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Los 50 mejores discos del 2017

Por Indie Hoy

Se aproxima el fin de año y cada uno hará su propio balance de los últimos doce meses, que a escala global tuvo tópicos que atravesaron fronteras. En un año de movimientos políticos y sociales, en este mundo peligroso la música acompañó y acompaña. Los discos de protesta, que ya vienen protagonizando un resurgir desde el año pasado, no dejan de proliferarse a la vez que se suman nuevas voces. La escena nacional atraviesa una etapa de producción más que rica, entre consagrados, regresos y debuts.

Como en cada diciembre, el staff de Indie Hoy elige los 50 discos que definieron el año: durante toda esta semana publicaremos el listado, liberando 10 posiciones cada día. Estos 50 títulos, como siempre generarán comentarios y polémicas, pero es solo un ejercicio democrático entre los colaboradores del sitio. Un dato a tener en cuenta es que fueron 197 discos los que sumaron votos, por lo que esta lista es apenas una muestra de lo fructífero que fue este 2017.

Si hacen clic en las portadas, pueden ir a la plataforma digital que ofrece el disco en streaming. Algunos títulos también tienen una reseña completa, previamente publicada, que pueden leer siguiendo el link que aparece al lado de la firma del autor.

50. Kelela – Take Me Apart

Warp

Kelela sabe lo que hace. Su disco debut, después de los exitosos preludios que fueron su mixtape y EP, lo confirma. Para editar su primer álbum, pasó por una etapa de prueba y error hasta llegar a la fórmula que estaba buscando, una en la que ella toma por completo las riendas de su creación. En esta, la sensualidad que irradia su persona se mezcla con la experiencia que deja el desamor y, principalmente, la posibilidad de uno nuevo. Con una producción de lo más variada, que en primera instancia la incluye a ella, así como a figuras de la talla de Arca o Han City, aunque bastante alejada de nombres que están en la boca de todos, Take Me Apart es su mejor y más maduro trabajo. En sus catorce temas, Kelela no sólo muestra que es capaz de estar a la altura de sus pares sino que, además, tiene más potencial que cualquiera. – Fernando Pagano

49. Grizzly Bear – Painted Ruins

RCA

Cinco años es un montón de tiempo en la vida real y una eternidad en el mundo de la música. En 2012, los chicos de Grizzly Bear nos obsequiaron un genial álbum llamado Shields y luego se recluyeron en las sombras (aunque aparecieron por Facebook de vez en cuando para hablar de política). Pasó un lustro silencioso para ellos y la escena musical cambió. Algunos nos preguntamos si volverían. Recién en mayo de este año dieron señales de vida y lanzaron la excelente “Three Rings”, que me recordó a algún sencillo perdido de Radiohead. Este tema tiene un dejo rockero que estaba un poco ausente en su álbum anterior, y destaca por un bajo cautivante y una sección ambiental muy bonita hacia la mitad. Casi todo lo demás de Painted Ruins se centra en explorar la faceta más solemne del art rock, con los típicos ingredientes de la banda: sintetizadores agudos y muy contenidos (“Mourning Sound”), algún crescendo (“Three Rings”) y un tema final grave (“Sky Took Hold”). – Benjamín CarabajalReseña completa

48. Charly García – Random

Sony Music Argentina

Charly García vuelve a dejar en claro que su música siempre se conjuga en presente. El creador de canciones hechas para que duren para siempre da vida a diez temas que arman un impresionante collage. Con este trabajo, Charly hace un gesto comparable a David Bowie en The Next Day, el disco con el que el Duque Blanco salió de una pausa de años, trayendo nueva música, sirviéndose libremente de sonidos de toda su discografía. De manera similar, en Random hay constantes guiños y fragmentos de su historia e influencias, pero evitando la repetición, la nostalgia y las comparaciones vacías. El nuevo disco de Charly es justamente eso: nuevo. – Mariano RosalesReseña completa

47. Mount Eerie – A Crow Looked at Me

P.W. Elverum & Sun

En este disco, Phil Elverum nos cuenta detalladamente la coyuntura que llevó a la trágica muerte de su esposa a manos del cáncer. Lo hace con una sencillez casi mórbida, permitiéndonos entrar en cada rincón de su casa y su ciudad para mostrarnos las escenas que le siguieron a semejante tragedia. El mismo Phil dijo que este álbum a duras penas se lo puede considerar música: Con no más de una guitarra y algún que otra base sintética, este álbum es una experiencia desgarradora que puede ponerte los pelos de punta y llenarte los ojos de lágrimas sin intentarlo demasiado. Porque las imágenes son tan vívidas que pareciera que estás presenciando lo que está pasando, estás viviendo lo acontecido con el protagonista y el resultado es un display de angustia y dolor como pocos. – Manuel Saiegh

46. Moses Sumney – Aromanticism

Jagjaguwar

Desde el lanzamiento de su primer EP en el 2014, Moses Sumney ha definido su identidad musical a partir del recurso a una multiplicidad de capas vocales que se superponen fluidamente para formar un coro de uno. Su falsetto celestial –sumado a una fusión de géneros que concilia soul, folk y electrónica– devino en una voz enteramente personal que supo cautivar a artistas de la talla de Sufjan Stevens, Solange y James Blake. Aromanticism, su primer álbum de estudio, es la destilación más refinada de su visión a la fecha. Con una duración que apenas excede la media hora, es un trabajo no sólo enfocado sino también relevante puesto que profundiza sobre la ausencia de orientación romántica. Pertenecer a una minoría es una experiencia solitaria de base, especialmente si se trata de una así de invisibilizada, donde quienes la integran pueden auto-percibirse como seres rotos y sin precedentes. Que Moses Sumney visibilice semejante tópico, de forma totalmente naturalizada, y en un entorno donde la imposición del romance es normativa e informada por sistemas subrepticios, es algo francamente radical. “We cannot be lovers ‘cause I am the other”, vocaliza el músico en “Quarrel”, entretejiendo con una línea posterior de “Indulge Me”: “All my old others have found lovers”. Tal minuciosidad es sólo un testamento del grado de control que Moses Sumney maneja en este brillante debut. – Bartolomé Armentano

45. La vida en familia – El amor y el tiempo

Yolanda Discos

El amor y el tiempo es un disco del futuro. Boleros de un Luis Miguel post apocalíptico, que hace llorar a las máquinas sentimentales. La vida en familia tiene una voz adelante, la de Sebastián Man, de una corporalidad robusta como una ola de mar. Hay un resquicio de sonido y se mete, abrasivo, con una textura densa. Esa voz encuentra lo dulce, crece en volumen cuando desde lo oculto aparecen los coros de Magdalena Seeber. El primer disco de La vida en familia se transforma automáticamente en un clásico personal. Una bitácora de vida cotidiana, de los dolores de la personalidad y la luz de la mañana, en la casa, en la rutina. “La hora del té” se desprende como la canción madre del disco. Es una pieza misteriosa, lynchiana, de baile brillante en la oscuridad. “Con vos, y vos, y nadie más. No sé qué podría pasar”, cantan los dos, y aparece un teclado casi nupcial, desde donde emerge un synth pop mágico, de vestido de lentejuelas y poesía en neones en un sótano secreto de ciudad. Así, en El amor y el tiempo, cada sonido emerge como una capa dentro de otra capa, desde lo profundo de la oscuridad, hay otra textura de oscuridad, de ahí sale una luz, un sonido, una fuerza que suma una melodía sofisticada y embelesante. – Romina Zanellato

44. Sean Nicholas Savage – Yummycomma

Arbutus Records

Cuando vivir en un mundo tambaleante, lleno de incertidumbres, se siente una proeza, existen quienes encuentran confort en lo constante, en lo benévolo de la familiaridad. Tengo la fortuna de pertenecer a un pequeño grupo de personas, con gran corazón y una muy particular sensibilidad rítmica, que se contentan con saber que cada nuevo año hay un disco del “Sean”, y que, desde hace más de media década, esa premisa no trae decepción alguna. Con la misma impronta romántico-tropical y su -cada vez mejor lograda- pulcritud musical, Sean Nicholas Savage erigió Yummycomma. Grandilocuente desde un inicio (con remembranzas a Magnificent Fist, su predecesor), la producción ofrenda sus mas importantes contribuciones desde un comienzo. Yummycomma es, compositivamente, de lo mejor del vasto repertorio de Savage. Lo encuentra sólido como artista y se beneficia de la paleta de emociones que ha construido con maestría a lo largo de sus dichosos anteriores discos. Sean es amor, la familiaridad que se une con la sorpresa, la caricia espiritual que nunca decepciona. Yummycomma es un merecido epítome en su carrera, que nos deja a la espera de una nueva superación – Agustina Checa

43. Calvin Harris – Funk Wav Bounce Vol. 1

Sony

Funk Wav Bounces Vol 1, quinto disco de estudio del productor escocés, es un regreso a las raíces dejando de lado el electropop que lo hizo popular en los últimos años. En un movimiento un tanto arriesgado ante una base de fans que logró ganar con sus hits radiales, Calvin Harris produjo tal vez uno de los mejores albums de su carrera, la cual lleva más de una década. Este nuevo proyecto de Harris es una celebración de R&B, pop, nu-disco y funk que no se olvidan de llevarte a la pista de baile. El primer sencillo fue “Slide”, una sorpresiva colaboración con Frank Ocean y Migos, que los encuentra a todos fuera de la zona de confort para lograr un himno nu-disco perfecto para los próximos veranos. Funk Wav es un disco lleno de colaboraciones especiales, que ninguna esta de más. “Feels” y “Heatstroke”, junto a grandes estrellas pop como Katy Perry, Ariana Grande y Pharrell Williams, son pop radial fusionado con groove de la música de los años ’70. Hacía mucho tiempo que Calvin no mostraba lo talentoso que puede ser y lo que es capaz de hacer como productor. Su papel en el estudio brilla en la oda R&B “Faking It”, junto a la increíble Kehlani, y en “Hard to Love” con la gran voz de Jessie Reyez. El hip hop también se hace presente en “Rollin” con la nueva estrella Khalid, que formara parte del Lollapalooza el año que viene, y en la emotiva “Prayers Up” con colaboraciones de Travis Scott y A-Trak. Este disco fue una de las grandes sorpresas del 2017 con un Calvin Harris que dio un giro de 180 grados y dejó callados hasta a los mas escépticos. – Fernando Traba

42. Mac DeMarco – This Old Dog

Captured Tracks

El quinto disco de Mac DeMarco es el más alejado de su personaje jodón y humorístico. This Old Dog es un disco que suena más clásico: algunos dirán que creció, otros que maduró, pero lo cierto es que el canadiense sigue haciendo una carrera en base a su poesía cotidiana y al exquisito sonido que logra en la grabación. Nuevamente, todos los instrumentos del disco fueron tocados, grabados y mezclados por él mismo. El sucesor de Another One lo encuentra a DeMarco más contemplativo y preocupado por cuestiones asociadas al inevitable paso del tiempo: “My Old Man”, el tema que abre el álbum, trata sobre encontrar en él rasgos de su padre, a quien definió como “un hijo de puta” (DeMarco sr. abandonó a su familia cuando Mac tenía cuatro años). También, en otro paisaje: en este tiempo, DeMarco dejó Nueva York y se mudó a Los Ángeles, una ciudad que siempre se asoció con la luz y el calor. This Old Dog es su versión más luminosa, un cambio necesario en su -ya de por sí vasto- repertorio, entre música de living y acústica: suena a que un día se levantó y decidió ponerse a limpiar con las ventanas abiertas. – Rodrigo Piedra

41. Dani Umpi – Lechiguanas

Otras formas

Más de cinco años esperarían los seguidores del multifacético uruguayo por esta producción que por suerte no decepciona, sino todo lo contrario. Dani Umpi es ya un popstar de culto y con Lechiguanas eso queda más que confirmado. Del mismo modo que la variedad de avispas que da nombre a este disco, cada una de sus canciones destila una miel tan dulce como venenosa. Nos encontramos con una oda discotequera tras otra; jocosas referencias al mundo del jetset en “Punta 92 2002”; arengas empoderadoras que embisten con un optimismo inesperado en canciones como “Tebas” y “Cleopatra entrando en Roma”. En todo caso, el momento más pendenciero y contagioso llega con el coro de “La Yuta”: “Ahora elijo bien a quién quiero besar/ Que la yuta me venga a buscar”. Por otra parte, también se destaca la participación de Diosque en “Lucifera”, tema que narra una historia de desamor con tintes esotéricos. Sin dudas, el contundente sonido de este álbum da cuenta de la madurez y refinación de este artista tras una larga trayectoria en la escena; así como evoca lo mejor del pop sudamericano de estos años recientes (léanse Alex Anwandter y Miranda!): melodramático y bailable a más no poder. – Laura Camargo

40. Tyler, the Creator – Flower Boy

Columbia

Tyler, the Creator es parte de una ola de hip hop experimental y sensible que hace callar la boca a quienes pretenden encasillar al género en estereotipos caracterizados por el exceso de testosterona. Es por esto que con frecuencia, en sus canciones abandera causas progresistas: Menciona movimientos como Black Lives Matters, así como sucesos de violencia discriminatoria de la historia estadounidense y es crítico del consumismo ciego y las tradiciones morales. Así que también es probable que con sus sugerentes letras simplemente se esté burlando de la “hombría” que normalmente le es exigida a los representantes de ciertos géneros musicales aún en la actualidad. En medio de una estética floral, las abejas, los rumores y los memes difundidos por él mismo, Tyler ha conseguido fijar la atención mundial en este disco que no solo resulta de una genialidad musical admirable; sino que pone sobre la mesa la discusión de asuntos cruciales para esta generación como la identidad sexual, el racismo y las ansiedades, haciéndole honor a su pseudónimo: The Creator. – Laura CamargoReseña completa

39. Andrés Ruiz – Víctima de la imaginación

Furbo Discos

Víctima de la Imaginación, el séptimo álbum de Andrés Ruiz (editado por Furbo Discos, sello que Andrés fundó en 2014 junto al Bowie rosarino Pablo Jubany), es un quiebre en su repertorio que contrasta con lo precedente por un solo motivo: es un disco pop. Atrás quedó la experimentación barroca que caracterizaba trabajos como Amor Ventrílocuo (2007) o Los Deudos (2008), donde abundaban el piano, la guitarra y las cuerdas. Ruiz ha ido degenerándose desde su debut, alejándose de la predominancia técnica para acercarse a lo accesible y quizás cementar una voz singular – una que maneja cuestiones rítmicas y de textura de una manera muy personal. Que el sonido de Víctima de la Imaginación sea más inmediato o instrumentalmente despojado no debe confundirse con simpleza: es un lanzamiento cuidadosamente confeccionado y desarrollado, que revela muchas capas de sonido, tonos de teclados y detalles escondidos. – Bartolomé ArmentanoReseña completa

38. Ariel Pink – Dedicated to Boby Jameson

Mexican Summer

El retorno del hijo pródigo de Beverly Hills siempre es causa de celebración. En una nueva producción sin su anhelado Haunted Graffiti, Rosenberg tiñe lápidas con rosa fluorescente en su conmemoración al anti-héroe que más ha logrado interpelarlo como artista: Bobby Jameson (Crtl C y Crtl V en una nueva ventana). Dedicated to Bobby Jameson es un disco que suena tan sincero como una adoración juvenil. Es tener 14 y un póster de Morrison en la pared. Musicalmente, la entrega de emociones encuentra poderío en el eclecticismo: mezclando nostalgia con irreverencia, violencia con dulzura, urgencia con sosiego. En un torbellino de sentir, se erige un crescendo narrativo en las canciones que, al encontrar familiaridad, se hilvanan con facilidad conceptual. Sus creaciones son fuertes y demandantes, desde “Time to Meet Your God”, pasando por la magnética “Feels Like Heaven” hasta el homenaje mismo, la producción que da nombre al disco, donde Ariel Pink expande su matriz compositiva para hacer justicia a Jameson en un caudal de nostalgia sónica sesentera. Inmediatamente llega el showstopper, el tema que parte el disco al medio y lo obliga a reconfigurar sus emociones: “Time to Live”. “Another Weekend” es el golpe de gracia que aniquila lo que siga en pie. El anhelo universal de “I Wanna Be Young” y las joviales canciones subsiguientes reviven, alertan, allanan el camino para lo que considero una de las grandes contribuciones de este disco, la gloriosa “Kitchen Witch”. Después solo le queda apagarse, lentamente, y rogar que estas caricias sensoriales nos duren hasta el próximo encuentro. Time to live hasta eso. – Agustina Checa

37. Un Planeta – Des

Casa del Puente

La caída dibujada en la tapa del disco ilustra lo que las canciones van a plasmar luego. Desde la primer canción hasta la última, Des te sumerge en el abismo nocturno de una caída al vacío, porque la mente es un espacio sin lugar, donde las reglas se disolvieron y es la hora de sincronizar cada experiencia y hacer propio su lenguaje. Des es el siguiente al disco remix de Refugio, que sirvió de experimento para volcarse de lleno a la electrónica. Con bases de baterías y bajos que te envuelven en una atmósfera más oscura, los efectos en las voces son un instrumento más, pero con una doble función. Porque también el disco esconde debajo toda una poética de desamor, de una separación consigo mismo, donde el cuerpo se abstrae en un vacío blanco y cae. Los ritmos bailables con esa sensualidad constante de repetición, hacen de una historia personal, algo mucho mayor. Des es el disco más conceptual de la banda donde Un Planeta parece lograr orbitarse, rotando sobre sí mismo; desde la primer canción hasta la última, porque con el agua hasta el cuello ya no hay más tiempo. – Juampa Barbero

36. Thundercat – Drunk

Brainfeder

Posiblemente se hable de Drunk como una placa que juntó grandes nombres en su lista de colaboradores; sin embargo, también es verdad que el poder del álbum está en el talento y genialidad de Thundercat. Si bien el álbum no tiene un concepto definido, la celebración de la vida es uno de sus ejes principales, debido a que Thundercat se vio afectado por la muerte de su amigo colaborador Austin Peralta que trascendiera al siguiente plano espiritual; el disco dedicado a él, muta en pura celebración de la existencia. En este disco, resulta notoria la influencia de numerosos estilos musicales, la mayor parte de las cuales estuvieron en boga mucho antes de que Thundercat llegara al mundo, en 1984. En esta polifacética producción convergen el funk, el smooth soul, el jazz fusión, el synth funk y algunos toques del new wave ochentero, los cuales son filtrados en la inspiración de Bruner. Pero lo que convierte de Drunk en un trabajo único, capaz de llevarte a un laberinto obtuso, con ideas, un neuroestimulante como Inception, es escribir el título de un subcapítulo dentro del capítulo que nos ocupa, porque esos géneros están creados con una valentía y un caos mental solo posible para una persona que tiene alteradas temporalmente sus capacidades físicas y mentales. Todos sus discos son conceptuales, pero sí es cierto que quizás en este los temas van más encadenados unos con otros, complementándose. Sus 23 pistas presentan una narración fluida que comienza con una nota algo brillante y gradualmente se desvanece en la oscuridad, un disco que te lleva a través de una noche aburrida de alcohol, drogas, miedo y desamor con el mismo Thundercat. – Leonardo Castro Pozo

35. La otra cara de la nada – Sobre premios y tormentas

Yolanda Discos / Quemasucabeza

Así como lo evidencia la presencia de tres voces y tres guitarras en su formación, quizás la mayor destreza de La otra cara de la nada resida en su abolición de jerarquías verticales a favor de un mimetismo que se les da de forma completamente orgánica. No cabe dudas de que todos sus integrantes (Ignacio del Pórtico, Bruno Gross, Germán Vázquez, Ariel Duce y Nicolás Peña) son músicos fértiles y talentosos por su cuenta, pero en Sobre Premios y Tormentas sus identidades individuales se desvanecen en el rapport resplandeciente que la misma obra demanda. Lanzado por el sello Yolanda Discos, el debut de los oriundos de Misiones es una oda a la juventud. Como tal, sus tardes de verano adoptan magnitudes gigantescas, y sus sentimientos adolescentes proceden a inspirar himnos: nueve grandes canciones imbuidas de post-rock y melodía, que tienen mucho esfuerzo detrás pero no parecen requerirles ninguno. – Bartolomé Armentano

34. Luciana Tagliapietra – Kawaii

Independiente

Antes de lanzar Kawaii, Luciana Tagliapietra publicó un single en Spotify que marcó su nuevo rumbo musical. “Escala” tiene más de 400 mil escuchas porque es, básicamente, una gran canción. Resume su esencia y la proyecta hacia el pop que se levanta en el disco como protagonista total. Kawaii, una palabra japonesa que significa tierno o lindo, es un disco de siete canciones pop que no son ni tiernas ni lindas. Son poderosas. La voz de Luciana empieza el disco con una postura intransigente: “no me gusta lo que hablás, no me gusta cómo te vestís. Ya no puedo caminar con vos, discutiendo del futuro”. Y ahí está, ella siguió adelante en el camino de ella misma. Estas canciones son como un nuevo nacimiento. Sí, está la oscuridad clásica de la tucumana, sí están sus tres discos previos, está el pasado al que le canta haciendo de trampolín, un salto a un futuro bailable. El destino de Kawaii es la pista de baile, la coreografía en la cocina, el canto liberador. Hay un renacimiento en Luciana Tagliapietra, hay un gran disco. – Romina Zanellato

33. Bestia Bebé – Las pruebas destructivas

Discos Laptra

Las pruebas destructivas supone un salto de calidad notable. El sonido, los arreglos, la composición parecen haber dado un paso más en ésta corta pero significativa discografía. Las guitarras se escuchan más adelante, la batería suena compacta, la voz suena más limpia y desenvuelta. Si éste regreso fuera un gol, sería uno de esos que llegan luego de muchos toques, paciencia y una pizca de atrevimiento. El tercer disco de estudio de la banda de Boedo dura 25 minutos, pero las canciones siguen sonando cuando termina. El crecimiento se percibe instantáneamente; ya no suenan tan prolijamente desprolijos ni suben al escenario haciendo chistes. Éste disco parece indicar que finalmente se tomaron en serio su lugar en la escena. Las pruebas destructivas es un gran disco, mejor que el anterior, esmerado, trabajado y por sobre todo, serio. La nueva entrega proyecta a la banda a una sana y merecida juventud, con ventaja de sobra para correr hasta el próximo gol. – Guido ArchReseña completa

32. Diosque – Llanero

Geiser Discos

Cuando Llanero empieza se abre una especie de caja llena de hojas de árboles de todas las formas y tamaños, donde las hojas pasan como en los cuentos. Pero el orden no es de menor a mayor ni viceversa, sino se basa en el disfrutar de cómo las distintas formas se pueden combinar. Lo importante es otra cosa: son las tonalidades, las texturas y sobre todo su nudo en el medio de la caja para poder enlazar todo lo posible. Después de la tercer canción, el disco ya te da la continua sensación de que algo que empieza puede cambiar en cualquier momento, porque hay una incomodidad de quedarse quieto en solamente un género. Combina dentro de la canción ritmos del folclore con la electrónica, los sintetizadores le generan la lluvia y a la vez el estruendo que cambia la ruta del viento. Las formas se mezclan hasta en las voces (con participaciones como la de Julieta Venegas) hasta las distintas formas de pararse frente a la canción como las tiene Diosque. El momento de cantar es un momento de transformación constante con su nudo particular. Agitar la caja y que parezca que todo tiene una forma nueva: la posibilidad de ver todo lo que hay alrededor, sólo la tiene un llanero. – Juampa Barbero

31. Phoenix – Ti Amo

Glassnote

La fantasía italiana de una banda francesa. Ti Amo es un disco de pop perfecto con la producción exacta. No sobra ni un sintetizador ni una guitarra. A lo largo de los 10 tracks que tiene el disco, Thomas Mars es el guía de un paseo por el país de la pasta ambientado en los años ’60 en el que relata historias de romances. Por momentos bailable (“Tuttifrutti”, “Fleur de Lys”), por momentos más reflexivo y ambiental (“Role Model”, “Vía Venero”), el disco no varía de ese espectro, pero sí logra introducir el concepto para que todos puedan ver lo que ellos quieren mostrar. – Franco Vacchetta

30. Sampha – Process

Young Turks

Process es un álbum de 10 canciones en el que Sampha reflexiona acerca de su pasado y de a dónde ha llegado en el presente. No obstante, no lo hace desde una posición segura, vanagloriándose en lo que ha logrado en cuanto a su carrera. Por el contrario, es un disco increíblemente personal, con un ethos bastante frágil por momentos. Los temas recurrentes en este disco suelen ser las relaciones amorosas, la salud y la familia, con especial énfasis en la última. La historia de Sampha se vio bastante truncada en el pasado por problemas de salud y ha sufrido varias pérdidas familiares a manos del cáncer, con lo cual no es difícil esperar que esta temática sea recurrente en sus letras. Siguiendo su trayectoria, en este disco sus ideas se notan mucho más pulidas y ha desarrollado una mejoría importante en lo que respecta a escribir canciones. Es un álbum con un concepto definido y enternecedor. Sin dudas estuvo a la altura del desafío que es sacar un primer LP y nos tiene expectante para ver qué hará en un futuro. – Manuel Saiegh – Reseña completa

29. (Sandy) Alex G – Rocket

Domino

(Sandy) Alex G es un músico de Filadelfia que se hizo conocido por sus numerosas publicaciones en Bandcamp, pero cobró visibilidad en el último tiempo en parte por figurar en los créditos los últimos dos discos de Frank Ocean, Blonde y Endless. Es una unión que de por sí resulta atractiva, ya que ambos músicos se destacan en su sensibilidad queer a la hora de componer. Este año, después de trece lanzamientos disponibles en Bandcamp, Alex G se cambió de nombre y sumó el (Sandy) antes del nombre con el que se lo conoció todo este tiempo (hay una ¿estrella? pop adolescente con el mismo nombre) y publicó Rocket, su primer lanzamiento mediante un sello grande, como lo es Domino. Lo maravilloso es que el contrato discográfico no supuso el siempre temido cambio de dirección, sino que Alex se enaltece, erigiendo así su disco más accesible pero sin dejar de apelar al lo-fi y a las voces casi murmurantes que llevó como insignia todo este tiempo. Canciones de devoción, homoerotismo e intimidad componen a Rocket, con “Sportstar“, “Bobby” o la tierna “Proud” como highlights. Quedate con el que te escriba canciones como Alex G. – Rodrigo Piedra

28. Pyramides – Vacíos y variables

Fuego Amigo Discos

Si algo necesitaba la escena independiente nacional era a aferrarse al post-punk. Pyramides, con su primer disco, abre el panorama, nos apaga la luz y nos hace apreciar el gris de una habitación cerrada hecha de cemento. Pensar en tamices y cristales, en vacíos y variables. Algo que aprendimos con el post-punk es que la melancolía no es quedarse tirado en la cama sino también ponerse a bailar. Un sonido que nos lleva por afuera a Joy Division y lo rodea pero no se queda sólo en la influencia sino que a contraluz apuesta algo más. Porque el sol del invierno te saca de la habitación y te lleva a la calle a patear, a seguir subiendo serio por un sendero que se piensa muerto pero viven en santuarios. El post-punk siempre va a ser contemporáneo porque el punk not dead. El caoscalma, ese intermedio, es una oda a lo que no es blanco ni negro, porque desaparecer en el gris también es hermoso. La voz grave que resalta un corazón acelerado, pero a ritmo lento, nos lleva con ecos a pensar que cualquier santuario es profanable. Pyramides con este disco pisa muy fuerte y une mitades que parecían distanciadas en esta generación. – Juampa Barbero

27. Björk – Utopia

One Little Indian

Más allá de su producción magistral o su contenido más que relevante para el contexto sociopolítico mundial, la ejecución lírica de Utopia es infalible. Las letras y su manera tan particular de cantarlas se amalgaman para crear una sensación de intimidad con el público que recuerdan a la etapa más madura de Kate Bush, en la que una voz prodigiosa ya no necesita demostrarle sus talentos a nadie y deja de lado los excesos extraordinarios por los que era reconocida para dar sólo lo que la propia obra le exige. En Utopia son pocos los momentos de explosión vocal. En cambio, abundan los susurros y falsetes que le dan espacio a una instrumentación impecable que bien podría bastar sin necesidad de ningún otro acompañamiento. A pesar de acortar el tiempo entre disco y disco –de los esperados cuatro años que venía tardando entre cada trabajo los redujo a poco más de dos- y de ser Utopia su álbum más largo con casi una hora y cuarto de duración, el resultado es un conjunto de catorce canciones que se suceden la una a la otra con una fluidez que hace difícil interpretarlas como unidades y no como piezas que se complementan para dar a luz a una mayor y mejor obra. Björk no se equivocaba cuando, hace ya muchos años, sostuvo en una entrevista que sus mejores discos los haría pasados sus cincuenta años: Utopia recién es el comienzo. – Fernando Pagano – Reseña completa

26. Courtney Barnett & Kurt Vile – Lotta Sea Lice

Matador

Kurt Vile y Courtney Barnett juntaron sus honestas y alienadas fuerzas musicales para reflexionar sobre lo típico y cíclico que terminamos siendo todos. Frente al amor, las peleas de pareja, lo perdonado, lo resentido, lo dicho y sobre todo lo no dicho, se nos presenta este misterioso lugar que es común a todos. Es el agujero negro al que caen las reflexiones irremediables de la monotonía; vacíos que llenamos cediendo a la letargia prolongada de consumidas relaciones interpersonales. Esto en esencia, es Lotta Sea Lice. – Paulo Srulevitch – Reseña completa

25. Slowdive – Slowdive

Dead Oceans / Casa del Puente Discos

Slowdive sacó un LP este año tras 22 años en silencio. Este trabajo homónimo de esta icónica banda abanderada del shoegaze llegó como una bendición para los amantes del género. El que constituye su cuarto álbum de estudio, publicado en la discográfica Dead Oceans, mantiene el espíritu dream pop característico de la banda. “Slomo” abre el tracklist metiéndonos de lleno en atmósferas mágicas con una melodía cuidada y pensada para tocar la fibra sensible. Pieza de casi siete minutos con la guitarra como hilo conductor. Los actuales miembros Neil Halstead, Rachel Goswell, Nick Chaplin, Simon Scott y Christian Savill, son expertos en poner la piel de gallina con su música. También hacen honor al shoegaze que representan con el tema “Star Roving“, single adelanto del álbum y todo un soplo de aire fresco que ya vaticinaba un LP de altos vuelos. Los autores de temas como “When the Sun Hits” o “Crazy For You“, tan integrados en la memoria colectiva de los melómanos, dan de nuevo en el clavo con cortes como “Don’t Know Why” o “Sugar for the Pill“. La voz de Rachel Goswell sigue en plena forma, como ya demostró en Mojave 3, junto a sus otros compañeros de Slowdive, Neil y Simon. También encandiló recientemente en Minor Victories. Esa aterciopelada voz nos sigue emocionando en temas como el ascendente “Everyone Knows“. En “No Longer Making Time” arrollan las guitarras de Hallstead y Savill. Creadores como son de melodías sobrecogedoras, con introducciones instrumentales propias de banda sonora, consiguen que todos los cortes de este álbum se conviertan en favoritos. Así ocurre por ejemplo con “Go Get It” y “Falling Ashes“, que cierran este festín musical de los británicos. Los autores de Souvlaki y Pygmalion han protagonizado un más que notable regreso. Un gran comienzo para una segunda parte que comenzó en 2014 con su reunificación. – Guiomar Fernández

24. Perfume Genius – No Shape

Matador

Mike Hadreas siempre fue un artista que supo la forma perfecta de encontrar la belleza más pura en el costado más oscuro del submundo queer. Si en sus anteriores trabajos utilizaba géneros como el glam rock o el electroclash para bucear en la insatisfacción, el deterioro físico, la soledad o la adicción, No Shape representa todo un turning point en su carrera explorando un costado bastante más optimista en un disco que habla sobre la euforia que se siente al enamorarse de la persona indicada. A nivel sonoro, Hadreas presenta una apuesta mas barroca pasando de ser un discípulo de la PJ Harvey de los ’90 a la Kate Bush más pasional, dándole un contexto perfecto para un trabajo que exalta el amor y el compañerismo sin caer en lo cursi. Si Melodrama es el disco de ruptura definitivo del 2017, probablemente No Shape sea su contrapartida necesaria. – Federico Del Val

23. Drake – More Life

Cash Money / Young Money Entertainment

More Life no es un disco. Tal y como se puede leer en su arte de tapa, el más reciente proyecto de Drake es catalogado como una playlist de 22 tracks y 82 minutos de duración que funciona como una suerte de experimento para el canadiense. Habiéndose convertido en el rapero más escuchado del mundo y ya sin necesidad de demostrar nada, el autodenominado 6 God (Dios de Toronto) se animó a ampliar sus horizontes musicales incorporando a sus bases elementos de géneros como el dancehall, el grime, el afrobeat, el house y hasta ritmos latinoamericanos. Esta multiplicidad en los beats excelentemente producidos y meticulosamente curados hace que More Life resulte en un viaje sonoro alrededor del globo terráqueo. Por otro lado, tal y como rapea en el tema “Gyalchester” (“I switch time like I switch time zone”), en este proyecto Drake vuelve a mostrar su gran capacidad y dinamismo a la hora de ponerle voz a las canciones. El tipo no le escapa a nada: desde cantar sobre amor en “Teenage Fever” hasta entrar en el clásico (y ya casi aburrido) juego de los raperos sobre quién es el mejor del juego en la ya mencionada “Gyalchester”. Después del aclamado Views, lanzado el año pasado, More Life no sólo es la reconfirmación de que Drake puede hacer todo, sino también otra muestra de que puede hacerlo bien. – Maximiliano Rivarola

22. Beck – Colors

Fonograf / Capitol

Colors se erige como la obra más pop de Beck. Presenta once canciones con una estructura simple y directa de carácter festivo y experimental. En palabras de su creador, el sucesor de Morning Phase no es retro ni moderno, pero es innegable que el sonido de los ’90 permanece a lo largo de los 45 minutos. Colors no es un disco novedoso desde lo conceptual, pero tiene lo necesario para dejar una huella. Una huella multicolor. La hibridez que suele caracterizar a Beck, le dejó paso a un costado más lineal, y si se quiere, más predecible. Se advierte la necesidad de explotar matices desde lo sonoro y las canciones lo logran, recuperando la euforia de otras épocas pero sin llegar a convertirse en vanguardia. Beck no deja de ser ese muchachito rupturista, transgresor y loser, quien durante sus casi 30 años de carrera vio cambiar las reglas del juego muchas veces, y eso lo motiva a seguir jugando. – Guido Arch – Reseña completa

21. Simón Poxyran – Saieg

Independiente

El primer disco de Simón Poxyran llegó dentro de esa misma ola que en los últimos meses estuvo repartiendo discos mendocinos por todo el país, y que posicionó a esa región como la cuna de la música más interesante que tenemos hoy a nuestro alcance. Podés hacer el ejercicio: vas a encontrar al menos un artista de por allá en cada grilla de cada festival groso de este año y el pasado. Saieg, repito, aparece en este marco, pero es un disco que no nació con aires de conquista, sino como el resultado de una mirada introspectiva; un trabajo sumamente íntimo y hacia adentro. Simón gestó y se aprendió su propia fórmula para viajar en la cresta de la ola, creciendo, enfrentando las “giladas” que vienen de afuera y de sí mismo. Cuando hace un par años siquiera soñaba con tocar la guitarra en un escenario, ahora es una de las caras visibles del rock independiente más vanguardista, y la pluma de una poesía que leyó más estados de Facebook que libros y a la que le preocupa más el amor que la palabra que lo explica. – Lisandro Ruiz Diaz – Reseña completa

20. Cigarettes After Sex – Cigarettes After Sex

Partisan Records

Después de millones de reproducciones en cada una de sus canciones, después de hacer una gira europea habiéndose recorrido casi toda Norteamérica, después del Primavera Sound, después de todo el reconocimiento por parte de sus espectadores, la banda liderada por Greg González sacó primer disco oficial. Lo particular es que, como ya habían anunciado, dejarían afuera la gran mayoría de los temas que desde el 2012 salieron a la luz y a lo largo de estos casi cinco años fueron conquistando los ceniceros de varias habitaciones. Como destellos, fueron apareciendo sólo algunas imágenes en blanco y negro que acompañaban el sonido de Cigarettes After Sex. Una atmósfera onírica donde caminamos por pasillos oscuros: está prohibido prender la luz para que que sólo se vean las cenizas consumirse en cuatro minutos, sus canciones tienen el tiempo aproximado de otro cigarrillo más. Y hacen de la melancolía algo lindo para habitar y los chicos no lloran… pero lloran. El disco consolida el sonido de las las canciones que crecieron en internet y se esparcieron en cenizas, quedaron colillas en el disco, temas que anticiparon y no dejaron afuera como “Apocalypse” donde la lengua encuentra la analogía entre un beso y la destrucción. – Juampa Barbero – Reseña completa

19. Alvvays – Antisocialites

Polyvinyl / Transgressive

El primer álbum de la canadiense banda Alvvays fue un encanto, a partir de una agradable línea de jangle pop digna de los primeros sonidos de R.E.M., y una prosa agridulce que refleja el gusto de la cantante y guitarrista, Molly Rankin, por The Smiths, atreviéndose a hablar de los lados menos agradables de la vida. La desbordante melancólica lírica conjugada con amigables melodías y la apariencia de chicxs poco populares de secundaria norteamericana generaba el mismo atractivo de una película indie (filmada en soporte de fílmico) de adolescentes problemáticxs (que bien podrían ser ellos parte de la banda sonora). Las expectativas en su sucesor, Antisocialites, eran altas, y fueron altamente cumplidas. La asociación de dulzura musical y amargura poética es inmediata en “In Undertow“, una ruptura amorosa desde lo lírico, hermosamente reflejada desde lo musical, con un bajo muy shoegaze, con las guitarras de Molly y ALec en bellos contrapuntos y con los sintetizadores de Kerri Maclellan que consuman esa atmósfera ochentosa que nos acompañará durante todo el álbum. – Ignacio Sánchez – Reseña completa

18. St. Vincent – MASSEDUCTION

Loma Vista

Si tuviera que apostar, arriesgaría que el nexo temático que unifica al repertorio de Annie Clark reside en el sentimiento de alienación. Bajo el nombre de St. Vincent, ha lanzado una sucesión de discos impolutos cuyas canciones circunnavegan este tópico: Actor (2009), Strange Mercy (2011) y St. Vincent (2014). MASSEDUCTION, su más reciente lanzamiento, es otro fidedigno retrato de enajenación, pero el detonante ahora es, inevitablemente, la fama – o la adyacencia a la fama. Tiene sentido si se considera el ascenso meteórico de Clark durante la última década: de exiliada de Berklee, a integrante alada de la banda en vivo de Sufjan Stevens, a solista ingenua, a guitar-hero aclamada por la crítica, a co-autora de una colaboración con David Byrne, a éxito comercial certificado con un Grammy, a anzuelo de la prensa por sus relaciones de alto perfil. Lo que germinó fue un trabajo decididamente pop, con producción de Jack Antonoff incluida. MASSEDUCTION es una extravagancia decadente de fosforescencia Day-Glo y melancolía híper-saturada, un álbum que extrapola lo personal para hacer una disección profunda sobre seducción y dinámicas de poder, sea este de naturaleza sexual-afectiva, económica o geopolítica. – Bartolomé Armentano – Reseña completa

17. LCD Soundsystem – American Dream

Columbia / DFA

LCD Soundsystem siempre representó a la generación perdida de aquellos geeks que aún no se dieron cuenta que ya pasó la secundaria y es su turno de ser los cancheros. American Dream es la prueba hecha álbum de que siempre debemos ser nosotros mismos pase lo que pase, sobre todo si lo único que pasa es el tiempo. Así, el arte -en este caso a cargo de la mente poética de James Murphy– se podrá proclamar así debido a su sensatez y no su popularidad. El sonido de la banda en su último disco recuerda a un renacimiento concreto junto a todos los elementos que han hecho de LCD Soundsystem los padres del rock alternativo y sintetizado. Al ritmo de sintetizadores englobantes y acuosos, snares de fiesta al mejor estilo de New Order y sobre todo con el ritmo de los bombos selváticos y cowbells sutilmente jolgoriosos, nos ponen a bailar una vez más en nuestras habitaciones como Tom Cruise en Risky Business. Porque eso es LCD Soundsystem, un poco de los ochentas para todos aquellos quienes hoy tenemos veintialgo. LCD Soundsystem ha sido un padre bondadoso y está en proceso de ser ese abuelo sabio que una generación tan confundida como la millenial tendría que oír con mayor detenimiento. – Paulo Srulevitch – Reseña completa

16. Fonso – Some Plays

Yolanda Discos

Fonso es sin dudas una de las mayores promesas de la escena independiente local, eso habría que reconocerlo de entrada. Pues bien, este año nos sorprendió publicando Some Plays, trabajo que contiene 27 cortes de su autoría que suman una hora y media de duración. Una producción que según él mismo cuenta, se fue gestando de forma inconsciente a lo largo de varios años. Lo que nos comparte entonces es el resultado de sus experimentos por deformar y fundir melodías, con el recurso del sampleo como protagonista. Y es que desde la portada (que es también obra suya) se puede advertir, de forma literal, que nos espera un collage musical. Este es, en muchos sentidos, un disco tributo a los géneros y artistas que lo han formado. De hecho, Fonso nos pasea por una infinidad de estilos: Some Plays deviene en una especie de tobogán sonoro en el cual nos deslizamos por el funk, el pop, el rock nacional, el rap, el tango, el R&B y la electrónica, entre otros híbridos. – Laura Camargo – Reseña completa

15. Morbo y Mambo – Muta

Independiente

Por fin alguien logró recuperar la psicodelia de los setentas con la fiesta sombría de los ochentas. Este año apareció en la escena Muta, el primer disco oficial con vocales de Morbo y Mambo y el tercero de su largo recorrido. Cuenta con las colaboraciones vocales de grandes talentos como Nick Allbrook de Pond, Santiago Motorizado de El mató y Andrés Nusser de Astro. Se trata de un álbum multi-género al mejor estilo de Morbo y Mambo. Los sonidos afro-beat que los identificaron en un principio cedieron el espacio para las voces y crearon un disco anhelado. – Paulo Srulevitch – Reseña completa

14. The War on Drugs – A Deeper Understanding

Atlantic

Luego de su último trabajo discográfico que data de 2014, el cual les ayudó a alcanzar una popularidad notoria, The War On Drugs, liderados por Adam Granduciel, decide dar un ligero paso al lado del sonido de sus trabajos anteriores, tomando una mirada visceral hacia sus propios adentros y a la construcción de su sonido para meterse de lleno, de forma meticulosa y perfeccionista, a la creación de esta maravilla de disco titulado A Deeper Understanding. Con solamente 10 canciones que circulan románticamente entre sentimientos de pérdida y nostalgia pero que encuentran un equilibrio entre la melancolía y la autoinspección, este disco es el primero que lanza la banda con los gigantes de Atlantic Records y en el que se pueden encontrar reflexiones sumamente poéticas bajo frases como “I’m just living in the space between the beauty and the pain and the real thing” (“Strangest Thing“), “Give me a deeper understanding of who I am” , entre muchas otras más. En este disco además podemos apreciar el exquisito nivel de texturas que contiene cada canción, capas sobre capas de instrumentos que denotan el tiempo y dedicación puestas en él, algo de synth pop, algo de rock de los ’70, todo mezclado de forma abstracta y sensible. Es difícil encontrar un disco hoy en día que contenga tantos buenos ejemplos de lo que la música debe de hacer sentir, sin embargo, A Deeper Understanding logra conmover con todas sus canciones, sobre todo con “Thinking Of A Place”, una de las más hermosas canciones de 11 minutos que se hayan hecho en los últimos años. – Blanca Segura

13. Gorillaz – Humanz

Parlophone / Warner Bros.

Damon Albarn lo hizo de nuevo; pateó el tablero de los géneros y como un Dr. Frankenstein renacido, llevó a sus engendros a un terreno distópico y bailable. El quinto álbum de estudio de Gorillaz presenta casi 30 canciones de corte electrónico donde el beat se impone a la nostalgia. La falta de hits individuales se compensa con un mosaico sonoro compuesto como un rompecabezas, aunque la cohesión es más bien despareja (demasiadas atmósferas), como si cada pista buscara desentenderse de la otra o como si las ideas de Albarn sean inabarcables. Configurado principalmente desde un iPad, el ex-Blur compone con máquinas, pero la música que logra a partir de ella, es humana y en éste gesto las derrota. Así, Humanz exhibe el genio de un artista omnívoro que se alimenta de casi toda la cultura para cuestionar, desde sus composiciones, las amenazas de un futuro que se vuelve presente a cada minuto. – Guido Arch

12. Arcade Fire – Everything Now

Columbia

Elocuente y grandilocuente, Everything Now agolpa dance rock, new wave y electropop bajo el concepto de “Todo Ya”. Acumula efervescencia, optimismo sónico y brillo de discoteca con desencanto, emoción y un humor rabioso e irónico. Hay repetición, originalidad, reversión y re_versión. Hits para cantar en estadio y canciones para (casi) ahogarse dentro de una bañera. Cincuenta minutos de ritmos pulsantes, en los que hay baile, pausas y baile. Con su quinto disco, Arcade Fire sigue redefiniendo su sonido sin temor a probar, errar, acertar, rehacer y seguir probando. – Mariano Rosales

11. Los Besos – Helados verdes

Independiente

Cuando entra la trompeta en “Helados Verdes“, el segundo tema de este disco, el que le da nombre, ya estás derretidx. La canción empezó con la guitarrita y la voz de Paula Trama cantando sobre la magia. Después ingresan Los Besos, esa banda que sólo parece potenciarla. A ella, la canción. Y casi al final el cuento se cierra, con la trompeta, con el acertijo. Pero hablemos de la canción. Paula Trama es la compositora (¿poeta?) de estas seis canciones que toca de diversas formas dentro y fuera de Los Besos. Hay un vals moderno, una canción sobre el ballotage, algunas casi líricas de lo simple y chiquita que es la melodía, todas juguetonas. Paula tiene una voz amplia, maleable a los géneros y las escalas, una gimnasta de la canción. El disco es corto, pero tiene destino de repeat en el celular, de patita moviéndose y de canto de piba pedaleando por la ciudad. – Romina Zanellato

10. King Krule – The OOZ

True Panther / XL

Pocos esperaban que Andy Marshall fuese capaz de entregar esta vez un disco superior a su deslumbrante debut oficial, 6 Feet Beneath The Moon (2013); pero el colorado de 23 años lo hizo de nuevo, e incluso mejor. The OOZ es una mágica producción de un poco más de una hora de duración que a lo largo de 19 sólidos temas nos ofrece un tour sonoro que fusiona sin recelos y con gran pericia la nostalgia del jazz, la frescura del R&B, la fiereza del postpunk, la energía del punk rock y hasta el enigma del triphop. Y lo mejor es que no se asemeja para nada a su antecesor. El británico demuestra entonces ser un veinteañero que parece haber vivido ya mil años, y que por medio de baladas sofisticadas como “Slush Puppy” y “Lonely Blue” puede erizarnos tanto como una canción de amor de Louis Armstrong de comienzos del siglo pasado; mientras que en “Dum Surfer” nos seduce con un sonido contundente y oscuro; así como en otros momentos teje incluso atmósferas siderales que se mezclan con pasajes de poesía recitada en español y en inglés –léanse los interludios “Bermondsey Bosom (Left)” y “Bermondsey Bosom (Right)”, respectivamente-. Toda una obra maestra por parte de uno de los artífices más aventajados de esta generación. Bowie estaría orgulloso. – Laura Camargo

09. Usted Señálemelo – II

Independiente

Sin dudas, lo que II pierde con la poca originalidad de su nombre, lo gana en la búsqueda musical presente a lo largo de todo el disco. Lejos de repetirse, los Usted Señálemelo optaron por correrse de una fórmula que les había funcionado e inclinarse hacia una frescura musical de experimentación instrumental y compositiva. El disco fue grabado por Lucca Beguerie Petrich y su padre en el estudio familiar de Godoy Cruz, mezclado en Brooklyn y masterizado en el Mastering Boutiqe de Nueva York. En total se trata de 11 temas atravesados por una impronta espacial que recorren un fino universo sintetizado made in Mendoza. Entre ellos hasta hay lugar para una pequeña pieza instrumental (“Rhodulo”), quizás la única conexión con aquel primer disco que también incluyó una breve canción sin voces. En entrevistas previas, los tres miembros del grupo habían dejado bien en claro que su segundo trabajo sería concebido como un todo y no de manera segmentada. De esta forma, la nueva placa apunta a un concepto común apoyándose en cada canción como parte de esa idea. El resultado es un producto maduro, repleto de detalles que retrotraen a décadas pasadas y al mismo tiempo nos conectan directamente con la movida alternativa actual. – Stefano Puliafito – Reseña completa

08. The xx – I See You

Young Turks

Tras cuatro años de espera, The xx lanzó en enero su tercer disco de estudio. Tal como habían prometido, para este disco se alejaron de las atmósferas oscuras de sus trabajos anteriores y eligieron un camino más luminoso y rítmico, y el resultado es, entonces, un disco de expansión. I See You llegó después de que Jamie xx se aventurara en su disco solista In Colour, que lo catapultó como uno de los productores más interesantes de la actualidad. Para el tercer disco de su banda, trasladó su pericia electrónica y aumentó la cuota de canciones bailables, aunque también dejó lugar para momentos más introspectivos. En este tiempo, el cantante Oliver Sim luchó contra su alcoholismo y las letras reflejan su montaña rusa de emociones, sin soltar el optimismo que es la marca registrada de este disco. Lo presentaron en Argentina y lo acompañaron con una cuota visual a cargo del fotógrafo Alasdair McLellan, que pintó un nuevo imaginario visual para el trío británico, cada vez más cerca de lo mejor de Gus Van Sant. Porque desde el comienzo que The xx es eso: atmósferas y emociones que se disfrutan con las imágenes proyectadas en nuestra mente a ojos cerrados. – Rodrigo Piedra

07. SZA – Ctrl.

TDE / RCA

Ctrl resulta ser un gran cocktail de R&B alternativo combinado con muchos otros estilos. Desde el minimalismo de un par de golpes y efectos sonoros de “Anything” y la simpleza de una guitarra en “20 Something” hasta el R&B con percusiones traperas de “Love Galore” y “Garden (Say It Like That)”, pasando por el pop estilo ’70s de “Prom”, los beats contundentes de “Pretty Little Birds” y el neo soul de “The Weekend”. Bajo la producción de Terrace Martin, Scum, Bakon, THANKGOD4CODY, Carter Lang y Punch, entre otros, Solána Imani Rowe navega los diferentes ritmos y tempos, adaptándose a la perfección a cada situación, haciendo gala de su versatilidad y sacando a relucir su increíble voz en absolutamente todos los temas. Como si se tratara de un diario íntimo de su adolescencia/juventud, Rowe invita al oyente a un recorrido a corazón abierto por su pasado. Lidiar con chicos, baja autoestima, soledad, valorarse a uno mismo y el deseo de ser una chica normal cuyo novio le presente a la madre. Estos son sólo algunos de los tópicos sobre los que canta Solána. El disco nos lleva a un viaje en una montaña rusa de emociones para culminar con “20 Something”, una canción más actual, en la que Rowe se muestra como lo que es: una veinteañera que parece disfrutar de su vida, a pesar de no estar libre de conflictos. – Maximiliano Rivarola

06. Los Espíritus – Agua ardiente

Independiente

Agua ardiente, el tercer álbum de Los Espíritus, es un viaje psicodélico a puro pánico y locura por las calles de La Paternal. Prieto, como un Damon Albarn porteño, es un artista inquieto y creativo que capitaliza sus ansiedades en proyectos musicales y Los Espíritus es su proyecto más ambicioso, acaso su Gorillaz. Las diez canciones del disco parecen, en apariencia, sencillas, pero al terminar de escucharlo, nos eternizan en una pausa mística, en un registro distinto que requiere una pronta repetición. Las melodías lisérgicas de Miguel Mactas son la base de este cóctel musical anacrónico que bien podría sonar en una película de Tarantino como en una vereda porteña un día de calor. Agua ardiente es una de las mejores producciones del año porque, mediante su blues acompasado nutrido de un rock setentoso, sintetiza una tradición musical argentina materializada en épocas doradas con miras a devolverle al presente, un estatuto ausente, sacudiendo una escena algo monótona y carente de producciones tan clásicas y modernas al mismo tiempo. – Guido Arch

05. Lorde – Melodrama

Republic / Lava

A simple vista, el segundo disco de Lorde es engañoso. Por fuera parece un disco de ruptura lleno de canciones que aluden al despecho y a la desorientación que vienen luego de la pérdida del ser amado. No obstante, la neozelandesa utiliza el final de una relación amorosa para expresar su transición a la madurez logrando (tal vez sin proponérselo) una radiografía de una generación que vive en un mundo cada vez mas inestable y cuyos referentes parecen estar desapareciendo. Lo que hace de Melodrama un disco importante y una escucha totalmente enriquecedora es cómo a pesar de tener una narrativa pesimista con letras que aluden a noches interminables de alcohol y drogas se pueden percibir los deseos de supervivencia de una mujer atravesando el camino hacia la adultez. Es perfectamente posible afirmar que hay discos que condensan un contexto histórico y a una generación determinada. Es difícil caracterizar a una juventud esperanzada y liberada como la de los ’60 sin analizar los movimientos cultuales empujados por discos como Sgt. Pepper’s o Pet Sounds, así como también entender el nihilismo de la generación X sin leer entre las lineas de un disco como Nevermind. El tiempo lo dirá, pero Melodrama es una obra que dentro de décadas tranquilamente podría servir perfectamente para responder como fue ser joven durante la era millennial. – Federico del Val

04. Luca Bocci – Ahora

Independiente

El álbum debut de Luca Bocci es una muestra de que los pibes mendocinos no solo están siendo de capaz de generar la música más interesante de esta nueva generación, sino que también lo hacen cerca de la diversidad y de una búsqueda constante, que no se queda a dormir en el término “indie”. Con un sonido que remite al rock nacional más clásico (de la mano de un Charly García post-Serú Girán y las primeras composiciones de Los Abuelos de la Nada), el líder de la banda Alicia lanzó en abril un disco que se sirvió de la simpleza para exponer, con fuerza, lo más auténtico de su persona. Ahora que sus canciones ya no son complicadas, el Bocci pisa fuerte y con dulzura, abrazando con su música a les jóvenes de toda Latinoamérica. – Lisandro Ruiz Díaz

03. Kendrick Lamar – DAMN.

Interscope / Top Dawg Entertainment

Charly García dijo una vez que un músico que solo canta sobre las cosas que le pasaron es, más que un músico, un periodista. Sin embargo uno de los atractivos de Kendrick Lamar es su forma de narrar desde su propia carne las intrincadas verdades que lo acompañaron toda su vida. Desde su trono en el género y su lugar de máximo peso en la música contemporánea, Lamar aún se arrodilla ante su historia, su generación y todo aquel que se sienta afectado o motivado por su gracia. Dos años después de To Pimp A Butterfly, nos trae otra ópera hip-hopera versátil y genuina, que gracias a sus virtudes musicales y líricas es capaz de interpelar incluso al más desprevenido. – Lisandro Ruiz Díaz

02. Juana Molina – Halo

Crammed Discs

Halo es el séptimo álbum de estudio de Juana Molina. Wed 21 ya demostraba un alto grado de mutabilidad y progresión, pero siempre contenido por la duración de canciones pop. En contraste a su predecesor, Halo es más libre: esto es, sus temas pertenecen al reino de lo abstracto, invitan desde su introspección y se toman su tiempo para oxigenarse, explorar madrigueras sónicas y llegar a destino, tal vez profundizando las tendencias sugeridas en “Ay, No Se Ofendan”. Es una decisión valiente teniendo en cuenta la extroversión bailable de lo anterior. No obstante, este trabajo propone mundos habitables que concitan la atención desde lo enigmático e inducen al trance onírico. Es algo poco frecuente que un músico, tan adentrado en su carrera, siga lanzando material que exprese su identidad y simultáneamente suene novedoso. Halo es una obra autónoma, sí, pero asimismo es intrínsecamente Juana Molina: es un disco que no podría haber hecho nadie más. “¿Y ese halo con forma de rombo? / Te espero entre las piedras del fondo / Quiero mostrarte lo que escondo”, entona ella en la lentísima canción homónima. Con cada lanzamiento que pasa, Juana sigue creciendo y sorprendiéndonos con nuevos secretos musicales. – Bartolomé Armentano – Reseña completa

01. Él mató a un policía motorizado – La síntesis O’Konor

Discos Laptra

“Ey, espero que vuelvas”, una onomatopeya y tres palabras que, sumando otras dos, invocan el sentir musical más enternecedor de los últimos tiempos. Intento con optimismo apelar a la universalidad de ese sentimiento. Es que, muchos saltos y gritos guturales entre sonrientes y sudados extraños (que con el pasar de los años fueron multiplicándose exponencialmente) parecerían confirmar mi anhelo. Existe un particular magnetismo que invita a esa comunión y condensa sus mejores intenciones en aquel emotivo instante. Y esa mágica sensación, aunque con el pasar de los años nos encuentre diferentes, siempre hace lo mejor por calar hondo y reencontrarnos. “Ey, espero que vuelvas” es lo que resta después de aquel demoledor impacto, como un amuleto anti-desolación. Con considerable distancia, se convierte en un mantra que ayuda a sobrellevar la falta, la espera… de una nueva producción, un nuevo show, una nueva visita… últimamente podía condensarse en un “Ey, espero que vuelvas y hagas un disco como este”.

No pretendo teñir esta reseña de objetividad porque hace mucho anticipé esa tarea como inútil. Me es imposible disociar El Mató del sentir que me produce (escribo esto en un anotador que me regaló la persona en la que pienso cuando escucho “El Tesoro” y que lleva una firma y un dibujo de Santiago Motorizado en la primera hoja). Como a muchos, sus himnos me traen amigos, lugares, sentimientos y viejas formas de ser a un plano sentimental muy urgente. Ahí, en ese lugar, todo duele más, pero todo también se vuelve más hermoso. De modo inevitable, la operación que prosigue es pensar en cambio, porque, así como con esa adictiva sensación “Chica Rutera”, los discos siguen ahí, con los mismos acordes, las mismas palabras, y en el justo devenir de la vida, todo a su alrededor cambió de forma más o menos vertiginosa. En este disco, en el que la banda anticipó un cambio y lo dejo instaurado con una producción bisagra (Violencia, 2015) y un single adelanto, me estimula pensar en este nuevo encuentro entre El Mató y sus seguidores. Gente que, como ellos, cambió en este imborrable tiempo y necesita nuevos sonidos y mantras para capitalizar sus sensaciones. Gente que entre incontables formas de vivir comparte esa única e inexplicable experiencia de encontrar y nutrir sentimientos con discos, de crecer escuchando El Mató, y transformarse a su par.

La síntesis O’Konor cumple con esa demanda y exige una entrega similar. Sus diez canciones invitan a sumergirse en un nuevo plano de emociones, algunas familiares, otras hermosamente desafiantes. Sus líricas empujan a enfrentar esos cambios, retratándolos con poderosas narrativas que con igual facilidad pintan escenarios de dicha y tremenda desolación. Su nueva complejidad composicional enaltece sus demandas emotivas, con joyas instrumentales que generan impactos sensoriales, sorpresas que sacuden al oyente y lo incitan a buscar placer en nuevos lugares y de nuevas maneras. Nuevos instrumentos, nuevos recursos en viejos instrumentos y una distintiva forma de apelar sentimientos que Santiago Motorizado escribe y vocaliza de modo inigualable, hacen de La síntesis O’Konor una aplaudida y necesaria adición en el repertorio de una banda que de a poco se fue animando a apuntar galaxias y transformarlas con sentir.

Para aniquilar cualquier duda sobre su imponente poderío emocional, La síntesis O’Konor abre con “El Tesoro”. Evité escucharla en formato single para poder entenderla dentro de un todo significativo y su impacto fue demoledor. No sólo por la belleza con la que se erigen sus primeros movimientos, sino también por la inevitable escalada afectiva de sus palabras, capaz de volver vulnerable hasta el más apático de los corazones. La sorpresa es otra. No es nada nuevo que El Mató genere magnéticas composiciones y conmovedoras letras, la proeza que guía este disco e impone su consigna desde esta primera producción es la de enaltecer esas virtudes con nuevos recursos musicales que imponen, desde su complejidad, una nueva paleta sensorial que se desafía y reinventa constantemente. Es esa rica pluralidad de estímulos la que guía la transición entre la calma de “El Tesoro” y la explosión de “Ahora Imagino Cosas”, canción que abrió su paso como la segunda de este LP desde el repertorio solista de Santiago.

La Noche Eterna” apela desde su título a un plano más familiar, sus evocaciones al cosmos sólo confirman la sospecha. El verso se impulsa con dulzura, su optimismo invita a empujar la oscuridad y llegar al encuentro de uno de los puntos sensitivos más álgidos del disco: “hoy voy a hacer lo que yo quiero hacer, hoy voy a hacer lo inesperado”, mantra ganado con sabiduría y madurez que se impone como la premisa fundamental de La síntesis O’Konor. “Alguien que lo Merece” se mantiene en una similar línea, demanda fuertes emociones para embellecer escenarios desoladores, retratando un nuevo tipo de destrucción que no se materializa en un huracán ni precede un Armagedón, sino que nace del desencuentro afectivo, la falta de amor y empatía, la soledad.

Entre las cenizas de esa destrucción afectiva nace “Las Luces”, un tanto sombría inicialmente pero rápidamente animando su desarrollo. Minimalistas construcciones musicales se erigen como refugios entre versos que retratan lúgubres escenarios con gente fría y ríos sin agua, capitalizando la emotividad de esta producción que antecede a la canción que le da nombre al LP. La maravillosa “Síntesis O’Konor” eleva al máximo la complejidad instrumental y la estética fundante del disco. No necesita palabras para incitar un adictivo estado de elevación sensorial, optimismo y desenfreno, de esos que vienen acompañados con un agitar de cabeza a modo de afirmación y que desde su gestación debe preverse como himno poguero del porvenir.

Destrucción” es otro de los puntos prominentes del disco, su frescura se impone rítmicamente, su verso contagia alegría y su estribillo contiene la virtud de la repetición mental incesante. “Excalibur” es un necesario reencuentro con la esencial e infalible receta de conmoción espiritual de las antiguas producciones. Esta vez, cuerdas y susurros se enriquecen con percusiones y efectos de sonido. El descenso ayuda a que la urgencia expresiva de “El Mundo Extraño” se imponga con mayor firmeza. La canción irrumpe con explosividad y sus letras retratan con simpatía muchos de los cambios que demanda la sensibilidad de este nuevo encuentro: “no sé que pasa en este lugar, todo el mundo es más joven que yo” es sólo una de muchas vociferaciones de instantánea empatía. Fiel a esa esencia que con los años se confirma demoledora, La síntesis O’Konorcierra con “Fuego”. Sintetizadores amenizan la salida con guitarras que juegan de modo casi imperceptible y luego exigen su protagonismo. Del mismo modo, la canción trasciende la inocencia para posicionarse fuerte y altiva en el descenso final: “Ey, te fuiste y ¿dónde estás ahora?” es la exclamación que cierra el disco y sirve para anhelar su regreso. – Agustina Checa




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