30. Sampha – Process

Young Turks

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Process es un álbum de 10 canciones en el que Sampha reflexiona acerca de su pasado y de a dónde ha llegado en el presente. No obstante, no lo hace desde una posición segura, vanagloriándose en lo que ha logrado en cuanto a su carrera. Por el contrario, es un disco increíblemente personal, con un ethos bastante frágil por momentos. Los temas recurrentes en este disco suelen ser las relaciones amorosas, la salud y la familia, con especial énfasis en la última. La historia de Sampha se vio bastante truncada en el pasado por problemas de salud y ha sufrido varias pérdidas familiares a manos del cáncer, con lo cual no es difícil esperar que esta temática sea recurrente en sus letras. Siguiendo su trayectoria, en este disco sus ideas se notan mucho más pulidas y ha desarrollado una mejoría importante en lo que respecta a escribir canciones. Es un álbum con un concepto definido y enternecedor. Sin dudas estuvo a la altura del desafío que es sacar un primer LP y nos tiene expectante para ver qué hará en un futuro. – Manuel Saiegh – Reseña completa

29. (Sandy) Alex G – Rocket

Domino

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(Sandy) Alex G es un músico de Filadelfia que se hizo conocido por sus numerosas publicaciones en Bandcamp, pero cobró visibilidad en el último tiempo en parte por figurar en los créditos los últimos dos discos de Frank Ocean, Blonde y Endless. Es una unión que de por sí resulta atractiva, ya que ambos músicos se destacan en su sensibilidad queer a la hora de componer. Este año, después de trece lanzamientos disponibles en Bandcamp, Alex G se cambió de nombre y sumó el (Sandy) antes del nombre con el que se lo conoció todo este tiempo (hay una ¿estrella? pop adolescente con el mismo nombre) y publicó Rocket, su primer lanzamiento mediante un sello grande, como lo es Domino. Lo maravilloso es que el contrato discográfico no supuso el siempre temido cambio de dirección, sino que Alex se enaltece, erigiendo así su disco más accesible pero sin dejar de apelar al lo-fi y a las voces casi murmurantes que llevó como insignia todo este tiempo. Canciones de devoción, homoerotismo e intimidad componen a Rocket, con “Sportstar“, “Bobby” o la tierna “Proud” como highlights. Quedate con el que te escriba canciones como Alex G. – Rodrigo Piedra

28. Pyramides – Vacíos y variables

Fuego Amigo Discos

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Si algo necesitaba la escena independiente nacional era a aferrarse al post-punk. Pyramides, con su primer disco, abre el panorama, nos apaga la luz y nos hace apreciar el gris de una habitación cerrada hecha de cemento. Pensar en tamices y cristales, en vacíos y variables. Algo que aprendimos con el post-punk es que la melancolía no es quedarse tirado en la cama sino también ponerse a bailar. Un sonido que nos lleva por afuera a Joy Division y lo rodea pero no se queda sólo en la influencia sino que a contraluz apuesta algo más. Porque el sol del invierno te saca de la habitación y te lleva a la calle a patear, a seguir subiendo serio por un sendero que se piensa muerto pero viven en santuarios. El post-punk siempre va a ser contemporáneo porque el punk not dead. El caoscalma, ese intermedio, es una oda a lo que no es blanco ni negro, porque desaparecer en el gris también es hermoso. La voz grave que resalta un corazón acelerado, pero a ritmo lento, nos lleva con ecos a pensar que cualquier santuario es profanable. Pyramides con este disco pisa muy fuerte y une mitades que parecían distanciadas en esta generación. – Juampa Barbero

27. Björk – Utopia

One Little Indian

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Más allá de su producción magistral o su contenido más que relevante para el contexto sociopolítico mundial, la ejecución lírica de Utopia es infalible. Las letras y su manera tan particular de cantarlas se amalgaman para crear una sensación de intimidad con el público que recuerdan a la etapa más madura de Kate Bush, en la que una voz prodigiosa ya no necesita demostrarle sus talentos a nadie y deja de lado los excesos extraordinarios por los que era reconocida para dar sólo lo que la propia obra le exige. En Utopia son pocos los momentos de explosión vocal. En cambio, abundan los susurros y falsetes que le dan espacio a una instrumentación impecable que bien podría bastar sin necesidad de ningún otro acompañamiento. A pesar de acortar el tiempo entre disco y disco –de los esperados cuatro años que venía tardando entre cada trabajo los redujo a poco más de dos- y de ser Utopia su álbum más largo con casi una hora y cuarto de duración, el resultado es un conjunto de catorce canciones que se suceden la una a la otra con una fluidez que hace difícil interpretarlas como unidades y no como piezas que se complementan para dar a luz a una mayor y mejor obra. Björk no se equivocaba cuando, hace ya muchos años, sostuvo en una entrevista que sus mejores discos los haría pasados sus cincuenta años: Utopia recién es el comienzo. – Fernando Pagano – Reseña completa

26. Courtney Barnett & Kurt Vile – Lotta Sea Lice

Matador

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Kurt Vile y Courtney Barnett juntaron sus honestas y alienadas fuerzas musicales para reflexionar sobre lo típico y cíclico que terminamos siendo todos. Frente al amor, las peleas de pareja, lo perdonado, lo resentido, lo dicho y sobre todo lo no dicho, se nos presenta este misterioso lugar que es común a todos. Es el agujero negro al que caen las reflexiones irremediables de la monotonía; vacíos que llenamos cediendo a la letargia prolongada de consumidas relaciones interpersonales. Esto en esencia, es Lotta Sea Lice. – Paulo Srulevitch – Reseña completa

25. Slowdive – Slowdive

Dead Oceans / Casa del Puente Discos

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Slowdive sacó un LP este año tras 22 años en silencio. Este trabajo homónimo de esta icónica banda abanderada del shoegaze llegó como una bendición para los amantes del género. El que constituye su cuarto álbum de estudio, publicado en la discográfica Dead Oceans, mantiene el espíritu dream pop característico de la banda. “Slomo” abre el tracklist metiéndonos de lleno en atmósferas mágicas con una melodía cuidada y pensada para tocar la fibra sensible. Pieza de casi siete minutos con la guitarra como hilo conductor. Los actuales miembros Neil Halstead, Rachel Goswell, Nick Chaplin, Simon Scott y Christian Savill, son expertos en poner la piel de gallina con su música. También hacen honor al shoegaze que representan con el tema “Star Roving“, single adelanto del álbum y todo un soplo de aire fresco que ya vaticinaba un LP de altos vuelos. Los autores de temas como “When the Sun Hits” o “Crazy For You“, tan integrados en la memoria colectiva de los melómanos, dan de nuevo en el clavo con cortes como “Don’t Know Why” o “Sugar for the Pill“. La voz de Rachel Goswell sigue en plena forma, como ya demostró en Mojave 3, junto a sus otros compañeros de Slowdive, Neil y Simon. También encandiló recientemente en Minor Victories. Esa aterciopelada voz nos sigue emocionando en temas como el ascendente “Everyone Knows“. En “No Longer Making Time” arrollan las guitarras de Hallstead y Savill. Creadores como son de melodías sobrecogedoras, con introducciones instrumentales propias de banda sonora, consiguen que todos los cortes de este álbum se conviertan en favoritos. Así ocurre por ejemplo con “Go Get It” y “Falling Ashes“, que cierran este festín musical de los británicos. Los autores de Souvlaki y Pygmalion han protagonizado un más que notable regreso. Un gran comienzo para una segunda parte que comenzó en 2014 con su reunificación. – Guiomar Fernández

24. Perfume Genius – No Shape

Matador

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Mike Hadreas siempre fue un artista que supo la forma perfecta de encontrar la belleza más pura en el costado más oscuro del submundo queer. Si en sus anteriores trabajos utilizaba géneros como el glam rock o el electroclash para bucear en la insatisfacción, el deterioro físico, la soledad o la adicción, No Shape representa todo un turning point en su carrera explorando un costado bastante más optimista en un disco que habla sobre la euforia que se siente al enamorarse de la persona indicada. A nivel sonoro, Hadreas presenta una apuesta mas barroca pasando de ser un discípulo de la PJ Harvey de los ’90 a la Kate Bush más pasional, dándole un contexto perfecto para un trabajo que exalta el amor y el compañerismo sin caer en lo cursi. Si Melodrama es el disco de ruptura definitivo del 2017, probablemente No Shape sea su contrapartida necesaria. – Federico Del Val

23. Drake – More Life

Cash Money / Young Money Entertainment

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More Life no es un disco. Tal y como se puede leer en su arte de tapa, el más reciente proyecto de Drake es catalogado como una playlist de 22 tracks y 82 minutos de duración que funciona como una suerte de experimento para el canadiense. Habiéndose convertido en el rapero más escuchado del mundo y ya sin necesidad de demostrar nada, el autodenominado 6 God (Dios de Toronto) se animó a ampliar sus horizontes musicales incorporando a sus bases elementos de géneros como el dancehall, el grime, el afrobeat, el house y hasta ritmos latinoamericanos. Esta multiplicidad en los beats excelentemente producidos y meticulosamente curados hace que More Life resulte en un viaje sonoro alrededor del globo terráqueo. Por otro lado, tal y como rapea en el tema “Gyalchester” (“I switch time like I switch time zone”), en este proyecto Drake vuelve a mostrar su gran capacidad y dinamismo a la hora de ponerle voz a las canciones. El tipo no le escapa a nada: desde cantar sobre amor en “Teenage Fever” hasta entrar en el clásico (y ya casi aburrido) juego de los raperos sobre quién es el mejor del juego en la ya mencionada “Gyalchester”. Después del aclamado Views, lanzado el año pasado, More Life no sólo es la reconfirmación de que Drake puede hacer todo, sino también otra muestra de que puede hacerlo bien. – Maximiliano Rivarola

22. Beck – Colors

Fonograf / Capitol

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Colors se erige como la obra más pop de Beck. Presenta once canciones con una estructura simple y directa de carácter festivo y experimental. En palabras de su creador, el sucesor de Morning Phase no es retro ni moderno, pero es innegable que el sonido de los ’90 permanece a lo largo de los 45 minutos. Colors no es un disco novedoso desde lo conceptual, pero tiene lo necesario para dejar una huella. Una huella multicolor. La hibridez que suele caracterizar a Beck, le dejó paso a un costado más lineal, y si se quiere, más predecible. Se advierte la necesidad de explotar matices desde lo sonoro y las canciones lo logran, recuperando la euforia de otras épocas pero sin llegar a convertirse en vanguardia. Beck no deja de ser ese muchachito rupturista, transgresor y loser, quien durante sus casi 30 años de carrera vio cambiar las reglas del juego muchas veces, y eso lo motiva a seguir jugando. – Guido Arch – Reseña completa

21. Simón Poxyran – Saieg

Independiente

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El primer disco de Simón Poxyran llegó dentro de esa misma ola que en los últimos meses estuvo repartiendo discos mendocinos por todo el país, y que posicionó a esa región como la cuna de la música más interesante que tenemos hoy a nuestro alcance. Podés hacer el ejercicio: vas a encontrar al menos un artista de por allá en cada grilla de cada festival groso de este año y el pasado. Saieg, repito, aparece en este marco, pero es un disco que no nació con aires de conquista, sino como el resultado de una mirada introspectiva; un trabajo sumamente íntimo y hacia adentro. Simón gestó y se aprendió su propia fórmula para viajar en la cresta de la ola, creciendo, enfrentando las “giladas” que vienen de afuera y de sí mismo. Cuando hace un par años siquiera soñaba con tocar la guitarra en un escenario, ahora es una de las caras visibles del rock independiente más vanguardista, y la pluma de una poesía que leyó más estados de Facebook que libros y a la que le preocupa más el amor que la palabra que lo explica. – Lisandro Ruiz Diaz – Reseña completa