Categorías: Discos
| Publicado
04/08/2020

Taylor Swift - Folklore

En su octavo disco de estudio, la cantautora norteamericana hace un cambio de rumbo.

Foto: Beth Garrabrant

Para Taylor Swift, la masividad fue casi inevitable. Sus canciones cuentan historias que parten de un individualismo para convertirse en universales y comerciables. Sus discos inspiran una manera de ver el mundo desde un punto de vista abiertamente romántico y esperanzador en el que los errores del pasado enseñan el camino del futuro. Quizás por eso es que su transición gradual del country folk al pop mainstream se sintió tan natural. Pero el título de "Reina del pop" nunca le encajó a una compositora tan intimista y casera. A medida que su popularidad crecía con cada disco, las maneras en las que trataba de jugar el juego de la industria de la música pop parecían más y más desesperadas. Esta vez, parece que Swift está lista para empezar un juego distinto.

Por eso Folklore, aunque parezca en la superficie venir de la nada, era del todo esperable. Llega en un momento en el que Swift se cansó de seguir el juego del súper estrellato y estaba lista para sacar un disco sin concesiones. Representa un cambio con respecto del pop reluciente de Lover, el disco que sacó en 2019 con más de cuatro meses de anticipación y dos exitosos singles promocionales producidos por Jack Antonoff. Folklore, anunciado un día antes de que saliera y sin ningún éxito garantizado, es un disco acústico y despojado producido por Aaron Dressner de la banda de indie rock The National. En cierto modo, es un disco hecho para que sus críticos lo adopten sin tener que lidiar con el glamour asociado a su música. Pero en el centro de Folklore se encuentran las mismas temáticas y sensibilidad pop que Taylor siempre ha tenido, solo que con otra capa de barniz.

El tipo de baladas catárticas que antes eran una curiosidad en los discos de Swift, como “Enchanted” en Speak Now, “All Too Well” en Red, “Wildest Dreams” en 1989, y “Cornelia Street” en Lover, esta vez son lo habitual. Sus melodías fluyen con mayor cuidado entre una producción frágil y fragmentada. "My Tears Ricochet" es una de las piezas centrales del disco y resume el sonido que vamos a encontrar en el resto de las canciones, con sus melodías guardadas, su instrumentación invernal y sus arreglos orquestales apagados. Incluso el tema más movido del disco, "The Last Great American Dinasty", tiene partes instrumentales más cercanas a sus viejas canciones de country. Folklore hierve a fuego lento su proceso de autodescubrimiento.

Este enfoque también aparece en las letras del disco, en las que Swift deja de lado su estilo autobiográfico y se ocupa en contar historias de desamparo y pérdida. Nunca había sonado tan apenada como lo hace en este disco, o al menos nunca tan cautelosa al demostrar sus sentimientos. El desamor es un sentimiento presente en cada canción, pero no aparece en forma de culpa propia o ajena: la madurez viene de admitir que las historias no mueren de forma tan fácil. En "Mirrorball" se desespera al darse cuenta que está perdiendo a alguien que le da vida, sin poder desconectarse de su propia obsesión. No quiere, o tal vez no puede, dejar ir los recuerdos en canciones como “August”, lo que hace que una composición como “This Is Me Trying” sea incluso más aplastante, en la forma en que se disuelve en falsettos débiles al ver que su mejor versión puede no ser suficiente. "Exile" muestra cómo las relaciones rotas se pueden volver monólogos, con Justin Vernon de Bon Iver como el hombre despechado que tal vez tenga razón pero tal vez no. “Nunca me diste una señal de advertencia”, dice Vernon y Swift responde: "Te di tantas señales”. En la impactante “Illicit Affairs”, el amor secreto se termina rompiendo y lastima a ambas partes en el proceso. Esta forma de encarnar sus emociones hace que los momentos de quiebre -para bien o para mal- sean el doble de poderosos.

El motivo recurrente en el disco es la cuestión de cómo dar cuenta de la culpa y la vergüenza que la sociedad incita en las mujeres. Swift, una víctima del juicio social, no puede evitar comparar su historia con la de la compositora Rebekah Harkness y la forma en que fue juzgada durante toda su vida. Sin embargo, ambas no dejaron que eso las pare. Porque Swift sabe cuál es su límite y sabe cuándo debe reaccionar, algo que hace en “Mad Woman” tratando a sus detractores con tanto poder en lo pequeño, con sus guitarras restringidas y sus melodías susurradas. En Folklore, Swift aprendió que menos es más.

Pero así como hay despecho y furia, también hay amor que no puede evitar ser desmedido. “Invisible String” es un agradecimiento gentil hacia su pareja, una oda a la curiosidad y a entregarse a lo que tiene para dar el destino. “Cardigan” pasa por mucho dolor en el medio de las cuerdas electrónicas apagadas, pero cae al final en un sueño en el que ese amor vuelve, y Swift recuerda los buenos momentos con un aire típico de gracia sobre una producción envolvente como un paseo en lo profundo del bosque. Y “Betty”... nadie sabe de dónde salió “Betty”, pero es un regalo a sus fans. El momento más cálido del disco propone un regreso a la inocencia adolescente en el que todos los errores están a un beso de ser perdonados.

Folklore no logra mantener un mismo brillo de principio a fin y tampoco es el mejor proyecto de Swift. La mayoría de las canciones muestran su truco en el primer minuto y no se desarrollan a partir de ellos. La instrumentación orquestal se vuelve demasiado monótona y quieta, lo cual es un problema para un disco de más de una hora. Y aunque Taylor sea una vocalista muy expresiva, le vendría bien cambiar de a ratos su tono demasiado limpio. Pero en sus mejores momentos, Folklore se siente como un disco que debería haber salido en cinco años, cuando Swift ya no estuviese en la cima del mundo. Si discos como 1989 y Lover eran recorridos por la ciudad iluminada recolectando sentimientos encontrados, Folklore es pasar por una casa abandonada y dar detalle de cada grieta, de cada ralladura, de cada rasgo perdido. En "Epiphany”, mientras las cuerdas parecen estar suspendidas en el aire como un waltz estático, Swift canta: “Solo veinte minutos para dormir, pero soñás con alguna epifanía”. No sería un disco de Taylor Swift sin ese ideal mágico, sin ese entendimiento de que existe algo fuera de uno.

Taylor Swift - Folklore

2020 - Republic

01. The 1
02. Cardigan
03. The Last Great American Dynasty
04. Exile
05. My Tears Ricochet
06. Mirrorball
07. Seven
08. August
09. This Is Me Trying
10. Illicit Affairs
11. Invisible String
12. Mad Woman
13. Epiphany
14. Betty
15. Peace
16. Hoax
17. The Lakes