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    Sunlid: "Cuando sabemos que algo funciona, no la careteamos"

    Antes de su presentación de este fin de semana en Niceto Club, la banda oriunda de Zona Norte reflexiona sobre el impacto de No mires atrás, su disco debut, y anticipa pistas sobre su sucesor.
    De Juampa Barbero30/01/2026
    Sunlid
    Sunlid. Foto: Bianca Sifredi
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    Hay una calma extraña que sobreviene después de la distorsión, una especie de silencio nítido que solo se alcanza cuando el ruido fue moldeado con precisión. Para Sunlid, esa frecuencia se materializó en No mires atrás (2024), un disco que funciona como manifiesto de identidad y despliegue de artillería sónica. En sus ocho canciones, el cuarteto de Zona Norte se mueve entre el pop noise y el rock alternativo, desatando un magnetismo en el que las guitarras saturadas conviven con una intimidad sobrecargada de estática. Es una propuesta donde la estridencia se vuelve textura esencial para que las melodías respiren con toda su fuerza.

    2025 funcionó como un punto de condensación para Sunlid: un período en el que muchas cosas que venían gestándose terminaron de tomar forma arriba del escenario. El guitarrista Lorenzo Dartigue lo resume como una sucesión de “eventos canónicos” para la banda: el arranque en el Konex en el marco del Festival Nuevo Día, una segunda fecha compartida con Nenagenix y Sakatumba, el paso por Alerta Rock en Vorterix, telonear a Bôa en el C Art Media, y la celebración del aniversario del disco con dos shows especialmente pensados. “Armamos todo: canciones nuevas, decoramos el lugar, sacamos merch para esa fecha. Fue una cosa detrás de la otra”, cuenta en conversación con Indie Hoy. A eso se sumó una recepción que superó expectativas, con una presencia fuerte en medios y la posibilidad concreta de salir de gira.

    Lucía Taubas —cantante y guitarrista— recuerda ese crecimiento desde una mezcla de sorpresa y asimilación tardía. “Estuvimos bastante al palo, y recién después empezamos a procesar lo que había pasado”, dice. Hay momentos que funcionan como revelación: la imagen de un público que ya no estaba compuesto solo por amigos en primera fila. “Ahí caímos en la cuenta de que había gente cantando las canciones de verdad”. También apareció algo nuevo: tocar fuera de Capital, recorrer el oeste, zona sur, Bahía Blanca, Rosario, La Plata, cruzar a Uruguay. Todo eso acompañado por un disco cuya llegada sigue llamándoles la atención. “Fue una promo muy a pulmón, muy tranqui. Y de repente aparece el público”, cuenta Lucía, todavía sorprendida por esos números que se sostienen en el tiempo.

    Esa persistencia les dio algo fundamental: tranquilidad. La sensación de que el disco sigue vivo, que todavía se está descubriendo, y que eso habilita a pensar lo próximo sin urgencias, con tiempo y con la cabeza ordenada.

    El camino a No mires atrás

    Ese mismo cuidado atraviesa la manera en que fueron construyendo No mires atrás. Lorenzo ubica un momento muy concreto: principios de 2023. “Encontramos una referencia y bajamos el concepto a tierra. Más que decir ‘esto es’, fue entender qué no era”. A partir de ahí, todo se reordenó. Los temas se reconstruyeron casi por completo, algunos se dieron vuelta de pies a cabeza, y las influencias que habían ido apareciendo en distintos momentos —The Smashing Pumpkins, Title Fight, Alvvays— terminaron de amalgamarse en una identidad más clara. “Fue iluminador, porque nos reestructuró hacia dónde iba todo lo que estábamos haciendo”, explica el guitarrista. El disco terminó siendo el resultado de años de amasar canciones, descartar, volver a armar y decidir sin apego innecesario.

    Para Lucía, esa capacidad de soltar y rehacer tiene que ver con una mirada muy crítica sobre el propio trabajo. “Cuando sabemos que algo funciona, no la careteamos”, dice. Cada canción tenía que sostenerse por sí sola, decir algo, tener una idea clara detrás. Con el tiempo, y ya todos en la misma página, decidieron concentrar la energía: pocos temas, mucho trabajo. “Vimos que tenían potencial y dijimos: llevémoslos a la mejor versión posible”. Ocho canciones, meses de laburo en cada una, una dinámica distinta a la de otras bandas amigas que producen en cantidad. “Nosotros hacemos pocos temas, pero los laburamos mucho”, resume. Ese método, que llevó tiempo y paciencia, terminó definiendo no solo el disco, sino también una forma de encarar lo que viene, ahora con una dinámica de grupo más sólida y un camino propio cada vez más claro.

    Al momento de repasar las canciones que más mutaron en el proceso, la respuesta es inmediata. Para Lucía, “Hablar de vos” es el caso más evidente. “Es un tema que a la gente le gusta un montón, y cambió muchísimo”, dice. Lorenzo coincide: “Es otra canción completamente. Cambiaron muchos detalles que le dieron otro sentimiento. Probablemente fue la que más transformamos”. La reescritura fue tan profunda que cuesta reconocerla en sus versiones iniciales.

    Ese proceso también atravesó a otros temas. La cantante menciona “Invisible” como otro ejemplo de esa mutación, a diferencia de canciones como “Ya nada es igual” y “Respirar”, que surgieron más adelante y ya estaban concebidas desde la visión estética que la banda había encontrado. “‘Invisible’ tenía un solo de guitarra”, recuerda, marcando una diferencia que hoy resulta casi impensable. De hecho, aquellas versiones anteriores todavía circulan en registros de Vivo Buenos Aires y permiten ver cuánto se desplazó el centro emocional y sonoro de las canciones hasta llegar a su forma definitiva.

    Con No mires atrás ya instalado en el tiempo, la relación con el disco también se transformó. Lorenzo describe una experiencia familiar para cualquiera que haya trabajado intensamente sobre un material propio: el desgaste. “Llegás al momento de sacarlo agotado”, dice, después de escuchar las canciones una y otra vez, tocarlas en vivo, revisarlas sin descanso. En ese punto, el día del lanzamiento funcionó como un cierre: “Esto es lo mejor que puede ser”. Recién con distancia pudo volver a escucharlo con otra cabeza. “Hace unos meses lo retomé con más objetividad y me sigue emocionando como el día que lo hicimos. Es bastante loco, porque pasó mucho tiempo y lo tocamos un montón. Incluso siento que suena mejor de lo que me acordaba”.

    Cuando se trata de elegir canciones propias, “Invisible” aparece rápido en la voz de Lorenzo. “Siempre fue una de mis favoritas”, asegura, y destaca especialmente el final, uno de sus momentos preferidos del disco. La canción tuvo un recorrido largo: empezó con una forma distinta, sin el riff de guitarra que hoy la define, hasta que una idea del baterista Agustín de Cousandier —alias Magic— terminó de ordenarla. “El final no existía y se lo volvimos a hacer. Y quedó increíble”, cuenta, celebrando esa combinación de trabajo minucioso y sencillez que, para él, concentra lo mejor del disco.

    Lucía, en cambio, mantiene una relación más ambigua con “Invisible”. Musicalmente le encanta, coincide con Lorenzo en los arreglos y la melodía, pero no termina de conectar con la letra. En su caso, las canciones que más escucha hoy son otras. “Hablar de vos”, que durante el lanzamiento miraba con cierta desconfianza, aparece ahora liberada de esa mirada crítica. “Hoy la puedo disfrutar sin pensar en eso”, cuenta. A esa lista se suman “Alejarte” y “Ya nada es igual”, temas que siente cómodos en cualquier contexto: yendo a trabajar, viajando, compartiéndolos con amigos. “Si me piden un tema de Sunlid, pongo alguno de esos”, dice, casi como una prueba de uso cotidiano.

    Pistas de lo que se viene

    Esa convivencia entre pasado y presente también aparece cuando trabajan en lo nuevo. Lucía cuenta que, mientras escucha los demos del próximo disco, inevitablemente vuelve a No mires atrás para comparar, revisar, conectar puntos. Las canciones viejas reaparecen como referencia, como espejo y también como una forma de medir cuánto cambió la banda desde entonces.

    Cuando la conversación se corre hacia el próximo disco, surge un entusiasmo medido, consciente del proceso. Lorenzo arriesga una ventana posible para entrar al estudio —mitad de año—, aunque aclara que todavía queda camino por recorrer. El material ya existe en buena parte, y varias canciones tomaron forma en jornadas intensas de composición en Mercedes, aprovechando viajes, fechas cruzadas y esos tiempos intermedios que la banda supo transformar en trabajo creativo. “En esas jornadas laburamos un montón”, resume, pensando en una primera mitad del año dedicada a sumar material nuevo y a retocar lo que ya está, incluso canciones que casi no pasaron por el vivo.

    Lucía suma una capa clave al momento actual del grupo: muchas de esas canciones todavía están abiertas, no en su estructura sino en su identidad sonora y productiva. “El final de la producción todavía está en infusión”, dice, marcando que lo que viene ahora es el trabajo profundo. Después de un cierre de año agotador, la banda decidió frenar. Marzo aparece como el punto de reinicio, con la idea de componer en serio, grabar y dejar que el disco encuentre su forma sin forzar tiempos. Para ella, el descanso dejó de ser un lujo y pasó a ser una herramienta creativa: “Si no escuchás música, si no leés, si no ves una película, si no consumís nada nuevo, es muy difícil crear algo que te guste”. La pausa funciona como un modo de volver a desear el instrumento, de agarrar una guitarra o un teclado por ganas y no por obligación. Incluso hay canciones —como una nacida en Mercedes— que quedaron resonando, esperando el momento justo para ser retomadas y trabajadas en profundidad.

    Sunlid
    Sunlid. Foto: Charlie Riobueno

    Ese mismo tiempo transcurrido también habilita otra pregunta: qué queda y qué se transforma respecto al disco anterior. “Hay cosas que quedan en el material viejo”, dice, pero enseguida lo ubica en un tiempo concreto: la composición del álbum anterior ocurrió en 2023 y, desde entonces, “pasaron dos años enteros y van a ser tres”. En ese lapso, la banda siguió moviéndose, escuchando otras cosas, explorando nuevos territorios. “Hay un lenguaje común que uno siempre retiene”, explica, además de ciertos recursos que pertenecen claramente a ese momento. El nuevo material, adelanta, empieza a correrse hacia “un lado más electrónico, más pop”, al menos desde la escucha de referencias, aunque todavía no saben cómo eso terminará traduciéndose en la canción final.

    Lucía retoma esa idea desde la identidad compartida. El recorrido posterior al disco fue amplio y cambiante: “Pasamos por un montón de etapas”, cuenta, marcando que con Lorenzo comparten una escucha muy abierta. “Podemos escuchar techno puro y después una canción de Katy Perry”, dice, como parte de un mismo flujo. En ese movimiento constante aparece una certeza que le compartió un amigo, Matías Vértula de El Club Audiovisual: “No importa lo que hagan porque va a seguir siendo Sunlid”. Para ella, hay algo que atraviesa todo de manera casi inconsciente: “Mi voz, la guitarra de Lore, la manera en la que toca Magic la batería y Yessica el bajo. Inherentemente, todo lo que hagamos va a tener un tinte Sunlid”, afirma. Eso habilita tanto conservar elementos del disco anterior como dejar otros atrás y reemplazarlos, sabiendo que siempre hay algo que vuelve. “Siempre va a haber una parte que vas a decir: esto es muy nuestro”.

    Esa confianza es la que empuja a probar otros métodos. Lucía lo plantea sin rodeos: “Vamos a empezar a experimentar con otras cosas”. Componer desde la computadora, producir desde ahí, usar baterías electrónicas, sintetizadores y samples. Lorenzo lo resume como una especie de regla del nuevo proceso: “Va a haber más teclados y baterías digitales”. La exploración, claro, también implicó irse de mambo. “Te vas al otro extremo”, dice la cantante entre risas, “y después pensás: ok, tengo que volver a un punto medio”. Lorenzo recuerda incluso un momento de rechazo hacia la guitarra: “Me puse en campaña en contra de la guitarra haciendo acordes”, cuenta, aunque admite que en algunos temas volvió a aparecer.

    Sunlid
    Sunlid. Foto: Charlie Riobueno

    El resultado es una mezcla diferente a la del disco anterior. “Antes los teclados eran como un colchón; ahora son protagonistas”, explica Lucía. Eso cambia la mirada sobre la producción y sobre cómo se construyen las canciones. A diferencia del disco previo, que se armó principalmente tocándolo en ensayo, ahora todo está grabado y maqueteado. “Cuando queremos cambiar algo, lo cambiamos en el momento o le agregamos algo. Ganamos herramientas”, dice. El corrimiento no pasa solo por lo electrónico. “Tiene más que ver con la cuestión pop”, aclara Lorenzo, pensando en canciones de rock atravesadas por elementos propios del pop, algo que aparece de forma directa en lo que escuchan juntos.

    Los viajes en auto funcionan como espacios de escucha compartida y conversación constante. “Nos pasamos de todo”, enumera Lucía: Artpop de Lady Gaga, The Marías, Geese, emo, hardcore. En los últimos años, hay nombres que se repiten: “Nos encanta LCD Soundsystem, Magdalena Bay, Camera Obscura”, referencias que atraviesan a toda la banda. La escucha se fue corriendo hacia otros lugares: menos Smashing Pumpkins o Title Fight, más pop indie, más electrónica, más cruces. “Se fue dando muy naturalmente”, reafirma, como si el nuevo disco ya empezara a escribirse solo en ese desplazamiento.

    El camino que se abre para Sunlid después de No mires atrás parece estar marcado por la libertad de quien ya no necesita demostrar su lugar en la escena. Entre la calma del descanso y la ebullición de nuevos métodos, la banda se permite mutar, abrazar lo digital y dejar que el pop gane terreno sin perder esa identidad que los trajo hasta acá. Al final del día, ya sea entre paredes de distorsión o capas de sintetizadores, hay un hilo conductor que no se rompe: esa forma única de entender la canción que los hace sonar a ellos mismos, incluso cuando deciden cambiarlo todo.

    Sunlid se presentará junto a Buenos Vampiros el sábado 31 de enero en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Venti, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy.

    Música en Argentina Sunlid
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