripción militar. De ahí que recibió una crianza más permisiva, que en cierto sentido le evitó el impulso de querer romper con la indulgencia materna y sentirse parte del orden patriarcal. No por nada, durante el período folk de Bolan que va desde 1967 a 1970, uno de sus principales referentes de Bolan además de Bob Dylan (de ahí toma su alias artístico, uniendo la primera y última sílabas del cantautor norteamericano) fue Syd Barrett, quien en la mayoría de sus letras con Pink Floyd recurría a imágenes y sensaciones ligadas al imaginario pre-púber.

En 1968, Tyrannosaurus Rex publica su primer álbum titulado My People Were Fair and Had Sky in Their Hair… But Now They’re Content to Wear Stars on Their Brows, un título que mezclaba el pretensionismo artístico con el surrealismo hippie y cuya fórmula Marc repetiría hasta A Beard of Stars, el último disco con esta agrupación publicado dos años después, momento en que decide reducir el nombre de su proyecto a solo T. Rex y sentar las bases musicales de su futura consagración.

Por su parte, Bowie también comenzó a transitar el camino del folk a mediados de 1968. Así consiguió su primer hit con “Space Oddity, que más que el resultado de una búsqueda artística pareció ser un certero golpe comercial aprovechando el alunizaje de 1969. De igual manera que Bolan, Bowie seguía a rajatabla las consignas progresistas hippies de paz y amor, e incluso interpretó su performace de mimo titulado “Jetsun and The Eagle” durante algunos conciertos de Tyrannosaurus Rex entre 1968 y 1969.

Viendo el suceso repentino en Londres de los laboratorios de arte, Bowie decidió fundar el suyo propio en Beckengham. Estos “art labs” serían muy importantes en el futuro desarrollo y masividad del glam rock en Gran Bretaña, especialmente por las nociones performativas y la ambigüedad sexual de las personas que participaban de los happenings de aquellos tiempos. Su eslogan “No hay límites” entraría en sintonía con el infinito de fantasía erótica que el género propondría y al mismo tiempo diferenció fuertemente al movimiento de los lineamientos hippies que entraron en decadencia al querer ocultar la gran descomposición social que sucedió desde fines de los años sesentas debido al exceso de drogas que atravesó a la juventud y a la sociedad británica en general.

La reinvención estética de Marc Bolan durante los setenta

1970 sería el año cero del glam y su futura explosión como movimiento cultural. Durante el cambio de década, y a contramarcha de lo esperado, el espíritu que atravesó a los jóvenes de la época fue el de un vacío existencial en lugar de un mundo lleno de paz, amor y prosperidad. Un ejemplo claro de esto fue el movimiento que surgió en Detroit de la mano de artistas como Iggy Pop & The Stoogies y MC5. A la idea de conmover y desbordar al público a través de los shows en vivo, ambos artistas le sumaron una filosofía de caos y confusión que había propuesto The Velvet Underground durante los años sesenta. Parte de esta actitud disruptiva y contracultural que se sentía en el aire sería otro factor clave en la constitución de la base de la popularidad del glam, con sus hordas de fanáticos que poco tenían que ver con los fans de la cultura psicodélica.

Mientras Bowie comenzaba a decepcionarse de la comunidad hippie, a la cual criticó como “un mercado de inconformistas” (episodio que menciona el crítico Simon Reynolds en su libro Como un golpe de rayo), Bolan estaba listo para pasar de la clandestinidad del folk al estrellato del glam rock. Es en 1970 cuando reduce el nombre de su banda a simplemente T. Rex, despide a su compañero Steve “Peregrin” Took, incorpora en percusión a Mickey Finn, quien le daría una base más funky a su música y vuelve a tocar la guitarra eléctrica. Influenciado por sus referentes Syd Barrett y Donovan, Marc buscaba tomar una estética eduardiana propia del período político inglés de comienzo de siglo, y fusionarla con el boogie, un estilo de blues al piano que también había tenido sus inicios en la primera década del siglo XX.

Cuando en diciembre de 1970 publica el single “Ride a White Swan“, la sublimación de la sexualidad del blues al baile ya estaba lograda y Bolan estaba listo para tomar su lugar como pionero del glam rock. Un mes después graba “Hot Love”, canción que trae la primera aparición de los famosos coros en falsete que se volverían tan distintivos en el sonido de la banda. Así Bolan lograba el primer número 1 de su carrera y se consagraba ante el público del programa Top of The Pops de la BBC en marzo de 1971, impactando al mundo mediante el magnetismo de su imagen y lo pegadizo de su música.

Esta presentación televisiva dejó en claro el nuevo universo musical y cultural: la comunidad musical joven de principios de los años setenta ya no se iba a mover en la dicotomía de negros y blancos, sino que el patrón de sus formas creativas va a estar determinado por el antagonismo generado por la tensión heterosexualidad-homosexualidad. Al mismo tiempo, la conciencia panteísta de los años sesenta que los jóvenes habían desarrollado influenciados por la religión hindú y budista, estaba siendo dejada de lado por una conciencia hedonista del disfrute, aprovechando el fracaso de la experiencia comunal de la década pasada y la emergencia de nuevas subculturas artísticas y de género sexual.

Bolan abrazaría otro número 1 en julio de 1971 con el single “Get It On“, un guiño musical a Chuck Berry que preludió la explosión de Electric Warrior, el disco que lo consagraría como el artista con más discos vendidos desde la Beatlemanía. El álbum producido por Tony Visconti (anterior productor de Bowie) se mantuvo en la cima de los charts durante semanas, y es entonces cuando el sello discográfico de Bolan decide editar el compilado Bolan Boogie y reeditar su trabajo como A Tyrannosaurus Rex, logrando que Marc sea el primer artista desde The Beatles en poseer tres álbumes números 1 al mismo tiempo. Era de tal magnitud el éxito comercial de Bolan y T. Rex que en solo seis meses habían vendido 16 millones de discos, lo que representaba el 4% del total de ventas del mercado de música británica.

David Bowie y su fantasía andrógina

Mientras explotaba la T-rexmanía, Bowie se encontraba en una etapa de profunda transición. Influenciado por su novia Angie y sumando la experiencia gestual y actoral que adquirió con Lindsay Kemp, comenzaba a explorar su identidad andrógina a través de su cabellera e indumentaria prerrafaelita. Asiduo concurrente de los vanguardistas barrios de Notting Hill y Ladbroke Grove, Bowie fue dándose cuenta que la verdadera contracultura de entonces se encontraba en el mundo de la clandestinidad gay. Así, en 1970 comenzó a demoler parte de sus fantasías hippies con The Man Who Sold The Word, el disco de transición que le permitió entrar en contacto con lo que serían a futuros dos grandes compañeros musicales: el guitarrista Mick Ronson y el ingeniero de sonido Ken Scott, futuro productor de The Rise and Fall of Ziggy Stardust & The Spiders from Mars.

David Bowie durante la sesión de fotos de Hunky Dory – Foto: Parlophone

Pero fue finalmente con Hunky Dory en 1972 que Bowie comenzó a atar cabos y a celebrarse como un artista auténtico y de primer nivel. Para esto fue importante la influencia de la cultura urbana que percibió en su viaje por los Estados Unidos, especialmente de la música de artistas como Iggy Pop y Lou Reed, y de la estética y filosofía de la Factory comandada por Andy Warhol. Si T. Rex era sexo sublimado al baile, Bowie glorificaba la ambigüedad sexual para pensar al glam rock como hedonismo futurista.

Afectado por la rama del budismo Mayahana, que ve al mundo cotidiano como una mera ilusión, y por el concepto de “mentiras blandas” de la publicidad de los años sesenta, Bowie fue definiendo su futuro alterego Ziggy Stardust. Luego de una descolorida presentación en el Glastobury Fayre de 1971, Bowie llegó a la conclusión de que para hacer un impacto debía apostar a lo andrógino, ya que la percepción sexual del hombre y de la mujer luego de la revolución psicodélica había entrado en una etapa de metamorfosis. A través de su vestimenta influenciada por la película La naranja mecánica y por el diseñador japonés Kansai Yamamoto, comenzó a popularizar la androginia en sus entrevistas y apariciones públicas, hasta terminar de declararse gay a comienzos de 1972 en una entrevista con la revista Melody Maker.

Ziggy Stardust se construyó a partir de personajes distópicos y míticos que llamaron la atención de Bowie por su mezcla de magnetismo y decadencia romántica. Así de la extravagancia de Vince Taylor, un cantante ignoto de los sesenta fascinado por los ovnis, tomó parte de su gestualidad. El nombre Ziggy estuvo probablemente influenciado por el de Iggy Pop, con quien ya tenía un lazo de amistad que sostuvo durante toda su vida. Stardust es un homenaje a un cantante norteamericano de country llamado Norman Carl Odmon que se presentaba en vivo como “The Legendary Stardust Cowboy”. Así Bowie lograba sintetizar las sensaciones de alienación de Taylor, lo desafiante de Iggy y el exotismo de Odmon, un reflejo de los sentimientos que más lo atrajeron desde que inició su carrera como artista.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust se grabó entre septiembre de 1971 y enero de 1972, en un proceso de grabación que imponía un máximo de tres tomas por canción. El álbum es un viaje hacia la endogámica decadencia que provoca la fama en el rock and roll, revestido por paisajes apocalípticos que hacían a la esencia estética y filosófica de su personaje protagónico. Desde el inicio con “Five Years”, pasando por la épica “Moonage Daydream” hasta llegar a “Rock ’n’ Roll Suicide”, el disco muestra influencias vocales y musicales que van desde Jacques Brel, pasando por The Velvet Underground y The Stoogies hasta llegar al mismo T. Rex de Marc Bolan. Además, la dualidad estética hetero-homo que generaba con su guitarrista Mick Ronson (vale recordar el famoso abrazo de David a Mick durante la presentación de “Starman” en Top of The Pops) llevó el imaginario de la cultura rock un nivel nunca antes pensado, influyendo a futuros artistas y consagrados como Mick Jagger.

A diferencia de la afición por las joyas lujosas y brillantes de T. Rex, Bowie iba a estar fascinado por la ambigüedad sexual y en la exacerbación de signos estéticos que apuntaban a una metamorfosis de la figura humana por formas alienígenas. Se trataba del mismo proceso camaleónico que había desarrollado durante toda su carrera (donde fue mod, hippie y cantautor folk), con la diferencia que esta vez el contexto artístico y comercial le fueron favorables para llegar al éxito y la consecuente masividad. Fue tan letal y perfecto el plan de marketing de Bowie que solo pasaron cinco meses desde su intrascendente paso en septiembre por Glastonbury Fayre hasta convertisre en la portada de la revista británica NME en marzo del año siguiente.

Ziggy Stardust combinaba una suerte de mesianismo con un dote actoral y un cinismo ácido que caló hondo en la juventud de los setentas. Así se rompía definitivamente con la década anterior para inaugurar una nueva época en la que el rock poco iba a tener que ver con lo comunitario y el consuelo hippie. De la misma manera en que The Beatles habían masificado al cultura psicodélica con su Sgt. Pepper’s, Bowie le daría una relevancia masiva a la cultura gay que había emergido a fines de los sesenta y aún no había encontrado un artista musical que lo representara de forma digna. Al mismo tiempo, su talento y voluntad de fama contaban con un aparato publicitario muy superior al de Marc Bolan. De la mano de su manager Tony Defries y el fotógrafo Mick Ronson, fue comprando diferentes espacios publicitarios claves en las revistas para que sus ideas y estética sean ampliamente difundidas en el mundo de la opinión pública, más allá de lo estrictamente musical.

David Bowie como Ziggy Stardust en 1972

El glam no fue un fenómeno puro como la Beatlemania y Bowie era plenamente consciente de los procesos de ascenso y caída del estrellato que hieren la autenticidad y el legado de los artistas. Por eso en The Rise & Fall of Ziggy Stardust el objetivo de Bowie estaba planificado desde su título, tomado de una canción de la agrupación The Rats editada en 1967 llamada “The Rise and Fall of Bernie Gripllestone” y que entre sus integrantes tuvo a John Cambridge, previo baterista de Bowie antes de la llegada de Woody Woodmansey; hasta el concepto de la canción que cierra el disco, “Rock ’n’ Roll Suicide”, cuya letra estuvo inspirada en el poema del escritor español Manuel Machado “Tonás y livianas”.

El ejercicio de Bowie de suicidar artísticamente a su personaje en el Hammersmith Odeon implica un ejercicio de sagacidad y riesgo artístico como pocas veces se observó en la historia del rock. Mientras T. Rex llenaba el estadio Wembley ya por marzo de 1972 y confirmaba al glam rock como la primera subcultura que se imponía desde la psicodelia de los sesenta, David planificaba la caída de su alterego. Quizás lo pensó como una manera de cuidarse a sí mismo de los famosos quince minutos de fama, pero al mismo tiempo se anticipó astutamente a la futura anacronía de la moda del glam con una sensibilidad y picardía pocas veces vista en la cultura rock, y que más adelante le serviría para reinventarse continuamente durante los años siguientes. Bolan, por el contrario, pese al relativo éxito de su siguiente LP The Slider con grandes canciones como “Telegram Sam” y “Metal Guru”, sucumbió a los excesos de su propio ego. Al no contar con socios musicales y comerciales adecuados que lo llevaran a evolucionar, terminó sucumbiendo al alcoholismo y las drogas duras que iban a mermar su potencial artístico y musical a futuro.

A cincuenta años del momento cumbre del glam rock, nos quedamos con la conclusión de que se trató del primer movimiento musical que le habló de nuevo a una generación joven, algo que no sucedía desde la explosión de The Beatles y The Rolling Stones a comienzos de la década anterior. El encanto y fascinación artística que nos legó fueron claves en el posterior desarrollo de corrientes musicales que volverían a sacudir a la juventud como el punk (de hecho, el riff de “God Save the Queen” de Sex Pistols fue inspirado en “Hang on to Yourself” de Bowie). Su alcance incluso llegó hasta comienzos de los años noventa con el fenómeno británico que fue Suede, a través del tándem que formaron Brett Anderson y Bernard Buttler que trabajó como una reinvención musical y estética de la dupla Bowie-Ronson. Su retrato poético, que mezcla la habilidad para seducir a las masas con el mesianismo ególatra de sus dos grandes líderes, Marc Bolan y David Bowie, da cuenta de la fantasía que dejaron en el imaginario de una juventud y una sociedad que comenzaba a reformular su tejido social, y las formas y maneras de comprender su sexualidad a través de la cultura rock, como nunca antes lo había hecho en el pasado.