El viernes, pasada la medianoche, las puertas de La Confitería de Lacroze abrieron sus puertas para la presentación de Fundir todo, el nuevo disco de Las cosas que pasan. Un par de días atrás, la banda mendocina había hecho una presentación con la misma propuesta. Los videos y los comentarios te hacen la idea directamente que todo fue encaminado porque se fundió. Próximamente, la banda que tiene al frente a Peluqui, va a largar un documental con todo lo que fue aquella fiesta de disfraces en su tierra natal, uno de los puntos emergentes que más está haciendo vibrar al país. Pero la fiesta de Buenos Aires fue diferente, porque a diferencia de Mendoza, no hubo casi ningún disfraz. Quizás alguno que otro se podía visualizar entre la gente, pero eso no desanimó a su vocalista quien llevaba un traje de oso, con una de las gorras que lo caracteriza y mucho menos desanimó a la banda en una noche ideal para fundir todo.

Abrieron la noche Camila Rodríguez y luego Manolo Lamothe, quienes estuvieron a cargo de pasar música para ponerle tono y color a la previa. Luego estuvieron presentes Wax & Smoke haciendo de las suyas. Entre una terraza donde se fumaba y la pista donde se bailaba, estaba la escalera que daba la primera comunicación entre las personas. Era distinto a un recital común y corriente, era una fiesta, literal. La banda empezó a tocar a las 3 de la mañana, una vez generado el clima, entre el humo de arriba, la birra de abajo y esa constante sensación de que el tiempo pasaba en el sube y baja entre escalón y escalón.

Las cosas que pasan antes eran un trío, ahora no. Cuentan con otro guitarrista que acompaña al Peluqui, Emi Hernández, y el baterista de Alicia, Leandro Fantagusi. A veces las cosas pueden cambiar, la presencia de Gonza Nehuén varía entre la batería y los sintetizadores, aunque no estuvo presente, ya que se encontraba dando una gira con su formato solista. Tito Monsalvo con el bajo, a la derecha de Peluqui acompañándolo, como a viceversa pasa con las canciones de su Hotel universo; o como también ese otro proyecto a dúo que tiene llamado Tito y Nacho. Las cosas que pasan es un grupo de amigos con un montón de formas de decir las cosas que molestan, como así también las que los sensibiliza. En la arista que tiene al frente a Peluqui se enfatiza la distorsión, el enojo y una poderosa manera de decir palabras que duelen pero con bronca a garganta rota.

El recital abrió con las cuatro primeras canciones que empieza el nuevo disco. “Cosmos seta” te adentra abriendo el telón, sonidos espaciales van haciendo el espacio para la caída de los meteoritos. Los golpes de la banda le dan inmediatamente el lugar a la otra canción, “El recuerdo“, y enseguida estamos en ese universo, en el que no hay un hotel, sino más bien una especie de callejón, donde el trance tiene forma de destrucción y hay un camino subjetivo con cierta nostalgia que se transmite con alaridos.

La tercera canción fue “Luján“, una canción que ilustra todo lo dicho anteriormente, ya que dibuja el pueblo donde creció, con un trazo muy fino para luego empezar a rayar el cuadro. La nostalgia se presenta también en ese flechazo inmediato a Kurt Cobain cuando Peluqui grita. No es porque Las cosas que pasan sea igual a Nirvana, sino que lo que sucedió es que el grunge a nivel nacional fue un detalle perdido por mucho tiempo y Las cosas que pasan lo están devolviendo a una generación que está abierta a explotar los géneros. El público de la banda está creciendo recital tras recital y, a mi parecer, la banda aun ni siquiera hizo la explosión que se merece y creo que es por este acto fiel de recuperación. Es más difícil acercarse porque es algo que no estaba sucediendo, pero me alivia saber que es algo que va a ir creciendo.

La noche también le dio lugar a algunas canciones de su primer disco, la doble “Antípodas” y “Carrera mental“. El primer disco dura tan solo diez minutos pero sin embargo en vivo se expandía multiplicando la duración. Ahora con el nuevo disco, la premisa pareció ser trasladar esa ferviente y ruidosa sensación del show, al sonido de estudio y no viceversa, que sea agresiva por estética y sucia por decisión. Las cosas que pasan tiene actitud, tiene identidad, tiene geografía y una frente en alto con unos ojos caídos, que es lo que se necesita para convertir el dolor en bronca y un triste recuerdo en una hermosa lección.

Siguió la potente “Matmática“, una canción que atraviesa todos los ciclos y frecuencias del grupo. La canción más larga de la banda: dura más de la mitad del primer disco. Peluqui, aparte de una poderosa voz, también posee una gran poética y eso se luce en todas las canciones. La primera parte va de pensar el aprendizaje como una forma de volver a empezar, con toda la energía que prolifera el grupo, mientras que hay una segunda parte donde la canción se cae y se siente un vacío profundo. Los aplausos de la gente que cree que la canción termina, también son una cuestión de tiempo; los que se sabían el tema disfrutaban de esa masa poderosa que se volvía a poner de pie poco a poco con la parte instrumental. Como si un cuerpo cayera fuertemente al piso y empezara a recobrar la fuerza, primero los brazos, luego los pies y el calor empieza a entrar otra vez. Latido por latido, instrumento por instrumento y la creciente vuelve a la garganta con el grito mendocino de “¡Dale Culiado!” y se funde todo otra vez en un pogo.

El disco nuevo seguía pasando entre canción y canción su primer paso por Buenos Aires. La banda ya tocó varias veces, pero con otras formaciones. Abrieron a DIIV y últimamente también un show de Los Brujos en el Roxy. Los Brujos abrieron la presentación de Nirvana, pequeño guiño. También hicieron varias presentaciones junto a sus colegas mendocinos, pero cuando del disco nuevo sólo se conocían dos canciones (“Luján” y “No fuimos a votar“). Había una necesidad por parte de la banda de conocer con cuánto público contaba por cuenta propia y esta fue la oportunidad perfecta para demostrar nuevas melodías como “Naturaleza animal” y “Nada espacial“. Pero también para repasar la precuela de “Luján“, uno de los himnos de la banda, la opulenta “En la montaña“, y ya estando todo explotado, “Hasta la pija“.

La noche cerró con la canción que conocimos como adelanto, un tema que Peluqui venía guardando hace bastante tiempo, quizás alrededor de dos años: “No fuimos a votar“, una canción tan vigorosa como melancólica, cargada de euforia que interpretándola en vivo potencia cada una de sus características que la convierten en una de las mejores canciones de la banda. Un sonido que va en creciente, como una ola que rompe un acantilado y los pedazos de una poética de un instante acongojado.

Las cosas que pasan agradeció a su público e hizo saber el esfuerzo que resultaba para ellos organizar algo como lo que se estaba viviendo. El público respondió con un gran aplauso que dio inicio a una nueva espera a que vuelvan. La fiesta continuó por un buen rato más.

Comunidad Indie Hoy