Las canciones de María Codino suelen moverse entre la intimidad y la observación. Con arreglos delicados, una producción minuciosa y una sensibilidad cercana al indie pop y la canción alternativa, la artista porteña publicó recientemente Valor agregado, un álbum atravesado por preguntas sobre la tecnología, el tiempo y las formas en que nos vinculamos con el mundo que nos rodea.
A diferencia de sus trabajos anteriores, el proceso de Valor agregado estuvo marcado por una decisión poco habitual: no extender indefinidamente los tiempos. Después de años de componer, producir y diseñar cada aspecto de su obra de manera completamente independiente, Codino se propuso terminar el disco y dejarlo ir. “Siento que fue todo muy en tiempo presente. Suelo hacer procesos más largos, sacar más singles y todo eso, y esta vez fue todo en un mismo movimiento”, cuenta en conversación con Indie Hoy.
La urgencia no tuvo que ver con correr detrás de una fecha, sino con evitar una dinámica que reconoce en sí misma: la de posponer indefinidamente las cosas cuando no existe una meta concreta. “Me había puesto medio un objetivo de que quería sacar disco este año, sí o sí. También hubo procesos personales, internos, que al final fueron muy necesarios para frenar un poco la creatividad y después retomarla desde otro lugar".
Más allá de los tiempos, lo que distingue a Valor agregado de sus trabajos anteriores es la manera en que fue concebido. Si muchas de las canciones del álbum cuestionan la obsesión contemporánea por optimizar cada segundo de la vida, la propia gestación del disco pareció desarrollarse bajo una lógica opuesta: menos ansiedad, más presencia.
“Fue un proceso más fresco. Lo laburé de una manera muy introspectiva, pero no desde el lado neurótico o de encerrarse, sino desde el disfrute. Estar conectada conmigo, fijarme en el recorrido, ver bien qué pequeñas decisiones quería tomar y cuáles no”. Esa atención puesta en el recorrido, más que en el resultado, terminó convirtiéndose en una parte fundamental del disco. “Trataba, más que nada, de ser consciente de que el disco era un proceso en sí mismo y de estar presente en eso”.

Si Tiene que haber un mapa (2023) giraba alrededor de la búsqueda, Valor agregado nace de una sensación mucho más concreta: el agotamiento. Durante los últimos años, Codino comenzó a sentir que la velocidad del mundo contemporáneo se filtraba en todos los aspectos de su vida, desde el trabajo hasta su relación con el tiempo, la creatividad y la tecnología.
“Todo el tema de la tecnología, la inteligencia artificial, los avances… eso realmente me estaba colapsando un poco mentalmente desde el lado personal, laboral y económico. Llegué a un punto límite. Soy diseñadora y me pasó que, de golpe, tenía clientes que empezaban a hacer cosas con inteligencia artificial. Al principio me enojé mucho con la situación. Después me empecé a quedar sin trabajo, después me empezaron a contratar para entrenar inteligencia artificial. Era como un amor-odio constante”.
La inquietud excedía lo laboral. También tenía que ver con una sensación de desconexión cada vez más profunda respecto de su propia experiencia cotidiana. “Yo me sentía muy fuera de mí misma. Estaba muy en automático, de una manera súper pasiva. Se me estaban pasando los días entre el celular, las noticias y todo ese ruido. El tiempo se me iba cada vez más rápido y sentía que lo estaba malgastando”.
“Llegué a un punto en el que dije: se me están yendo las cosas de las manos. Y frené todo. Frené hasta la música. Necesitaba encontrar un poco de claridad. Primero tenía que estar bien yo, volver a reencontrarme”. Ese paréntesis terminaría convirtiéndose en el punto de partida de Valor agregado: “Me alejé un poco de todo el ruido que pude, traté de reordenar mi vida y cuando encontré cierto eje propio pensé: tengo que escribir sobre esto. Es lo que me viene pasando. Yo siempre termino escribiendo sobre cosas que me atraviesan. No de manera literal, pero sí desde ahí. Y cuando lo entendí, sentí que todo empezó a fluir mucho más fácil".

La búsqueda de ese eje también terminó definiendo la forma en que grabó el álbum. Mientras las canciones hablaban sobre la sobreestimulación, la productividad y el avance tecnológico, María decidió acercarse al proceso desde un lugar completamente artesanal: “Sin tantas cosas entre medio. Con los recursos que tenía a mano, ponerme a grabar y hacerlo lo más directo que pudiera”.
Esa lógica atraviesa todo Valor agregado: un disco producido en su casa, construido a partir de sintetizadores, programaciones y recursos propios, donde la tecnología aparece menos como una respuesta que como una pregunta. “Siempre me entusiasma mucho la idea del do it yourself. Pensar que cualquier herramienta puede servir para hacer lo que querés hacer”.
“Lo sentí mucho más desde el disfrute del proceso y más segura de estar haciéndolo por convicción. Antes también trabajaba mucho desde casa, pero era un mix. Por ahí reamplificaba guitarras en un estudio, grababa voces en otro lado. Esta vez fue: tengo este tiempo, tengo estas herramientas, lo voy a hacer así y quiero disfrutarlo”.
Entre las canciones de Valor agregado, “La joven vida de Bety F.” emerge como una de las piezas que mejor condensan el universo del disco. La canción nació a partir de la observación de ciertas personas que parecen vivir al margen de las dinámicas de hiperconexión que dominan el presente: “Hay personas cercanas que viven un poco eso que dice la canción. Gente que otros interpretan como que está en otra o en el aire, cuando en realidad simplemente no está tan pendiente del celular, de las redes o del ruido. Está en su propio ritmo, en su propia realidad”.
El personaje fue tomando forma lentamente a medida que avanzaba la composición. “Empecé a pensar en eso con la guitarra acústica y fui armando la canción de a poco. Quería hablar de alguien a quien quizás critican o no terminan de entender, pero que sigue haciendo la suya. Como decirle: tu propio ritmo está bien”.
El nombre llegó mucho después. Durante meses, la canción existió bajo un título incompleto hasta que una película apareció para resolver el rompecabezas. “Siempre que empiezo una canción en Ableton le pongo una frase provisoria. A esta le había puesto ‘El sabor de la joven vida de…’ y quedó así durante muchísimo tiempo. Hace un mes estaba viendo Heathers, la película con Winona Ryder, y en un momento mencionan a una persona que se llama Betty F. Escuché ese nombre y dije: ahí está. Tiene que ser Bety F. También es un pequeño homenaje a mi tía abuela Betty, que era una persona muy vivaz”.
Si algo distingue a Valor agregado es la solidez de sus letras. La literatura ocupa un lugar tan importante como la música dentro de su proceso creativo. No sorprende, entonces, que al hablar de influencias María mencione antes a escritores, como Miranda July, que a músicos. “Me encanta leer. Creo que es de las cosas que más me inspiran. Hay veces que me inspira más leer una novela que escuchar un disco para hacer música”.
La influencia de la lectura rara vez aparece de manera directa en sus canciones. Funciona, más bien, como un disparador de imágenes y asociaciones. “Por ahí estoy leyendo y se me prenden ideas de melodías. Ni siquiera es que encuentro una frase y la uso. Es como que me despierta imágenes, me baja información. Lo que más influencia tiene sobre mí, sin que me dé cuenta, es leer”.

Como ocurrió con la música, María decidió abordar también el aspecto visual desde una lógica intuitiva, sin partir de un concepto rígido ni de una planificación demasiado cerrada. En lugar de construir una estética previamente definida, dejó que las imágenes aparecieran durante el proceso. “Tengo un montón de fotos que saco hace años y quería usarlas. Entonces empecé a mirar archivos y de ahí salieron las tapas de los singles”.
Cuando llegó el momento de diseñar la portada de Valor agregado, la idea central ya estaba clara. “Sabía que el disco hablaba de esa lucha entre lo humano y la tecnología. Empecé a probar imágenes y transparencias hasta que encontré una foto de un ajedrez en escala humana que había sacado en un viaje. Me gustaba porque tenía una geometría muy marcada, una sensación de encierro. Después encontré otra foto de una mujer leyendo sola en una plaza, completamente en la suya. Empecé a superponerlas y apareció algo que me cerró enseguida: esa estructura geométrica envolviendo a alguien que está concentrada en su propio mundo interior”.
En tiempos donde la velocidad parece imponerse como una forma dominante de habitar el mundo, Valor agregado encuentra su fuerza en aquello que suele quedar relegado: la observación, la duda, la contemplación y el tiempo dedicado a las cosas. A través de canciones construidas con paciencia y una mirada atenta sobre el presente, María Codino profundiza una búsqueda artística interesada en los pequeños gestos cotidianos como una forma de resistencia, y sobre todo, una manera de sguir haciendo preguntas.
María Codino se presentará el jueves 6 de agosto a las 20 h en Biri Biri (Malabia 1175, CABA). Entradas disponibles a través de Passline, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy. Valor agregado está disponible en plataformas de streaming (Spotify).











