morrissey

Resulta imposible encontrar las palabras exactas para describir con justicia lo que ocurrió el pasado 10 de diciembre en Buenos Aires. Sin embargo, el intento de narrar las experiencias que en cierto modo nos exceden –más allá de los videos y las fotos borrosas que podamos conservar en nuestros celulares- nos ayuda a fijarlas en la memoria para que no se nos escapen con el transcurso del tiempo. En un día tan cargado de política y sentimientos encontrados, con el traspaso presidencial de la Argentina llevándose a cabo en la Casa Rosada, el gran Morrissey se presenta en el Luna Park para dar su segundo concierto de la gira en el país, luego de colmar el Teatro Ópera con entradas completamente agotadas.

El show está anunciado a las 21 hs, pero como bien sabemos, a Steven Patrick le gusta desafiar las tradiciones inglesas, y rompiendo con el cliché de la puntualidad se asoma al escenario a eso de las 21.30 hs frente a una multitud mayormente joven y ansiosa que ya venía aclimatándose con una serie de videos proyectados en las pantallas, que por más extraños y bizarros que parecieran, de algún modo cobraban sentido en semejante contexto. Para comenzar el espectáculo, la elegida es “Suedehead”, esa clásica y emocionante súplica desgarradora coreada con pasión por el público, seguida de la bellísima y esperanzadora “Alma Matters”. Casi sin un respiro llega la primera de las cinco de The Smiths que sonarían en la noche: “This Charming Man”, con una notoria ausencia de la inolvidable guitarra de Johnny Marr, pero magnífica y explosiva de todas formas. Para no bajar la exaltación, los saltos y sonrisas siguen con “First of the Gang to Die”. La muerte siempre omnipresente, de alguna forma u otra, también en “You Have Killed Me”. Sin embargo, Morrissey parece encontrarse muy lejos de eso a pesar de su reciente enfermedad: con su voz intacta, vital y entero, de buen humor e interactuando con el público. Sobre su figura se podría pensar que convergen diversas facetas de fanatismo. Están los que comenzaron enamorándose de The Smiths, aquella banda que aún sigue trascendiendo generaciones y sellando corazones con su discografía casi impecable, y admiran a Moz por ser el hombre encantador que vocalizó esas magníficas poesías trasformadas en enigmáticas canciones. También otros habrán comenzado simplemente a escucharlo a él, ya que no caben dudas de que logró consolidarse como solista desde que comenzó a transitar ese camino, siendo hoy una leyenda de la música que utiliza su maravilloso arte como herramienta para transformar la realidad.

El discurso político empieza con “World Peace is None of Your Business”, titulada como el disco que vino a presentar, con una imagen de Martin Luther King exhibida de fondo y una pequeña versión de la canción en castellano, por si el mensaje no había quedado lo suficientemente claro. “Speedway” suena con todo el esplendor de la gran cortina de músicos que lo acompañan, y entonces los primeros acordes de “How Soon is Now?” nos sumergen en un trance con luces rojas titilantes y enceguecedoras, de repente cerramos los ojos y estamos en un antro en los suburbios de Manchester mientras escuchamos de fondo este clásico atemporal e inagotable. “I’m Throwing My Arms Around Paris” sigue como anillo al dedo para homenajear a las víctimas del reciente atentado en la capital de Francia, con la bandera tricolor de fondo. Nos relajamos un poco con la ternura y sensibilidad que conserva hasta su último álbum mientras suena “Kiss Me A Lot”. Claro que igualmente no iban a faltar los palos a la corona británica: Moz despliega su discurso antisistema y afirma que “algunas personas están de acuerdo pero no saben por qué”, y la respuesta está en “The World Is Full of Crashing Bores”, que la canta con furia mientras señala una foto de Kate Middleton y el príncipe Harry con la leyenda “United King-dumb”, sumido en la indignación.

Luego de “Staircase at the University” se repite la perlita que había tenido lugar el día anterior en su show del Gran Rex: Morrissey entona con simpatía el estribillo del tema de nuestro querido Leo García que lleva su nombre. El clima de risas continua relajado con un bonito cover de “You’ll Be Gone” de Elvis Presley. Como un paralelismo de la vida misma, Moz sabe balancear en sus shows los momentos de disfrute desinteresado con aquellos en los que se requiere seriedad y atención absoluta, por eso a continuación llega “Ganglord” acompañada de un brutal video de represiones policiales que captura la atención de todos. Por alguna razón poco casual y muy causal, o mejor dicho consecuente, se le ocurre comentar al término de la canción aquello que la mayoría estaba tratando de olvidar: “¡Así que tienen un nuevo presidente!”, y más de la mitad del estadio se alza con fuertes abucheos. “¿Les gusta?”, la respuesta se repite acentuada y se dibuja una sonrisa irónica en su rostro. La situación funciona como una forma de rectificar que el fanatismo por este británico disconforme no sólo se relaciona con su magnífica música: también tiene que ver con una visión del mundo que se corresponde. A continuación suena “Mama Lay Softly on the Riverbed”, pero Moz no puede con su genio: “Me quedé pensando en lo que dijeron recién”, y agrega algo así como “¿Se dan cuenta de que no les gusta y de que nunca les va a gustar porque están todos cortados con la misma tijera? De otra forma no podrían ser quienes son. El régimen entero tiene que cambiar. No más presidentes, no más primeros ministros, mierda, mierda, mierda”, y con una intro de piano que nos da tiempo a reflexionar, comienza otro de los hits más esperados de la noche: “Everyday is Like Sunday”. Nos abstraemos un poco pero volvemos rápidamente a la realidad, esta vez repudiando las corridas de toros en España con “The Bullfighter Dies”.

Moz continúa con “Jack the Ripper” y entonces nos regala una inesperadísima pero hermosa sorpresa: “What She Said”, de The Smiths, coreada y bailada por los que la reconocen. Lo más probable es que quisiera alegrarnos antes de atravesar la parte más dura del recital que llega a la hora de “Meat is Murder”, del álbum homónimo que también contiene la canción anterior. Por si no sabemos cómo mueren los animales, tal como nos pregunta la letra del tema, ahora tenemos la oportunidad de verlo con toda claridad con un explícito video no apto para sensibles que se proyecta durante eternos y tortuosos minutos en las pantallas gigantes, dejando al público casi sin otra opción más que mirarlo atentamente tal como en una escena de La Naranja Mecánica. Las shockeantes imágenes se llevan unos cuantos desmayos, algún que otro vómito y posiblemente hayan generado en muchos la imposibilidad de volver a consumir alimentos a base de animales, demostrando que a veces es necesario el impacto para generar consciencia. Una campaña sin dudas cruda y fuerte, pero efectiva. “La carne es asesinato, ¿cuál es tu excusa ahora?”. Adiós al asado del fin de semana.

Quizás el baile sensual de Moz en “Let Me Kiss You”, con esa letra tan autodestructiva como divertida, haya sido la única forma de revitalizar a los que habían perdido la consciencia o entrado en estado de shock minutos antes, pero para cuando la mayoría se recompone termina “I Will See You in Far-Off Places” y se anuncia la introducción del inconfundible final. Así es, “The Queen is Dead”, pero la magia de The Smiths perdurará en el tiempo y espacio trascendiendo las barreras de la mortalidad humana -a pesar de que la vida pueda parecer muy larga cuando estás solo-, como aquella luz que nunca dejará de brillar. Y el eterno rey de los sentimientos profundos y de las causas justas, aquél que comprende al mundo con una sensibilidad extraordinaria y posee el don de tornar las tristezas más amargas en hermosas melodías, fue, es y será para siempre nuestro querido Morrissey, Morrissey, Morrissey.

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