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02/06/2022

Crítica de Heartstopper: Un amor sano lejos de la toxicidad

La nueva producción de Netflix logró enternecer y visibilizar romances LGBTQ+ sin recurrir a los habituales vínculos tóxicos, obsesivos o trágicos.

Heartstopper, la nueva serie de Netflix basada en las novelas gráficas de Alice Oseman, cuenta la relación entre Nick (Kit Connor) y Charlie (Joe Locke), dos adolescentes que empiezan siendo amigos hasta que la química entre ellos despierta sentimientos más profundos. La producción presenta mucha diversidad en su cast para la comunidad LGBTQ+, además de representar a una de las minorías que quizás tengan el menor protagonismo en pantalla: los bisexuales.

La primera palabra clave a la hora de hablar de Heartstopper es vulnerabilidad. Charlie está acostumbrado a sentirse pequeño e invisible: el primer chico del colegio que accede a verse a escondidas con él lo trata con total menosprecio, desinterés y sin empatía. En el equipo de rugby lo burlan e incluso sus amigos lo tienen como un enamoradizo empedernido. La primera vez que parece seguro y confiado es cuando empieza a pasar más tiempo con Nick, quien también deja verse frágil y perdido. Los personajes de Alice Oseman prueban algo distinto y, en vez de ocultar sus inseguridades, las comparten con total naturalidad.

Otro punto importante de su relación es la honestidad, ya que la comunicación es la base de cualquier vínculo sano. Se necesitan conversaciones incómodas y contar incluso aquello que puede llegar a molestar al otro. Cuando Nick le pide a Charlie mantener en secreto que estaban saliendo, constantemente le pregunta si se siente bien con eso. Otro ejemplo de buen diálogo se da el día que Nick acepta -por presión social- salir con una compañera y, al contárselo a Charlie más adelante, admite: “no sabía cómo negarme sin avergonzarla”. Se pueden contar las cosas porque no le tienen miedo al otro, sino confianza.

Heartstopper. Foto: Netflix.

Por supuesto que la confianza no se crea sola, sino con otro punto que marca una gran diferencia entre algo abusivo o sano: el respeto. Charlie le tiene paciencia al tiempo que Nick necesita en su proceso de descubrimiento. Es muy delicado acompañar a alguien en el cuestionamiento de su heteronormatividad. Los tiempos no los pueden marcar de afuera, solo la persona que está planteándose partes de sí misma. Es válido que Nick precisara tiempo para definir si se sentía a gusto saliendo con un chico. Así como también era válido que Charlie, tras haber sufrido un vínculo escondido y como si se avergonzaran de él, no estuviera dispuesto a pasar por eso nuevamente.

La clave de lo sano es no imponer, sino respetar. Un ejemplo muy claro de consideración al otro es que en su relación, ambos se preocupan si una dinámica del vínculo incomoda al otro. Uno de los mayores logros de la serie fue mostrar la sexualidad juvenil desde un lado más inocente y calmo.

No todos los adolescentes se sienten preparados para explorar el área íntima a los quince, dieciséis años, aunque tantas series actuales lo muestren como la regla. “Te dijo que pararas”, dice Nick del modo más claro posible cuando otra persona fuerza a Charlie a darle un beso. Es notable cuánto contraste hay entre esa escena violenta y la que comparten junto a las máquinas de regalos episodios después, donde Charlie le confiesa que tiene muchas ganas de darle un beso -lo comunica en vez de seguir su impulso sin pensar en el otro- y aguarda a que Nick le confirme si él también quería besarlo. Así es cómo Heartstopper logra enternecer y visibilizar romances LGBTQ+ sin recurrir a los habituales vínculos tóxicos, obsesivos o trágicos. Para quienes ya extrañen a Nick, Charlie y sus amigos, la serie fue renovada por dos temporadas más.

Heartstopper está disponible en Netflix.


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