Hay artistas que encuentran su voz en la técnica y la práctica, mientras que otros la descubren en el riesgo. Guillermo Stoltzing pertenece a ese segundo linaje, el de quienes avanzan por mera intuición y pasión. “La música sucede —dice en conversación con Indie Hoy—. No hay que forzarla. Si la dejás respirar, te muestra a dónde quiere ir”. Esa frase funciona para entender su presente, un momento de madurez creativa después de más de dos décadas transitando diferentes escenarios, estudios, y territorios artísticos.
Tras su recorrido como cofundador y voz del grupo Siamés, finalmente eligió la emancipación y encarar un nuevo camino bajo el nombre Stöltz. Bautizado con un acrónimo de su apellido, es la cristalización de su proyecto más personal y ambicioso hasta la fecha, con el que ya lanzó el EP Music Happens, y prepara el lanzamiento de su inminente disco debut titulado Karma Club. "When She Hears That Song" es el último single de este material y, según el artista, encapsula el carácter nocturno y consolida un lenguaje que fluye entre el pop, el rock alternativo y destellos electrónicos.
“‘When She Hears That Song’ es la canción que lanzamos ahora y la que marcó el momento de decir: ‘Bueno, pongamos todo en un disco’”, explica el artista. Karma Club es un trabajo que viene cocinándose a fuego lento desde hace más de un año pero que, según él mismo cuenta, encontró tanto su concepto como el impulso para concretarse de manera casi repentina. “Me gusta la palabra, me gusta el significado”, dice sobre el título del disco. “Me gusta esto de actuar dentro de ciertos marcos morales y, en general, tratar de ser una buena persona. Y que el karma siempre devuelve lo que uno da”.
Si hay algo que caracteriza a Stöltz es que todas sus canciones son en inglés. El músico escribe así desde hace más de treinta años y, según explica, lejos de tratarse de una decisión estratégica, responde a una cuestión estética y visceral. “Estoy muy acostumbrado a escuchar música en inglés y no me sale tan bien en español”, dice. Las veces que intentó componer en castellano, simplemente no encontró la misma naturalidad. “Hay algo en la sonoridad del inglés que me resulta más cómodo. No digo que sea lo perfecto, pero me suena más agradable escucharme así”.
Aunque él sea la cara visible, Guillermo piensa al proyecto como un ensamble genuinamente colectivo, un espacio donde todos empujan para el mismo lado. “Ya no se trata de estar yo solo viendo qué se me ocurre, sino de trabajar con más interacción con los músicos. Así que dijimos: ‘Pongamos todo en un disco y veamos qué pasa’”. Incluso adelanta que hay cuatro o cinco canciones que todavía no grabaron porque están esperando a que la banda esté más asentada. Sin embargo, él también hizo una búsqueda clara desde el principio: “Quería una banda que tuviera ganas de seguir mis caprichos”, dice entre risas. “Necesitaba un grupo que me acompañara a aterrizar las canciones que tenía en la cabeza y que, por algún motivo, no podía terminar de desarrollar solo”. Para él, había una condición excluyente: que fueran amigos, gente capaz de entender el proyecto “como un viaje compartido y no como un trabajo”.
Ese proceso lo llevó a reencontrarse con viejos compañeros de Underdog —la banda previa a su paso por Siamés— y a sumar nuevas incorporaciones. Entre ellas, la de Dardo San Miguel en guitarra, un aporte que describe como fundamental para abrir el sonido hacia otros colores. “Quería despegarme un poco de mi manera de tocar porque, si no, todo termina sonando igual. Yo toco la guitarra como compongo, y necesitaba otro lenguaje que entrara en juego. No quería que el proyecto hablara solo en mi idioma musical, sino habilitar otras opciones”, señala.

En el universo de Stöltz, las canciones simplemente aparecen. Así lo explica el músico al hablar del sonido de su próximo disco, una obra que se gestó con el deseo como única brújula creativa. “Seguimos la regla de no tener ninguna regla. Esa es la libertad más grande que uno puede tener”, afirma. “Hice una canción súper rockera, otra más electrónica, una balada… la única regla es que la canción nos guste y nada más, no hay límites”.
Esa libertad, sin embargo, no implica caos. Con el correr del proceso, un hilo conductor terminó apareciendo casi por inercia. “La música la hacemos nosotros, con nuestros vicios, nuestras formas de tocar, nuestras ideas. Por eso aparece una coherencia, aunque no la busquemos”, explica. Parte de esa cohesión la aporta el productor Guillermo Porro, pieza clave en el armado del disco: "Es quien termina de encaminar todos los delirios y hacerlos sonar dentro de un universo coherente”.
La confianza entre ambos es total. Stöltz asegura que Porro tiene la capacidad de transformar incluso la idea más mínima en algo más grande. “Le he mandado cosas súper básicas, una guitarra acústica y la voz, y él me devuelve una instrumentación espectacular”, explica. Esa dinámica de ida y vuelta funciona porque ambos comparten un código claro y es que la canción está por encima del ego. "A veces el músico se interpone y termina arruinando las ideas. Lo mejor es escuchar la canción y ver qué te está pidiendo”, dice.
A la hora de componer, Stöltz confiesa que la inspiración suele venir de la música misma. “Estoy escuchando algo y aparece una sensación que digo: ‘Yo también quiero rescatar eso en una canción’”. Para él, se trata de captar un pulso que vaya de la mano con lo que quiere transmitir. También confiesa que acumula más de 600 notas de voz en su celular, entre fragmentos de canciones, palabras sueltas y melodías balbuceadas. Algunas de estas ideas florecen de inmediato, mientras que otras quedan dormidas hasta que, meses después, vuelven a aparecer: “A veces te aburrís, la dejás, y más adelante decís: ‘Ah, acá había algo’”.
Entre sus influencias aparecen nombres que revelan la amplitud del proyecto y hoy se encuentra haciendo un rescate personal del pop y rock de los 80, muy presente en el sonido de su propia banda. “Me agarró una etapa de escuchar muchísimo A-ha, Duran Duran, Bruce Springsteen o Genesis”, dice y, además, confiesa admiración por el pop de Harry Styles y The Weeknd. Pero quizá el cruce más inesperado esté en su vínculo con los videojuegos. “Nunca quise aprender a hacer videojuegos porque tenía miedo de que me arruinara el disfrute”, reconoce entre risas. Aun así, esos mundos digitales se filtran de manera sutil con intros que recuerdan a Sega y sonidos electrónicos con texturas de 16 bits. “Mi saga favorita es Zelda. Hay algo entrañable en esos videojuegos que, a veces, me gusta que aparezca en mi música”.
Este miércoles 3 de diciembre, Stöltz se prepara para uno de los hitos más importantes de su carrera: su show en The Roxy Live, donde, según dice, presentará material nuevo mezclado con sus lanzamientos más recientes. “Es la primera vez que tocamos con este proyecto en el Roxy. Es la primera vez que tocamos en un lugar que además es grande, más grande de lo que veníamos haciendo. Eso le pone un extra que está muy bueno”, dice.
Para Stöltz, como artista gráfico y visual además de músico, la puesta en escena es una extensión directa de su universo artístico, y por eso eligió sumar a Rudo Co, el estudio de animación argentino que trabajó tanto en los videoclips de Siamés como en piezas animadas del single “Karma”. “No quería que fuera solo una banda de rock tocando y nada más —dice sobre la fecha—. Por eso convoqué a los chicos de Rudo: la idea es sumar ese extra del mundo de la animación”, explica.
La presentación incluirá proyecciones de videoclips que el estudio realizó para Siamés, Stöltz y Usted Señalemelo, con el fin de generar una experiencia inmersiva donde imagen y sonido funcionan como un mismo lenguaje. “Aunque los temas estén ensayados y uno sepa todas sus partes, el momento del show en vivo hace que tomen una nueva vida. Eso es, básicamente, lo que me interesa que pase en un show en vivo y ojalá este miércoles pase", concluye.
Stöltz se presentará este miércoles 3 de diciembre a las 20 h en The Roxy Live. Entradas disponibles a través de AllAccess.
Escuchá a Stöltz en las plataformas de streaming (Apple Music, Spotify, Tidal).









