En consonancia con el escenario en plena tala que deja al descubierto abusos y acosos sexuales de todo tipo –específicamente en el mundillo del espectáculo y en el supuesto serio mundo de la actuación–, desde esta sección, dedicada a la divulgación, a la crítica, a la escritura de, sobre y para el arte escénico (entre otras cosas), acompañamos la tarea que las actrices están llevando a cabo de manera colectiva en nuestro país.

La denuncia pública que realizó la joven actriz Thelma Fardin, enmarcada en una conferencia de prensa que dio la colectiva Actrices Argentinas el pasado martes 11 de diciembre, donde relata de modo estremecedor cómo fue violada por el galán de telenovelas Juan Darthés (quien ya acumula varias denuncias por acoso y abuso sexual), no esquiva cifras aterradoras que ramifican la alerta hacia una sociedad que se declara ya hace tiempo en estado de emergencia contra la violencia.

Crecer escuchando comentarios que indican que para llegar a ocupar tal o cual puesto de trabajo, o para interpretar tal o cual papel, o para tener ciertos “privilegios” en ámbitos donde el poder es ejercido por coerción, en primera instancia, y es moneda corriente, se encuentra precisamente en sintonía con la heterotopía, que propicia espacios de pensamiento homogéneos y fragmentados aun cuando la heterogeneidad es la principal característica que se percibe a simple vista. Nos lleva a pensar en los claustros donde todo se sabe y nada se dice, donde se comenta por lo alto y se calla en los actos, donde el adentro representa la totalidad del mundo y el afuera un exilio, una barbarie, un castigo. Inversión paradójica (la del adentro y el afuera) que sostiene a la máquina de repetidores compulsivos y la jerarquización que homogeniza los espacios.

Esa complicidad demagógica, que se sostuvo durante décadas para mantener un status quo que alimentara a los que están enclaustrados, es la que en parte denuncian hoy las actrices y es la que sufrimos en carne propia millones de mujeres en el mundo. La denuncia pública de Thelma Fardin, hecha 9 años después de que ocurriera lo denunciado, hizo que llegara a mis oídos un comentario nefasto, petulante y asqueroso: “No sé qué le pasa a las mujeres boluda, están como locas ahora, todas juntitas salen a denunciar cosas que pasaron hace 9 años. ¡Todas contra los tipos ahora! Seguro es mentira… Andá y hacelo en la justicia que es donde se hacen las denuncias”.

No es curioso que lo hiciera una mujer de 38 años, profesora de educación física, de clase media. Tampoco es curioso, lamentablemente, que esa mujer tenga a cargo pibes que se educan en el colegio secundario. Habría que preguntarse qué pasa con la educación. ¿Es la E.S.I. suficiente herramienta para dar un paso concreto en las instituciones educativas? ¿De qué educación estamos hablando? ¿Qué pasa con el sistema educativo, con esos pibes que escuchan comentarios de esa índole casi a diario porque se comenta por lo alto y todos pueden escuchar cómo es mejor callar en los actos? ¿Qué pasa con los pibes que sufren acoso y abuso sexual y tienen que someterse a ser educados por gente que piensa de esa manera? Y es solo un ejemplo.

La cifra arrojada por las actrices en la conferencia de prensa fue del 66%, correspondiente a una encuesta del SAGAI. Ese porcentaje responde solamente a intérpretes que afirmaron “haber sido víctimas de algún tipo de acoso y/o abuso sexual en el ejercicio de la profesión”. El desvío de la excepción a la norma es obligado: imposible no pensar en cuántas mujeres en la sociedad crecieron con acosos y/o abusos sexuales de por medio, cuántas somos las que sufrimos ese tipo de violencia en edades tan prematuras como Thelma Fardin, y cuántos sin nombre figuran en la lista de acosadores sexuales.

¿Cuál es el porcentaje real de víctimas de acoso y abuso sexual? ¿En la justicia se hacen las denuncias, para qué? ¿Qué justicia es la que se dirime en el Estado? ¿Qué tipo de poder se ejerce desde el poder judicial? ¿Cuál es el porcentaje real de víctimas de acoso y abuso sexual que llegó a la justicia y nunca nos enteramos? ¿No es acaso el poder judicial parte de este sistema cínico y circular, especular? ¿Cómo no quedar enclaustrado cuando la máquina omnímoda devora los asuntos inclasificables para vomitarlos en forma de copias originales?

Cabe mencionar que no es esto una declaración contra la implementación de la E.S.I., como tampoco una instancia que propicie el desaliento a realizar denuncias en el sistema judicial. Sí, la E.S.I. debe implementarse para que la sociedad deje de estar al margen de una educación que debería ser básica, es decir, debería configurar las bases de conocimiento de cualquier persona para luego poder actuar teniendo conocimientos sobre lo que se aborda. Pero es solo un paso, una herramienta, y dará frutos a larguísimos plazos si se implementa de modo correcto y en todos los sectores socio-económicos.

Otra es la luz que se hecha sobre el sistema judicial a esta altura, donde la desconfianza en éste ha aumentado en gran escala a causa de diversos factores que no vale la pena señalar aquí. Es en las falencias, en los agujeros, en las carencias, donde el uso de la tecnología puede de pronto dar un giro a favor de la vacancia en temas que perforan la ley, o que son excluidos y destratados por ésta. Las redes sociales se convierten entonces en una fuga de contenidos que pueden poner en circulación con una energía incalculable motores que de no existir tales redes quedarían completamente inútiles, inmóviles.

Desde nuestro lugar, que es la escritura, y entendiendo ésta como acto performático pero también como inscripción de lecturas, olvidos y memorias, donde confluyen decir y metáfora del decir, cultura, distancia y acción, vanguardia, resonancia y síntoma de un sistema que pivotea entre el afuera y el adentro, apoyamos la denuncia pública (y la publicación de denuncias bajo consentimiento) de las víctimas de acoso y abuso sexual, y estamos fuertemente abrazados a todas las voces que gritan y salen del claustro.

Condenamos todo tipo de violencia ejercida bajo la tutela y el ejercicio de poder, como así también todo lavaje de cara y encubrimiento que realizan medios de comunicación y comunicadores sociales, directivos y productores de programas. Toda persona que no se hizo cargo de denuncias sobre violencia fue cómplice y promotor del silencio de las víctimas y del desarrollo de acosos y abusos sexuales. Desde Indie Hoy también gritamos: ¡BASTA!