Desde mediados de los 2000, Dënver se convirtió en uno de los nombres centrales del llamado “nuevo pop chileno”, esa generación que a comienzos de siglo decidió recuperar la canción melódica, el sintetizador luminoso y el dramatismo romántico. Formados en San Felipe por Mariana Montenegro y Milton Mahan, el dúo atravesó etapas bien diferenciadas: del minimalismo casi naïf de sus primeras grabaciones al despliegue orquestal y ambicioso de Fuera de campo, pasando por el impacto continental de Música, gramática, gimnasia. Separados en 2018 y reunidos oficialmente en 2023, hoy vuelven a escena con nuevas canciones y una identidad que ya no responde solo al recuerdo de una época, sino a un proyecto que volvió a encontrar forma propia.
El regreso a Buenos Aires, programado para el miércoles 25 de marzo en Niceto Club, no es un destino más dentro del calendario. Para Dënver, Argentina siempre fue un territorio cercano, incluso antes de las giras. “Es genial poder ir para allá porque es un país con el que siempre hemos sentido mucha conexión”, dice Montenegro en conversación con Indie Hoy. La referencia no es solo geográfica. “Por mi parte, por ejemplo, hablo de las series que veíamos cuando chicos, pura Argentina… como Chiquititas. Mucha conexión. Y después con la música, ¿para qué decir? Y también que es un país que está al lado y no hemos ido tantas veces. Así que siento que esta tiene que ser como la revancha”.
Esa conexión se volvió concreta en los últimos años a través de colaboraciones. Una de ellas fue con Isla de Caras, banda argentina con la que compartirán escenario en esta visita. La historia comenzó cuando el grupo viajó a Chile. “Ellos vinieron a tocar y yo no los conocía”, cuenta Mariana. “Pero me escribieron y me dijeron: ‘Nosotros hacemos un cover en vivo de ‘Diane Keaton’ y nos gustaría mucho si podés cantar’. Ahí los conocí en persona y en vivo. Después escuché su música más a conciencia y me encantó. Hemos seguido conectados y ahí surgió lo del feat”.
Para Mahan, el vínculo también pasó por la admiración sonora. “A mí me encanta cómo produce Lautaro [Cura], cómo trabajan ellos. Yo los conocí hace un par de años con ‘Despacio’. Sin saber el nombre de la banda los shazamié y pensé: qué lindo suena, como banda, como color, como producción’. Siempre me ha parecido que tienen muy buen gusto, mucho estilo. Muy sobrio, muy elegante, muy bacán la producción”.
La reversión de “Cartera perdida” que hicieron juntos implicó intervenir la canción desde otro lugar. “Querían hacer una segunda versión del single y darle una nueva vida cantando nosotros. Cambiaron ciertas cositas y la producción fue un poquito más arriesgada”, explica Milton. “En estas reversiones uno se permite cosas que cuando quiere sacar un single no se atreve tanto, porque piensa en que funcione más radial. Acá era todo muy libre y funcionaba muy bien”.
La conexión con Argentina también atraviesa el material nuevo. “A pedacitos”, uno de los últimos lanzamientos, incluye otra colaboración desde este lado de la cordillera. “La produjimos con Nico Parra y él nos recomendó que la batería la grabara Guille Salor”, cuenta Milton. “Le mandamos la canción, tuvimos un par de reuniones por Zoom, nos mostró su set y nos mandó algo que fue bien al tiro. Muy fino su sonido, su tocada, interpretó muy bien lo que buscábamos e hizo aportes que funcionaron muy bien para la canción”.
El tema marcó además una pequeña desviación estética dentro de esta etapa. “Estábamos explorando algo un poquito más urbano, con un color más sobrio, medio jazzy de repente, con saxo, con Rhodes, y también con una voz un poquito más rap, podríamos decir. Otro tipo de melodía, distinto al primer single que habíamos sacado”.
La otra carta de presentación fue “Bien tu mal”, elegida cuidadosamente como primer adelanto. “La escogimos porque sentimos que refleja el espíritu general de Dënver, con esta música más disco, más bailable. También porque tiene el tema de la contradicción, algo muy presente en nuestros temas", explica Mariana. "Y porque es una canción donde hay dos hablantes líricos, hombre y mujer, muy dúo. En Dënver siempre pasa que a veces el protagonista es Milton, en otra soy yo, vamos variando”.
Esa palabra —contradicción— no aparece al azar. Para Milton es casi una definición del proyecto. “Hay una dualidad, dos formas de ver la música en Dënver, como una especie de yin y yang”. Tienen gustos distintos y suelen negociar cada decisión: lo que escucha Mariana, lo que impulsa Milton. Algunas cosas coinciden y otras no, pero esa fricción forma parte de la riqueza del proyecto. Hay elementos opuestos que deben hacer funcionar para que Dënver funcione.
La idea va más allá del dúo. “El arte tiene algo contradictorio per se en su existencia. Su utilidad es poco cuantificable. Hacerlo existir y que tenga una función ya es contradictorio. Me parece que el arte es interesante cuando entiende esa contradicción y la manifiesta”.
Mariana lo baja a la experiencia concreta de las canciones. “Alguien puede sentir que Dënver es dulce, pero en el fondo igual tiene letras que tienen algo más oscuro. Está lo dulce y lo oscuro al mismo tiempo. ‘Los adolescentes’ es un ejemplo muy explícito. Ahí hay mucha contradicción sin parar”.
El disco que se viene
El regreso tomó una dimensión inesperada. Lo que comenzó como una serie de shows terminó empujándolos hacia un nuevo disco. El proceso avanzó casi sin que lo planearan. “Ya tenemos canciones semi terminadas, más o menos el panorama de cuándo vamos a lanzar algo. Estamos componiendo sin parar y eligiendo las mejores canciones. Y ver cómo le damos forma a esto, porque va a tener que tener una forma”, cuenta Mariana.
La idea de “forma” atraviesa esta etapa: ordenar lo que surgió después del reencuentro y darle sentido como conjunto. Para Milton, el primer gran movimiento ocurrió en el escenario. “Armar la banda nueva y el show fue un desafío grande. Creo que ahora está mucho más sólido que antes. Cambió todo”. El contexto también es otro. “Hay muchas mejoras técnicas, más facilidades, pero también hay que invertir harto como banda. La música está muy competitiva, lo visual, la iluminación, los efectos… Es bien desafiante conceptualizarlo y que funcione todo bien”.
Luego vino el estudio. Cada uno llegó con experiencias distintas acumuladas durante la pausa. “Mariana está mucho más pegada en una cosa más electrónica, muy en su rol de DJ”, dice Milton. “Y yo tengo un lado un poquito más emotivo en las canciones”. Entre esas dos inclinaciones, explica, el trabajo pasó por encontrar un equilibrio a partir de largas conversaciones sobre la producción.
El nuevo disco se está construyendo desde esa conversación constante. “Va a ser un disco muy conversado, muy de acuerdos”, explica. “Se van a sumar nuevas personas, nuevas opiniones, que nos ayudan a expandir ideas y también a ponernos de acuerdo. Porque eso es lo difícil de ser un dúo: si estás en desacuerdo es 50 y 50. A veces te falta una tercera persona”. Entre esos colaboradores aparecen nombres como Nico Parra, el dominicano Jamie Nodo y Adán Jodorowsky, además de otros que todavía están por confirmarse. La dinámica se abre y el proyecto se expande.

La reedición de Fuera de campo
Dos años atrás, la reedición de Fuera de campo permitió revisar una etapa clave con herramientas actuales. Mariana lo recuerda como un punto de ambición creativa: “En ese disco desarrollamos cosas a nivel de arreglos que en Música, gramática, gimnasia queríamos hacer pero no se dio, ya sea por recursos o porque no conocíamos nada. Trabajamos con arreglistas, grabamos corno francés, arpa, flauta traversa. Es un disco más experimental, con canciones más largas, más innovadoras”.
La reedición incluye una nueva mezcla en estéreo que revela matices que antes pasaban desapercibidos. “El bajo tenía un protagonismo muy rico que antes no tenía”, dice Mariana. Milton agrega la dimensión técnica: “Era el momento en que había aparecido el formato Dolby Atmos. En el estudio estaban mezclando cosas de Violeta Parra, Los Prisioneros y Los Jaivas en Dolby Atmos, y nosotros queríamos meternos en ese ruedo”. La reedición terminó incluyendo esa versión inmersiva y una nueva mezcla estéreo. “Como eran los diez años del disco y querían hacer un vinilo, dijimos: hagámoslo y pongámosle algo más, un regalito para los fans”. Para Mariana, el formato dialogaba con la naturaleza orquestada del álbum: “El Dolby Atmos era muy adecuado a un disco orquestado, porque te pone todos los instrumentos en el espectro. Y además hicimos remixes”.
El teloneo a Paul McCartney en Santiago
El regreso tuvo además un momento que terminó marcando esta etapa: el teloneo a Paul McCartney en Santiago. La invitación llegó cuando el dúo recién volvía a activar el proyecto. “Regresamos y pasó esto. Como que teníamos que regresar”, recuerda Mariana. Milton describe la experiencia con una mezcla de incredulidad y detalle técnico. “Ni siquiera sabíamos si lo íbamos a conocer o no. Todo fue muy hermético. La producción te deja tener muy poco contacto con él. En la prueba de sonido lo veíamos desde lejos y nunca nos confirmaron qué tanto se iba a poder”. El entorno estaba atravesado por la expectativa general. “Apareció el presidente del estadio con una polera de Paul McCartney. Todos querían conocerlo. Todos los técnicos”.
El encuentro ocurrió después del show. “Cuando nos bajamos del escenario nos llevaron al camarín, a una parte más privada”, cuenta Milton. “Conversamos unos diez minutos con él. Increíble”. La impresión fue inmediata. “Era muy cercano, muy simpático”, dice Mariana. “Nos preguntó cómo eran los shows, qué tocábamos cada uno”. Más que una figura distante, apareció alguien curioso y activo. “Tenía una energía juvenil”, agrega. Milton lo resume con admiración directa: “Envidiable esa energía. Creo que tenía más energía que yo”.
Nostalgia y recambio generacional
Si el encuentro con McCartney funcionó como un símbolo del regreso, la sorpresa más profunda apareció en el público. Mariana lo plantea sin rodeos. “Hoy nos escucha gente joven, de 18 o 20 años. Yo juraba que íbamos a ser una banda vintage, que nos iba a ver la gente que tenía nostalgia de hace diez o quince años. Pero hay una nueva generación. Y eso lo encuentro demasiado emocionante. A mí al menos me hace sentir muy viva”.
Milton amplía esa percepción desde el contexto reciente. “Hay algo de esa época, del 2015, 2016, previo a la pandemia. En Chile hubo un estallido social y todo eso. Hay harta nostalgia por ese momento y gente que está redescubriendo lo que se hacía entonces”. El regreso, en ese sentido, también funciona como puerta de entrada. “Hay mucha gente que nos vio por primera vez ahora, que quizás nos vio en Paul McCartney. Todavía hay mucho público por captar”.
Después de separarse, explorar caminos propios y volver a encontrarse sin un plan demasiado claro, Dënver parece moverse hoy con una naturalidad distinta. Ya no están persiguiendo una escena ni respondiendo a una etiqueta generacional: trabajan desde un lugar más consciente, más conversado, donde cada decisión pasa por el filtro de lo vivido. Entre nuevas generaciones que descubren sus canciones y un disco en construcción que amplía el círculo creativo, el dúo vuelve a moverse en ese territorio donde el pop funciona como lenguaje afectivo: inmediato en la forma, persistente en el fondo.
Dënver se presentará el miércoles 25 de marzo a las 20 h en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 4510, CABA) junto a Isla de Caras. Entradas disponibles a través de Venti, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy.









