En la segunda mitad de los años 70, Mick Jagger y John Lydon casi simbolizaban polos opuestos. El frontman de los Rolling Stones representaba exactamente el tipo de rock de estadio que el punk quería destruir, y Lydon, líder de los Sex Pistols, era la encarnación de ese rechazo, aunque no era el único que no sentía ningún tipo de agrado por Sus Majestades Satánicas. Sid Vicious le dijo una vez a Rolling Stone: "Desprecio a esos inútiles. Los Stones deberían haber parado en 1965". Por su parte, el mánager de los Pistols, Malcolm McLaren, fue más lejos cuando murió Elvis Presley: "Es una pena que no haya sido Mick Jagger".
Jagger respondió a su manera. Respecto de los roces con Lydon, amenazó: "Le van a romper sus dientes podridos algún día". Y, en lo que respecta al punk en general, Keith Richards lo veía como una historia que se repetía: "Estaban rehaciendo lo que nosotros hicimos para la gente que se lo perdió la primera vez", dijo en el libro 50 Licks. Sin embargo, en medio de esa guerra en la que parecía que valía casi cualquier comentario, ambos bandos encontraron un blanco común: The Stranglers, el grupo de Guildford, Surrey, liderado por Jean-Jacques Burnel.
Un desastre en vivo
En 1977, Jagger fue categórico en una entrevista con NME: "¿No te parece que The Stranglers es lo peor que escuchaste en tu vida? A mí sí. Son horrorosos, una porquería. Jodidamente nauseabundos". Lydon, por su parte, fue quizás más gráfico cuando le dijo a SiriusXM que se hizo el piercing en la oreja en el baño de mujeres de un pub mientras The Stranglers tocaban en el escenario: "Terrible banda en vivo, espantosa. Buenos discos, divertidos, pero en vivo no funcionaba. Así que no teníamos nada mejor que hacer que ir al baño con un alfiler de seguridad y una barra de jabón".
El guitarrista de The Stranglers, Hugh Cornwell, tomó esos ataques casi como un sello de aprobación y dijo: "Eso era lo que se hacía en esos días, criticar a la gente, porque así llegabas a los titulares". El final de la historia entre Jagger y Lydon, sin embargo, tomó un giro inesperado: Jagger terminó pagando en secreto los honorarios legales de Sid Vicious durante su proceso judicial. "Por eso le tengo buena estima a Mick Jagger. Hubo actividad entre bastidores de su parte y lo aplaudo", dijo Lydon años después.









