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    Saint Etienne: "Ser independientes es lo que nos permitió durar tanto tiempo"

    Hablamos con Pete Wiggs sobre el final de la entrañable banda inglesa, en una charla que recorre la historia de la banda, su relación con el pasado y la importancia de haberse mantenido independientes durante 35 años de carrera.
    De Eric Olsen11/02/2026
    Saint Etienne.
    Saint Etienne. Foto: Elaine Constantine.
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    El pasado siempre fue el motor creativo de Saint Etienne. Cuando la banda de Londres irrumpió en la escena electrónica a principios de los 90, su sonido se sentía como un archivo vivo con samples de canciones, ideas y recuerdos de la cultura pop británica que reaparecían, se reordenaban y volvían a decir algo en presente. El pop de culto, aunque pueda sonar como un oxímoron, fue el camino que el trío integrado por Pete Wiggs, Bob Stanley y Sarah Cracknell siguió durante más de 30 años y 13 discos. O como describiría el crítico Simon Reynolds: pop sobre pop.

    Con el anuncio de su separación y la salida en septiembre de International, su último disco, esa relación con el ayer parece haber llegado a su lógica conclusión. Como una serpiente comiéndose su propia cola, Saint Etienne pasa a ocupar el lugar de aquello que siempre supo observar: el pasado, o parte de ese siglo XX que hoy parece volver solo en forma de nostalgia. Una forma de pensar la música desde el archivo y la genealogía que se repliega sobre sí misma. 

    Todo termina. La idea de un final no apareció de golpe ni se siente como un gesto dramático. La banda convivió durante años con la noción difusa de que en algún momento harían un disco que sería el último. Lejos de leerse como agotamiento, el final habla sobre una manera de cuidar el nombre Saint Etienne: sin forzar continuidad, evitando sostener un proyecto por inercia, reconociendo el momento justo en que hay que retirarse de la fiesta.

    Después de todo, sostener un proyecto así durante tanto tiempo no es la norma, sino la excepción. En el caso de Saint Etienne, esa longevidad tiene menos que ver con una ambición que con una autonomía sostenida a lo largo del tiempo. Ser realmente independientes —fieles a Heavenly Recordings desde el primer álbum hasta el último— es parte de una lógica que siempre priorizó la libertad creativa y, sobre todo, preservar una amistad de toda la vida.

    “Con Bob nos conocemos literalmente desde que éramos bebés —recuerda con una sonrisa Pete Wiggs en conversación con Indie Hoy—. En algún lado tengo una foto en blanco y negro de fines de los 60 en la que estoy sentado en un autito de juguete y Bob está al lado con botas de lluvia; yo debía tener un año. Nuestros padres eran amigos y cuando cumplí 6 años nos hicimos amigos de verdad. Íbamos a recitales juntos, comprábamos discos, escuchábamos música, pero nunca pensamos que podíamos estar en una banda… hasta que apareció el sampler y dijimos: bueno, quizás podemos intentarlo. Siempre fantaseamos con tener una banda. De ahí salió el nombre Saint Etienne: en la escuela teníamos una lista de posibles nombres, y ese era uno”.

    Saint Etienne
    Saint Etienne en 1991.

    ¿Cómo describirías la escena musical británica cuando empezaron? 
    Estaba muy separada por géneros. La mayoría de la gente era fan de una sola cosa: indie, rock, goth… Era común escuchar frases como “no me gusta el pop” o “la música house es horrible”. Bob y yo no éramos así. Nos interesaba bastante la música electrónica. A Kraftwerk llegamos un poco más tarde, pero sí escuchábamos mucho el pop electrónico de los 80, como Human League, y los comienzos del hip hop. Al mismo tiempo escuchábamos indie twee y cosas de los 60, así que cuando empezamos a hacer música tratamos de mezclar todo eso. En ese momento no era tan común, y creo que tuvimos suerte. El boom de las fiestas, el éxtasis y esa mezcla social y musical ayudaron mucho: hubo una verdadera polinización cruzada entre escenas y géneros. Algo de eso ya había empezado en Manchester, con Happy Mondays y Stone Roses, y con el giro hacia el acid house.

    ¿Cómo empezaron a hacer música?
    Bob se había comprado un Korg MS-20, un sampler de verdad, ojalá lo hubiera guardado… Jugábamos con eso y con una grabadora de cinta. Era todo bastante atonal y ruidoso, no sabíamos qué hacíamos. Después nos prestaron un sintetizador de bajos Roland TB-303, alquilamos un estudio y grabamos cosas absurdas. Por algún lado hay que empezar, por suerte esas grabaciones se perdieron. Pero todo cambió cuando conocimos a Ian Catt, con quien trabajamos en el primer disco. Él sabía operar el estudio y tocar lo que nosotros no podíamos. Nosotros llevábamos samples, ideas, le decíamos “queremos un sonido así” y él lo programaba. Sentimos que por fin podíamos pasar los sonidos que teníamos en la cabeza a la cinta.

    Al principio empezaron como un dúo con cantantes invitadas. ¿Recordás la primera vez que escuchaste cantar a Sarah? ¿Hubo algo que te hizo pensar que tenía que estar en Saint Etienne?
    La primera vez que la escuché ni siquiera estaba cantando, estaba hablando en español, en un disco de un tipo que conocíamos, Lovecut DB. Tenía una buena voz, sonaba exótico. La primera canción que escribimos para ella fue “Nothing Can Stop Us”. Ella nunca había estado en un estudio antes y para nosotros fue la primera vez que sentimos que por fin habíamos escrito una buena canción. Todo salió tan bien que decidimos continuar. 

    Mirando hacia atrás, ¿qué lugar ocupan para vos esos primeros discos, Foxbase Alpha (1992) y So Tough (1993), en la historia de la banda? 
    Esos discos tienen un lugar especial en mi corazón. No los escucho mucho, pero cuando lo hago me sorprenden para bien. Siento que era como un chico en una juguetería, probando ideas, mezclando cosas, viendo qué pasa.

    Esos discos tenían muchos interludios y conversaciones. ¿Sampleaban de la radio o de la TV? 
    Eso viene de cuando con Bob nos hacíamos cassettes y entre tema y tema metíamos recortes de cosas sacadas de la tele, publicidades, fragmentos de video. Era un poco de todo, pero sobre todo de la TV. Nosotros siempre fuimos muy fanáticos de los collages. Antes de hacer fanzines de Saint Etienne, hacíamos fanzines de mentira, solo por diversión: recortábamos frases de historietas, de globos de diálogo, y las poníamos en otro lugar. Era sacar algo de su contexto y resignificarlo. Los interludios funcionan un poco así, como una versión sonora de ese juego. También nos influyó mucho “The Adventures of Grandmaster Flash on the Wheels of Steel”, que está lleno de diálogos de películas, pedazos de bandas sonoras, citas que después repetíamos entre nosotros cuando éramos chicos.

    En ese momento, ¿veían a Saint Etienne como un proyecto pop o de electrónica?
    Creo que algo intermedio. Hablábamos mucho sobre pop, que en esa época era casi una mala palabra y la queríamos reclamar, pero al mismo tiempo hacer cosas electrónicas raras y ver hasta dónde se podía llegar. Hay varias bandas, como The Beach Boys, que la gente solo piensa que hacen solo pop, pero escuchás sus discos y hay producciones muy interesantes. O una banda como Teardrop Explodes, que sus singles eran más pop, pero en sus discos siempre mezclaban sonidos y eran más psicodélicos. Creo que eso nos inspiró.  

    ¿Cuál fue el disco en que sentiste que habían madurado como banda? 
    Tal vez Good Humor (1998). Intentamos sonar más como una banda, menos electrónicos. El siguiente, Sound of Water (2000), también se sintió más adulto porque grabamos en Berlín rodeados de gente interesante. Uno al que vuelvo mucho es Tales from Turnpike House (2006). Todo encajó bien ahí: las letras, los arreglos vocales, está muy bien producido, suena casi como un disco de rock progresivo. Todos contribuimos algo y está muy relacionado con lo que estaba pasando en mi vida en esa época.

    ¿A qué suena el final de Saint Etienne? Por momentos, a un disco hecho contra reloj —Wiggs reconoce que trabajaron con plazos estrictos—, como si la presión de estar grabando el último hubiera llevado a la banda a sacarse la curita de un tirón. Pero en sus mejores canciones, International funciona como un cierre celebratorio y melancólico a la vez. El single “Brand New Me” condensa bien esa tensión: el pulso es liviano, casi festivo, pero cargado de una emoción crepuscular que atraviesa buena parte de la obra del grupo desde sus comienzos. 

    El contraste con sus discos más recientes es claro. Saint Etienne venía de una seguidilla de trabajos más introspectivos: I’ve Been Trying to Tell You (2021) exploraba la experimentación con el vaporwave, el pop de los 2000 y el downtempo a partir de samples ralentizados, mientras que The Night (2024) se movía en un registro de ambient nocturno y contemplativo. International, en cambio, recupera un ánimo más upbeat, más cercano a discos como Tiger Bay (1994), donde la premisa había sido cruzar melodías del folclore tradicional británico con beats de techno.

    “Creo que el cambio en el sonido tuvo que ver con la decisión de que fuera el último disco —reflexiona Pete—. Hubiera sido demasiado triste ir todavía más hacia adentro. Y también estaba la idea de salir de gira. Cuando tocamos en vivo se siente más como una fiesta, y queríamos hacer al menos algunas canciones que funcionaran ahí. Así como con Good Humor quisimos hacer un disco más de banda porque el anterior había sido muy techno, ahora veníamos de hacer dos discos bastante tranquilos y sentimos que era momento de meterle más beat”.

    International es también un disco muy colaborativo. ¿Cuál fue la idea detrás de invitar a más artistas? 
    Sí, todo empezó con una canción que teníamos con Vince Clarke [de Depeche Mode y Erasure]. En un momento íbamos a hacer un EP con él, pero no terminó sucediendo. Después pensamos: si de verdad va a ser el último disco, aprovechemos y llamemos a más gente. Eso se volvió una especie de concepto para el álbum: es el último disco, veamos quién quiere sumarse. Un poco como un cumpleaños, ¿no? Cuando cumplís 50 o 60, todo el mundo quiere venir a tu fiesta. Si cumplís 59, no es tan especial.

    Saint Etienne.
    Saint Etienne. Foto: Rob Baker Ashton.

    ¿Cómo fueron las reacciones cuando los invitaron a sumarse al disco?
    Muchos ya tenían ideas o fragmentos de bases empezadas. Por ejemplo, Tom Rowlands [de The Chemical Brothers]: cuando Sarah le escribió, él le dijo “es gracioso que me digas esto, porque justo estaba escuchando una cosa vieja que había arrancado y la había archivado pensando ‘esto suena demasiado a Saint Etienne’”. Con Erol [Alkan] pasó algo parecido: nos mandó apenas un pedacito de un track y a partir de eso lo desarrollamos. Él también nos dijo que sentía que eso que había empezado sonaba un poco a Saint Etienne. 

    En 35 años de carrera, nunca siguieron el camino de los grandes sellos. ¿Fue una decisión consciente para mantener su visión?
    Sí. Al principio nos ofrecieron un contrato con un sello grande, pero tampoco era tan grande, digamos. Y, en cierto sentido, me alegro de no haberlo aceptado. Además, habíamos visto lo que les podía pasar a otras bandas en sellos grandes. Quizás ganábamos más plata, o hubiésemos tenido un empujón más fuerte, pero después te sueltan la mano y desaparecés. Ser independientes es lo que nos permitió durar tanto tiempo. También ayudó no ser súper famosos, pero sí lo suficientemente conocidos como para sentir que éramos parte de algo más grande. También ayudó tomarnos descansos entre discos, no excedernos. Y hay que darle mucho crédito a Martin [Kelly], nuestro mánager, que además es el marido de Sarah. Está con nosotros desde los 90, después de Alan McGee, y trabajó muchísimo para mantener el barco a flote.

    Cerca del final, ¿sienten algo de nostalgia por todo lo que hicieron?
    Nunca fuimos nostálgicos. Tomamos muchas referencias de música y cosas que nos marcaron, y algunas de ellas simplemente son antiguas. Pero no me gusta esa idea de que todo era mejor antes, o que los 90 fueron los mejores años, no lo creo. Mi vida fue mejorando, de hecho, tuve mucha suerte con la familia, los hijos y todo eso. Y todavía me siento muy creativo, incluso ahora que estamos cerrando esta etapa, sé que vamos a seguir haciendo música. Así que no, no tengo esa idea de que todo haya sido mejor antes, pero claro que hubo cosas buenas y está bien poder reconocerlas y, tal vez, celebrarlas.

    Escuchá International de Saint Etienne en plataformas (Bandcamp, Spotify, Tidal, Apple Music).

    Música en Reino Unido Saint Etienne
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