Maggie Gyllenhaal vuelve a la dirección luego de La hija oscura —una película correcta y profunda con la que logró impactar al público y a la crítica— con ¡La novia!, un film que se presenta como todo lo contrario: extravagante, hiperbólico y desobediente.
El film debutó en los cines como un fracaso de taquilla y la mayoría de la crítica no le dio el visto bueno. Sin embargo, pareciera que la directora y actriz logró hacer una película personal, repleta de referencias, homenajes y desparpajo, como el personaje protagónico. Con un presupuesto abultado y de la mano de Warner, el film es una superproducción, aunque su planteo corra por una vía que choca con el mainstream e incomoda a la crítica de corte más intelectual, que había puesto los ojos en blanco con La hija oscura.
La película es una suerte de remake de La novia de Frankenstein (1935) y presenta al monstruo bastante adaptado a la sociedad estadounidense de los años 30, aunque viviendo en completa soledad y clamando por una compañera. Así, junto a la doctora Euphronius desentierran el cadáver de una joven para traerla a la vida. Su despertar será el inicio de un amor, de la incomodidad de la mafia local y también de un movimiento popular revolucionario.

Si la tendencia del cine actual es la de las referencias, Gyllenhaal decidió llevarla al extremo y, al igual que la criatura creada por Mary Shelley, la directora construyó un film con pedazos de otras películas y lo selló con una impronta feminista. El clip de Thriller de Michael Jackson, El guasón, Pobres criaturas, Bonnie & Clyde, la Ciudad Gótica de Batman y hasta la Harley Quinn de Zack Snyder navegan por esta película que se presenta más como un policial noir que como un film de terror sobrenatural.
De todos modos, el punto de ¡La novia! no es ni su posmodernidad, ni el desorden de sus elementos que pugnan por protagonismo, ni el libro gordo de referencias, sino su posicionamiento feminista. La novia —o Ida o Penny, los diferentes nombres que va tomando el personaje interpretado magistralmente por Jessie Buckley— es una loca y un monstruo: los motes que han recibido las feministas a lo largo de la historia.

En este relato, su cuerpo, que se supone rescatado para hacer feliz y acompañar a un hombre, en realidad sirve como envase y vehículo para hacer hablar a una mujer que no tuvo tiempo para decir todo lo que quería: Mary Shelley, autora de Frankenstein. El cuerpo creado para satisfacer finalmente se convierte en vehículo de incomodidad, denuncia y valentía.
La interpretación de Buckley es fundamental para construir este personaje que parece pertenecer al mundo sombrío de Batman o de El escuadrón suicida, aunque estéticamente se sumerja en el universo de la mafia y el policial negro de los años 20 y 30. La novia se convierte así en un problema más que en una solución y el camino de la heroína será el de encontrar su propia identidad: ni aquella que le impone el espíritu de Shelley, ni la que le es otorgada por la doctora, ni la que su compañero monstruo intenta imponerle.
¡La novia! está en salas de cine.









