Una de los films nominados a Mejor película animada del año en la última edición de los Oscar, la nueva película de Duke Johnson y Charlie Kaufman; este último también a cargo del guion, quien ya nos ha deleitado con joyas como Being John Malkovich (1999), Adaptation (2002) o Eternal Sunshine of a Spotless Mind (2004). Una reflexión acerca de la convivencia con el otro, del hombre como un ser programado por una especie de poder misterioso. La angustia de saberse rodeado de seres que funcionan como robots, la soledad de un mundo indiferente y vacío, la belleza en la diferencia.

Anomalisa es una película sin duda rupturista. Al encontrarnos con una cinta en stop motion podemos asumir que se trata de un film apto para toda la familia o fácil de digerir, y no es así. Lo cierto es que al igual que varios de los guiones anteriores de Kaufman, la cinta es enrevesada, reflexiva y con una trama psicológica algo perturbadora. Anomalisa ofrece una pequeña pero contundente muestra de la vida de Michael Stone, un hombre de mediana edad, clase media alta, casado con hijo que hace un viaje a Cincinatti para dar una charla sobre su exitoso libro. Desde el principio vemos a este personaje habitar no lugares (aeropuertos, taxis, hoteles y bares) y transitarlos de manera abúlica, como si la vida le pesara y no tuviera conexión real con nada ni nadie. Su cuerpo, su postura, sus acciones, su indecisión (porque todo le da lo mismo) transmite un pesado tedio que nos sumerge en un ambiente agrio desde el comienzo. En este sentido, la técnica stop motion está lograda de maravilla, tanto que los personajes parecen humanos y los movimientos comunican esta atmósfera con maestría. En este transitar casi tácito de Michael, tiene un encuentro algo fantástico con dos mujeres, dos fans de su libro: una de ellas tiene la voz más hermosa que Michael haya oído y lo cautiva de inmediato.

A partir del encuentro con Lisa, Michael se despierta de esta no vida y entra en una especie de ensueño, donde habita todo lo que siempre añoró: la anomalía. Lisa es esa excepción a la regla, el desvió de la monotonía, el despertar de los sentidos. Podemos pensar que es Lisa, pero más precisamente es su voz lo que hipnotiza a Michael y le hace pensar que encontró lo que siempre estuvo buscando. En relación a esta especie de enamoramiento auditivo aparece un hermosa versión del hit de Cindy Lauper, “Girls Just Wanna Have Fun”, cantado acapella por Lisa.

Los sonidos toman una dimensión más importante que las palabras o las imágenes. Sin dudas, Kaufman apuesta alto y busca desafiar el poder de la estimulación visual. Nos descoloca ya desde el uso de stop motion, luego desde las técnicas auditivas y más precisamente desde los giros narrativos. Hay algo que creo que caracteriza a Kaufman y hace que nos guste tanto: su facilidad para plantear temáticas complejas y por momentos incompresibles de manera accesible y fácil de consumir. Los planteos sobre el lugar del humano en el mundo, las realidades paralelas, el mundo de los recuerdos, el flagelo de las relaciones y los recovecos intricados de la mente humana son temáticas que se repiten siempre en sus guiones; sabemos que al enfrentarnos a una de sus historias viviremos una experiencia psicológica alternativa, siempre sobre la premisa de que nada es lo que parece y que la mente humana, lejos está de ser chata e inequívoca.