Cuando Led Zeppelin se disolvió en septiembre de 1980 tras la muerte de John Bonham, Jimmy Page quedó ante un horizonte desconocido. El guitarrista había construido su reputación como uno de los músicos más visionarios y respetados del rock, pero siempre desde adentro de una banda. Por eso, la idea de publicar un disco en solitario era, en teoría, el paso lógico. Sin embargo, en la práctica, resultó ser el proyecto más exigente de su carrera.
Outrider, lanzado en junio de 1988 por Geffen Records, fue su primer álbum solista propiamente dicho. Como en casi todo proceso de grabación, se presentaron problemas, pero este LP en particular estuvo marcado desde el principio por un contratiempo que cambió todo el plan: los demos que Page había preparado desaparecieron de su casa. "Recuerdo haber buscado algunas demos y preguntarme dónde estaban todas mis cintas", contó en el libro Light and Shade: Conversations With Jimmy Page. Con ese material perdido, tuvo que empezar prácticamente de cero.

El disco que resultó de ese proceso era ambicioso en su concepción original, y hasta se habló de un álbum doble con canciones agrupadas por género. Finalmente, terminó siendo un trabajo de nueve tracks grabado casi en tiempo real, construyendo las ideas directamente en el estudio. "Como fui dando forma a Outrider sobre la marcha, le puse más trabajo que a cualquier otro álbum en el que haya trabajado", admitió Page. "Por eso no me apeteció hacer un doble; hubiera sido una tarea masoquista".
Para el proyecto convocó a un elenco variado: los vocalistas Chris Farlowe y John Miles, el bajista Tony Franklin y, como baterista, a Jason Bonham, hijo de John Bonham, mientras que Robert Plant también apareció para cantar "The Only One", el único track del disco que rozaba el territorio Zeppelin. Outrider vendió razonablemente bien y llegó al puesto 26 del Billboard estadounidense. Pero Page fue el primero en reconocer que algo faltaba: sin la dinámica del grupo, su guitarra sonaba brillante, pero incompleta.









