Miguel Zeballos
En Stroszeck, quizás la película más bella de Herzog, Bruno se prepara para salir de la cárcel. Un policía le devuelve sus pertenencias, un poco de dinero, una corneta, y un acordeón.
Bruno agarra la corneta y dice algo así como que va a mandar una señal.
Toca la corneta produciendo un estruendoso sonido que retumba en el silencio perturbador de la cárcel.
“Bruno es libre”, dice sobre sí mismo y en voz alta. Stroszeck es la última película que Ian Curtis vio antes de morir.

Romina Bedrossian
“Touching from a distance, further all the time” pronuncia la voz grave de Ian Curtis en “Transmission” y de forma automática lo podemos evocar moviéndose frenéticamente con su baile epiléptico -un poco genuino, un poco exagerado- en el video “oficial” de la canción. De alguna manera haciéndose cargo de esa frase, su viuda Deborah Curtis la eligió para titular el libro que narra su vida junto al mítico frontman de Joy Division.

Miguel Zeballos
Hasta hace poco nunca había escuchado Joy Division, y el nombre Ian Curtis me sonaba de algo pero tampoco tenía mucha idea de su fama.
Con la lectura de la biografía de Deborah Curtis entré de cabeza a la cabeza de Ian. Descubrí que murió a los 23, no quiso esperar para pertenecer a la élite del club de los 27. Algo parecido le pasó al amigo Andrés Caicedo, se mató a los 25. Creo que ninguno nunca quiso o nunca pudo pertenecer a ese puto club suicida. Pero volvamos al árbol.

Romina Bedrossian
Quizás sea la estética de la banda o las nubes grises que aún en la imaginación acechan los cielos ingleses, pero lo cierto es que desde la primera página Deborah Curtis nos sumerge en una atmósfera lúgubre, opaca, de casas enfiladas y tristes oficinas públicas de empleo, de posguerra y drogas robadas, de habitaciones de paredes blancas y sótanos cargados de sudor donde Joy Division se esforzaba para ganarse al público que ahora lleva Unknown Pleasures inmortalizado hasta en la piel. No es casual que partiendo de esta base Anton Corbijn haya filmado su película del 2007 Control enteramente en blanco y negro.

Miguel Zeballos
Puede que haya tenido una afición por arruinar todas las cosas, algo así escribe Deborah en uno de los tantos y desalentadores párrafos, puede también que “Rock ‘n’ roll suicide” haya sido su himno de cabecera, y que Bowie, un ídolo de barro deshaciéndose en la larga noche de los años ’70. Puede que hayan pasado muchas cosas, pero lo único cierto es que Ian tenía un plan.

Romina Bedrossian
Editado en Argentina por Dobra Editora, Touching from a Distance es la cruda desmitificación de una leyenda, el dolor masticado por años y escupido con poca anestesia. Y aunque la versión de un Ian Curtis posesivo y controlador, algo egoísta y obsesionado con una muerte joven resulte bastante incómoda para quienes con orgullo colgamos su póster en la pared, la ligereza de la narración de Deborah -potenciada por la frescura de la de la traducción en español rioplatense- nos ayuda a procesar las atrocidades exhibidas con más resignación que rencor. En el micromundo del postpunk reinado por hombres talentosos que brillaban sobre los escenarios y después se refugiaban en sus camarines con groupies o amantes, el relato genuino de la madre y esposa incondicional es casi una forma de hacer justicia: “Interpretar a un alma torturada era más fácil para Ian sin el ojo vigilante de la mujer que lavaba su ropa interior”.

Miguel Zeballos
“Los restos de Ian fueron cremados el 23 de mayo de 1970. Recuerdo la voz desgajada de su madre y las caras vacías, inmóviles, de los miembros de la banda. Yo sentía la vergüenza del fracaso, y verlos todos allí, compartiendo mi dolor, cuando ya era demasiado tarde, me generaba amargura”, dice Deborah sobre el final.

Romina Bedrossian
La humanización de un ídolo lleva inevitablemente a la decepción o a la empatía, quizás a una fusión de sensaciones contradictorias. Sea cual sea el resultado en este caso, el recorrido del libro supone para cualquier lector con un mínimo de sensibilidad una travesía emocional difícil de transitar. El camino se bifurca al final y nos deja reflexionando ante dos formas de enfrentar el dolor: la de Ian Curtis, la condena, y la de Deborah Curtis o New Order, la transformación. Después de leer Touching from a Distance, más humanos han de considerarse aquellos que hayan logrado comprender y respetar, al menos un poco, ambas elecciones.

Miguel Zeballos
Un paisaje silencioso se abre a nuestro paso, no hay nada más, no hay más nada, a lo sumo el eco absurdo de una canción sonando en la radio, a lo lejos, muy a lo lejos.

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