Con persistencia, tiempo y cierto nivel de obstinación, todos los elementos descarriados que hoy definen la música de Dry Cleaning encontraron su lugar y construyeron un mapa sin fisuras.
El bajista Lewis Maynard, el baterista Nick Buxton y el guitarrista Tom Dowse compartieron distintas bandas durante varios años en su adolescencia y, después, llegaron los treinta: pasó la vida. Dowse era profesor de arte en la universidad de Farnham, Buxton construía muebles y Maynard trabajaba con adultos con dificultades de aprendizaje. Cuando volvieron a cruzarse en un karaoke y cantaron a todo pulmón algunos hits de Deftones, la chispa volvió a encenderse. Por diversión, empezaron a ensayar los fines de semana en el garaje de la madre de Lewis, pero les faltaba una pieza clave: la voz.
Tras algunos intentos fallidos, Dowse tuvo la idea de invitar a una colega de la facultad de artes, Florence Shaw. El único problema: no era cantante ni tenía experiencia alguna componiendo música. Después de mucho insistir, Shaw accedió a acompañarlos en un ensayo y llevó todos sus papeles, cuadernos y notas sueltas para leerlos agazapada en el piso, con el micrófono, mientras cada uno hacía lo suyo con su instrumento. Ante la sorpresa de todos, era la pieza exacta que faltaba para completar el engranaje: en ese instante nacía el estilo que hace a Dry Cleaning única en su tipo. Recién en su tercer disco, la cantante incorporó algún fragmento mínimo de canto por primera vez.
"Son las voces lo que simplemente le dan un toque distintivo a la banda. Así podemos tener una canción como 'Hit My Head All Day' o una como 'Unsmart Lady', que son bastante diferentes, casi dos bandas distintas. Esas voces le dan una identidad y un estilo", concuerda Maynard en conversación con Indie Hoy.
Si adelantamos a marzo de 2020, el grupo llegó a presentarse en vivo apenas un par de veces antes de que el mundo entero se viera obligado a replegarse al interior de sus casas. Crisis mediante, el freno se convirtió en un vehículo: Dry Cleaning fue la banda que todos parecían descubrir durante el aislamiento.
"Para mí, la pandemia hizo que la gente tuviera más facilidad para consumir algo surreal y absurdo, porque el contexto era muy surreal", advierte Flo. "Pasaban muchas cosas muy raras todos los días y parecía que el mundo se adaptaba tan rápido. Eso puede haber hecho que nuestros temas fueran más fáciles de digerir, porque son bastante particulares".
El bajista agrega: "Muchas veces nos preguntan por la pandemia como un antes y un después, pero nosotros no tenemos idea de cómo era antes. Todo lo que sabemos sobre cómo funciona la música es de ese evento en adelante".
La experiencia fragmentada de la realidad llevada a la composición
La letra de "Goodnight" fue confeccionada a partir de comentarios en videos de YouTube. "Magic of Meghan" colecciona parte de la opinión pública sobre el compromiso entre Meghan Markle y el príncipe Harry, mechada con una ruptura amorosa difícil que estaba atravesando Shaw. "Conversation" simula el sonido de un celular vibrando con un "prr prrr, sí, ¿cómo estás?" y fue la apertura de su sesión en KEXP. "Conservative Hell" habla de la brutalidad y la violencia policial. "Unsmart Lady" se ríe de las expectativas irreales sobre los cuerpos, mientras que "Gary Ashby" habla sobre una tortuga perdida, a partir de unos carteles de búsqueda que Shaw veía camino a la sala de ensayos.
La forma en que Florence recita sobre los instrumentos capta la cualidad de la experiencia humana: no un relato con introducción, nudo y desenlace, no la pulcra e implacable coherencia de la ficción o de los grandes relatos, sino la experiencia fragmentada propia de la sala de montaje: quiero comer un sándwich viejo que tengo en mi mochila, perdí a mi tortuga, no aguanto la presión por formar una familia o por ser amable solo por el hecho de ser mujer.
"A medida que nos hacemos más grandes tenemos que empezar a lidiar con responsabilidades más importantes. Y, por otro lado, el ritmo del mundo entero parece estar acelerándose como en un sueño febril. Todo evoluciona demasiado rápido, a una velocidad inédita. Especialmente por la tecnología. Estos elementos se nos aparecen todos los días, preocupaciones grandes o sociales y preocupaciones más personales o insignificantes. Intentamos manejar esos niveles, no dejar que ninguno nos derrumbe: puedo cuidar de mis sobrinos mientras pasa algo gracioso mientras recibo un diagnóstico médico. Por eso surge de forma natural en los temas. Y, quizás, por eso también la gente empatiza o se reconoce tanto en ellas", deduce su cantante. Con esta espontaneidad para cambiar de escala, las letras de la banda inglesa mimetizan nuestro mundo y logran distanciarse de cualquier cliché.
"Siempre me centré mucho en las letras, incluso de chica, cuando ni siquiera tenía la ambición de formar parte de ninguna banda", desarrolla. "Cuando descubrí a The Smiths —una referencia bastante obvia—, me dejó alucinada lo literarias que eran sus letras: divertidas, cautivadoras y variadas. Hasta me gustaban los musicales que pasaban por la tele a mediodía, que tenían canciones con mucha narrativa. Me gustaba tratar de descifrar las letras de Interpol, porque su voz siempre sonaba bastante baja en la mezcla y yo me preguntaba: '¿Qué mierda está diciendo?'. Ese siempre fue mi foco".
La base instrumental sobre la que aparecen estas historias es agridulce, con una energía nerviosa y frenética. "Hay mucho espacio para todos. Cuando componemos, podemos empezar con la guitarra, el teclado o la batería, y cada vez que alguien agrega una capa, el tono de la canción se tuerce levemente", cuenta Lewis. Tanto el guitarrista como el bajista y el baterista se pasan la antorcha constantemente, turnándose en el rol principal a cada momento y en cada canción.
"Encajamos muy bien y, como resultado de esa forma de componer, a veces de repente te das cuenta de que vas a tener que llevar la melodía vos, o el ritmo, o desempeñar el papel de la percusión. En cada canción te ponés en un rol diferente y casi llegás a tocar un instrumento distinto, aunque nunca cambies de instrumento".
Sobre esta dinámica, Florence agrega: "Cada uno está en su propia esquina, puliendo lo propio. Nadie tiene influencia sobre lo que hace alguien más, entonces cuando todo se junta, nos sorprendemos: es como jugar al cadáver exquisito, desdoblar el papel y ver lo que salió de cada uno".

Sus primeros EPs, Sweet Princess (2018) y Boundary Road Snacks and Drinks (2019), tenían elementos decididamente punk, con cuerdas muteadas que rápidamente derivaban en una explosión de riffs y caos, y un bajo de dos notas que actuaba como el latido cardíaco de las canciones. Durante la pandemia compusieron su primer LP, New Long Leg (2021), que contiene su hit "Scratchcard Lanyard" y es el ejemplo perfecto de sus primeros rasgos ejecutados en una versión apenas más pop. Aquel disco, al igual que el segundo, Stumpwork (2022), fue producido por John Parish, conocido por su trabajo con PJ Harvey.
Su tercer y más reciente LP, Secret Love (2026), denota un poco más los viejos amores de sus integrantes por el krautrock, con su circularidad y su lógica minimalista. A su vez, capta con una claridad escalofriante las diferentes personalidades de sus cuatro integrantes: "Yo llegué a la conclusión de que nuestro sonido es como es porque todos los integrantes, los cuatro, somos muy cabeza dura. Si alguien trae una idea que se inclina a cierto género o suena parecido a otra cosa, la terquedad de los demás la lleva en direcciones contrarias. Quizás Nick quiere que suene de una forma que no es la misma que Tom, y al tocar lo van torciendo. Como resultado, siempre sale algo nuevo, eso le da su frescura", dice el bajista.
Secret Love fue concebido después de un largo período de gira que incluyó varios shows como teloneros de Nick Cave, una experiencia que dejó algunas marcas en el grupo. "Es imposible negar su presencia escénica y lo mucho que cultiva su conexión con el público. Yo no era una gran fan y nunca lo había visto tocar en vivo. Pero fue interesante y, sin duda, nos llamó la atención lo mucho que significaban sus canciones para sus oyentes, el peso emocional que se sentía", describe Florence. Por su parte, Lewis destaca: "Cuando uno recién empieza a tocar, cree que el objetivo principal es hacer que el público se mueva. Físicamente. Pero su música tiene tantos momentos tranquilos, lentos, tantos detalles que funcionan tan bien en salas enormes y estadios. Es inspirador ver que se puede llenar un lugar así con música tan particular".
Un trabajo en equipo
El arte de tapa de Secret Love, obra de la artista canadiense radicada en Escocia Erica Ayers, capta también algo de esa tensión presente en toda la discografía de la banda inglesa, pero llevada a su clímax en este último disco.

"Yo era fan de su trabajo desde hacía mucho", rememora Florence. "Cuando llegó el momento de decidir qué queríamos para la tapa del álbum, les mostré algunas de sus imágenes al resto de la banda y todos coincidieron en que ella tiene cierto sentido del humor que nos interesa, esa rareza, imágenes bastante íntimas. Da una ligera incomodidad. Así que nos pusimos en contacto con ella, le mandamos algunas mezclas preliminares y le dimos total libertad para crear las imágenes. De inmediato quiso involucrar fotos de primeros auxilios, de personas sometidas a procedimientos, y nosotros queríamos aparecer de alguna manera en las imágenes. Ella pintó basándose en todo esto".
Otra particularidad de este disco es que todos sus videoclips fueron coreografiados por el dúo londinense interdisciplinario Bullyache, integrado por Courtney Tylor Deyn y Jacob Samuel. Sus rutinas de danza completan el universo de cada una de las canciones (de los más destacados: "Blood", "Cruise Ship Designer", "My Soul / Half Pint"), a veces interpretadas por bailarines, a veces por integrantes de la banda y, a veces, por performers.
"Con todas las personas con las que alguna vez trabajamos, entendemos al instante si va a funcionar o no. A los dos minutos, más o menos, de la primera llamada por Zoom ya sentimos que todos estamos en la misma página, que tenemos un sentido del humor parecido, y uno enseguida piensa: 'Nos entendimos, vamos a sacar algo bueno'. Pasó con Erica, con John Parish, con Cate Le Bon [productora del último disco, que trabajó también con Wilco, Kurt Vile y Horsegirl] y con Rottingdean [quien diseñó Stumpwork y ganó un Grammy por ello en 2024]".
Ante la pregunta de por qué seguir haciendo música en un mundo acelerado y cínico, Florence lo resume con una claridad inquebrantable: "Cada vez siento más que crear cosas y contribuir así al mundo es lo que realmente vale la pena en mi vida. Aunque sea algo insignificante, me siento muy orgullosa. Es un sentimiento recurrente y muy sencillo: hacer música es bueno. No le hace mal a nadie. Es comunicación. Es algo social. Se trata de las personas. Se trata de expresarse. Todas son cosas maravillosas. Y eso es muy tranquilizador". Como completa Lewis, la música funciona como un refugio porque "se siente como algo tuyo, no importa qué tan inútil sea".
Dry Cleaning se presentará el martes 29 de septiembre a las 19 h en C Art Media (Av. Corrientes 6271, CABA), junto a Blonde Redhead y El Príncipe Idiota. Entradas disponibles a través de Passline, 25% de descuento con Comunidad Indie Hoy.









