Categorías: Coberturas
| Publicado
01/09/2015

Cobertura: Clap Your Hands, Buenos Aires!

Fotografía: Max Teves

Alec Ounsworth se tomó el escenario de Niceto Club en compañía de sus tres músicos pasadas las diez de la noche, luego de que la velada había sido calentada por las dos bandas locales encargadas de abrir el show: Hurricane Heart Attacks y Los Asteroids.

A los asistentes nos había sido prometido un recorrido completo por el aclamado álbum homónimo de Clap Your Hands Say Yeah, con el cual habían debutado en 2005, y logrado reconocimiento a nivel global sin siquiera haber firmado con una disquera. Gracias a la magia del boca en boca virtual, que por entonces concretamente consistía en muchas visitas y recomendaciones del perfil de Myspace, a través del cual la banda publicaba su música para los que atravesábamos nuestra adolescencia durante esos últimos años de la era pre-Facebook.

En cumplimiento de dicha promesa, la primera parte del recital consistió en una interpretación completa de cada uno de los temas del primer disco. El enérgico Alec inició la entonación de “Clap Your Hands!” haciendo uso de un megáfono. Mientras el público coreaba y aplaudía, tal y como lo demanda la circense intro que daría comienzo al setlist.

Fotografía: Max Teves

Siguiendo religiosamente el orden de las canciones en el disco, vinieron “Let the Cool Goddess Rust Away”, “Over and Over Again” y demás temas, mientras que el público parecía cada vez más compenetrado y a la espera de cualquier ocasión propicia a dar inicio a un pogo amistoso. En más de una ocasión el vocalista, líder de la banda -quién es por cierto el único miembro que persiste de la formación original-, abandonó su guitarra para tomar el mando del teclado y dar vida a melodías de una amabilidad casi familiar, tan entrañables como vivaces.

La seguidilla de tres canciones que inició con “Sunshine and Clouds”, a continuación de “Details Of The War”, culminó con “The Skin of My Yellow Country Teeth” y los espectadores tarareando fuertemente los riffs de la guitarra y la secuencia del sintetizador incluso después de terminada su ejecución por parte de los músicos. Luego vinieron “Is This Love?”, “Heavy Metal” (con la que llegaría el ansiado pogo en frente de la tarima) y más canciones del mencionado disco, tocadas de forma entusiasta, a su vez que Alec hacía gala de un gran carisma y una actitud muy afable que lo hizo una presencia aún más luminosa sobre el escenario. La sección del show correspondiente a aquel álbum llegó a su término con “Upon This Tidal Wave of Young Blood”, en medio del baile, la euforia y demostraciones de afecto de parte de la mayoría del público.

Fotografía: Max Teves

El delgado y alto Alec aprovechó para hablar un poco acerca de su visita al país, mencionando que había tenido más de un día previo a su presentación para conocer un poco la ciudad y que le parecía “fucking amazing”.

En la segunda tanda del show, la agrupación estadounidense presentó canciones pertenecientes a Some Loud Thunder (2007) como la contagiosa “Satan Said Dance”, con la cual vendría un espectro sonoro mucho más electrónico instrumentalmente, con potentes beats de fondo y muchos arreglos sintetizados; así como algunos cortes pertenecientes a su más reciente producción Only Run (2014).

Aunque el cierre estuvo a cargo de “Adam’s Plane”, la piernas de Alec se sacuden lentamente a la par de cuando parafrasea durante aquel emotivo track semi-acústico proveniente de su disco Hysterical (2011) con el que los asistentes surfearon sus hombros hasta el último segundo.

Al final de la noche, esa agrupación llamada Clap Your Hands Say Yeah había tocado un total de 18 temas y entregado un espectáculo a la altura de las expectativas de sus seguidores de larga data, en el cual tuvieron la oportunidad de vibrar al ritmo de canciones que, al menos para algunos, ya estarían en condiciones de ser consideradas clásicos. De igual forma, y más allá de que su nombre remita a la acción misma de aplaudir y vociferar sin miedos, CYHSY ratificó ostentar el poder de hacerte querer bailar como un niño de ocho años. Todo un mérito.

Fotografía: Max Teves