Las redes sociales aprendieron a manipular el tiempo, a convertirlo en algo laxo. El universo digital entendió la moderna necesidad del reciclaje y le dio al algoritmo la posibilidad de hurgar en el pasado para darle un ropaje fresco a lo que estaba en desuso. Esto es lo que sucedió con “Duvet”, el sencillo lanzado por la banda inglesa Bôa a fines de los 90 que les permitió acariciar una fama parcial de manera temporal. Pero no fue hasta octubre del año pasado que el single obtuvo la certificación de platino (RIAA): 27 años después de su publicación, y gracias a la masividad de videos en Instagram y TikTok que lo utilizaron como background, alcanzó lo que la maquinaria de la industria musical no pudo ofrecerle en tiempos de bateas y CD’s.
Para Jasmine Rodgers, vocalista del grupo e hija del reconocido músico Paul Rodgers (Free, Bad Company, Queen + Paul Rodgers), la fortuita conexión de las nuevas generaciones con una canción publicada antes de que el primer iPhone saliera a la venta, se debe a la genuinidad de la letra: “Las cosas que me perturbaban estaban presentes en nuestras canciones de una manera auténtica: las sentí y las viví. Y creo que cualquiera puede atravesar las mismas experiencias o tener sentimientos similares, como la búsqueda introspectiva de quién es uno. Es la conexión con algo auténtico”.
La oscuridad es la ausencia de luz y así funciona el compacto maridaje musical de Bôa: una carga densa y lacerante cubierta de caricias como gesto esperanzador. La aflicción de un bajo a cargo de Alex Caird, la batería de Lee Sullivan que evita la sobrecarga o el protagonismo y la voz de Jasmine Rodgers como rayo luminoso para combatir la penumbra; todo interferido por guitarras distorsionadas y protegido con vibrantes arreglos de cuerdas. Abandonos, conflictos amorosos, vulnerabilidad emocional, heridas que el inconsciente se empecina en rememorar, o la enrevesada introspección como viaje inexcusable de esta vida, son apenas algunas de las temáticas que abordan sus letras.
“Actualmente se habla más sobre salud mental, aunque no sé si es algo que sucede a nivel internacional“, reflexiona Jasmine sobre sus composiciones en conversación con Indie Hoy. “La gente es más consciente de cómo la vida nos impacta de ciertas formas y, por suerte, hoy somos capaces de hablar al respecto en vez de enterrar lo que nos pasa”. Lee se suma a la reflexión y dice que la situación fue cambiando con el paso del tiempo en sintonía con los logros del feminismo: “Cuando era joven te decían que actúes como hombre, de manera valiente y fuerte. Ahora hay una comunicación más fluida entre amigos para conversar y motivarnos mutuamente en diversas situaciones”.

Jasmine y Lee entienden las ambivalencias del negocio discográfico y son conscientes de que el murmullo de la gloria no suele ser eterno, pero muchas veces encandila. Décadas antes a su viralización en redes, la utilización de “Duvet” como opening theme para la serie de anime Serial Experiments Lain (1998), ayudó con la difusión de su álbum debut, The Race of a Thousand Camels (1998). Musicalmente, quedaba atrapado en un rock alternativo dispuesto a dar sus últimas batallas antes de que géneros como el pop y el hip-hop acaparen las luces del nuevo milenio, pero conectó a la perfección con lo que el público del anime deseaba: la posibilidad de combatir sus demonios en un universo quimérico donde todos podían ser lo que deseaban.
Get There (2025), apostó a una impronta más rockera con bases de guitarras acústicas para balancear la audacia, pero su recepción fue notablemente desigual a la de su predecesor. El lanzamiento marcó el inicio de un un receso de veinte años que sería sorpresivamente interrumpido por la inexplicable viralización de sus canciones en las redes sociales. Un suceso que los integrantes de Bôa no entienden y el algoritmo no puede explicar. Será que no es necesario dilucidar el origen del hecho, sino simplemente contemplar la pervivencia de la música.
De la propuesta solista, ignota, al reencuentro como banda. Del oficio como productores, a ser parte del lineup del Lollapalooza en Chicago, Estados Unidos. De la soledad, al calor del público. Un camino sinuoso de escollos, destierro, y recompensa. Para la cantante ese siempre fue el objetivo, la mera belleza de tocar en vivo para el disfrute ajeno, desobedeciendo al ego y sus ambiciones magníficas: “Es absolutamente increíble, como un sueño. Nunca sabes cuándo las cosas pueden crecer o irse para abajo, tal vez el año que viene estemos tocando en bares. Simplemente amamos la oportunidad de hacerlo”. Y agrega Lee en relación a la diversidad cultural de la capacidad de los auditorios: “Es realmente increíble tener la oportunidad de viajar por el mundo y tocar en varios circuitos, atravesar la experiencia de conocer diferentes culturas. Estuvimos en Turquía, Australia, y varias ciudades de Europa, ahora nos toca visitar Latinoamérica. Nosotros somos personas que venimos de un lugar pequeño tratando de experimentar cosas nuevas”.
En 2024, les ofrecieron regresar al estudio. La propuesta era amplia: trabajar en demos o material inédito de los primeros años, o grabar un disco completo de canciones nuevas. La incertidumbre duró poco, la química estaba presente sin necesidad de esforzar los encuentros. “Alex tenía algunas ideas para las guitarras y, a partir de ahí, empezamos a zapar en el estudio. De forma natural, se empezó a construir un trabajo arduo de todas las semanas y, en menos de un año, el disco estaba listo. La gente del sello quedó sorprendida”, comenta Jasmine sobre un proceso que ellos mismos califican de “mágico y sin estrés ni presiones”.

El resultado final de esa reconexión natural quedó plasmado en Whiplash (2024), una apuesta arraigada a los primeros intentos de Bôa en el rock alternativo, pero que aprovechó las oportunidades actuales de incorporar texturas para enriquecer el sonido. Son 13 canciones dispuestas a demostrar que los géneros pueden añejar tan bien como el vino y que el uso acotado de acordes -muchas veces- resulta positivo. Canciones como “Frozen” y “Shadow” son testigos de que el crecimiento individual a lo largo del tiempo no fue un impedimento para la creación cohesiva y balanceada. “I Don’t Know" decanta como una síntesis de la propuesta artística en forma de un relato introspectivo (“Lo que quiero y cómo me siento, más fácil mantenerlo oculto”) y una amalgama sonora donde todos encuentran su lugar para lucirse sin vanidad. Pero sería imprudente no mencionar a la voz de Jasmine Rodgers como elemento unificador: en temas como “Worry” o “Strange Few” prefirió evitar la sutileza para darle lugar a una bocanada de placer, llena de libertad y arrojo vocal.
Bôa es la demostración de que los tiempos en algunos casos no son lineales, sino caminos zigzagueantes llenos de hiatos. La publicación de videos en TikTok con su clásico sencillo “Duvet”, grabado en 1998, les dio el ticket dorado para volver a girar por el mundo y grabar un álbum, algo que no estaba en los planes y Lee Sullivan pudo resumirlo con simpleza, esbozando una sonrisa taimada: “Hace muchísimo tiempo escribimos una canción que a la gente ahora le gusta. Es algo bizarro, pero increíble”.
Bôa se presentará el domingo 23 de noviembre a las 19 h en C Art Media (Av. Corrientes 6271) junto a Sunlid. Entradas disponibles a través de Passline.









