A comienzos de 1971, tras completar las sesiones del álbum L.A. Woman con The Doors, Jim Morrison decidió tomarse un tiempo lejos de la intensa vida de gira y estudio que había llevado durante los últimos años. Así fue como el músico se mudó junto a Pamela Courson, su pareja desde 1965, a París en busca de un ambiente más tranquilo donde escribir, reflexionar y escapar del foco mediático. Fue en ese contexto europeo, poco antes de su muerte en julio de ese año en la capital francesa, que dio a luz lo que hoy se considera su última grabación conocida: The Lost Paris Tapes, un conjunto de registros poéticos e improvisados.
A diferencia de los temas más pulidos de The Doors, esta última grabación fue una combinación de poesía hablada y canto libre, acompañada por la música de algunos artistas callejeros. En las cintas se escucha a Morrison recitar versos y melodías con un estilo crudo y expresivo, sin la producción técnica que había caracterizado su trabajo anterior, ya que no fueron concebidas para lanzarse en formato de álbum oficial. De hecho, durante años se las consideró bootlegs, dado que nunca se publicaron oficialmente.
Gran parte del material que compone The Lost Paris Tapes -que el tecladista Ray Manzarek llegó a describir como “balbuceos borrachos”- proviene de sesiones anteriores realizadas en Los Ángeles en 1969 y 1970, que Morrison se llevó a París y que fueron encontradas entre sus pertenencias tras su muerte, el 3 de julio de 1971, día en que fue hallado en la bañera de su departamento luego de sufrir un paro cardíaco.









