Sebastián Amor comenzó Chori Pepas junto a varios amigos que se fueron haciendo en el camino. Sus discos y canciones pasean por varios géneros, desde psicodelia, folk, spoken word y canciones de protesta, hacia un futuro musical desconocido por el momento. Sin olvidar el pasado -tanto el de ellos como el histórico-, y un presente de experimental a performático con una mirada por lo social, Chori Pepas es un particular proyecto artístico bonaerense.

Su primer trabajo discográfico se titula La despedida: Auge y ocaso del indie fascista y fue también su bienvenida a las movidas del Conurbano y Capital. ¿Cómo fue el recibimiento por parte de las bandas que compartían shows y del público que los veía?
Sacamos «Massa, Scioli, Macri son todos anunaki» el día de las elecciones presidenciales a fines del 2015, el video se viralizó y nos lo eliminaron pero lo volvimos a subir tras dudar mucho. Ahí salimos a tocar donde fuese. En Capital estaban los «Mc DeMacri» que hacían indie cuadrado y los «Scioli Youth» que hacían ruido con pedales y cara de orto. Ninguna vertiente decía nada de la realidad mientras el continente se hundía en las tinieblas. Cantaban bajito o a los gritos pero nunca se entendía la letra. Nosotros salimos disfrazados a tocar cumbia y folclore de protesta, una herejía para la secta del under. Ingenuamente queríamos pertenecer, ¡y nos trataron súper bien! La onda era que subiera cualquiera a tocar o bailar, había más gente arriba del escenario que abajo. Ahi salió el segundo corte, «Paro Nacional», ya estando Macri y nos borraron todos los Facebooks. Como el primer disco se esperaba que fuese muy politizado dimos un giro y fue de amor. Dejamos afuera los primeros cortes. Grabamos con una placa de $100 y fuimos a Misiones, cuando volvimos no se escuchaba nada. Hubo que regrabarlo y ahí comprendimos que lo mejor era hacerlo en una buena toma y ya. De ahí en más siempre en vivo. Éramos Guido y yo, muy de ácido, sentados en el piso tocando y justo se murió David Bowie en esos días entonces se siente ese sonido como Hunky Dory. Pasó desapercibido pero para mí es el mejor que hicimos. Quizás el tono es muy tardoromanticista onda Santa Teresa de Jesús pero es que andábamos perdidos tentando a la muerte. El título La despedida era por las mujeres que quedaban sin trabajo pero nadie lo entendió. Y el subtítulo porque nos defraudó esa escena con sus actitudes.

Hablando de ser observados, las letras de este debut tienen muchas referencias poéticas a los ojos, abiertos o cerrados. Está «Cuando abrí los ojos no estabas» y en «Otonho» cantás «Sus ojos se cerraron/El mundo se despierta.» Imagino que pasan por un momento muy introspectivo a la hora de componer. ¿Cómo es este proceso?
Componemos por necesidad física, no por goce estético. Hice una cura de sueño un tiempo antes y mucho venía de ahí, del despertar de conciencia y el miedo a la locura. «Cuando abrí los ojos no estabas» la terminamos en Misiones. Asumió Macri y nuestro miedo era que volviera a desaparecer gente, algo que siempre ocurrió pero que podía acentuarse. Según Guido habla del juego con bebés de taparse y destaparse la cara. «Otonho» es vieja, como «Trilce». Habla de no poder llorar y acumular dolor. Solo podía llorar dormido y con la cura de sueño logré hacerlo despierto después de años. Ahora entiendo, de los ojos salen las lágrimas. También miraba al Sol y me frotaba los ojos para ver colores. Fue una época triste pero liberadora. No es casual que las pantallas ataquen a los ojos. Ese fue un disco introspectivo, el siguiente también es del 2016 pero ya es de realismo trágico.

Todo esto me hizo pensar, de modo contrario, a los versos iniciales de «Mad Girl’s Love Song» de Sylvia Plath: «Cierro los ojos y el mundo muere/Levanto los párpados y nace todo nuevamente».
«Sus ojos se cerraron» es el título de una canción de Carlos Gardel, que gustaba de recitar en las canciones, como también hacía Toto de Adicta que casi que hablaba. Me gusta mechar frases de poesía a ver quién las descifra. En el último disco se escucha «Entre vivir y soñar está el despertar», que es de Antonio Machado. Y «La condena es muy cara» es por el abolicionismo penal, ya que todo texto es narrativa. Mi abuela tiene Alzheimer y aún así recuerda poesías enteras, ella hace declamación, o sea actuar la poesía, y me tiró esa frase. Me parece un descaro cuando leen la poesía, si ni podés recordarla no vale tanto la pena. Me gustan los raperos del tren o los que hablan solos por la calle, esa es la mejor poesía. También Samanta Schweblin. Guido esta más con Simondon y los aceleracionistas. Hay que leer los ojos.

La primera parte de este disco tiene una veta romántica, pero la segunda parte se va a acercando a la nostalgia. Por ejemplo en la folclórica «Carnaval». ¿De pequeño escuchabas folclore en casa?
Me crié en Sourdeaux, donde te despiertan el sábado a puro chamamé al taco. Mi vieja canta zambas de esas que hacen llorar y eso me limitó mucho porque estoy a años luz de ella como intérprete. Hemos tocado en festivales folclóricos con danzas y toda la liturgia. Es hermoso que se baile.

De esos movimientos, festivales y viajes, ¿a quiénes conocieron o qué descubrieron?
Por el hecho de tocar donde sea conocimos gente entrañable y un par de monstruos que ojalá no veamos mas. Tocamos en la Villa 31 y en Plaza de Mayo en un acampe de despedidos. Ahi fue el debut de «Cuando abrí los ojos no estabas» y justo llegó Nora Cortiñas, fue un momento de quiebre. Entendí que no hacia falta insultar para conmover como hacíamos antes torpemente. El verano anterior en Tucumán aprendimos la chaya y la cueca de las cantoras perdidas en los valles cuyo único instrumento es la voz y quedamos maravillados de ese poder. Cantar las penas aunque nadie escuche, como un pájaro. Se cree que el rap es lo nuevo, pero es lo más viejo de todo. Cuando conocí a Tomi Pojaghi de Unidad 01 en Bolivia nos pasábamos la noche escuchando al Cuchi Leguizamón y María Elena Walsh. En Tucumán nos encantaron Los Menhires, un grupo vocal que vimos en Ampimpa cuando bajamos del Observatorio Astronómico. Esa noche fue increíble, con Tomi tenemos una conexión muy especial respecto al cielo y la montaña. En la ciudad nos desconocemos.

En Música para la película el sonido evoluciona a un punto más espiritual. Algunas canciones sin letras parecen la banda sonora de los momentos más internos. ¿A qué se debió esto, hay algo de «Meditación trascendental»?
Iba a ser una película pero se perdió la filmación. Nos parecía anticuado hacer discos. El anterior era muy cancionero, acá quisimos prender el mic y tocar. «Meditación trascendental» es todo el rengo volando en la guitarra, le íbamos a agregar un poema y dijimos no, que nadie diga nada y de pronto irrumpa un rap visceral. Ahora parece genial porque ese disco nos abrió mil puertas a tocar en la tele o en otros países, pero en su momento nos decían «¿qué carajo quisieron hacer?». Nadie escuchaba trap ni darkwave, ni grotesco criollo. Todo ese disco fue despegarnos del ácido y la noche. Es un disco de purificación.

En «Historia del genocidio en América Latina» hay sonidos en los que, de seguro, muchos encontramos raíces en común. ¿Cómo surgió no ponerle letra al tema, excepto la palabra «buitres»?
La grabamos con el mic de la compu. Veníamos de ensayar y fue liberarnos de ese sonido sala de ensayo. El «1, 2, 3, va» es horrible. Martín Pojaghi de Unidad 01 tocaba la bata en los recis en esa época con 15 años. Y Tomi usaba una máscara de Drácula y una capa. Siempre nos costó el formato banda. La canción solo dice «buitres» porque así me nació en el momento. En ese disco no hay sobregrabaciones, ni mezcla, ni máster, ni nada. En la peli que nunca salió los buitres dejaban huevos de los que salían celulares. Me genera contradicciones el regionalismo porque puede caer en un nacionalismo extendido. Por eso me atrapa el 1800 de Pomer y Milcíades Peña. Cuando se forjan países arrancando las raíces y dejando cicatrices.

Ya que mencionás los celulares, «Cómo cargar la SUBE gratis» es un spoken word que remite a la sociedad del Black Mirror en la que vivimos. También «Pantallas en la cara». ¿Cómo te llevás con la tecnología y las redes sociales?
«Cómo cargar la SUBE gratis» es el tema preferido de la mayoría junto a «Life on Marx?». Ambos fueron muy espontáneos. No usé celular durante muchos años y era triste ver el genocidio virtual de afuera. Para armar la gira caí en la trampa y acá estoy con una pantalla en la cara. «Pantallas» fue un sueño que tuve. La gente se tiraba por la ventana y aparecía volando, como que ese era el truco, los que se suicidaban se salvaban. Subía a la terraza y ahí estaban con pantallas puestas y caras digitales diseñadas. Por la endija entre cara y pantalla, vi a alguien que me llamó la atención y al querer correrle la pantalla esta se desintonizó, como cuando terminan los canales de aire y pasa a haber estática, los puntitos blanco y negro. Se ponía a llorar avergonzada de que se viera su verdadera cara y los otros pantalludos le disparaban flash. Muchos temas vienen de sueños, como «Paraíso fiscal» en la que los desaparecidos vuelven volando del Río de la Plata hacia la Plaza de Mayo. Y con la tecnología me llevo mal. Me siento patético cuando posteo, y soy Chori Pepa y no Sebastián. Es como ser un Ziggy Stardust marca Día del Conurbano. Vengo del fondo de la historia, como dice Viñas.

¿Cómo nació «Los amigos del campeón»?
Esa es de Guido, yo estaba de estrella de la secta con nuevos amigos famosos de Capital y me hizo ver que me volvía un careta. Iba a quedar afuera porque nos sonaba al disco anterior. Solo en ocasiones especiales suena en vivo y siempre algo pasa, vi gente llorar. Es de esos temas en que Guido tiene una melodía y una frase inicial pero se traba y y yo la termino. Creo que se sienten en los discos esos momentos en que conectamos y realmente sucede. Siempre priorizamos la toma en que la canción se torna mágica, aunque tenga pifies. Estábamos algo distanciados y nos juntamos a decirnos todo con una canción. Hace poco pasó algo parecido porque él no quiere tocar en vivo así que lo estoy haciendo solo y nos veíamos menos. Pero vino a casa y nos sentamos al piano y compusimos los mejores temas de nuestra vida. Creo que el próximo disco va a ser un salto superlativo. Tardé mucho en ahorrar para el piano y ahora viene lo mejor. Estamos componiendo un disco y no acumulando canciones.

Llegamos a La caída del Imperio Psíquico, el tercer y último disco de su corta pero intensa carrera. El título me hace pensar en el recital que tuvieron el año pasado en el Hospital Municipal José Tiburcio Borda, como parte del Festival de Variedades 74. ¿Cómo fue esa experiencia?
Uh, no lo había pensado. ¡Qué loco! Ah re. Ojalá puedan ir a los festivales del Borda, son el primer domingo de cada mes. Ese concierto me cambió la vida. No sabía qué esperar y me inundaron de amor y frases inspiradas. Es gente muy pura la que ahí vive. Llena más tocar en el Borda o en la UBA. El disco habla de eso, del cambio de siglo y el genocidio virtual mediante redes sociales. El miedo al amor y a la muerte. Nos hacen creer que el feminismo o el veganismo son algo nuevo cuando vienen de antes que el capitalismo. Nos debemos una autocrítica feroz, hay tanto por luchar dentro del micromachismo. Somos la última generación que vivió sin Internet, una reliquia espantosa. Por suerte la juventud la tiene más clara.

Hay una fuerte figura femenina en este trabajo, no solo a través de las historias que se cuentan sino también en las voces. ¿Quiénes son las chicas que colaboran en las canciones?
Abre el disco Li Zi Zi, una amiga de China de mi mamá que dice unas frases increíbles que no puedo develar. En «Pazhada» rapea María Prima, a quien conocimos por la gira. Tocaba en Trambólico de Formosa unos días después que nosotros y era ideal para el tema. Ese lugar cerró pero sigue vivo en esa canción. En «Violencia», Shis la rompe cantando y diciendo lo que siente. Ella nos ayudó con la gira porque vivió en Paraguay. Nos contactó con gente preciosa de San Lorenzo, pasando Asunción. Y terminamos tocando re lejos con personas entrañables y de mucha conciencia. El tema quedó muy atrás en el disco pero queríamos que la letra se luciera después de una instrumental. Cierra el disco Lain en «Antología póstuma» con un solo de kaosboard tremendo. Ella hace unas poesías muy lindas también. A Shis y Lain las conocí en Merlo. Ese lugar es mágico para mí porque ahí me enamoré como nunca en la vida. En «Matchismo» iba a cantar Fransia pero tardamos mucho y es una lástima que no esté, ya haremos una juntos. También aportó Leo Lopez masterizando y Diego con su bata deforme única que la rompía en esa formación. Otro que siempre estuvo es Tinta Peluda que esta en la tapa como Sin Pico, un personaje que ahora anda viajando y es hermoso que sea parte aún desde otro plano físico. Es un disco lleno de gente y quizás por eso lo siento tan ajeno. Ahora salió el video de «Amasónica» con imágenes de la gira y me reconcilié con el disco.

Hay una evolución palpable entre disco y disco, entre canción y canción. Pero también en el modo en que se presentan en vivo. La psicodelia del sonido va de la mano con un nuevo aspecto performático en el escenario. ¿Qué debe esperar la gente que los vaya a ver?
Que no esperen nada, mucho menos escuchar el sonido de los discos. Ya a esta altura el reci depende de cómo me sienta ese día. En el del Salón Pueyrredon casi lloro. Ya no se puede fingir, la realidad se picó. El sonido sala de ensayo se estandarizó, solo queda ser real. Porque el trampolín del under al mainstream da al vacío, ya se ha visto. Antes muchos querían trascender y burlar la muerte siendo recordados. Hoy eso ya fue. La aventura es vivir el momento y compartir con gente copada porque quizás mañana nos tapa el mar y chau.

¿Qué próximos recitales contarán con la presencia de Chori Pepas?
Fechas no tengo más, quiero tocar donde haya un piano o hacer un festi en casa sin alcohol, ni dinero, ni animales hechos comida. Solo agua, música y el cielo.

Para finalizar, ¿cuál es el momento actual del proyecto?
Por lo pronto, estoy grabando en estudios Panda el nuevo disco y me tiene muy emocionado. Ahí se grabaron Yendo de la cama al living, Relax, Oktubre, Sin restricciones, es muy fuerte. Y me llega en mi mejor momento. Necesitaba largar los recitales y mejorar como músico. Hace meses trabajo sin franco para pagar esta sesión. Estoy cumpliendo el sueño de mi vida y estoy enamorado, ¿que más puedo pedir? ¿El fin del capitalismo? ¡Pues, claro!

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Foto principal: Ludmila Feola.