El pasado 20 de agosto se cumplieron dos años del lanzamiento de Blonde, el disco consagratorio de Frank Ocean, un hito dentro de su novel carrera que lo posicionó como una figura con un papel más que preponderante en el R&B actual, además de colocarlo en lugar de ícono críptico y crítico tanto de si mismo como de la industria musical.

Poder de reinvención y creación de la que ahora es una figura oscura y desconocida de la que poco se sabe pero de la que ya sabemos todo lo que queremos saber: la calidad de su música no claudica ante el paso del tiempo.

Luego del aclamado Channel Orange, lanzado en 2013 y del poco conocido mixtape Nostalgia.ULTRA lo que se sabía de Frank Ocean era bastante: se asumió bisexual, habló de su pasado, se enjuició con su padre, cambió su nombre, tocó y ganó en los Grammys. Después los criticó duramente y hasta se mostró arrepentido. Pero todo eso excede a su figura que en poco tiempo supo hacerse grande en una industria que hoy está en auge pero en sus inicios resultó ser casi exclusiva.

Después de aquel debut naranja, Ocean tenía como desafío superarse y varias preguntas sobrevolaban los portales de música y revistas especializadas: si podría mantener la calidad de su sonido refinado, cuidado hasta el máximo en los detalles, potente e innovador, de líricas tan terriblemente creativas como duras. Eso nadie podía saberlo.

Cerró su Twitter y solo sabíamos de él gracias a su Tumblr, donde los post escuetos y crípticos se acumulaban hablando de todo, hasta que comenzaron a referirse a su trabajo, allí durante un tiempo especuló con la salida de Boys Don’t Cry, el que sería sucesor de Channel Orange. Que sería lanzado en julio de 2015, en septiembre, en enero de 2016, en marzo. Finalmente llegó el diecinueve de agosto de hace dos años Endless, un proyecto audiovisual de menos de una hora, cuyo lanzamiento fue sorpresivo pero quizás Ocean no superaba las expectativas. El regreso había sonado a poco, pero las especulaciones nunca se detenían.

Todo cambió al día siguiente cuando Blonde vio la luz y llegó a los oídos del mundo entero. Frank abandonó toda compañía discográfica y con este nuevo disco inauguró la moda del R&B y el rap de incluir absolutamente todas sus colaboraciones, sus sampleos, sus riffs, absolutamente todos sus sonidos, los cuales en este caso iban desde André 3000, David Bowie, James Blake, Beyoncé, SebastiAn, entre muchísimos más.

Así fue como llegó Blonde, un disco sumamente pensado (hasta podría decirse meditado) con una atmósfera reflexiva, empapado de referencias, audaz y cambiante, íntimo hasta caer en la introspección y la metafísica.

Sus sonidos encumbraron a Frank Ocean entre los artistas más creativos y originales de nuestra época a la vez que lo tiñeron de gris y lo hicieron casi invisible a la mirada pública, sus shows hoy resultan escasos y sus singles lanzados de forma esporádica luego de este material lo reivindican de forma constante y nos mantienen siempre a la espera que incluso hoy, promete ser larga.

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