El pasado 24 domingo de marzo dio a luz un nuevo festival de música en Argentina. Y si bien la creación de espacios para la difusión del indie local se encuentra en auge, Fardo propone una experiencia distinta: la naturaleza. Su sede en el predio de La Aldea en Pilar, invita a entrar en contacto con un aire más puro y una vista del cielo solo interrumpida por los árboles.

Los encargados de abrir el festival fueron los chicos de Asteroide. Sus sonidos parecían acordes a un cielo que oscilaba entre una luz dorada y nubes grises. Su rock espacial, como ellos mismos lo definen, encendió el lugar para abrir paso a una tarde de música al aire libre.

Asteroide – Foto: Giuli Mastrangelo
Asteroide – Foto: Giuli Mastrangelo
La Femme D’Argent – Foto: Victoria Mourelle
La Femme D’Argent – Foto: Giuli Mastrangelo

La Femme D’Argent fue la voz femenina de la fecha. Los integrantes de la banda de Agustina Vivo tenían un estilismo galáctico que los teletransportaba a una atmósfera atemporal, lejos de la cotidianidad de la ciudad. Mientras caía la tarde, Vivo acompañaba su voz con movimientos rítmicos e invitaba a la gente a vivir una experiencia sensorial.

Se hacía la noche y el lugar empezaba a llenarse cuando Lo’ Pibitos pusieron primera a la fiesta de funk y rap. Es una banda que siempre sabe cómo prender la chispa y especialmente en vivo. La gente coreaba y saltaba al ritmo de “Anda corriendo el rumor/ Que Lo’ Pibito se agitan con amor.” A la par de canciones como «Yastá» y «El ritmo de la vida», la banda hizo alusión a la fecha y recordó que el 24 de marzo es el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Entre bandas había espectadores que disfrutaban de la espera al lado del escenario o cerca del fuego. Uno podía alejarse, elegir algo entre las opciones gastronómicas y sentarse entre los árboles junto a las llamas de la fogata.

Lo’ Pibitos – Foto: Victoria Mourelle
Lo’ Pibitos – Foto: Victoria Mourelle
Lo’ Pibitos – Foto: Giuli Mastrangelo
Bandalos Chinos – Foto: Giuli Mastrangelo
Bandalos Chinos – Foto: Giuli Mastrangelo

Bandalos Chinos, recién llegados de México, aparecieron lookeados como si hubiesen viajado desde los 70. Mientras los sonidos se amalgamaban y Goyo empezaba a bailar, esa energía retro se iba desprendiendo del escenario. La gente vitoreaba mientras sonaban las primeras notas de «Vámonos de viaje» y comenzaba una fiesta abajo del escenario. Con un pop sintético y funk rockero, la banda entregó un sinfín de baile y disfrute.

El clima bajó y el ambiente cambió. Cuando apareció El Mató a un Policía Motorizado todo se volvió una sucesión de matices, de la oscuridad al cielo estrellado. Este juego de luces y sombras acompañaron los ritmos de sus canciones melancólicas y llenas de distorsión. En el medio, Santiago Motorizado saludaba con ese “amiguitos y amiguitas” que suena tierno en un ambiente más bien denso. La banda también dedicó una de sus canciones a la abuela del bajista, recordando una vez más a los desaparecidos durante la dictadura. Hacia el final, la luna iluminaba al público y sobre el escenario se proyectaba una galaxia fundida en humo y música. Esa es la imagen que cerró la noche de un nuevo festival, puente entre la escena indie local y un público en búsqueda de nuevas experiencias.

El Mató a un Policía Motorizado – Foto: Victoria Mourelle
El Mató a un Policía Motorizado – Foto: Giuli Mastrangelo
El Mató a un Policía Motorizado – Foto: Giuli Mastrangelo
El Mató a un Policía Motorizado – Foto: Giuli Mastrangelo

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Foto principal: Giuli Mastrangelo.