A lo largo de su carrera Rosalía cambió de forma varias veces. Sus primeros discos de estudio, Los ángeles y El mal querer, dejaron claro que no se planteaba solamente reformular los sonidos autóctonos de España, sino expandirse. Siguió esa línea de metamorfosis en Motomami, un disco voraz que rompió con la idea que la opinión pública tenía sobre ella: reggaetón, pop, flamenco y jazz de altura se combinaban en uno de los discos más exitosos y virales de los últimos años. Tres años después, muta otra vez con Lux, un disco en donde se despoja del artificio del hit para construir un cuerpo sonoro en cuatro movimientos que juega con lo místico, la inmediatez, la digitalidad y el ser.
Rosalía dijo que este disco nace de una pregunta sobre la fe. Pero no se trata de una fe exclusiva de una única religión, sino de una fe que se aloja en la intimidad. Si Motomami celebraba el caos, la ruptura del yo, el ruido del deseo, Lux es la resaca de ese estallido. Es el momento después del aplauso, cuando el eco que aún retumba en el silencio empieza a incomodar. Las letras hablan de redención, de culpa, de tentación, pero lo más potente del álbum es que no ofrece respuestas. La luz de Rosalía no cura ni promete, sino que se propone interrogar y problematizar el ser mismo en toda su complejidad.
En este recorrido, Rosalía canta en trece idiomas distintos (español, catalán, portugués, latín, alemán y árabe, entre otros) como si necesitara fragmentarse para ser universal. Se disuelve en diferentes lenguas porque el sonido ya le queda corto, necesita expresar de otra manera esta invocación divina y nos invita a sentir que necesitamos creer en algo que nos convoque de manera audaz.
Al igual que en su plano lírico, la música de Lux no se contenta con una sola identidad. La orquesta convive con beats industriales, coros sacros y distorsiones electrónicas. Entre sus tracks más destacables se encuentran “Porcelana” (inspirada en la historia de Ryzen Gens, una monja y poeta japonesa del siglo XVII que destruyó su rostro para ser aceptada en un monasterio), donde Rosalía reflexiona sobre el sacrificio, la autoidentificación y la libertad femenina espiritual a través de la combinación de rap japonés, palmas flamencas y un coro que construye tensión a lo largo de toda la canción. Por momentos, la interrumpe la voz de Dougie F., entonando en inglés: “Sé que en cierta forma estás asustado”, como si, de cierta manera, Rosalía intuyera que aquel al que pone en frente sintiera miedo de su seguridad.
En “La yugular” —que incluye un sample increíble de Patti Smith—, Rosalía hace referencia a la creencia de que el alma pesa 21 gramos (el peso que el cuerpo pierde al morir), suficientes para contener la historia universal: “Yo quepo en el mundo y mundo cabe en mí“. Otra de las canciones destacas del disco es “Memória”, junto a Carminho, que se recuesta sobre el fado y una suave saudade en portugués para entonar una balada a un amor que se cree olvidado.
Lux es un álbum minucioso y ambicioso. Cada fragmento está tallado con una precisión que por momentos resulta abrumadora, pero es justamente ese exceso (esa voluntad de totalidad) lo que atrae. No busca ser cómodo y loopeable hasta el hartazgo, sino monumental, lo que se ve en la larga lista de créditos que incluye: desde la London Symphony Orchestra bajo la dirección del danés Daníel Bjarnason hasta a Björk e Yves Tumor. La producción estuvo en manos de la misma Rosalía junto a Noah Goldstein, Sir Dylan y Caroline Shaw, pero contó también con participaciones estelares de Jake Miller, Pharrell Williams, El Guincho y Elliott Kozel.
Con Lux, la catalana se confirma como una de las artistas más visionarias de nuestra generación, capaz de convertir la fama en un espacio de reflexión estética y política. Su música, que alguna vez fue un vehículo para el éxito, se vuelve aquí un dispositivo de trascendencia. Lux pretende que te tomes el tiempo de sentarte y escucharlo con paz total. Es un disco que se medita y atraviesa, no se consume: pide tiempo, atención, y cierto abandono del control, el frenetismo y la digitalidad. A cambio, ofrece una experiencia que trasciende la escucha: un estado de inmersión en la propia luz.
Escuchá Lux de Rosalía en las plataformas (Apple Music, Spotify, Tidal).









