Foto: Sofía Gómez Pisa

Exaltar lo cotidiano de una manera inteligente, poblando la escritura de imágenes sensibles que captan el momento justo de epifanía, parece ser la constante en la escritura de Gustavo Yuste.

El autor de Las canciones de los boliches comprueba en Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018) que siempre se puede innovar y agregarle estilo a una forma de ver el mundo.

¿Las imágenes que utilizás para evocar metáforas que le dan sentido a los poemas de Lo que uso y no recomiendo aparecen en una instancia previa a la escritura?
Las imágenes que utilizo la mayoría de las veces aparecen previamente. Algunas incluso son anotaciones o también partes de antiguos poemas que no prosperaron. De todas formas, también hay algunas imágenes que nacieron durante la escritura misma, escuchando un poco lo que el poema me pedía.

En Lo que uso y no recomiendo existe una melancolía que es ya inherente a tu poesía.
Sí, me lo han comentado en otras reseñas y notas, incluso también lectores. Creo que es parte del universo de mis intereses, buscar qué es lo que no funciona del todo lo que nos rodea, esa epifanía que se puede encontrar en los detalles: gestos, palabras, costumbres que pasamos por alto, recuerdos. La melancolía es un sentimiento con el que me siento bastante identificado.

Variaciones sobre la tristeza

I
Meter la mano en el cajón de las aspirinas
y sólo encontrar el blister vacío.
Un nuevo descubrimiento:
ni vos mismo, en el pasado,
te interesaste por lo que te pasa ahora.

II
No poder dormir
por esa música de fiesta
que llega de a ratos
gracias a las ráfagas de viento
un domingo de verano.

III
Revisar el correo electrónico
y las notificaciones del celular
de manera casi automática:
ninguno de los mensajes de la pantalla
fue escrito por un ser humano
especialmente para vos.

IV
Alguien detrás de esa persiana,
la única iluminada de todo el edificio,
se masturba con un video amateur
de una pareja que lleva años sin hablarse.

V
La tristeza es necesitar un consejo útil
y recibir en su lugar
untupper recalentado
lleno de lugares comunes

Parece vislumbrarse un hilo de esperanza en la vuelta a la infancia de algunos poemas.
Sí, tanto en este libro como en anteriores aparece como un momento de felicidad, pero también lo veo como una caja de herramientas de la que todavía se puede echar mano y muchas veces nos olvidamos, como las distintas sensibilidades.

El Yo que se construye en el libro no se aleja con la primera persona, sino a través de las imágenes que utiliza para enunciarse.
Sí, estoy de acuerdo con lo que decís. En mi poesía en general el yo poético no predomina pero tampoco desaparece. En este sentido no creo hacer lo que se dice “Poesía del yo”, porque me interesan más las imágenes y los climas, pero tampoco debo estar tan lejos. No pienso en nada de eso a la hora de escribir de todas formas, porque cada poema puede pedir cosas distintas y está bueno estar atento a eso. Por eso siento que este libro se despega un poco de Las canciones de los boliches, porque acá los poemas adoptaron otras voces y estilos, por más que el aire melancólico también predomine.

¿Qué es lo que usas y sí recomendas?
Buena pregunta (jaja), tendría que haberle pensado una respuesta cuando titulé el libro. No me gusta dar grandes consejos, prefiero siempre la intimidad de una charla personal para eso. Lo que uso y sí recomiendo es la lectura: una lectura variada, curiosa, sin prejuicios. Me gusta alternar entre estilos, géneros. De todo se puede sacar algo para la propia escritura y, más importante todavía, para la propia experiencia. Por suerte mi trabajo en La Primera Piedra me ayuda a encontrar material de lectura constante.

*

Gustavo Yuste recomienda: I Though I Was An Alien de SoKo
Debe ser uno de los discos que más escuché en estos últimos dos años. La música que propone es muy amena, como si te introdujeras en distintas escenas de películas. Lo que más me gusta, de todas formas, son las letras. Hay algo de simpleza ahí que a la vez te desgarra y te genera mucha empatía. Este disco, como otros discos y libros, comprueba que de lo cotidiano se pueden sacar cosas profundas y esa es una de mis búsquedas permanentes. En ese sentido, no es una casualidad que haya un epígrafe de ella en un poema de Lo que uso y no recomiendo.